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Filipo9

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Primer post: 24 jul 2008Último post: 23 oct 2008
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Gigantes: más allá de la leyenda
InfoporAnónimo10/23/2008

Registrate y eliminá la publicidad! En busca del Primer Gigante Cuando en la Tierra reinaban todavía los grandes saurios, aparecieron los primeros mamíferos. Eran como ratones pequeños y traían novedades encantadoras: peluditos, tibios, vivaces, con ojillos nerviosos y aguda nariz inquisitiva. Sus hembras poseían unas glándulas de las que brotaba el gran invento, ¡la leche! Comenzaba de verdad a existir la mamá en la faz del planeta. Por primera vez había criaturas que desde el instante de nacer se iniciaban en la noción primordial de la ternura expresada en tibieza, leche, olor y arrullo. Andaban asustados casi todo el tiempo. Si tenían que salir huyendo a escape, su única esperanza de salvación consistía en su habilidad para correr en ángulos cerrados y cambiar bruscamente de dirección, porque lo que es en línea recta... Los pasos seniles de un brontosaurio decrépito lo hacían avanzar a unos seis metros por segundo, es decir, recorría 100 metros en menos de veinte segundos; no la marca de un campeón olímpico, pero sí la carrera a máxima velocidad de un hombre común de unos treinta años. Y el anciano brontosaurio en cuestión podía mantener su velocidad por horas y horas. ¡lmaginémonos ahora la velocidad que debe haber alcanzado un joven y atlético Tyranosaurus Rex estimulado por el deseo de desayunar! Los grandes saurios tenían Botas de Siete Leguas, como el gigante del cuento, por la sola longitud de sus pasos. Pero no nos interesan aquí los grandes saurios. Como gigantes resultan demasiado fósiles. Lo que sí resulta interesante es que de aquellos primeros mamíferos, animalejos diminutos, fueron naciendo cachorros cada vez más grandes. Grabado inglés del siglo XVIII, época en que la gente aún creía en la subsistencia de los gigantes.Hasta que llegó el Mioceno, hace cosa de 25 millones de años; y la Tierra pareció conmovida por la moda de mamíferos gigantes. Apareció el gran Mamut con el Mastodonte, el Megaterio, el Dinoterio y el Milodón. El Rengífero, un arcaico pariente de los ciervos, más grande que un gran caballo, cuernos de 4 metros. El gran Oso de las Cavernas, de 5 a 6 metros de alto cuando se alzaba sobre las patas traseras. Los caballos crecieron desde el tamaño de un perrito fox terrier hasta la alzada, comparativamente enorme y majestuosa, de un "pony" de las Shetland o un "mampato" de Chiloé, en el sur de Chile. Claro que después los caballos siguieron creciendo, y los ponys y mampatos de hoy parecen juguetes al lado de un percherón de tiro pesado. De estos animales enormes, muchos sobrevivieron el paso de los siglos y más siglos, tanto, que aún existían en la Tierra cuando el hombre apareció. Y de éstos, varios siguieron existiendo cuando el ser humano ya había evolucionado hasta convertirse en el hombre moderno, hace unos diez mil años. Uno de ellos fue el jabalí gigante, que tenía una calavera de un metro con sesenta centímetros de largo. Debe haber sido tan grande como un elefante menudo, pero endiabladamente ágil y dotado de una fuerza formidable. Además tenía un carácter tan malvado e irascible como los jabalíes de hoy. De esto dan testimonio las tradiciones y leyendas de los primeros griegos que relatan los destrozos causados por tales bestias, el número de valientes cazadores que perecieron intentando darles muerte hasta que llegaba un héroe especial, bendito por los dioses, que conseguía atraparlos. Teseo, el héroe aqueo, mató a uno de esos jabalíes. Cuando los hombres de nuestros días se enteraron de esas leyendas creyeron que sólo se trataba de fantasías y exageraciones. Pero en la década de 1950 los paleontólogos encontraron numerosos restos fosilizados de estos monstruos, que corresponden muy bien a la descripción hecha por los poetas griegos que, al parecer, no eran ni mentirosos ni exagerados. Quizás sólo un poco aficionados a las alegorías y parábolas. De los grandes mamíferos prehistóricos, llamados también "antediluvianos", el Megaterio hallado en el Cerro Blanco, en las cercanías de Santiago de Chile y el Milodón hallado en una inmensa caverna en la región magallánica, vivieron hace unos diez mil años también, y posiblemente su extinción se haya debido a que eran presa demasiado lerda para los siempre hambrientos inmigrantes humanos. El milodón magallánico estaba dentro de una caverna que daba muestras de haber sido albergue de seres humanos. Resulta lícito preguntarse si no habrá sido llevado hasta allí por un grupo de felices cazadores. Claro que, admitámoslo, esos cazadores tendrían que haber sido fantásticamente forzudos. Deberían haber tenido verdaderas fuerzas de gigante para arrastrar hasta su albergue, montaña arriba, una presa de varias toneladas. Pero no nos adelantemos a los hechos. Estamos todavía en busca del primer Gigante, y más vale que lleguemos a él de inmediato. El más antiguo gigante conocido por la ciencia murió hace unos trescientos mil años en lo que hoy es el Sur Este de China. Sus restos fueron encontrados por el célebre paleontólogo oriental Dr. Pei Wen Chung. Se encontraban en satisfactorio estado de conservación y pertenecían a un hombre bastante joven... ¡de tres metros cuarenta centímetros de alto! A su lado, un campeón watusi habría parecido un chiquilín escuálido. Hasta los gigantes crecen Era un descubrimiento portentoso. Pero pronto fue sobrepasado por otro hallazgo hecho por militares franceses pocos años después en la región de Agadir, al Norte de Africa. Allí los arqueólogos encontraron un taller de la Edad de la Piedra Tallada, paleolítico avanzado, donde se apreciaban los utensilios y herramientas comunes a los demás yacimientos o "estaciones" arqueológicas de dicha Edad de Piedra. La única diferencia estaba en el tamaño de los utensilios, armas y herramientas... ¡que era veinte veces mayores que las normales! De acuerdo a sus dimensiones y su peso, debían haber sido hechas y usadas por hombres cuya estatura seria entre 4 metros 20 y 4 metros 60 centímetros. Al lado de estos gigantes moros, el gigante chino se habría visto como un niñito. Cuesta imaginarse la enormidad de un gigante de 4 metros y medio, sobre todo porque la ilusión difundida por el cine, con fantasiosos geniales como Walt Disney, nos han habituado a la imagen de gigantes de treinta metros de alto. La verdad es que un gigante de Walt