Yo quisiera saber cuál es la verdad.
¿Se perdió la objetividad, el debate, la búsqueda de la verdad? Hoy no hay debate serio. Hoy gana el debate el que grita más fuerte. No hace falta que tenga razones, porque todos tienen derecho a dar su opinión y usan ese derecho como argumento. Aunque esa opinión no tenga fundamento, parece que el sólo hecho de querer refutarla es una falta al derecho del oponente de poder expresarse, y ese es todo el argumento que necesitan. Con eso tienen razón.
Todos tergiversan en favor de su punto de vista, tengan o no tengan razones, porque el fin último no es llegar a la verdad, sino callar al adversario. Piensan: “Si te callás no tenés más nada para decir, te quedaste sin argumentos, por lo tanto estás equivocado”. Y hoy quien calla otorga.
Todo vale para llegar a “tener razón”. Todo tipo de falacias. Ad hominem, ad populum…, incluso a veces el que pega más fuerte es el que tiene razón.
¿Exagero? Prendan la tele, escuchen radio, lean cualquier diario o revista, salgan a la calle. Pasa entre los vecinos de la cuadra, entre los políticos, entre panelistas y periodistas, entre primeros mandatarios…
¿La causa? No sé. Serán muchas. Dependerá del debate. Puede ser ignorancia, la maldad innata del hombre, zafar de un castigo, intereses económicos (maldito dinero), qué se yo! Pero nunca el motivo de la discusión es la búsqueda de la verdad.
Hoy la verdad está escondida. La tienen secuestrada. Hay gente que sabe dónde está, pero si la muestra se les termina el negocio.
Tu opinión cuenta, ¡obvio!, pero también la del otro. Sé tolerante y cedé a la posibilidad de otros puntos de de vista, pero no creas en nada a priori. Cuestioná todo. Sos inteligente, ¡pensá!
Agarrá con pinzas los títulos. No es lo mismo alguien educado que alguien adoctrinado. No es lo mismo educar que adoctrinar.
Todos los fanatismos son malos.
Leé lo que se te cruce, que no te digan que es un mal libro. A medida que leas otras cosas, vas a saber cuál es bueno o no.
Hoy tenés prácticamente toda la info mundo en la palma de la mano, pero que no te sea suficiente.
Que no te confundan las etiquetas. Sé objetivo. Cuando tengas dudas, tratá de mantenerlo simple y apegate a las definiciones. A veces basta con eso, un simple diccionario. Partí de la base.
No te agarres de estadísticas, no dicen nada, porque no representan el total de la gente, y son fáciles de manipular. “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”.
Poné en duda los libros de historia. La historia la escriben los que ganan, y no siempre ganan los buenos.
A veces las cosas no son blancas o negras. También hay grises.
No es una vergüenza reconocer que estabas equivocado. Muy por el contrario, llegar al error tiene que ser una revelación, una epifanía, algo que te ponga de cara a la realidad, algo que te demuestre que antes estabas mal, que te empequeñece, y que finalmente te ponga en el camino de ser una mejor persona al llevarte a buscar la verdad. Reconocer el error engradece.
Habrás leído esta cita antes, pero resume un poco: “La verdad nos hará libres”. Que así sea.
¿Se perdió la objetividad, el debate, la búsqueda de la verdad? Hoy no hay debate serio. Hoy gana el debate el que grita más fuerte. No hace falta que tenga razones, porque todos tienen derecho a dar su opinión y usan ese derecho como argumento. Aunque esa opinión no tenga fundamento, parece que el sólo hecho de querer refutarla es una falta al derecho del oponente de poder expresarse, y ese es todo el argumento que necesitan. Con eso tienen razón.
Todos tergiversan en favor de su punto de vista, tengan o no tengan razones, porque el fin último no es llegar a la verdad, sino callar al adversario. Piensan: “Si te callás no tenés más nada para decir, te quedaste sin argumentos, por lo tanto estás equivocado”. Y hoy quien calla otorga.
Todo vale para llegar a “tener razón”. Todo tipo de falacias. Ad hominem, ad populum…, incluso a veces el que pega más fuerte es el que tiene razón.
¿Exagero? Prendan la tele, escuchen radio, lean cualquier diario o revista, salgan a la calle. Pasa entre los vecinos de la cuadra, entre los políticos, entre panelistas y periodistas, entre primeros mandatarios…
¿La causa? No sé. Serán muchas. Dependerá del debate. Puede ser ignorancia, la maldad innata del hombre, zafar de un castigo, intereses económicos (maldito dinero), qué se yo! Pero nunca el motivo de la discusión es la búsqueda de la verdad.
Hoy la verdad está escondida. La tienen secuestrada. Hay gente que sabe dónde está, pero si la muestra se les termina el negocio.
Tu opinión cuenta, ¡obvio!, pero también la del otro. Sé tolerante y cedé a la posibilidad de otros puntos de de vista, pero no creas en nada a priori. Cuestioná todo. Sos inteligente, ¡pensá!
Agarrá con pinzas los títulos. No es lo mismo alguien educado que alguien adoctrinado. No es lo mismo educar que adoctrinar.
Todos los fanatismos son malos.
Leé lo que se te cruce, que no te digan que es un mal libro. A medida que leas otras cosas, vas a saber cuál es bueno o no.
Hoy tenés prácticamente toda la info mundo en la palma de la mano, pero que no te sea suficiente.
Que no te confundan las etiquetas. Sé objetivo. Cuando tengas dudas, tratá de mantenerlo simple y apegate a las definiciones. A veces basta con eso, un simple diccionario. Partí de la base.
No te agarres de estadísticas, no dicen nada, porque no representan el total de la gente, y son fáciles de manipular. “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”.
Poné en duda los libros de historia. La historia la escriben los que ganan, y no siempre ganan los buenos.
A veces las cosas no son blancas o negras. También hay grises.
No es una vergüenza reconocer que estabas equivocado. Muy por el contrario, llegar al error tiene que ser una revelación, una epifanía, algo que te ponga de cara a la realidad, algo que te demuestre que antes estabas mal, que te empequeñece, y que finalmente te ponga en el camino de ser una mejor persona al llevarte a buscar la verdad. Reconocer el error engradece.
Habrás leído esta cita antes, pero resume un poco: “La verdad nos hará libres”. Que así sea.