GENGIS-KHAN: El Conquistador de Asia
“Al nacer, el niño tenía en la muñeca un minúsculo hematoma, en forma de una gema de color encarnado, y el chamán profetizó que Temudschin sería un poderoso guerrero.
Éste niño fue Gengis-Kan, el mayor conquistador en la historia de la humanidad. Erigió un reino que desde el Mediterráneo llegaba hasta el Océano Pacífico, y desde el Taiga Siberiano hasta el Himalaya. El Imperio más poderoso que la tierra jamás conoció.”
Gengis-Kan (o Genghis Khan) nació en 1167 en la tribu mogola Kiut-Burtschi-gin. Su padre, Yessughei-Bogatur, había capturado al jefe tártaro Temudschin el día del nacimiento de su hijo, y como era una antigua costumbre que el nombre de las personas recordase el acontecimiento más importante de la fecha de su nacimiento, Yessughei llamó a su primogénito Temudschin.
Yessughei murió envenenado por los tártaros cuando Temudschin contaba con sólo 13 años y a esa edad el joven quedó como heredero de su padre. Yessughei había reunido bajo su mando muchas tribus, que comenzaron a preguntarse por qué debían obedecer a un muchacho por el mero hecho de haberse puesto, anteriormente, a las órdenes de su padre. Consecuentemente, las tribus y clanes comenzaron a abandonar a la familia de Yessughei, y al poco tiempo Temudschin y su familia quedaron solos.
Un día, unos ladrones taieschutos robaron sus caballos, y Temudschin, acompañado por un amigo de su edad que encontró en la estepa, rastrearon y dieron muerte a los ladrones, recuperando los caballos. Juntos fueron al campamento del padre de su amigo Boghurtschi para disculparse por haberlo abandonado; pero lejos de estar enfadado, se sentía orgulloso de la hazaña de su hijo y su nueva amistad. Les dio caballos, vestiduras de reserva y una tienda, y les dijo que continuasen siendo siempre amigos y jamás se separaran.
Tan pronto como en la estepa se supo que Temudschin admitía compañeros, de todas partes acudieron jóvenes mogoles deseosos de unirse a él. De pueblo en pueblo, de tribu en tribu, marchaba el victorioso Temudschin con sus seguidores a través de todos los territorios vecinos, para ganarse con el arco y con la espada nuevos partidarios.
A los 17 años, ya no era el muchacho pobre y abandonado que una vez fue. Era el amo de un pequeño campamento. Su nombre se hacía famoso en las estepas. Ante las fogatas de los campamentos se contaban sus hazañas.
Cuatro años más tarde regresó a buscar a su prometida Burte, quien notó que había crecido mucho. Sus hombros eran anchos, y sus rasgados ojos felinos de color verde grisáceo tenían una expresión astuta, estaban atentos a todo. Nada parecía escapar a su mirada.
Temudschin tenía un porte impresionante, se cuenta que era más alto que la mayoría de los mogoles, tenía la cabeza ancha y mandíbula fuerte. Su presencia y su carisma fueron claves para su éxito.
De la noche a la mañana, el ordu (campamento de tiendas) de Temudschin se vio densamente poblado, el príncipe de los keraitos puso a su disposición una tropa numerosa y pronto se murmuró en la estepa:
“Los cabecillas de los taieschutos nos buscan dificultades, sin motivo alguno, y nos oprimen. Roban nuestros mejores caballos. En cambio, Temudschin se quita el traje que lleva puesto y nos lo regala, se apea del caballo que monta para dárnoslo.”
Tribus enteras se unieron a él; su campamento crecía día a día y con una característica: todos sus guerreros eran jóvenes como él.
El campamento de Temudschin era muy organizado y ordenado, a pesar de que contaba con más de trece mil tiendas. Era una sociedad justa, una hermandad sin diferencia de clases sociales, en donde cada cual conocía su lugar y lo que le pertenecía.
Un dato curioso es que únicamente se declaraba culpable a un mogol cuando era agarrado durante un delito o bien si confesaba. Bajo el dominio de Temudschin prácticamente desaparecieron entre los mogoles el asesinato, el robo, el hurto y el adulterio, y el sentimiento del honor llegó a tan alto grado que ya nadie negaba sus faltas e iban muchos a confesar sus crímenes y pedir su castigo.