Disney es por completo un absurdo físico y biológico en nuestro planeta. De haber existido un gigante así, se habría derrumbado y roto su esqueleto bajo la mole de su propia carne. No habría podido dar un paso. Habría caído, quizás de espaldas, y pronto su carne aplastada habría estallado en llagas, mientras que la piel tensa de la parte superior se habría rasgado, junto con las membranas de los órganos. El desdichado habría perecido miserablemente víctima de su propia enormidad, inmovilizado como una ballena azul varada en la costa. Pero cuatro metros y medio es un tamaño realmente portentoso en términos humanos. Ningún caballero armado de lanza, espada y armadura resplandeciente habría tenido ni la más remota posibilidad de enfrentarlo. El gigante habría visto al caballero más o menos de la misma manera como Ud. podría ver a un niñito de tres años montado en su triciclo. Y sin embargo, ante los ojos espantados de la Ciencia, todavía faltaba algo más por descubrir. Estaba en Gargayán, Filipinas. Se trataba de un gigante prehistórico cuyos dientes delanteros, los incisivos, tenían cada uno cinco centímetros de ancho por quince de largo. Con infinitos cuidados fueron desenterrando los huesos ennegrecidos por la humedad y el tiempo que los habían puesto frágiles. Eran huesos humanos y humano también era el cráneo. Lo que no era humano en absoluto era el tamaño del difunto: ¡cinco metros con dieciocho centímetros de esqueleto! En vida, aquel gigante debe haber alcanzado una estatura de cinco metros cuarenta centímetros. Ahora los gigantes del Agadir eran los llamados a parecer niños al lado del recién aparecido en la escena científica de los gigantes. Las proporciones del gigante filipino no diferían sustancialmente de las proporciones de los humanos comunes de la misma época. Su capacidad craneana era mezquina pero indiscutiblemente humana y con posibilidades de desarrollar una cultura. El gigante de Gargayán es el ser humano más grande que han encontrado los hombres de ciencia en todo el planeta. Y en verdad sus dimensiones resultan colosales, como se puede apreciar en la ilustración. El poderío de su musculatura necesariamente ha de haber sido formidable para desplazar con rapidez la masa de su corpachón. Su inercia a la carrera, su capacidad de choque, debe haber sido comparable con la de un gran bisonte. Era el campeón indiscutible. Armado de un buen garrote, o de una lanza con punta endurecida al fuego, el gigante de Gargayán no tenía enemigos grandes. Ni siquiera el Oso de las Cavernas tenía posibilidades de medirse con este adversario que unía a sus fuerzas enormes los recursos de una inteligencia humana aunque rudimentaria. La vida del gigante debe haber transcurrido plácida, libre de temores y sin otra preocupación que las que le dictasen la curiosidad, el sentimiento religioso o el amor. Y sin embargo, desapareció junto con sus parientes. Fueron otros humanos, infinitamente más debiluchos y aproblemados, los que se enseñorearon de la Tierra, mientras el recuerdo de los gigantes iba siendo lavado por las lluvias de inviernos inmemoriales, terremotos y diluvios, hasta que quedaron relegados al reino ambiguo de la leyenda. Y es a través de la leyenda que podemos intentar conocer algo más sobre ellos. Escarbando en el Arte y la Leyenda En las leyendas del mundo hay gigantes por doquier, pero en general se les menciona en contextos desordenados, caóticos y confusos, de donde es muy difícil extraer una sencilla luz de verdad. Las primeras tradiciones y leyendas que nos hablan con claridad de gigantes específicos, son los poemas épicos de los antiguos griegos. En la Grecia antigua, antes del descubrimiento del Alfabeto, existían unos hombres muy respetados a quienes se llamaba Aedos, que quiere decir "Cantores". Ellos tenían una misión delicada que no podían traicionar bajo pena de gravísimos castigos: la misión de narrar para la gente, en forma bella y vívida, todo el conocimiento histórico de la tribu, la aldea, la ciudad y los dioses. Los oyentes casi siempre conocían también esas historias a la perfección, pues las habían escuchado de sus propios padres y de otros aedos; pero el arte del poeta era tal que los griegos no se cansaban de volverlas a oír. Como los aedos eran también viajeros que recorrían toda Grecia y sus islas, recogían en sus giras nuevos detalles que iban incorporando a sus poemas. Así, mucho antes de que hubiera libros, los griegos disponían de sus poetas como si fuesen verdaderos libros vivos, a quienes jamás se les hubiera ocurrido alterar la tradición o la leyenda introduciendo elementos fantasiosos o mentiras como adorno. El gigante Atlas cargando el mundo.Fue así como el arqueólogo alemán Schliemann, por el simple procedimiento de seguir las indicaciones dadas por el aedo Homero en la Ilíada logró descubrir las ruinas de la fabulosa ciudad de Troya, que otros habían buscado inútilmente hasta el extremo de que muchos ya suponían que Troya nunca había existido en realidad. Quedaba una vez más probado que los poetas griegos no mienten y, por el contrario, son muy detallados y cuidadosos al dar fechas, nombres e indicaciones geográficas sobre los hechos que cuentan en sus poemas. En estos poemas, la mención más antigua a un gigante específico se refiere a un semidiós, el gigante Atlas. Cuando los aedos hablan de dioses o semidioses, dan a entender que no se trata de gente verdadera, personas de carne y hueso, dotados de una piel y una identidad. Es el caso de Atlas, cuya misión consistía en sostener el cielo con sus espaldas. Así, pues, no tomaremos en cuenta al gigante Atlas entre los gigantes de carne y hueso. Pero leyendas de la misma época, cien siglos antes de Cristo, aproximadamente, hablan de otro gigante que sí era de carne y hueso. Se llamaba Gerión y vivía en una isla situada a sólo un par de millas de la tierra firme, al Noreste de Africa, muy cerca de lo que ahora es el estrecho de Gibraltar. En su isla, de nombre Eritia, el gigante Gerión se dedicaba a pastorear rebaños de vacunos rojos, que a su lado deben haber parecido corderos. Los griegos oyeron hablar de sus magníficos rebaños y, según cuentan las leyendas, enviaron a otro semidiós, Hércules, a arrebatárselos. Como decíamos antes, cuando los griegos hablan de dioses o semidioses no se refieren a personas reales, salvo en las tradiciones más tardías. Esto se comprobó una vez más con descubrimientos recientes sobre inscripciones cretenses, que permiten comprender que la palabra "herakles" no era un nombre propio, sino el nombre de un cargo público, así