En este post (como el título promete) les comentaré ciertas experiencias que he tenido con el Reiki que, si bien no van fuera del orden normal de las cosas ni son circunstancias tan sobresalientes, sí nos llevan a dar un grado de conciencia del efecto que pueda otorgar está técnica tan bien vista por algunos, no tanto para otros.
Antes que nada debo afirmar que si hay de quienes que no creen en esto y van a leer les pido, si van a responder, sea lo más en postura neutral posible y no me vengan con comentarios de que porque es una cosa “espiritualista-pseudocientífica-vendehumo” (los calificativos que quieran) no merece relevancia; antes de poner juicio lean el post y por último es cosa de si me creen o no. Gracias.
Como muchos sabrán, el Reiki es un método de sanación alternativo que ha tenido popularidad en los medios masivos, desde haber personas y comunidades hasta haber instituciones y autoridades como la OMS que lo practican y reconocen. Trata sobre que a través de la imposición de manos se entregue una especie de energía que produce ciertos beneficios a quien la recibe. Yo les voy a hablar de mi experiencia con el Reiki como reikista de poca edad pero ya experimentado al respecto. Ojo: Lo que voy a hablar es de mi autoría y no hay información de terceros ni nada más que mi propia experiencia. Comencemos:
Desde pequeño empecé a practicar el Reiki. Le hacía a familiares y apenas comenzaba mi cuerpo empezaba a sudar mucho y a tener un fuerte calor. Ahora mayor no me empieza la sudoración, pero sí algo de calor (principalmente en las manos).
Ya más grande y llegado el momento se me hizo una iniciación (son 3 en total) y pude sentir después cómo estuve en un estado de paz y serenidad. Comencé a meditar y pude ver cosas grandiosas: recuerdo rayos rosas jugando en mi frente (con los ojos cerrados).
Bien su efecto habrá tenido en muchas cosas, muchos me han dicho que se sienten más relajados, que se han sentido mejor, etc.; y uno de los argumentos para desacreditar el Reiki más cometidos es el del efecto placebo. Pues déjenme decirles que este argumento es abatido cuando el acto de hacer Reiki se produce en animales por primera vez. Los animales no tienen idea de que al imponer las manos la persona vaya a entregar una especie de energía mística, y sí, le he hecho Reiki a animales (se le puede hacer incluso a las plantas) y hubieron resultados. Les cuento:
Un día, ya terminado mi trabajo, me puse a hacerle Reiki a un perro pastor alemán ya en sus años. El perro era lento, pasivo, producto de su vejez. Terminé de hacerle Reiki y al día siguiente el perro se ve totalmente diferente: ladraba, se movilizaba con mayor ímpetu, se veía más juguetón, y algo curioso: le robaba la comida al otro perro de la casa. Los conocidos del dueño decían que era raro que el perro se viera tan animado cuando se le veía morir en cualquier momento.
También he tenido resultados con gatos: Una vez le hice a uno recién nacido y apenas comencé me dio un singular “miau” (como si estuviera maravillado) y empezó a ronronear; lo mismo me sucedió con otro gato (este mayor) que cuando le comencé a hacer Reiki empezó a ronronear y mostrar cara de agrado (vale decir que en los tres animales las manos estuvieron a cierta distancia, por lo que el ronroneo no fue producto de ninguna clase de mimo).
Bien, eso es lo que puedo decir por ahora. Ustedes saquen sus conclusiones pero yo afirmo que el Reiki es un método veraz y que produce aspectos favorables y complementarios para la salud. Y que el hecho de que no sea científico no quiere decir que no haya verdad en cuanto a los efectos positivos que a esta técnica se refiere.
Resumen Nivel 5: Le he hecho Reiki a personas, a un perro y dos gatos y me ha dado curiosos resultados, aparentemente positivos.