Temudschin adquirió la costumbre de luchar contra enemigos superiores en número. Todas sus batallas, excepto una, fueron dadas contra fuerzas muy superiores a las suyas, y exceptuando dos siempre quedó victorioso.
Durante toda su vida promovió la franqueza, el valor y la fidelidad, aún con el enemigo, y jamás se equivocó en la elección de sus compañeros. Un día, luego de una batalla, un jinete enemigo se abrió paso hasta Temudschin y se echó a sus pies:
-Soy Dschirguadei, de la tribu de Issut. Fui yo quien, en la lucha, te herí con una flecha. Si quieres matarme no harás más que ensuciar un trocito de tierra; si me tomas a tu servicio soy capaz de parar el agua corriente y convertir para ti las rocas en arena.
Los jefes que acompañaban a Temudschin no esperaban más que una señal para dar muerte al prisionero, pero Temudschin no dio señal alguna. Contempló atentamente al joven guerrero tendido a sus pies y dijo por fin:
-Cuando alguien quiere matar a su enemigo, guarda el secreto. Tú en cambio, nada me ocultas. Sé pues, mi compañero. En recuerdo de tu hecho te llamaré Dschebe (Flecha).
Le mandó levantarse y elegir nueve hombres a su mando. Aquel joven llegó a ser Dschebe-Noion (Príncipe Flecha) uno de los nueve oerlock (generales).
Estos oerlock, eran los guerreros más impresionantes del ejército mogol, denominados Lobos de Temudschin: Boghurtschi, su anda (hermano jurado) y primer compañero; Dschebe, la Flecha; Muchuli, más tarde regente de China; Dschelme, su segundo compañero; Sorgan-Schira, antes de los taieschutos; y el temible Subotai, entre otros. Eran guerreros tan espectaculares, que los enemigos decían que “Se alimentan de rocío y carne humana. Tan feroces que el Kan tiene que atarlos, pero cuando los libera para marchar a la guerra, cabalgan al viento delante de los arqueros, con la boca abierta, babeantes de alegría”.
Temudschin no tomaba prisioneros, los guerreros enemigos sobrevivientes eran asimilados al ejército; pero si se negaban no se les tenía piedad alguna. Esto no sólo le proveía de constantes nuevas tropas, sino que aprendía nuevas técnicas y armas que antes no conocía. Ejemplos de esto son las máquinas de asedio chinas, y sus ingenieros, así como los elefantes de guerra persas; todas ellas armas usadas luego por Gengis-Kan.
La paz reinaba en las estepas y pronto se comentó por doquier que había llegado el momento de elegir, por fin, un nuevo Kan de los mogoles; y el chamán declaró que el Eterno Cielo Azul no había destinado a nadie más que a Temudschin como Kan. Temudschin aceptó sus derechos y deberes y a los 28 años de edad fue nombrado Kan: -El Cielo me ha destinado para reinar sobre todos los pueblos -dijo-, pues en las estepas no reinaba, hasta ahora, orden alguno.
Durante años, reinó en los “lejanos países” más allá de la Gran Muralla China y el desierto de Gobi una paz absoluta.
En 1206, el mismo chamán que diecisiete años antes había nombrado Kan a Temudschin, dijo que el Eterno Cielo Azul le ordenaba comunicar al pueblo de los mogoles que Temudschin había sido elegido rey de todos los pueblos, con el nombre de Gengis, Gran-Kan. Gengis-Kan, emperador de emperadores, era a los 44 años de edad el único soberano de “todos los pueblos que viven en tiendas“.
Con esto, despertó en el alma de los nómadas un nuevo sentimiento: el orgullo nacional. Ningún mogol podía se tratado como siervo; su único deber consistía en servir con las armas. Todos los pueblos ”que moraban en tiendas” se sentían elevados como súbditos de Gengis; cualquiera fuera su tribu, todos se llamaban a sí mismos mogoles.