como "sufeta" para los cartagineses o "cónsul" para los romanos. Debemos entender entonces que uno o varios reyes de la cultura cretense, que incluía a la arcaica Atenas y a Micenas, decidieron enviar a una expedición a cargo de un "hércules" o general, con la misión de apoderarse del ganado del gigante Gerión, que seguramente era una novedad para esos pueblos que acaso no conocían sino vacunos salvajes como el uro. Podemos imaginar el valor inmenso que suponía el disponer de ganado manso y productor de leche, una raza producida por muchas generaciones de selección genética, pues el vacuno doméstico jamás existió en estado salvaje. De acuerdo a la leyenda esta expedición cruzó el país de los ligures, al sur de Francia, llegó por los Pirineos hasta España; atravesó Andalucía y llegó por un collado paralelo a Valcarlos hacia la costa atlántica. En ese collado hay una torre antiquísima, edificada al parecer en los tiempos del Neolítico, que se llama "El Fuerte Urucles". No es preciso ser muy perspicaz para advertir su relación con "el fuerte de herakles", transformado por la pronunciación local al paso de los siglos. Los expedicionarios y su herakles obligaron a los habitantes de la costa a facilitarles embarcaciones. La leyenda incluso menciona que Hércules estuvo enfermo durante la travesía, lo que puede entenderse como que se marearon por la navegación a través de un estrecho correntoso y agitado. No se dan detalles en los poemas tradicionales acerca de la lucha contra el gigante Gerión. Al parecer, tomado de sorpresa, el gigante y los suyos no atinaron a oponer mucha resistencia. Quizás, como avezados ladrones, los griegos atacaron de noche, mientras Gerión y sus parientes dormían. La expedición fue letal para los gigantes. No sólo perecieron Gerión y su familia sino también otros gigantes que allí moraban. El mayoral a cargo de los pastores de bueyes era otro gigante que también pereció a manos de los griegos. Después de esta expedición, los griegos se sintieron expertos en matar gigantes y prepararon una segunda expedición, esta vez hacia el continente. En un lugar cercano a lo que hoy es la ciudad de Tánger, existía un vergel de fabulosa exuberancia, con vastas tierras de cultivo y huertas, que en el mundo del Mediterráneo era conocido como "el Jardín de las Hespérides". Rey del lugar era otro gigante de nombre Anteo, el cual era yerno del mítico gigante Atlas, pues se había desposado con sus tres hijas. Las damas también eran gigantas, por supuesto. Anteo mantenía una política de fronteras cerradas, y por orden suya, todo aquel que cruzara sus fronteras era ejecutado y su cráneo se agregaba a la lúgubre hilera de trofeos que rodeaba el Templo de Neptuno, dios tutelar de Atlas, de Anteo, del difunto Gerión... y de los Atlantes, cuya isla por aquel tiempo aún no se había hundido en el océano. Parece ser que en el reino de Anteo, como en el de Gerión, los gigantes constituían la nobleza y los hombres de tamaño común eran sus vasallos. En todo caso, los gigantes no deben haber sido numerosos. La verdad es que ningún ejército griego, por aguerrido que fuese, hubiera podido enfrentarse a un batallón de gigantes, sobre todo si éstos pertenecían a la raza del Agadir neolítico, de cuatro metros cincuenta de altura, ágiles moles de músculos y hueso que pesaban alrededor de 600 kilos. Cuando el poeta dice sin decir Los relatos de los aedos griegos se han perdido en su mayor parte. Los fragmentos que han llegado hasta nuestro tiempo bastan sólo para que, pacientemente, podamos reconstruir sobre indicios el relato vívido de los hechos sucedidos en la aurora de la civilización. Debe haber sido aterrador el espectáculo de uno solo de aquellos gigantes batiéndose contra una treintena o medio centenar de hoplitas armados de arcos y de lanzas afiladas de bronce nativo, arsenical, forjado a martillo. Los hoplitas buscan herir al gigante en las ingles para seccionarle la arteria femoral; le ciegan lanzándole incesantes flechas y jabalinas a la cara, mientras otros intentan hundirle lanzas por detrás de las rótulas para lisiarle las piernas, o el tendón de Aquiles y los tobillos. Pero el gigante es devastador; a cada golpe que acierta su hacha un griego cae aniquilado. No hay escudo ni yelmo que pueda atajar el poder demoledor del arma. Pero las armas griegas hieren profundo, el monstruo sangra y a cada instante los veloces adversarios le abren nuevas heridas que lo debilitan y exasperan haciéndolo perder el tino de sus hachazos y desperdiciar sus fuerzas menguantes en golpes vanos. Más de un griego que se ha zambullido en el polvo para esquivar un hachazo lo hiere con su lanza desde abajo, buscando acertarle en los genitales. La lucha será definida por el número. Si el gigante logra exterminar suficientes hoplitas, los demás comenzarán a cansarse, ya no podrán herirlo de todos lados al mismo tiempo, y el hacha de cincuenta kilos irá cortando corazas, cuero y hueso como si fueran pulpa, hasta que los últimos griegos huirán por sus vidas, corriendo en todas direcciones. Pero el gigante debe desequilibrar pronto la balanza a su favor porque su tiempo es breve, está perdiendo mucha sangre. De pronto un dolor lacerante, insoportable, le nubla la vista. Una lanza se le ha encajado en la articulación de la rodilla izquierda, penetrando en el cartílago de unión por detrás de la rótula. Trata de retroceder pero la pierna no le obedece y el gigante se derrumba. Antes que termine de caer, ya un griego le está encajando su lanza por una axila, empujándola con todo el peso de su cuerpo. Las demás puntas hacen amargo enjambre sobre su rostro, buscan abrirse paso en sus entrañas... Esta novelesca descripción del combate entre los guerreros griegos y un gigante del Jardín de las Hespérides, en realidad está basada en descripciones del modo de usar su armamento los hoplitas, según aparece en los relatos de combate. Es muy ilustrativo, por ejemplo, el relato del combate entre los héroes Etéocles y Polinices, frente a los muros de Tebas. También utilizamos aquí las descripciones del tipo de herida que se buscaba inferir a los elefantes de guerra enfurecidos, en especial según Polibio de Megalópolis. Es claro que los griegos, desde tiempos inmemoriales, tenían un excelente conocimiento práctico de la anatomía. Tres veces consecutivas el ejército del gigante Anteo fue vencido por los griegos del herakles. Dice la leyenda que Anteo era un gigante "hijo de la Tierra" y por lo tanto, cada vez que entraba en contacto con ella, recobraba sus fuerzas. Por eso, "Hércules lo rodeó con sus