Primeramente, te voy a explicar qué signfica ser un CARNERO
“Paro de médicos, me ofrezco a operar, soy carnicero” ironizaba una de las inefables placas rojas de Crónica TV. La propuesta es tan inverosímil que no pasa el filtro de ninguna discusión. En cambio, la embestida lanzada por un operador político del Pro que se postulaba como docente voluntario con un tuit que dialogaba con la gobernadora de la provincia de la Buenos Aires, conquistó el debate colectivo. No nos sorprende que María Eugenia Vidal felicitara y avalara el emprendimiento voluntarista. Se encuentra en plena negociación con los gremios docentes y el no inicio de las clases es inminente. Además, sabemos de la afinidad del ideario de Cambiemos con la subjetividad emprendedora así que no nos extenderemos, en esta ocasión, sobre este tema.
Pero hay otra dimensión para pensar a la figura del carnero Pro. ¿En qué aspectos de la educación contemporánea muerde este esquirol? Educación ubicua, homeschooling, y aprendizaje entre pares, son algunos tópicos en la discusión educativa que introducen la posibilidad de que el aprendizaje sea un proceso corrido de la institución escolar para irradiar en otros múltiples escenarios. Algo así como que podemos aprender en más lugares que en la escuela, con otras personas que no son los docentes; por ejemplo, adolescentes que comparten saberes y modos de hacer en las redes sociales o una madre que asume la tarea de escolarizar a sus hijos en el hogar. Un formato pedagógico conocido por la aristocracia de comienzos del siglo XX, con la presencia de tutores hogareños que evitaban el contacto entre los niños bien y la plebe. O una reedición del gesto de la más rancia aristocracia: convocar a una suerte de sociedad de beneficencia, integrada por almas de buena voluntad dispuestas a la ayuda y salvación de los que menos tienen.
Es difícil ponderar qué trabajos son más valiosos o útiles que otros para una sociedad. Sin dudas, hay consenso en que la docencia, el ejercicio de la enseñanza, el trabajo en la educación -en todos sus niveles-, lo es.
Entonces, ¿qué sucede cuando un montón de gentes, miles de gentes, creen que pueden convertirse en maestros de la noche a la mañana? Y en esa línea, ¿Por qué se naturaliza la precarización, el malestar social y económico de quienes cumplen una función social? ¿De dónde viene el resentimiento hacia los docentes cuando reclaman por sus salarios? ¿Qué imaginarios de la práctica docente tendrán estos voluntarios? Tal vez crean que ser maestro es abrir la puerta de la escuela o custodiar la presencia de los chicos en el aula. O sólo compartir algunos de sus saberes. Parafraseando a Graebber, una vez más, es como si los voluntarios con su gesto onegeista les estuvieran diciendo a los docentes “¡Pero si tienen la suerte de enseñar, encima quieren cobrar y hacerlo en buenas condiciones!”.
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En América Latina es más común el uso de la palabra “carnero”. Este término deviene del refrán popular “el carnero encantado, que fue por lana y volvió trasquilado”, claramente en alusión a quienes desean más de lo que tienen sin conciencia de que en su codicia perjudican a sus compañeros y a ellos mismos. Es decir, un LABURANTE QUE SE PONE DEL LADO DE LA PATRONAL Y TRAICIONA A SUS COMPAÑEROS DE CLASE..
Ahora sí, vayamos al conflicto entre los DOCENTES que reclaman lo justo y el "cartonero" Macri. Analicemos a los carneros que se ofrecen como "VOLUNTARIOS"
¿Qué pasa cuando un montón de personas creen que pueden convertirse en maestros de la noche a la mañana? ¿Por qué se naturaliza la precarización, el malestar social y económico de quienes cumplen una función social? ¿De dónde viene el resentimiento hacia los docentes cuando reclaman por sus salarios? En este ensayo, los especialistas en educación analizan las causas y consecuencias del ofrecimiento de hacer voluntariados en las aulas como reemplazo del educador.