El ejército de Gengis-Kan funcionaba con una precisión y efectividad admirables. Los mogoles debían ser tan expertos en el arte de la guerra, como diestros en la equitación; eran capaces de pararse en los estribos y disparar flechas en cualquier dirección sin dejar nunca de galopar. Los triunfos de los mogoles se debieron principalmente a la magnífica organización, disciplina y maniobrabilidad de sus ejércitos.
Estaban organizados en decenas; los diez guerreros debían actuar siempre juntos para pelear, saquear, y procurarse suministros. Cada diez decenas iban mandados por un jefe, con un kan por cada diez centenas, y las hordas que eran los grupos de diez mil, estaban dirigidas por los lugartenientes del Gran-Kan.
Todo el ejército iba a caballo; para campañas en lugares distantes cada combatiente llevaba dos o tres corceles de repuesto. Esto hacía del ejército mogol uno de los más rápidos y ágiles de la historia.
Las hordas no llevaban bagajes de ninguna clase; vivían sobre el país, comiendo de lo que encontraban, y en sus largas marchas por el desierto o las heladas montañas, se sostenían abriendo un pequeño corte en el caballo y bebiendo sangre directamente de la herida. El caballo mogol era pequeño, ágil y rápido, aunque fuerte y resistente, muy bien adiestrado para la guerra. El ejército mogol es el máximo ejemplo de efectividad en el manejo y aprovechamiento del caballo.
La agilidad y rapidez del ejército de Gengis, así como su capacidad de no llevar casi forrajes, permitió una movilidad tal, que el ejército mogol parecía aparecer de la nada. Con el factor sorpresa siempre de su lado, los ataques se hacían en momentos inesperados. El avance mogol era imparable..
La formación más habitual de los mogoles solía consistir en dos líneas de caballería pesada al frente y tres líneas de caballería ligera detrás, ésta se adelantaba y utilizaba sus arcos para después retirarse y dejar paso a la devastadora caballería pesada.
En el saqueo todos eran iguales, cada mogol tenía los mismos derechos y podía guardar su botín personal, pagando no más que un diezmo al emperador, que prohibía bajo pena de muerte empezarlo sin permiso del jefe.
Gengis-Kan conversaba gustoso con hombres que habían viajado mucho, por eso hacía que todas las caravanas llegaran a su ordu. Con el tiempo, los comerciantes se dieron cuenta que sus mercancías gustaban al jefe de los nómadas, y comenzaron a regatear por cada objeto. Gengis, enfadado, mandó sencillamente despojarlos de todo y echarlos.
Entonces, un comerciante tropezó con sus desvalijados colegas y ofreció a Gengis todo su cargamento como regalo. El Gran-Kan halagó los regalos y distribuyó gran parte entre sus oerlock; invitó al comerciante a ser su huésped y le rogó que volviese cuanto antes. Cuando se marchó, el comerciante vio, asombrado y satisfecho, a todos sus animales reunidos ante la tienda cargados con costosísimas pieles, oro, plata y demás valiosos objetos, todo ello regalos del Kan.
A partir de entonces, ya no se enturbiaron las relaciones entre Gengis-Kan y los comerciantes. Todos seguían ahora el camino que pasaba por su ordu, le llevaban como regalo sus más hermosas mercancías y eran tratados como huéspedes. Gengis-Kan deseaba oír siempre sus historias; y al partir, recibían tantos regalos que su visita era para ellos el mejor negocio.
Una vez que toda Mongolia estaba unificada bajo la espada de Gengis-Kan, éste comenzó la verdadera gran expansión del imperio mogol. Gengis se ponía tanto más pensativo cuanto más le comentaban los viajeros de China; sus increíbles máquinas y carros de asedio, sus interminables ejércitos y sus enormes e inexpugnables ciudades excedían todo lo existente. Gengis-Kan se dispuso entonces a conquistar el país cuya muralla no terminaba nunca.
Reunió un ejército de más de trescientos mil hombres y en 1208 ya había establecido un punto de apoyo dentro de la Gran Muralla. Dirigió a sus ejércitos hacia el sur y el oeste y se adentró en el territorio, sitiando y conquistando a la capital china (actualmente Pekín), en 1215. Gengis-Kan siguió su avance y tres años después la península coreana cayó en sus manos.