brazos", reteniéndolo sin dejarlo retomar contacto con su tierra madre, hasta que lo mató. Muy bien dicho y muy claro para aquel que sepa entender el lenguaje de la poesía épica. Cuando se dice que Blücher acorraló a Napoleón con sus caballos en la batalla de Waterloo, Ud. no pensaría que el general prusiano, con un hato de caballos, metió al emperador francés en un corral, ¿verdad? Uno comprende que se trata de narrar de un modo figurado y sintético como la caballería del general Blücher realizó movimientos envolventes contra las tropas francesas. De igual manera, los poetas griegos dan a entender que el gigante Anteo, que era hijo del lugar, o sea un nativo, podía reponer en sus compañías las bajas ocasionadas por los griegos, con tropas de refresco, a pesar de las derrotas experimentadas en los combates anteriores. Entonces el general o "herakles" de los griegos-minoicos discurrió una maniobra envolvente que cortó la retirada del gigante y sus hombres hacia la retaguardia, impidiéndole así rehacer sus filas. De esta manera logró el herakles destruir el ejército de las Hespérides, aislar a los guerreros gigantes y darles muerte. Dicen las leyendas y tradiciones que la tumba de Anteo era un foso de 17 metros de largo. Es posible que no haya exageración alguna en ello, si pensamos que los rituales fúnebres de un Rey como aquel gigante solía ser dotada de tesoros, esclavos y utensilios, además del catafalco, para que el Rey entrase al más allá como corresponde a su status. Podemos visualizar, así, que el gigante Anteo bien puede haber pertenecido a la raza del Agadir y que su estatura habrá sido de más o menos 4.5 metros. Este relato de las expediciones de "Hércules" hacia el Atlántico está lleno de sugerencias misteriosas que involucran la existencia del mundo hoy sumergido de la Atlántida. Los gigantes eran una aristocracia que al menos se mantenía en estrecha comunicación con los atlantes, tanto, que a menudo los griegos se refieren a los africanos del norponiente como "los atlantes". Pero es asunto aparte. Aquí sólo queremos reunir lo más que se sabe respecto de los gigantes mismos. PolifemoLa tercera aparición de los gigantes auténticos en las sagas griegas está en la Odisea, el poema en que el aedo Homero cuenta las penurias del viaje de Odiseo de regreso a su hogar después de la destrucción de Troya mediante su ardid del Caballo. Nos referimos al Gigante Polifemo, que habitaba también en una isla, con otros gigantes como él, dedicados al pastoreo de carneros. Esta raza de gigantes era la de los cíclopes, que en griego quiere decir "ojos redondos". De Polifemo se dice que tenía un solo ojo situado en lo que para nosotros es el entrecejo. Lo describe Homero, además, como un débil mental de reacciones parecidas a las de un mongólico. La historia de Odiseo (o Ulises) y Polifemo es muchos siglos posterior a las historias de Hércules. Han transcurrido miles de años desde la captura del Jardín de las Hespérides, y la descripción de los cíclopes no tiene nada que ver con la de los reyes gigantes anteriores. Cabe preguntarse si en los siglos intermedios, la raza del Agadir estuviese ya presentando síntomas claros de degeneración genética, con vástagos que adolecían de malformaciones innatas y con un desarrollo cerebral francamente decaído. ¿Por qué esta trágica decadencia genética? Una de las causas posibles puede estar en una dramática disminución del número de los gigantes en un momento determinado. Se sabe que las especies exigen un número mínimo de ejemplares capaces de entregar aportes genéticos. Por debajo de ese número crítico de individuos, la especie parece perder su deseo de vivir y han sido observados numerosos casos de extinción inevitable a pesar de los esfuerzos por reproducir artificialmente un número pequeño de ejemplares sobrevivientes. De acuerdo a las leyes de la genética, uno de los problemas más agudos del pequeño número de aportes genéticos es la duplicación de los caracteres recesivos dañinos. Rara vez seres humanos están dispuestos a eliminar a sus hijos que presentan deficiencias genéticas, o a impedirles el derecho a la reproducción. La última experiencia masiva en tal sentido fue hecha por los nazis. Es, entonces, posible que los cíclopes hayan sido el espectáculo de los últimos estertores de una raza otrora magnífica que presentaba las lacras de la degeneración por taras hereditarias reforzadas por el matrimonio entre parientes demasiado próximos, como es de suponer que ocurriría en una pequeña isla. En cuanto al parentesco de Polifemo con sus antepasados Gerión y Anteo, queda sugerido por la coincidencia de que Polifemo también era "hijo de Poseidón". Es decir, de la estirpe de los "atlantes". No vale la pena repetir aquí la tan conocida historia de como Odiseo y sus piratas griegos engañaron al gigante, lo dejaron ciego, y lograron huir de aquel lugar siniestro. Baste con hacer notar que las fuerzas y el tamaño del cíclope han de haber sido suficientemente grandes para que la banda comprendiera su imposibilidad de hacerle frente. ¡Y eran todos guerreros veteranos, poderosos, fogueados en la guerra de Troya y en cien aventuras de luchas y saqueos! Después de los Aedos Después de estos gigantes de las leyendas griegas, todos relacionados con el gran Poseidón, dios del Mar, las referencias se hacen nuevamente confusas. El espíritu ático se esfuma. Mientras que los gigantes de los cuales los griegos dan noticia no tienen nada de mágico, poco a poco van apareciendo nuevas historias de gigantes ahora dotadas de tonos de brujería. Pero antes, por cierto, debemos recordar a Goliath, aquel gigante de los filisteos que sembraba el terror ante los israelitas, hasta que apareció el joven predestinado, David, futuro rey de Juda, que siendo un muchachito pastor, atinó a propinarle un hondazo en el cráneo que lo derribó semi inconsciente. El relato bíblico hace suponer que Goliath en realidad no era un auténtico gigante como los del Agadir, sino simplemente un hombronazo excepcionalmente grande de acuerdo a las medidas de la época. Esto queda probado especialmente por el hecho de que David, después de descalabrar a Goliath, le quita la espada, y con ella lo decapita. Ningún ser humano de tamaño corriente habría logrado empuñar una espada confeccionada para los verdaderos gigantes. No sólo por el peso del arma, sino por la incapacidad de la mano para sujetar la colosal empuñadura. Baste señalar que los simples raspadores de pedernal, labrados a dos caras, que se usaban como una especie de cortaplumas con sierra en la Edad de