Pareciera que la última persona con quien el individuo quiere estar es consigo mismo. Encender la televisión, usar el teléfono, salir a donde sea, cualquier cosa, antes de quedarse encerrado y en silencio sin más compañía que el sí mismo.
Ante los demás, se busca aparentar y proyectar la mejor imagen, y la mejor versión, de sí mismo. En casa, en la intimidad, donde no hay nadie más sino uno mismo, como si éste fuera nadie, el individuo se deja ver, ante sí mismo, como si no valiera la pena demostrar nada.
Siempre hay alguien observando, y registrando, cada cosa que se hace y que se piensa; aún si el que actúa, no se percata del observador. La decepción, el escepticismo, el desprecio, y el descrédito de sí mismo a ojos del sí mismo, no es gratuito.
Cuidado con las relaciones consigo mismo, pues si estas son malas y están quebradas, el hombre queda solo y abandonado a su suerte de verdad...
Ante los demás, se busca aparentar y proyectar la mejor imagen, y la mejor versión, de sí mismo. En casa, en la intimidad, donde no hay nadie más sino uno mismo, como si éste fuera nadie, el individuo se deja ver, ante sí mismo, como si no valiera la pena demostrar nada.
Siempre hay alguien observando, y registrando, cada cosa que se hace y que se piensa; aún si el que actúa, no se percata del observador. La decepción, el escepticismo, el desprecio, y el descrédito de sí mismo a ojos del sí mismo, no es gratuito.
Cuidado con las relaciones consigo mismo, pues si estas son malas y están quebradas, el hombre queda solo y abandonado a su suerte de verdad...