El extenso imperio mogol tenía una frontera con el estado musulmán de Jorezm (o Chorezm), gobernado por el Sha Alá-ed-Din-Mohamed. Éste era un punto comercial muy importante y Gengis-Kan había intentado propiciar un libre paso de mercaderes a todo el imperio por lo que en un principio no pareció tener intenciones de atacar este estado.
Sin embargo, en 1218, el gobernante de Jorezm atacó una importante caravana que regresaba de Mongolia y que además llevaba una misión diplomática mogola, negándose más tarde a pagar retribución por el saqueo y asesinato de sus miembros. En venganza por la masacre, sumada a la tentación de hacerse con el control total de las rutas comerciales entre oriente y occidente, impulsaron a Gengis Khan a atacar a los musulmanes y envió a sus ejércitos hacia el oeste, conquistando gran parte del Medio Oriente. La oposición de los islámicos era fuerte, pero no había ejército en la faz de la tierra capaz de hacerle frente al ejército de Gengis-Kan.
Al Gran-Kan nada se le escapaba. Contaba con un avanzado servicio de espionaje y el sistema de correo más rápido de la historia. Los mensajeros eran tan veloces que se les llamaba mensajeros “flechas”. Éstos eran sagrados; hasta el más alto príncipe debía dejarle el camino libre y, si su montura estaba cansada, darle su mejor caballo.
El mensajero flecha iba a galope tendido día y noche por estepas y desiertos, atravesando en pocos días distancias que llevarían, en situaciones comunes, varias semanas. A cada cuarenta o cincuenta kilómetros, el mejor caballo del puesto de guardia mogol estaba preparado para él; en un relevo comía unos bocados, en otro se dejaba caer en un lecho para levantarse unas horas más tarde y reanudar la fantástica carrera.
Dormían corriendo, reventaban sus caballos; pero gracias a los mensajeros flecha no podía ocurrir nada en todo el imperio sin que el Gran-Kan estuviese inmediatamente informado.
Gengis-Kan era notablemente hábil y astuto. No construyó el imperio más grande del que se halla tenido registro sólo por fuerza bruta. Era un gran estratega, un brillante gobernante y un terrible vengador.
En el asedio a una ciudad China que parecía inexpugnable, Gengis-Kan da una muestra de su inteligencia y pericia. Al no poder entrar a la ciudad, Gengis mandó anunciar que si le entregaban diez mil aves y mil gatos levantaría el sitio. Asombrado por la singular petición del mogol, el general de la ciudad envió todos los animales requeridos a los mogoles, con la prudencia de no abrir las puertas. Pero el Gran-Kan ya no necesitaba puerta alguna. Ordenó atar algodón a las colas de los gatos y aves, encenderlo y soltar a los animales. Los pájaros asustados volaron directo a sus nidos, y los gatos buscaron rabiosos sus escondrijos. La ciudad ardió desde dentro.
Otra de sus increíbles tretas para ganar batallas que cualquiera hubiera considerado perdida, incluso antes de combatir, fue en una batalla crucial contra sus enemigos Targutai y Yamuga. Gengis-Kan (en ese entonces Temudschin), viendo que sus fuerzas eran muy inferiores en número, hizo que cada soldado hiciera un muñeco del porte de una persona y lo pusiera en su caballo de reserva. El ejército del Kan se vio dos veces más numeroso, atemorizando a sus adversarios, lo cual fue crucial para el desenlace de la batalla.
Gengis tuvo múltiples enemigos, entre los cuales se destacaban: Targutai, quien lo perseguía para ser él definitivamente el rey de los mongoles; el imperio Chino, por evidentes razones; los merkitas, quienes lo perseguían porque su padre Yessughei había secuestrado a quien se convertiría en la madre de Temudschin; Yamuga, un amigo con el que había realizado un juramento de sangre y que lo había traicionado; y muchos más.
El Gran-Kan derrotó a absolutamente todos ellos.
Pero Gengis-Kan no se detuvo en el Medio Oriente. De la mano de Subotai y Dschebe, en 1222 los mogoles entraron en lo que es en la actualidad Rusia, conquistando la totalidad de sus territorios hasta el río Dnieper y parte de Europa oriental. Todo esto en pocos años.