Piedra, tienen un peso que oscila entre los 180 y 350 gramos. Los raspadores de pedernal equivalentes, encontrados en el taller del Agadir pesaban 8.000 gramos. Y por su tamaño, no hay mano, ni siquiera de europeos modernos, atléticos y altos, capaz de manipular tales instrumentos. Así, pues, desdeñaremos a Goliath como un auténtico gigante. Y nos vemos impelidos a dar un salto en el tiempo hasta el Siglo V después de Cristo, cuando en las leyendas europeas comienzan a proliferar las historias de los gigantes en un mismo contexto que las Hadas, los Elfos y los Gnomos. Los gigantes comienzan a ser llamados también Ogros y Trolls, y se les muestra dotados no sólo de gran fuerza sino también de poderes sobrenaturales y objetos mágicos. De hecho la palabra escandinava Troll significa Magia, Hechicería, Mago o hechicero, se dice Trollman en idioma sueco moderno. Una de las causas de este cambio en la manera de mostrar a los gigantes podría buscarse en el simple hecho de que tales gigantes ya no estaban ahí para desmentir las fábulas tejidas a su costa, y la noción de gigante quedaba librada al arbitrio de las consejas y cuentos para entretenerse durante las noches del largo y frío invierno europeo. Ya no existían los Aedos, para quienes era asunto de vital importancia mantener la verdad y la pureza de los relatos. Ahora había campo para el fantaseo. Sin embargo, la fantasía no se levanta sobre el vacío. Siempre hay una base real, concreta, aunque se encuentre hundida bajo cúmulos de ilusión. Por ejemplo, los ogros, los trolls y los gigantes medioevales tienen en común algo importante que los relaciona con el decadente Polifemo de la Odisea. Son notablemente tontorrones, prácticamente unos débiles mentales, y se les muestra como seres más bien deformes y muy feos. Como si la última imagen de los gigantes fuese la de la decadencia genética. El célebre poema Anglo-Danés "Beowulf" comienza con la historia de un gigante que vivía en Jutlandia y que por las noches entraba subrepticiamente hasta el mismo "Hall" del rey para robar seres humanos con los que se alimentaba en su guarida situada en lo más profundo de una ciénaga. Su presencia infundia tal espanto que hasta los más valientes vikingos se sentían desfallecer y no lograban impedir que el monstruo se fuera llevando, uno a uno, a sus compañeros. El héroe Beowulf logra herir gravemente al gigante, que parece, por el detalle de las descripciones, haber medido alrededor de tres metros. Este, sorprendido por el dolor, ya que su carne jamas había probado el amargo filo de la espada, sale huyendo aunque sin abandonar su presa. Boewulf lo persigue "hasta el fondo del pantano". Ciertamente el héroe no tenía agallas ni ningún artilugio para respirar bajo el agua. Debemos entender, aquí, que lo más profundo del pantano está dicho como quien habla de "lo mas profundo del bosque" o "lo más profundo de la noche", es decir, el centro mismo del lugar más inaccesible. Durante la persecusi6n, Beowulf logra herir varias veces al gigante que se llamaba Grendel, pero éste finalmente logra huir y muere junto a su madre con la cual moraba en la fétida guarida. La giganta a su vez, enfurecida, procura tomar venganza contra el héroe. Trágico e inútil intento. Beowulf también da cuenta de ella. A pesar del carácter diabólico que en el poema le atribuyen a ambos monstruos, los hechos concretos los muestran como humanoides bastante bestiales e incluso poco eficientes en el arte del combate inteligente. Como si ya su cultura se hubiera esfumado en el simple uso de la fuerza. Por otra parte, muchos de los caracteres mágicos de los gigantes pueden originarse en la observación de ciertas características inherentes a un tamaño descomunal. Un ser de más de tres metros de altura y posiblemente de un peso cercano a la media tonelada, debe haber tenido una piel muy gruesa y dura en términos humanos. El pelo también debe haber sido notablemente grueso y lanudo. Sintiéndose ajenos a la idea de humanidad, es muy posible que en realidad hayan practicado la antropofagia, como Polifemo y el Grendel. Y la desmesurada longitud de sus pasos han dado la impresión de que se desplazaban a velocidades inauditas mediante recursos como las botas de siete leguas. Hay observaciones posteriores de gigantes verdaderos, hechas en el siglo 16, que hacen hincapié en la portentosa velocidad de su carrera. El libro de Pigafetta En plena gloria del Renacimiento europeo, nació en Italia Antonio Pigafetta, en el seno de una familia aristocrática pero empobrecida. El chico resultó agraciado de facciones, aunque un poco flacuchento. Pero cuanto le faltaba en fuerza física lo compensaba con una excelente salud y una inteligencia aguda, reforzada por un penetrante sentido de la observación. Siendo todavía un niño se granjeó las simpatías y la protección de uno de los secretarios del Papa León Décimo, quien lo llevó a Roma. Así, Antonio Pigafetta pudo ingresar a las mejores universidades de su tiempo cuando apenas entraba a la mocedad. Y en plena adolescencia tenía ya asegurada una brillante carrera en la diplomacia cortesana de la fastuosa Europa. Sin embargo, el muchacho estaba llamado a un destino especial. En 1518 escuchó hablar acerca de una expedición naval que el emperador Carlos Primero de España, y Quinto de Alemania, enviaría hacia los mares del sur en procura de un paso hacia el océano mas allá del recién descubierto Nuevo Mundo. Pigafetta se sintió poseído por las ansias de participar en aquel viaje de descubrimiento. Colón había demostrado que la Tierra era redonda y que las naves que navegasen siempre hacia el poniente acabarían por regresar desde el oriente al punto de partida. Se trataba de dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia de la humanidad. Ante el fervor científico de Antonio Pigafetta, todas las perspectivas de riqueza y triunfos cortesanos le parecían insulsas. Recurriendo a cuantas influencias tuvo a su alcance, logró al fin que el Rey de España lo asignara a la tripulación de la nave almiranta, como una especie de Secretario de Hernando de Magallanes. El Almirante se puso furioso. ¿Para qué demonios quería él un secretario? Y menos todavía un hijito de su papá, lleno de recomendaciones frailunas que por principio ofendían al poco santo marino. Sin embargo, a poco del zarpe, en agosto de 1519, el joven italiano habíase ganado las simpatías del viejo marinero portugués, y de sus apuntes de bitácora, más las notas personales de Antonio Pigafetta, surgió uno de los libros científicos más interesantes del Renacimiento. El Libro de