Reseña bibliográfica
Kaminscky Gregorio, Spinoza: la política de las pasiones, Ed Gedisa, segunda edición, Barcelona, 1998.
Al comienzo del libro el autor nos revela el silencio y la omisión por parte de los interpretes de Spinoza con respecto a la problemática de las pasiones, trabajada por Spinoza en el Libro II de la Ética. Dado que el autor Considera que el tema de las pasiones en Spinoza, no es menor, por ende decide problematizar las mismas a lo largo del libro.
Asimismo nos advierte de la connotación peyorativa que tuvo el termino “spinozista” o bien “spinozismo” asociado al ateismo y a la subversión, según la hipótesis del autor, esta connotación se debe al tratamiento de las pasiones, dado que Spinoza expone un tratamiento político de las mismas, considerando las pasiones-imaginaciones, individuales, así como también sociales (bajo la forma de instituciones reales o imaginarias) como mecanismos de sumisión de los hombres por parte de instituciones económicas y religiosas, quienes “(...) capturaban la voluntad de los hombres para que hicieran lo “peor”, a pesar de que racionalmente, vieran lo “mejor” (...)(Kaminscky Gregorio, Spinoza: la política de las pasiones, Ed Gedisa, segunda edición, Barcelona, 1998, Pág. 22)
Spinoza no postula una dualidad entre cuerpo y alma. Muy por el contrario, repudia a aquellos que en aras a la racionalidad postulan la gobernabilidad del alma sobre el cuerpo “(...) cuando los hombres dicen que tal o cual acción del cuerpo nace del alma, que tiene imperio sobre el cuerpo, no saben lo que dicen (...)(Ibidem, Pág. 38). La invitación Spinoziana a no distinguir el alma y el cuerpo no es una invitación a la irracionalidad, sino a comprender que el alma necesariamente necesita de la mediación del cuerpo para formar ideas y conocer “(...) aquellos que creen hablar, callarse o hacer lo que sea en virtud de un libre decreto del alma, sueñan con los ojos abiertos (...)”(Ibidem, Pág. 40)aquellos hombres que no reconocen la solidaridad entre cuerpo y el alma, postulando un alma rectora, no hacen otra cosa que ficcionar, no reconociendo limitaciones, el hombre se cree libre pero se encuentra sometido a las pasiones.
Antes que la razón virtuosa, en la ética Spinoziana la figura central es el deseo pasional, ya que el ser humano tiene conciencia de deseo y se esfuerza por concretar el mismo, juzgándolo como bueno. En el marco de la ética spinoziana, es bueno lo que deseamos, alejándose así de toda ética de deberes(normativa).
El ser humano dispone de una potencia de obrar, su esencia es perseverar en el ser, perseverar, puede ser definido como la pasión de ser, esto nos remite a las vivencias del “ser en el mundo” de ese ser que siente y al vincularse con una cosa u objeto exterior o un semejante, surge de ese encuentro, una huella, una impronta afectiva, estableciéndose así una relación dual entre el objeto-afectante y sujeto- afectado o bien podría ser otro sujeto el objeto afectante. No obstante, las relaciones no son simples relaciones polares, hay otro nivel más complejo, la emergencia de un tercero, la trinidad, que no son otro cosa que las pasiones colectivas.
Los esfuerzos humanos por perseverar en el ser, hace que el mismo disponga de sus potencias pasionales-imaginarias: el deseo, que junto a la alegría y la tristeza, pasiones primarias que componen el dispositivo elemental de la vida. La alegría es definida por Spinoza como el pasaje del alma a un perfeccionamiento mayor, en la cual la potencia de la vida se encuentra acrecentada, contrariamente la tristeza es el pasaje del alma a un perfeccionamiento menor, es decir, la tristeza es la depresión que se experimenta cuando la potencia de vida se ve disminuida.
