Después de los Globo de Oro 2018, que lo mejor que dejaron, es toda la multitud de descerebrados que quedaron espantados de ver que, lo que creen un discurso de algunas "extremistas" feministas, resulta que sigue creciendo.
Pero otra cosa que ha reaparecido en algunas opiniones, como cada tanto ocurre, es una especie de debate, o más bien reproche, sobre la calidad de los medios, y sobre todo de la TV argentina, en comparación a los del país del mencionado premio. Y en este contexto, estuve viendo a gente poner en la misma frase, un clásico como el Zorro, con la decadencia histórica que siempre significó Mirtha Legrand, o hablar de la TV basura e incluir a "El Sultán", como si no fuera mejor que la mayoría de las ficciones argentas, todas en ese género nefasto, tan preferido por la vagancia argentina, que llaman "costumbrismo". Mientras, los turcos hicieron una telenovela con sus personajes históricos, traten de imaginar algo siquiera cercano acá.
A "El Sultan" le sobra para ser un programa mucho más arriesgado que toda la cómoda ficción nacional, y lo mismo nos sacan en distancia los brasileros, y sólo estoy hablando de telenovelas. Si la alternativa a seguir repitiendo el Zorro, que por lo menos es un clásico, es el esfuerzo que hacemos para tomarnos en broma lo mal que actúa Estevanez, o lo que es peor; porque Estevanez puede ser nuestro Stallone, yo lo podría ver así; pero la novela en la que está, con esas tramas repetidas hasta el hartazgo y que no tienen ningún vuelo, actuadas sin ganas, como un montón de cosas que pasan y nadie va a recordar nunca, como un día a día interminable. Si metemos en el medio nuestro gusto particular cuando analizamos los problemas de la TV argentina, estamos en el horno, porque entonces se convierte en una discusión sobre gustos, con todos los prejuicios que estos incluyen. Cuando hay puntos objetivos más allá del gusto particular, para poder analizar la calidad y valor de cada programa de TV que se emite en la Argentina.
Mientras las telenovelas turcas, coreanas, brasileras, exploran el drama, aunque lo hagan del modo liviano que acostumbra el género de la telenovela, las nuestras siguen usando las mismas tramas de siempre, para traernos los mismos repetidos ejercicios de actuación "así nomás", tal es el aspecto que tienen casi todas las ficciones diarias de este país. Mientras novelas como "El Sultán", hacen ficción con la historia turca, o las novelas bíblicas brasileras, usan las Escrituras para armar una ficción. Con el objetivo de evangelizar, o ampliar el negocio religioso, como quiera verse, porque esas telenovelas bíblicas están producidas por la misma gente de la Iglesia Universal del Reino de Dios, y aún así, resultaron mucho menos burdas que las producciones de la empresa de Adrián Suar, en las que, te pasan por la cara todos los chivos que pueden, mientras no te llegabas a enterar nunca mirando el programa, de la Iglesia evangelista que había detrás de la novela "Moisés". Acá seguimos teniendo estas historias sobre cosas que pasan en la casa de al lado, con las últimas generaciones de actores jóvenes argentinos, de los que ya estamos hartos en muchos sentidos, todo el tiempo gritando y puteando, como si de eso se tratara presentar un drama. Y no compensa nada que, cada tanto aparezca un unitario de calidad, como, a pesar de todo lo demás, han demostrado muchas veces que pueden hacer. Pero resulta que, este es el problema de la televisión argentina, no tiene que ver con la capacidad de hacer material de calidad, que cuando algún "productor" millonario tiene el capricho de producir, sabemos que puede hacerse; sino con la decisión que abunda en los medios de nuestro país, los que parecen tener una orientación de almacenero de barrio, antes que, ya no de artistas de los medios, lo que puede ser mucho esperar a esta altura, sino de personas con algún interés en contar una historia, en hacer buen periodismo, o en llevar a la gente un entretenimiento de mayor calidad. Como aquella frase, creo que de Marcelo Tinelli, que decía, que su contenido era “milanesas con papas fritas”; en este país, las frituras hechas en cantidades industriales para vender, son el objetivo de nuestras "ambiciosas" eminencias de los medios de comunicación.