Haber convertido a la corrupción en un show y una herramienta de ataque político, va a traer consecuencias. Ojalá nos quede algo de la república, después de que los "honestistas" y fanáticos "anti-corrupción", terminen de sacarle jugo a una historia que sólo puede degradar la imagen de un país. Cuando a la gente, saturada de tanto show mediático con la corrupción, deje de importarle lo que hacen los políticos, y entonces, no sólo volvamos a quedar marcados para siempre como una cueva de ladrones, "del primero hasta el último", como dijo un presidente uruguayo; sino que, volvamos a tener un pueblo al que no le importe nada la corrupción, como la sociedad de los noventa, y hayamos perdido lo que nos quede de dignidad.
Demasiados personajes le deben sus cargos y carreras políticas, a la corrupción de los anteriores, o de los otros, aún siendo ellos mismos parte de la corrupción, como ocurre con el clan Macri. Y no estoy culpando a Mauricio por lo que hace su padre, aunque podría, teniendo en cuenta que se ha beneficiado también; sino que estoy sumando lo que hace su padre, a lo que hace Mauricio. El "honestismo" es tan hueco y superficial, que levanta como un campeón de sus caprichos, a un personaje sacado de la misma corrupción argentina que dicen denunciar.
Lo que estoy pensando, es que, con todo este espectáculo patético sobre la corrupción, anunciándola como si fuera un logro nacional en algún sentido, como si fueran goles de un campeonato de fútbol virtual; no sólo están estigmatizando a una nación entera ante el mundo, que sigue mirando todo lo que hacemos, ahora con la multiplicación de ojos que permiten las tecnologías de la globalización, sino que van camino a saturar al televidente, al espectador, al público, y lo que es peor, al ciudadano que hay detrás de todas esas etiquetas tan importantes para los comerciantes de espectáculo. Los "honestistas", lo único que terminan logrando, es volver inmoral a la sociedad, saturándola con un discurso de moda, que desgasta un tema importante, usándolo como caballito de batalla.
A nadie le puede gustar la estafa, el robo, los negociados, pero hay otra serie de cosas, que tienen que ver con la moral, y que no entran, ni podrían hacerlo, en la jurisdicción de la Justicia, pero se llevan puesta la dignidad, cuando faltan. En otras épocas, en la época de nuestros abuelos, a nadie podía gustarle tampoco el buchón, el alcahuete, el botón, el ortiba, el delator, como a los actuales adoradores de Judas.
"División de poderes", algo que no puede haber, mientras no existan verdaderos poderes. El estado es un ente que cambia por completo cuando lo hace su funcionario principal, con su nuevo gobierno. Todos los nuevos gobiernos quieren cambiar todo lo que hizo el anterior, una de las razones por las que no tenemos un rumbo claro como nación.
El Poder Judicial es una mafia, que, cuando no aprieta a políticos opuestos a los que ahora tienen el poder Ejecutivo, exime a estos últimos, de todo alcance de la justicia. Mientras, al mismo tiempo, desamparan a todo ciudadano, de justicia y seguridad. Y sus principales integrantes, se vuelven ricos, y ni siquiera tienen que pagar impuestos. El Poder Judicial argentino es una mafia.
El poder Legislativo, a pesar de la variedad de estafadores y ladrones, que se mezcla con los pocos políticos con algo identificable como responsabilidad política, sigue siendo un poder del Estado, que por esa misma variedad de sus integrantes, probablemente, puede ser todavía ámbito de alguna resistencia, de la representación y defensa de la gente.
Demasiados personajes le deben sus cargos y carreras políticas, a la corrupción de los anteriores, o de los otros, aún siendo ellos mismos parte de la corrupción, como ocurre con el clan Macri. Y no estoy culpando a Mauricio por lo que hace su padre, aunque podría, teniendo en cuenta que se ha beneficiado también; sino que estoy sumando lo que hace su padre, a lo que hace Mauricio. El "honestismo" es tan hueco y superficial, que levanta como un campeón de sus caprichos, a un personaje sacado de la misma corrupción argentina que dicen denunciar.
Lo que estoy pensando, es que, con todo este espectáculo patético sobre la corrupción, anunciándola como si fuera un logro nacional en algún sentido, como si fueran goles de un campeonato de fútbol virtual; no sólo están estigmatizando a una nación entera ante el mundo, que sigue mirando todo lo que hacemos, ahora con la multiplicación de ojos que permiten las tecnologías de la globalización, sino que van camino a saturar al televidente, al espectador, al público, y lo que es peor, al ciudadano que hay detrás de todas esas etiquetas tan importantes para los comerciantes de espectáculo. Los "honestistas", lo único que terminan logrando, es volver inmoral a la sociedad, saturándola con un discurso de moda, que desgasta un tema importante, usándolo como caballito de batalla.
A nadie le puede gustar la estafa, el robo, los negociados, pero hay otra serie de cosas, que tienen que ver con la moral, y que no entran, ni podrían hacerlo, en la jurisdicción de la Justicia, pero se llevan puesta la dignidad, cuando faltan. En otras épocas, en la época de nuestros abuelos, a nadie podía gustarle tampoco el buchón, el alcahuete, el botón, el ortiba, el delator, como a los actuales adoradores de Judas.
"División de poderes", algo que no puede haber, mientras no existan verdaderos poderes. El estado es un ente que cambia por completo cuando lo hace su funcionario principal, con su nuevo gobierno. Todos los nuevos gobiernos quieren cambiar todo lo que hizo el anterior, una de las razones por las que no tenemos un rumbo claro como nación.
El Poder Judicial es una mafia, que, cuando no aprieta a políticos opuestos a los que ahora tienen el poder Ejecutivo, exime a estos últimos, de todo alcance de la justicia. Mientras, al mismo tiempo, desamparan a todo ciudadano, de justicia y seguridad. Y sus principales integrantes, se vuelven ricos, y ni siquiera tienen que pagar impuestos. El Poder Judicial argentino es una mafia.
El poder Legislativo, a pesar de la variedad de estafadores y ladrones, que se mezcla con los pocos políticos con algo identificable como responsabilidad política, sigue siendo un poder del Estado, que por esa misma variedad de sus integrantes, probablemente, puede ser todavía ámbito de alguna resistencia, de la representación y defensa de la gente.