La alegría y al tristeza se involucran con el cuerpo, convirtiéndose en placer o goce y la tristeza en el dolor o melancolía. Cuando el objeto exterior afectante se encuentra presente, la alegría se muda en amor y la tristeza en odio. El derrotero pasional se expande manifestando pasiones secundarias, tales como la simpatía y la antipatía, que no son otra cosa, que los efectos que sentimos cuando estamos en presencia de un objeto semejante al que sentimos odio u amor y lo asociamos con otro. Estas composiciones son azarosas, no se rigen por una leyes ni asociaciones de ideas, muy por el contrario, estamos en presencia de una lógica imaginaria. Spinoza nos advierte de no confundir imaginación con entendimiento dado que el hombre tiende a considerar a los productos de la imaginación el poder ser de lo que no son, es decir, utilizando su entendimiento para forjar productos imaginarios e inducir a otros a adorarlos. Del mismo modo sucede con la naturaleza, a la que algunos hombres “(...) que no entienden de la naturaleza nada afirman acerca de las cosas, sino que las imaginan y toman imaginación por entendimiento (...)”( Ibidem, Pág. 45)esto quiere decir, que lo hombres creen que hay un orden en las cosas ignorando la naturaleza de las cosas. Vale aclarar, que Spinoza no rechaza el poder de la imaginación sino en su uso indebido que consiste en sustituir, trastocar la imaginación por entendimiento, con fines
Perversos, tales como la dominación del hombre sobre otros hombres. Esta postura Spinoziana dialoga con la postura Nietzscheana que considera que el hombre producto del devenir constante y la existencia absurda, ve sus fuerzas vitales debilitadas estableciéndose así una actitud correspondiente a lo que Nietzsche llama nihilismo, que no es otra cosa que la ficción de mundos inteligibles, espirituales, inmutables que otorgan sosiego a la existencia. Son los transmundanos, “los alucinados por el más allá” que dan origen al mundo metafísico y postulan una racionalidad rectora “(...) lo que se halla detrás de los discursos metafísicos es una moral perversa(...)”( Cragnoli Mónica B, Nietzsche, la moral y el nihilismo, en cuadernos de ética, Nº 9, junio de 1990, Pág. 10) en aras a devolver las fuerzas vitales a los hombres Nietzche va a postular la muerte de Dios, en la que se concentra no solo la desaparición de la idea monoteísta de Dios sino también los sistemas filosóficos y el primado de la razón.
Siguiendo esta línea de análisis, Spinoza problematiza lo que denomina “pasiones tristes”
Que son aquellos afectos de temor y esperanza propios de la religión así como también su correlato en tiranías o dictaduras.
Spinoza no hará otra cosa que desmitificar la humildad, sumamente valorizadas en las tradiciones religiosas. Esta pasión triste, logra que el hombre se desprenda de su deseo y de sus esfuerzos por perseverar en la vida, disminuyendo su potencia de obrar. Las pasiones tristes, tales como la humildad, no hacen otra cosa que alienar al hombre, ya que sientan sus bases, en la esclavitud o servidumbre económicas, sociales, culturales, etc. Esta impotencia, negatividad absoluta, no es otra cosa, que alineación, dado que el hombre no afirma su ser, ni su potencia de obrar.
Las pasiones se despliegan hacia una dimensión política y social, ya que son ellas, las que legitiman, fundamentan el estado político-civil, estableciéndose como una necesidad, ya que una vida humana, en un estado de naturaleza resulta imposible.
Como sabemos, en el estado de naturaleza, no hay derecho ni fuerza, es decir, no hay un soberano que imponga castigos a aquellos que cometen delitos y atentan contra la vida de otros. Tal es así, que los hombres en dicho estado, se encuentran “(...) tironeados en todos los sentidos y se oponen los unos a los otros(...)”(Kaminscky Gregorio, Op. Cit, Pág. 165). En aras a una vida armoniosa, es necesario, que los hombres renuncien a su derecho de naturaleza y establezcan un pacto, por el cual se comprometen a no hacer nada que pueda dañar a terceros.
