"¿Qué vas a hacer el 14 de Febrero?" ¿No tienes novio?
Esta simple frase llena de presión al individuo, que la escucha. El movimiento interno no es fácilmente observable si no se está habituado, pero la psicología se sacude tras oírla. Las palabras como "navidad", "año nuevo", "cumpleaños", pesan; y evocan una serie de relaciones mentales que inducen a la persona a pensar, sentir, y actuar de determinada forma. El individuo puede comenzar a sentir la ferviente necesidad de festejar un día que originalmente no tenía idea de festejar; pero que de no hacerlo, podría dejarlo atrás socialmente o provocarle la sensación de no estar viviendo, aprovechando, o disfrutando su vida al máximo.
"¿Cómo no voy a festejar, yo también, la navidad? Si no festejo, va a parecer que no tengo amistades y que soy un amargado". Frases como esta, y pensamientos internos, aparecen en el hombre inmediatamente después de ser cuestionado al respecto.
El tema no es la navidad o la presión social y mercadológica alrededor de la misma, sino el poder abrumador de una palabra y un concepto sobre la mente humana.
"¡Eres fenomenal y fantástico!" Hay gente que escucha esto y se lo cree. El envanecimiento, la egolatría y la desubicación mental, aparecen inmediatamente en la persona que escucha esto e inmediatamente se pocisiona por encima del resto. Desde el cambio de conducta a una más altanera o prepotente, hasta considerar que la opinión propia es más correcta que la del resto sólo por este reconocimiento sin fundamento, el individuo inicia un viaje de ensoñación en medio del cual se pierde. Algunas personas, bastante comúnes y corrientes (e incluso más corrientes que comúnes), incluso adquieren el rango de "influencers"; siendo que no tienen, en realidad, nada que decir y nada que proponer.
La persona puede creer, también, que verdaderamente es un perdedor sólo por haber sido llamado así por alguien en algún momento. Las palabras retumban en la psique y le obligan a actuar como uno, aún no siéndolo.
Sí, las palabras hechizan y se materializan. Cuidado con lo que sale de nuestra boca; pues bien podríamos causar, y materializar, aquello que más tememos y de lo que tanto tratamos de escapar...
Dejen sus comentarios, y díganme qué piensan. El verbo hace maravillas; un "por favor" y un "gracias", o un "te amo", otorgan muchísimas facilidades y abren muchas puertas.
Esta simple frase llena de presión al individuo, que la escucha. El movimiento interno no es fácilmente observable si no se está habituado, pero la psicología se sacude tras oírla. Las palabras como "navidad", "año nuevo", "cumpleaños", pesan; y evocan una serie de relaciones mentales que inducen a la persona a pensar, sentir, y actuar de determinada forma. El individuo puede comenzar a sentir la ferviente necesidad de festejar un día que originalmente no tenía idea de festejar; pero que de no hacerlo, podría dejarlo atrás socialmente o provocarle la sensación de no estar viviendo, aprovechando, o disfrutando su vida al máximo.
"¿Cómo no voy a festejar, yo también, la navidad? Si no festejo, va a parecer que no tengo amistades y que soy un amargado". Frases como esta, y pensamientos internos, aparecen en el hombre inmediatamente después de ser cuestionado al respecto.
El tema no es la navidad o la presión social y mercadológica alrededor de la misma, sino el poder abrumador de una palabra y un concepto sobre la mente humana.
"¡Eres fenomenal y fantástico!" Hay gente que escucha esto y se lo cree. El envanecimiento, la egolatría y la desubicación mental, aparecen inmediatamente en la persona que escucha esto e inmediatamente se pocisiona por encima del resto. Desde el cambio de conducta a una más altanera o prepotente, hasta considerar que la opinión propia es más correcta que la del resto sólo por este reconocimiento sin fundamento, el individuo inicia un viaje de ensoñación en medio del cual se pierde. Algunas personas, bastante comúnes y corrientes (e incluso más corrientes que comúnes), incluso adquieren el rango de "influencers"; siendo que no tienen, en realidad, nada que decir y nada que proponer.
La persona puede creer, también, que verdaderamente es un perdedor sólo por haber sido llamado así por alguien en algún momento. Las palabras retumban en la psique y le obligan a actuar como uno, aún no siéndolo.
Sí, las palabras hechizan y se materializan. Cuidado con lo que sale de nuestra boca; pues bien podríamos causar, y materializar, aquello que más tememos y de lo que tanto tratamos de escapar...
Dejen sus comentarios, y díganme qué piensan. El verbo hace maravillas; un "por favor" y un "gracias", o un "te amo", otorgan muchísimas facilidades y abren muchas puertas.