A su muerte (algo confusa, tal vez debida a una fiebre o a una herida), ocurrida el 18 de Agosto de 1227, su tercer hijo (de cuatro) Ugedei recibió en herencia un imperio que se extendía desde el río Dnieper hasta el sur de China y desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Pacífico.
El proceso de sucesión de Gengis-Kan tras su muerte permitió a los rusos diez años de paz hasta que las hordas regresaron bajo el mando de Batu-Kan, nieto de Gengis. Las tropas de Batu-Kan formaban la llamada "Horda de Oro", ejército invencible que en tres años conquistó casi todos los principados rusos, Polonia y Hungría.
Preparando ya una imparable conquista de Europa occidental, la muerte en 1241 del Gran-Kan Ugedei impuso una pausa en la campaña, y mientras se esperaba para hacerse con el poder de Batu-Kan, éste fue supuestamente envenenado por una mujer celosa. Si esto es cierto, Europa debe su existencia como tal a ésta mujer. Desde entonces, Europa no volvió a sufrir la amenaza de la conquista mogola.
El Gran-Kan Kubilai (o Kublai), nieto de Gengis, aunque con grandes dificultades, logró tras medio siglo de lucha la conquista de toda China, convirtiéndose en el primer emperador de la dinastía Yuan.
Kubilai-Kan, el Kan que conoció Marco Polo, no sólo era un gran guerrero sino también un apasionado por el conocimiento, el arte y la cultura. Inteligente y amable, su reinado fue más grande aún que el de Gengis. Murió en 1294 con setenta y ocho años de edad, pero todos sus sucesores demostraron ser corruptos e injustos (era como si la sangre mogola se hubiera aguado con el lujo de la vida de la corte China), hasta que en 1368 el noveno de ellos fue destronado por sus excesos y escándalos inadmisibles, y los chinos recuperaron el gobierno para la dinastía Ming.
Nunca antes en la historia un emperador había gobernado un territorio tan basto como Kubilai-Kan.
A pesar de su fama de conquistador cruel y despiadado, Gengis-Kan fue un soberano justo e inteligente, considerado una de las figuras militares y políticas más importantes de la historia. Clave para el desarrollo de la cultura mundial y el Renacimiento europeo, Gengis-Kan está muy lejos de ser el bárbaro sanguinario que algunos pretendieron que fuera. Nunca mató a persona alguna por el mero gusto de la crueldad, y llegaba hasta a perdonar a un enemigo personal.
Logró unificar a casi toda Asia; impuso la paz y el orden en sus dominios, acabó con las rivalidades tribales y el bandolerismo. Cultivó el honor y dio unidad a un pueblo que desde que tenía memoria estaba dividido y en conflicto.
Creó nuevas vías de comunicación y rutas de comercio, así como leyes que protegían a los comerciantes, haciendo relativamente seguro el comercio entre oriente y occidente. Abrió a Europa el contacto con países distantes como China.
Desarrolló y perfeccionó métodos y tácticas de batalla, y contribuyó al desarrollo de nuevas tecnologías. Inventó el sistema de correo más rápido del mundo; construyó yans o puntos de posta para los mensajeros; con comida, bebida y caballos de repuesto.
Respetó las diferentes creencias y culturas de los pueblos; nunca impuso religión o costumbre alguna en su imperio, y promovió las artes y las ciencias. Sin saber leer o escribir, Gengis-Kan supo valorar la utilidad del lenguaje escrito, promovió la literatura y dio a los mogoles un alfabeto.
Gengis-Kan fue enterrado junto con su espada en el monte Burkan-Kaldun. Éste monte no ha sido encontrado aún por los investigadores actuales; se conoce en qué grupo de montañas se encuentra, pero no se sabe cuál de ellas es el Burkan-Kaldun.
Si se interroga a los mogoles sobre ello, guardan silencio.
El imperio mogol desapareció en 1368.
link:
Investigación propia
http://es.wikipedia.org/wiki/Gengis_Kan
http://www.ganesha.org/hall/gallery.html
http://www.laviadellaseta.info/eng/sezioni_b.html
GRRACIAS PORR COMENTAAAARRR!!!!