Ahora bien, lo que garantiza el transito del estado de naturaleza al estado social, es decir, lo que garantiza el pacto, no es otra cosa, que la pasión misma. Una pasión mas intensa y por lo tanto mas eficaz, a saber, el temor. Es Hobbes quien anuncia en el Leviatan la función política de las pasiones “(...) las pasiones que inclinan a los hombres hacia la paz son el temor a la muerte; el deseo de aquellas cosas que son necesarias para una vida confortable; y la esperanza de obtenerlas por su industria(...)”( Hobbes Thomas, Leviatán, Tomo I, Colección grandes obras del pensamiento, Editorial Losada, Buenos aires, 2004, Pág. 132) es el temor a un mal mayor lo que hace que los hombres regulen sus acciones, así como también, las constantes amenazas del poder político, en aras a la conservación.
Muy por el contrario, Spinoza propone la concordia a través de un genero de alegrías, tales como, el amor, el placer, el deseo, que de ninguna manera son nocivos para el Estado, a menos que sean excesivos. Es necesario, entonces, guardan mesura frente a las pasiones.
El hombre spinoziano es como en Aristóteles, una animal social, pero con la diferencia de que desea la sociabilidad y socializar su deseo. Por ejemplo, deseamos la justicia tanto para nosotros como para otros, dado que la justicia es útil para el hombre y el hombre busca lo que es útil para conservar su ser.
El hombre que procura la utilidad de hacer el bien y compartir su deseo con sus semejantes, es lo que Spinoza denomina un hombre libre. Dicho hombre libre, desea obrar, vivir y conservar su ser, por ello comparte el bien que es útil, diferenciándose del hombre esclavo o siervo, que es un sujeto guiado las pasiones tristes, a saber, temor y esperanza, gobernado por tiranos y sacerdotes que movilizan hacia sus propios fines sus bajas pasiones. El esclavo, es lo que Nietzsche denomina “el hombre el rebaño” cuyos valores son el sacrifico, la humildad, la obediencia, la caridad, etc. ideas utilizadas por los tiranos y sacerdotes para suavizar la esclavitud de estos hombres.
Seria erróneo considerar que el hombre libre carece de deseos y pasiones, simplemente que este hombre libre, no forjo un modelo o principio ideal de bien o mal, ni lo impuso a otros hombres. En dialogo con Nietzsche, estamos en presencia de un tipo de hombre llamado por Nietzsche “señores” que son aquellos que desarrollan su fuerza vital, es decir, en términos Spinozianos su potencia de obrar. El hombre libre, no idealiza el bien o el mal, sino que se busca desarrollar su fuerza vital a través de lo útil para la misma. Es por ello, que el hombre libre esta “Mas allá del bien y el mal”. El hombre libre, reconoce sus limites y reconoce que esta sometido a las pasiones, es decir, no niega su instinto, aquello que lo hace “humano, demasiado humano”.
Spinoza sostiene que la mejor política de las pasiones es la pasión apasionada, que tiende a la composición de muchos individuos en un individuo superior, la sociedad, inmanente a la naturaleza del hombre como a su propia razón, deseos, pasión, etc. Obedecer a al decreto común y consensual de la sociedad es obedecer a si mismo “(...) el hombre libre que es conducido por la razón es mas libre en el Estado donde vive según su decreto común, que en soledad donde no obedece sino a si mismo(...)”(Kaminscky Gregorio, Op. Cit, Pág. 173). Dicha postura Spinoziana, se aleja del individualismo solipsista cartesiano.
Para finalizar, sostenemos que la audacia Spinoziana radica en afirmar, que la sociedad no es producto de una razón trascendente, sino del poder pasional intenso.
Profesora de filosofía Mariela Alicia Escaño
libros para descargar:
Spinoza, "Etica Demostrada Segun El Orden Geometrico"
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Spinoza "Tratado De La Reforma Del Entendimiento"
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