Pigafetta. Y es aquí donde quedaron impresos los últimos testimonios científicos acerca de gigantes vivos. Habían pasado más de once mil años, quizás más de doce mil desde el testimonio de los Aedos sobre los gigantes del noroeste de Africa. Nuevos hallazgos y nuevos misterios No bien el libro salió de la imprenta, ya el coro de los detractores se elevó escandalizado. Primero, lo trataron simplemente de "marinero mentiroso", como lo hicieron con el ilustre Marco Polo. Al correr de los siglos ya no lo trataron de mentiroso sino de ingenuo, estúpido y exagerado. No fue nada de eso y Charles Darwin le rindió el homenaje de llevar un ejemplar de su libro al emprender su viaje en torno al mundo con el Comandante Fitzroy. Hubieron de transcurrir 443 años para que la ciencia rehabilitara la validez de las descripciones de Antonio Pigafetta. Fue en el otoño de 1962. Y la reivindicación vino precisamente a través de un indígena, don José Hueichatureo Chicuy, de la nación de los Huilliches señores del archipiélago de Chiloé. Este era obrero agrícola en la estancia Cerro Guido, junto a los hermosísimos picachos conocidos como las "Torres del Paine". Su pasión era coleccionar puntas de flecha y boleadoras prehistóricas. Mientras manejaba un "bulldozer" para preparar empastadas artificiales, notó un túmulo que le pareció prometedor. Con cuidado manipuló la pala mecánica haciendo un surco al borde de la colina artificial. Luego se acercó llevando un azadón. Lo que descubrió enseguida lo dejó helado: emergiendo de la tierra sobresalía un enorme hueso negruzco, una tibia humana pero muchísimo más grande que la tibia de un caballo percherón. Por fortuna Hueichatureo Chicuy trabajaba para gente muy culta que disponía de medios suficientes. Junto con avisar a la policía se invitó a los periodistas de Punta Arenas. Asimismo, un telegrama urgente era despachado a París, donde los estancieros tenían una antropóloga amiga, Mme. Emperaire. Se trataba de un túmulo funerario familiar, y su antigüedad no era mucha: alrededor de 500 años. Es decir, los restos que allí yacían pertenecían a patagones contemporáneos de los cuales hablaba Antonio Pigafetta en su libro. Los cálculos antropométricos determinaron que la estatura de estos aborígenes oscilaba entre los 2.8 y los 3.2 metros... exactamente la estatura descrita por el joven italiano. Eran los restos palpables y lamentables de los legendarios habitantes de la Patagonia, los gigantes patagones. El nombre "patagón" les fue impuesto por don Hernando de Magallanes, impresionados por el tamaño de las huellas que dejaban. Hay otros patagones en el mundo. "Pie Grande", "Big Foot", el legendario gigante de los bosques del Canadá y Estados Unidos ha sido descrito como un gigante lerdo, que apenas da muestras de una inteligencia rudimentaria aunque es astuto, muy astuto. También el Yeti de los Himalayas deja unas grandes huellas. Y son tímidos estos gigantes. ¡Tienen razones para temer al hombre! ¿Qué se hicieron los patagones? ¿Por qué no volvieron a ser vistos después del paso de los europeos en la escuadra de Hernando de Magallanes? Hay una posible explicación que es dolorosa. Hombres sanos, que por siglos se habían adaptado a los fríos de la región magallánica sin necesidad de mucho abrigo, probablemente no estaban preparados para resistir el ataque de los microbios y virus que los europeos llevaban consigo. Gripe, tuberculosis, sífilis... la terrible viruela. Cuando comprendieron que los recién llegados no eran los seres de bondad que descendían del cielo, los patagones huyeron hacia el interior, hacia los laberínticos valles y canales de la vertiente occidental de los Andes. Allí habrían encontrado refugio seguro... pero la muerte iba con ellos. Cada hermano que les brindaba auxilio quedaba marcado por la muerte invisible: el contagio. No sobrevivió ni uno solo de aquellos gigantes de bien formados cuerpos y de tres metros de estatura. No me enojo por los comentarios y puntos!!! <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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Gengis-Khan
Gengis-Khan
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/24/2008

Registrate y eliminá la publicidad! GENGIS-KHAN: El Conquistador de Asia “Al nacer, el niño tenía en la muñeca un minúsculo hematoma, en forma de una gema de color encarnado, y el chamán profetizó que Temudschin sería un poderoso guerrero. Éste niño fue Gengis-Kan, el mayor conquistador en la historia de la humanidad. Erigió un reino que desde el Mediterráneo llegaba hasta el Océano Pacífico, y desde el Taiga Siberiano hasta el Himalaya. El Imperio más poderoso que la tierra jamás conoció.” Gengis-Kan (o Genghis Khan) nació en 1167 en la tribu mogola Kiut-Burtschi-gin. Su padre, Yessughei-Bogatur, había capturado al jefe tártaro Temudschin el día del nacimiento de su hijo, y como era una antigua costumbre que el nombre de las personas recordase el acontecimiento más importante de la fecha de su nacimiento, Yessughei llamó a su primogénito Temudschin. Yessughei murió envenenado por los tártaros cuando Temudschin contaba con sólo 13 años y a esa edad el joven quedó como heredero de su padre. Yessughei había reunido bajo su mando muchas tribus, que comenzaron a preguntarse por qué debían obedecer a un muchacho por el mero hecho de haberse puesto, anteriormente, a las órdenes de su padre. Consecuentemente, las tribus y clanes comenzaron a abandonar a la familia de Yessughei, y al poco tiempo Temudschin y su familia quedaron solos. Un día, unos ladrones taieschutos robaron sus caballos, y Temudschin, acompañado por un amigo de su edad que encontró en la estepa, rastrearon y dieron muerte a los ladrones, recuperando los caballos. Juntos fueron al campamento del padre de su amigo Boghurtschi para disculparse por haberlo abandonado; pero lejos de estar enfadado, se sentía orgulloso de la hazaña de su hijo y su nueva amistad. Les dio caballos, vestiduras de reserva y una tienda, y les dijo que continuasen siendo siempre amigos y jamás se separaran. Tan pronto como en la estepa se supo que Temudschin admitía compañeros, de todas partes acudieron jóvenes mogoles deseosos de unirse a él. De pueblo en pueblo, de tribu en tribu, marchaba el victorioso Temudschin con sus seguidores a través de todos los territorios vecinos, para ganarse con el arco y con la espada nuevos partidarios. A los 17 años, ya no era el muchacho pobre y abandonado que una vez fue. Era el amo de un pequeño campamento. Su nombre se hacía famoso en las estepas. Ante las fogatas de los campamentos se