
El desarrollo tecnológico propio en la Argentina siempre estuvo sometido a los cambientes tiempos políticos. En la decada del 60 se inicia un impulso en la
informática
que si no hubiera sido interrumpido por los sucesivos golpes de estado, el futuro sería otro.


Como muchas cosas, comienzan con la necesidad de conocimiento. En 1960 la UBA adquiere una computadora y años después ya tenía la carrera de Computador Científico y de electrónica digital.

Esa máquina, denominada Clementina era de la primera generación de computadoras y fue la primera computadora científica del país.
El diario Clarín del 17 de agosto de 2005 indicaba que “funcionaba gracias a unas 5 mil válvulas de vidrio y tenía una memoria de núcleos magnéticos de 5 K, unas 50 mil veces menos que una computadora hogareña de estos días. Para los ojos de hoy parecería algo grande: medía 18 metros de largo. Además, no tenía monitor ni teclado. La entrada de instrucciones(lo que hoy hace el teclado) se conseguía mediante un lector fotoeléctrico de cinta de papel perforado. Y los resultados (lo que hoy otorga el monitor) eran emitidos por una perforadora de cinta que alimentaba una impresora que llegaba nada menos que a las 100 líneas por minuto. En cuanto al software, utilizaba el denominado sistema Mercury, que tenía varios lenguajes de programación.”
El diario agrega “Clementina trabajó para YPF, para Ferrocarriles Argentinos, para la CEPAL y para varias universidades. Además proyectó el desarrollo hidráulico de la zona cuyana y hasta la usó la física nuclear Emma Pérez Ferreira para hacer cálculos sobre partículas. Tuvo un final que no merecía. Fue destruida. Muchas de sus piezas desaparecieron luego de la intervención militar a la Universidad de Buenos Aires por el gobierno del general Juan Carlos Onganía, implementada la llamada Noche de los Bastones Largos, en 1966.
Lo que le pasó a Clementina le ocurrió al país.

Onganía busca revertir su imagen y en 1969 impulsa al Observatorio Nacional de Física Cósmica de San Miguel (ONFCSM), una institución que perteneció a los jesuitas pero que fue reconvertido por esa dictadura. Allí se practicaban diversas disciplinas, entre ellas desarrollo del software.
Pocos años después fue diezmada primero por la triple A de López Rega y luego por la dictadura de Videla. Muchos científicos y técnicos fueron perseguidos, y emigraron del país. Otra vez el atraso.


A pricipios de 1970 se empezo a fabricar en el país máquinas electrónicas de cálculo, televisores, equipos de audio y hasta un videogame (blanco y negro, con un juego de ping, llamado Telemach de Panoramic), permitió otro desarrollo innovador para la época: la fabricación de calculadoras electrónicas de bosillo.
Czerweny, una reconocida fábrica de motores con sede en Gálvez, Provincia de Santa Fe, que tenía varias décadas de vida incursiona en la fabricación de estas . Sus productos eléctricos se exportaron a países latinoamericanos y a Estados Unidos.

desarrollaron calculadoras de mano, básicas, financieras y científicas, las primeras diseñadas en Argentina. Eran negras o grises, con visores Led o de plasma gaseoso, utilizaban baterias de 9V o cuatro pilas AA, y tenian una tapa que cubría el teclado.


En 1975 la firma Microsistemas, de Córdoba, presenta una computadora con monitor incorporado y disketeras. Pero hubo que esperar el fin del proceso militar para ver renacer la industria electrónica. En 1982 la firma Czerweny Electrónica S.A., fabrica en el país las computadoras clones de la reconocida marca Sinclair.

Sus modelos CZ1000 y CZ1500 fueron novedosas y exitosas, para la primitiva era de la informatica que se vivía entonces. Se tenían que enchufar en el televisor para tener una imagen de sus programas, en donde había algunas utilidades y muchos juegos, provistos por la firma, en cassettes.
Ese boom de las computadoras hogareñas permitió que Argentina desarrollara localmente otros productos conocidos en el resto del mundo. Se hizo mediante leyes de promoción industrial (en especial en la provincia de San Luis) que si bien permitieron el desarrollo de esta tecnología, fue aprovechado por algunos empresarios inescrupulosos para hacer negocios a costa del estado, ya que recibían reintegros por sus inversiones.
A partir de 1984 varias empresas nacionales imitaron a Czerweny y se volcaron a la importación y fabricación local de componentes, accesorios, interfases y equipos buscando, con algunas licencias internacionales, el mayor porcentaje de integración posible

Telemática comenzó la producción de computadoras MSX, rebautizadas como Talent MSX (Talent era una marca de televisores). En noviembre de 1985 las MSX se fabricaban a un ritmo de 2000 unidades mensuales con el objetivo de alcanzar el 90% de integración nacional. La norma MSX (Microsoft Super eXtended) era un desarrollo japonés que se remonta a 1983 y fue el primer intento de estandarizar hardware y software para evitar las, por entonces frecuentes, incompatibilidades.

Los trabajos para el lanzamiento de la MSX en el país se iniciaron en mayo de 1985 y las primeras unidades salieron de la planta montada en la provincia de San Luis en noviembre de ese mismo año. La Talent MSX era una computadora con 64Kb. de memoria RAM, ampliable a 576 Kb. Adaptada para trabajar en sistema Pal-N, disponía de 16 colores y generaba sonido de 3 voces con 8 octavas de rango. Apta para videojuegos y software utilitario, poseía además una excelente perfomance en el área educativa.

Precisamente Telemática desarrolló una red local educacional integrada por un equipo central al que se conectaban hasta 10 consolas; todos los usuarios compartían los recursos (una impresora y dos disketteras de 360Kb. cada una) de modo tal que el profesor, desde el equipo central, podía controlar todo el sistema o trabajar con otro programa mientras que cada terminal satélite operaba con dispositivos independientes.
también se fabricaban teclados numéricos y la interfase RS-232-C. Dentro de la gama de periféricos se incluían lectores de disco, módems y cartuchos.
En mayo de 1984 Drean, una marca relacionada a los lavarropas, ingresa en el área informática al negociar con la compañía estadounidense Commodore para producir bajo licencia sus computadoras en Argentina. Un hecho histórico ya que, por regla general, Commodore solía instalarse directamente en los países y producir por su propia cuenta, alcanzando un volumen global de integración nacional del 60%..

Así como nacieron (aprovechando los beneficios que se ofrecían o asumiendo el desafío de hacer computadoras en el país del campo), cerraron sus puertas y sus galpones. Empezaba otra era.