“Paro de médicos, me ofrezco a operar, soy carnicero” ironizaba una de las inefables placas rojas de Crónica TV. La propuesta es tan inverosímil que no pasa el filtro de ninguna discusión. En cambio, la embestida lanzada por un operador político del Pro que se postulaba como docente voluntario con un tuit que dialogaba con la gobernadora de la provincia de la Buenos Aires, conquistó el debate colectivo. No nos sorprende que María Eugenia Vidal felicitara y avalara el emprendimiento voluntarista. Se encuentra en plena negociación con los gremios docentes y el no inicio de las clases es inminente. Además, sabemos de la afinidad del ideario de Cambiemos con la subjetividad emprendedora así que no nos extenderemos, en esta ocasión, sobre este tema.
El docente voluntario encarna un nuevo episodio en la tradición histórica de esquirol, carnero, rompehuelgas. Figuras siempre mal vistas, desprestigiadas, aun cuando hayan gozado de efectividad operativa en la causa que llevaron adelante. Un rompehuelga es alguien consciente de su mala fe, del daño que propicia. Hace su tarea en silencio, y evita la postulación explícita de su innoble tarea.
La glorificación del carnero, al que se designa como “voluntario docente” forma parte de este paquete que destruye años de lenta construcción de los vínculos solidarios que califican la ciudadanía de una comunidad. El carnero, el rompehuelga, personifica al desclasado, al que traiciona a su colectivo por algo que supone su propio beneficio. El gobierno de Cambiemos quiere convertir a esta figura execrable en un héroe social, un ejemplo a seguir, porque aspira instalar ese comportamiento entre los sectores que están sufriendo el ajuste de tarifas y salarios. Hay una semilla recalcitrante en el espíritu de sus votantes y busca operar sobre ella, alimentarla, hacerla crecer para hacerse fuerte desde esa visión reaccionaria de una comunidad fragmentada y subordinada al poder económico.
Pero hay otra dimensión para pensar a la figura del carnero Pro. ¿En qué aspectos de la educación contemporánea muerde este esquirol? Educación ubicua, homeschooling, y aprendizaje entre pares, son algunos tópicos en la discusión educativa que introducen la posibilidad de que el aprendizaje sea un proceso corrido de la institución escolar para irradiar en otros múltiples escenarios. Algo así como que podemos aprender en más lugares que en la escuela, con otras personas que no son los docentes; por ejemplo, adolescentes que comparten saberes y modos de hacer en las redes sociales o una madre que asume la tarea de escolarizar a sus hijos en el hogar. Un formato pedagógico conocido por la aristocracia de comienzos del siglo XX, con la presencia de tutores hogareños que evitaban el contacto entre los niños bien y la plebe. O una reedición del gesto de la más rancia aristocracia: convocar a una suerte de sociedad de beneficencia, integrada por almas de buena voluntad dispuestas a la ayuda y salvación de los que menos tienen.
Es difícil ponderar qué trabajos son más valiosos o útiles que otros para una sociedad. Sin dudas, hay consenso en que la docencia, el ejercicio de la enseñanza, el trabajo en la educación -en todos sus niveles-, lo es.
Entonces, ¿qué sucede cuando un montón de gentes, miles de gentes, creen que pueden convertirse en maestros de la noche a la mañana? Y en esa línea, ¿Por qué se naturaliza la precarización, el malestar social y económico de quienes cumplen una función social? ¿De dónde viene el resentimiento hacia los docentes cuando reclaman por sus salarios? ¿Qué imaginarios de la práctica docente tendrán estos voluntarios? Tal vez crean que ser maestro es abrir la puerta de la escuela o custodiar la presencia de los chicos en el aula. O sólo compartir algunos de sus saberes. Parafraseando a Graebber, una vez más, es como si los voluntarios con su gesto onegeista les estuvieran diciendo a los docentes “¡Pero si tienen la suerte de enseñar, encima quieren cobrar y hacerlo en buenas condiciones!”.
VEAMOS AHORA EN LA PRÁCTICA QUÉ IMPLICA SER CARNERO
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En síntesis, no creo que la Argentina sea un país de carneros. Pero que los hay, los hay. Sin embargo, también hay un sector importante de la población que lucha por sus derechos y que acompaña a los docentes y que le dice a Macri: "PARÁ LA MANO"