contaban sus hazañas. Cuatro años más tarde regresó a buscar a su prometida Burte, quien notó que había crecido mucho. Sus hombros eran anchos, y sus rasgados ojos felinos de color verde grisáceo tenían una expresión astuta, estaban atentos a todo. Nada parecía escapar a su mirada. Temudschin tenía un porte impresionante, se cuenta que era más alto que la mayoría de los mogoles, tenía la cabeza ancha y mandíbula fuerte. Su presencia y su carisma fueron claves para su éxito. De la noche a la mañana, el ordu (campamento de tiendas) de Temudschin se vio densamente poblado, el príncipe de los keraitos puso a su disposición una tropa numerosa y pronto se murmuró en la estepa: “Los cabecillas de los taieschutos nos buscan dificultades, sin motivo alguno, y nos oprimen. Roban nuestros mejores caballos. En cambio, Temudschin se quita el traje que lleva puesto y nos lo regala, se apea del caballo que monta para dárnoslo.” Tribus enteras se unieron a él; su campamento crecía día a día y con una característica: todos sus guerreros eran jóvenes como él. El campamento de Temudschin era muy organizado y ordenado, a pesar de que contaba con más de trece mil tiendas. Era una sociedad justa, una hermandad sin diferencia de clases sociales, en donde cada cual conocía su lugar y lo que le pertenecía. Un dato curioso es que únicamente se declaraba culpable a un mogol cuando era agarrado durante un delito o bien si confesaba. Bajo el dominio de Temudschin prácticamente desaparecieron entre los mogoles el asesinato, el robo, el hurto y el adulterio, y el sentimiento del honor llegó a tan alto grado que ya nadie negaba sus faltas e iban muchos a confesar sus crímenes y pedir su castigo. Temudschin adquirió la costumbre de luchar contra enemigos superiores en número. Todas sus batallas, excepto una, fueron dadas contra fuerzas muy superiores a las suyas, y exceptuando dos siempre quedó victorioso. Durante toda su vida promovió la franqueza, el valor y la fidelidad, aún con el enemigo, y jamás se equivocó en la elección de sus compañeros. Un día, luego de una batalla, un jinete enemigo se abrió paso hasta Temudschin y se echó a sus pies: -Soy Dschirguadei, de la tribu de Issut. Fui yo quien, en la lucha, te herí con una flecha. Si quieres matarme no harás más que ensuciar un trocito de tierra; si me tomas a tu servicio soy capaz de parar el agua corriente y convertir para ti las rocas en arena. Los jefes que acompañaban a Temudschin no esperaban más que una señal para dar muerte al prisionero, pero Temudschin no dio señal alguna. Contempló atentamente al joven guerrero tendido a sus pies y dijo por fin: -Cuando alguien quiere matar a su enemigo, guarda el secreto. Tú en cambio, nada me ocultas. Sé pues, mi compañero. En recuerdo de tu hecho te llamaré Dschebe (Flecha). Le mandó levantarse y elegir nueve hombres a su mando. Aquel joven llegó a ser Dschebe-Noion (Príncipe Flecha) uno de los nueve oerlock (generales). Estos oerlock, eran los guerreros más impresionantes del ejército mogol, denominados Lobos de Temudschin: Boghurtschi, su anda (hermano jurado) y primer compañero; Dschebe, la Flecha; Muchuli, más tarde regente de China; Dschelme, su segundo compañero; Sorgan-Schira, antes de los taieschutos; y el temible Subotai, entre otros. Eran guerreros tan espectaculares, que los enemigos decían que “Se alimentan de rocío y carne humana. Tan feroces que el Kan tiene que atarlos, pero cuando los libera para marchar a la guerra, cabalgan al viento delante de los arqueros, con la boca abierta, babeantes de alegría”. Temudschin no tomaba prisioneros, los guerreros enemigos sobrevivientes eran asimilados al ejército; pero si se negaban no se les tenía piedad alguna. Esto no sólo le proveía de constantes nuevas tropas, sino que aprendía nuevas técnicas y armas que antes no conocía. Ejemplos de esto son las máquinas de asedio chinas, y sus ingenieros, así como los elefantes de guerra persas; todas ellas armas usadas luego por Gengis-Kan. La paz reinaba en las estepas y pronto se comentó por doquier que había llegado el momento de elegir, por fin, un nuevo Kan de los mogoles; y el chamán declaró que el Eterno Cielo Azul no había destinado a nadie más que a Temudschin como Kan. Temudschin aceptó sus derechos y deberes y a los 28 años de edad fue nombrado Kan: -El Cielo me ha destinado para reinar sobre todos los pueblos -dijo-, pues en las estepas no reinaba, hasta ahora, orden alguno. Durante años, reinó en los “lejanos países” más allá de la Gran Muralla China y el desierto de Gobi una paz absoluta. En 1206, el mismo chamán que diecisiete años antes había nombrado Kan a Temudschin, dijo que el Eterno Cielo Azul le ordenaba comunicar al pueblo de los mogoles que Temudschin había sido elegido rey de todos los pueblos, con el nombre de Gengis, Gran-Kan. Gengis-Kan, emperador de emperadores, era a los 44 años de edad el único soberano de “todos los pueblos que viven en tiendas“. Con esto, despertó en el alma de los nómadas un nuevo sentimiento: el orgullo nacional. Ningún mogol podía se tratado como siervo; su único deber consistía en servir con las armas. Todos los pueblos ”que moraban en tiendas” se sentían elevados como súbditos de Gengis; cualquiera fuera su tribu, todos se llamaban a sí mismos mogoles. El ejército de Gengis-Kan funcionaba con una precisión y efectividad admirables. Los mogoles debían ser tan expertos en el arte de la guerra, como diestros en la equitación; eran capaces de pararse en los estribos y disparar flechas en cualquier dirección sin dejar nunca de galopar. Los triunfos de los mogoles se debieron principalmente a la magnífica organización, disciplina y maniobrabilidad de sus ejércitos. Estaban organizados en decenas; los diez guerreros debían actuar siempre juntos para pelear, saquear, y procurarse suministros. Cada diez decenas iban mandados por un jefe, con un kan por cada diez centenas, y las hordas que eran los grupos de diez mil, estaban dirigidas por los lugartenientes del Gran-Kan. Todo el ejército iba a caballo; para campañas en lugares distantes cada combatiente llevaba dos o tres corceles de repuesto. Esto hacía del ejército mogol uno de los más rápidos y ágiles de la historia. Las hordas no llevaban bagajes de ninguna clase; vivían sobre el país, comiendo de lo que encontraban, y en sus largas marchas por el desierto o las heladas montañas, se sostenían abriendo un pequeño corte en el caballo y bebiendo sangre directamente de la herida. El caballo mogol era pequeño, ágil y rápido, aunque fuerte y resistente, muy bien adiestrado para la guerra. El