Muchos de nosotros quisiéramos encontrar lugares donde pudiéramos meditar tranquilamente, donde realmente entremos a un lugar de relajación e introspección que generalmente no logramos en medio de la gran ciudad. Eso era lo que buscaba Victor Langheld cuando diseñó y abrió este jardín, pero lo que muchos encontraron es un lugar verdaderamente aterrador.
“Victor’s Way” se llama el lugar y está en la localidad costera de Wicklow, en Irlanda. El jardín está poblado de 7 grandes estatuas y 37 más pequeñas hechas de granito que pretenden inducir al visitante a un estado de contemplación y promover la meditación.
Entre las estatuas se pueden ver varias de Ganesh, el dios elefante de la sabiduría. En general, las estatuas representan diversos estados de la vida; por ejemplo, “El Barquero”, representa la pena de quedarse estancado en un camino sin poder avanzar.
Otra de las estatuas está dedicada a Buda en sus tiempos de ayuno y vacío previos a la iluminación. Esta idea también la representa el jardín entero en el sentido que no cuenta con sanitarios públicos ni zonas de alimentos.
No recomiendan la admisión de personas menores a 28 años y están rotundamente prohibida la entrada de niños, adolescentes y mascotas pues pueden perturbar la tranquilidad del jardín.
El lugar sólo se abre de abril a octubre y puede sufrir en temporadas de lluvia, además que el jardín en sí no tiene medidas de seguridad para prevenir accidentes. Les tomó 25 años construirlo y ya se ha convertido en un lugar fascinante, admirable y aterrador pero que vale la pena visitar… ¿Quién se atrevería a ir?
“Victor’s Way” se llama el lugar y está en la localidad costera de Wicklow, en Irlanda. El jardín está poblado de 7 grandes estatuas y 37 más pequeñas hechas de granito que pretenden inducir al visitante a un estado de contemplación y promover la meditación.
Entre las estatuas se pueden ver varias de Ganesh, el dios elefante de la sabiduría. En general, las estatuas representan diversos estados de la vida; por ejemplo, “El Barquero”, representa la pena de quedarse estancado en un camino sin poder avanzar.
Otra de las estatuas está dedicada a Buda en sus tiempos de ayuno y vacío previos a la iluminación. Esta idea también la representa el jardín entero en el sentido que no cuenta con sanitarios públicos ni zonas de alimentos.
No recomiendan la admisión de personas menores a 28 años y están rotundamente prohibida la entrada de niños, adolescentes y mascotas pues pueden perturbar la tranquilidad del jardín.
El lugar sólo se abre de abril a octubre y puede sufrir en temporadas de lluvia, además que el jardín en sí no tiene medidas de seguridad para prevenir accidentes. Les tomó 25 años construirlo y ya se ha convertido en un lugar fascinante, admirable y aterrador pero que vale la pena visitar… ¿Quién se atrevería a ir?