
Desde la recuperación de la "democracia" en 1983, nuestro país ha llevado a cabo una combinación de políticas de estado inútiles para la causa Malvinas, bueno si es que a una política de tinte socialista se la puede tildar "de estado" sin caer en una enorme contradicción de carácter filosófico.
Este "Estado" ha llevado a cabo un proceso de desmalvinización, mostrando un profundo desprecio y menosprecio hacia los soldados (profesionales y conscriptos) de la Patria que ofrecieron su vida en defensa de ella, como siempre lo han hecho a lo largo de nuestra historia, sino que también se ha ocupado personalmente de destruir la legitimidad de la recuperación por la fuerza de un territorio que no solo le pertenece a nuestro país sino que esta dotado de un valor estratégico que la Argentina debe aspirar ha obtener.
Se ha construido la figura de las Islas Malvinas como un territorio que le pertenece a la República Argentina porque haber sido posesión de la corona española. Pero en la actualidad se encuentra bajo el dominio de un estado extranjero, y por ende reducir el reclamo a un simple petitorio de carácter "feudal" sin reconocer la necesidad argentina de ser hegemónico en el área del Atlántico Sur donde tiene intereses comerciales, dejando a nuestro país totalmente humillado. Nos degrada, hace ver al Estado Argentino como una autoridad carente de aspiraciones que son totalmente legitimas. Algunos creíamos que la aceptación de que un estado es soberano en su territorio había quedado clara en 1648, pero hay gente de izquierda que obviamente no reconoce la aplicación de aquel orden mundial por el simple hecho de ser anterior al socialismo y lo cuestiona continuamente a nivel internacional.
Señores de izquierda, España firmó la Paz de Westafalia así que por lógica nos debería aplicar el concepto de soberanía o esta suposición que estoy haciendo es equivocada?. Si España definía sus políticas de estado de forma autónoma y nadie tenía derecho a inferir en ellas, nosotros deberíamos hacer lo mismo. De ninguna manera permitir que una ideología totalmente extranjera venga a direccionar la causa malvinas.
Los encargados de llevar a cabo esta política nos hicieron creer que lo que en cualquier país se interpretaría como ejercer ilegítimamente el poder del Estado y del interés nacional, como una actitud belicista e inmoral. De alguna manera, igualaron la aspiración de recuperar las Islas Malvinas con la aspiración de la Alemania Nazi de crear el Lebensraum (espacio vital) para el III Reich.
No solo se alzaron (siempre en armas) contra gobiernos democráticos y de facto, sino que los argentinos observamos como nunca han cesado su trabajo por destruir desde adentro nuestra Patria, humillar a nuestra nación. Son lobos disfrazados de corderos.
Estos mismo han trabajado en los últimos 41 años por la formación de una Patria Grande latinoamericana. Pero hoy nos golpeamos de frente contra la pared. Los argentinos de verdad, necesitamos despertar. Han guiado al Estado hacia al desmantelamiento del poderío militar con el único fin de dejarlo incapaz de ejercer influencia a nivel regional, inerme ante los avances foráneos.
En el último año ya reiteradas veces, como idiotas contemplamos a los aviones militares británicos que se dirigen hacia la base aérea RAF Mount Pleasant o tienen asiento allí, repostar o realizar paradas en países limítrofes. No queramos ver las cosas como nos conviene, estos no son de ninguna manera aviones británicos que van a llevar ayuda humanitaria a áfrica central y deciden realizar una escala allí, sino que específicamente van a las Islas Malvinas .
Esta al alcance de nuestros ojos, lo podemos ver en las fotografías. Uruguay y Brasil prestan soporte a las actividades militares británicas en Malvinas. Nuestro otro país vecino: Chile, realiza periódicamente ejercicios militares con las fuerzas británicas y no apunta ha otra cosa que no sea cooperar con estos últimos. Y no podemos tampoco ignorar como todos estos países han establecido convenios en materia de armamento y de desarrollo de capacidades militares.
Pero también observamos un claro ejemplo de la continua falla de la diplomacia argentina que no ha podido traducir esos votos a favor que siempre obtiene en las asambleas de la ONU, en hechos verdaderamente tangibles.
Nos encontramos en una situación interna de reestablecimiento de la economía, de reconstrucción institucional y de trabajo intenso en el área social pero todas estas tareas que tenemos por delante no nos imposibilitan de poder tener una oportunidad para patear el tablero regional. El escenario no llega ni siquiera a ilusionarnos, pero es probable que si la Argentina hace las cosas como debe puede llegar a colocarse como un líder regional porque el contexto quizá ser favorable para que esto ocurra. Y esta "esperanza" esta agarrada de la debilidad de Brasil y de la caída de los gobiernos progresistas en la región que habían logrado formar un corporativimo que impedía colocar a un país como líder regional.
Pero lo primero que debemos hacer es simplemente perder el miedo a establecer una concepción de orden mundial. No caigamos en el error. Todos los países se supone que establecen un orden mundial, todas las civilizaciones, grandes o pequeñas lo han hecho a lo largo de la historia. Pero solo pocas han podido establecer ese orden mundial a nivel internacional, es decir, que lo hayan impuesto por sobre otros. Los musulmanes ordenaron el mundo en el siglo VIII d.C pero no establecieron ese ordenamiento como una hegemonía, como si lo hicieron los romanos en el siglo I d.C. Debemos definir como vamos a tratar al otro por más que luego en la práctica esto pueda variar, pero debemos pre-construir un concepto que sea aplicable a todos los países con los que tengamos relaciones interestatales.
No se puede continuar improvisando, debemos definir lo que queremos al menos en la región del Atlántico Sur, y los demás deben poder comprender lo que quiere el pueblo argentino, no este último adaptarse a lo que los demás nos quieren o pueden ofrecer y mucho menos que estos definan que es lo que queremos, como ha querido hacer el fallecido Hugo Chavez. Sin esa concepción de orden mundial por más que las reservas del BCRA equivalgan a las de todo el continente y nuestra marina posea 4 portaaviones nucleares, de poco servirán. Si el mensaje no es claro, es imposible lograr el objetivo porque simplemente el otro no nos va a entender que es lo que queremos obtener. Como dije anteriormente, luego en la deliberación diplomática se realizará el intercambio entre las partes pero no se la puede encarar con un alto grado de abstracción. El intento de aplicación del modelo Wilsoniano ya todos conocemos en el fracaso que derivó, una guerra a escala mundial como nunca antes se había visto. Esto no se puede intentar en ningún tipo de discusión diplomática, sin importar la preponderancia de los implicados.
Para concluir, solo resta decir que la Argentina debe buscar ser un país que en la causa Malvinas no suplique la compasión de sus pares porque ya se vio durante 40 años que la aplicación de esta visión no arrojo los resultados que se esperaban. No vamos directo contra una pared porque tampoco nosotros construimos la pared con la cual golpearnos, simplemente seguiremos no encontrándonos con la pared, porque no tendremos nunca la noción de donde se encuentra esta.
La Argentina se niega a aceptar que los países latinoamericanos pueden elegir colaborar o no, con el Reino Unido . Las relaciones se dan o no se dan, no hay tercera posibilidad. Si vemos asiduamente aviones militares británicos en Uruguay es necio no aceptar que colaboran con estos. Del mismo modo es de necio, no aceptar que por más que un país no colabore hoy en día con los británicos en un futuro no este dispuesto a hacerlo. Y en base a la realidad y al posible escenario futuro que debe plantearse la Argentina , se debe construir la política internacional orientada sobre tema.
Y llegamos a la conclusión de que los países se mueven por intereses (obviamente), y nuestro país debe influir sobre la aspiraciones de los otros cuando estos vayan a definir cuales van a ser sus intereses. Para traducirlo, si X país colabora con el Reino Unido , no podemos pensar en un futuro que la relación seguirá necesariamente siendo igual sino que debemos tratar de suprimir esa colaboración por diferentes vías, y enviar una advertencia a aquellos que puedan llegar a colaborar en un futuro con el Reino Unido . Quizá no el garrote de Roosevelt, pero si establecer una lugar que nos permita desarrollar una serie de estrategias para lograr nuestro fin último: estar en la posición de poder obligar al Reino Unido o persuadirlo de que le es conveniente sentarse a negociar las Islas Malvinas .