ejército mogol es el máximo ejemplo de efectividad en el manejo y aprovechamiento del caballo. La agilidad y rapidez del ejército de Gengis, así como su capacidad de no llevar casi forrajes, permitió una movilidad tal, que el ejército mogol parecía aparecer de la nada. Con el factor sorpresa siempre de su lado, los ataques se hacían en momentos inesperados. El avance mogol era imparable.. La formación más habitual de los mogoles solía consistir en dos líneas de caballería pesada al frente y tres líneas de caballería ligera detrás, ésta se adelantaba y utilizaba sus arcos para después retirarse y dejar paso a la devastadora caballería pesada. En el saqueo todos eran iguales, cada mogol tenía los mismos derechos y podía guardar su botín personal, pagando no más que un diezmo al emperador, que prohibía bajo pena de muerte empezarlo sin permiso del jefe. Gengis-Kan conversaba gustoso con hombres que habían viajado mucho, por eso hacía que todas las caravanas llegaran a su ordu. Con el tiempo, los comerciantes se dieron cuenta que sus mercancías gustaban al jefe de los nómadas, y comenzaron a regatear por cada objeto. Gengis, enfadado, mandó sencillamente despojarlos de todo y echarlos. Entonces, un comerciante tropezó con sus desvalijados colegas y ofreció a Gengis todo su cargamento como regalo. El Gran-Kan halagó los regalos y distribuyó gran parte entre sus oerlock; invitó al comerciante a ser su huésped y le rogó que volviese cuanto antes. Cuando se marchó, el comerciante vio, asombrado y satisfecho, a todos sus animales reunidos ante la tienda cargados con costosísimas pieles, oro, plata y demás valiosos objetos, todo ello regalos del Kan. A partir de entonces, ya no se enturbiaron las relaciones entre Gengis-Kan y los comerciantes. Todos seguían ahora el camino que pasaba por su ordu, le llevaban como regalo sus más hermosas mercancías y eran tratados como huéspedes. Gengis-Kan deseaba oír siempre sus historias; y al partir, recibían tantos regalos que su visita era para ellos el mejor negocio. Una vez que toda Mongolia estaba unificada bajo la espada de Gengis-Kan, éste comenzó la verdadera gran expansión del imperio mogol. Gengis se ponía tanto más pensativo cuanto más le comentaban los viajeros de China; sus increíbles máquinas y carros de asedio, sus interminables ejércitos y sus enormes e inexpugnables ciudades excedían todo lo existente. Gengis-Kan se dispuso entonces a conquistar el país cuya muralla no terminaba nunca. Reunió un ejército de más de trescientos mil hombres y en 1208 ya había establecido un punto de apoyo dentro de la Gran Muralla. Dirigió a sus ejércitos hacia el sur y el oeste y se adentró en el territorio, sitiando y conquistando a la capital china (actualmente Pekín), en 1215. Gengis-Kan siguió su avance y tres años después la península coreana cayó en sus manos. El extenso imperio mogol tenía una frontera con el estado musulmán de Jorezm (o Chorezm), gobernado por el Sha Alá-ed-Din-Mohamed. Éste era un punto comercial muy importante y Gengis-Kan había intentado propiciar un libre paso de mercaderes a todo el imperio por lo que en un principio no pareció tener intenciones de atacar este estado. Sin embargo, en 1218, el gobernante de Jorezm atacó una importante caravana que regresaba de Mongolia y que además llevaba una misión diplomática mogola, negándose más tarde a pagar retribución por el saqueo y asesinato de sus miembros. En venganza por la masacre, sumada a la tentación de hacerse con el control total de las rutas comerciales entre oriente y occidente, impulsaron a Gengis Khan a atacar a los musulmanes y envió a sus ejércitos hacia el oeste, conquistando gran parte del Medio Oriente. La oposición de los islámicos era fuerte, pero no había ejército en la faz de la tierra capaz de hacerle frente al ejército de Gengis-Kan. Al Gran-Kan nada se le escapaba. Contaba con un avanzado servicio de espionaje y el sistema de correo más rápido de la historia. Los mensajeros eran tan veloces que se les llamaba mensajeros “flechas”. Éstos eran sagrados; hasta el más alto príncipe debía dejarle el camino libre y, si su montura estaba cansada, darle su mejor caballo. El mensajero flecha iba a galope tendido día y noche por estepas y desiertos, atravesando en pocos días distancias que llevarían, en situaciones comunes, varias semanas. A cada cuarenta o cincuenta kilómetros, el mejor caballo del puesto de guardia mogol estaba preparado para él; en un relevo comía unos bocados, en otro se dejaba caer en un lecho para levantarse unas horas más tarde y reanudar la fantástica carrera. Dormían corriendo, reventaban sus caballos; pero gracias a los mensajeros flecha no podía ocurrir nada en todo el imperio sin que el Gran-Kan estuviese inmediatamente informado. Gengis-Kan era notablemente hábil y astuto. No construyó el imperio más grande del que se halla tenido registro sólo por fuerza bruta. Era un gran estratega, un brillante gobernante y un terrible vengador. En el asedio a una ciudad China que parecía inexpugnable, Gengis-Kan da una muestra de su inteligencia y pericia. Al no poder entrar a la ciudad, Gengis mandó anunciar que si le entregaban diez mil aves y mil gatos levantaría el sitio. Asombrado por la singular petición del mogol, el general de la ciudad envió todos los animales requeridos a los mogoles, con la prudencia de no abrir las puertas. Pero el Gran-Kan ya no necesitaba puerta alguna. Ordenó atar algodón a las colas de los gatos y aves, encenderlo y soltar a los animales. Los pájaros asustados volaron directo a sus nidos, y los gatos buscaron rabiosos sus escondrijos. La ciudad ardió desde dentro. Otra de sus increíbles tretas para ganar batallas que cualquiera hubiera considerado perdida, incluso antes de combatir, fue en una batalla crucial contra sus enemigos Targutai y Yamuga. Gengis-Kan (en ese entonces Temudschin), viendo que sus fuerzas eran muy inferiores en número, hizo que cada soldado hiciera un muñeco del porte de una persona y lo pusiera en su caballo de reserva. El ejército del Kan se vio dos veces más numeroso, atemorizando a sus adversarios, lo cual fue crucial para el desenlace de la batalla. Gengis tuvo múltiples enemigos, entre los cuales se destacaban: Targutai, quien lo perseguía para ser él definitivamente el rey de los mongoles; el imperio Chino, por evidentes razones; los merkitas, quienes lo perseguían porque su padre Yessughei había secuestrado a quien se convertiría en la madre de Temudschin; Yamuga, un amigo con el que había realizado un juramento de sangre y que lo había traicionado; y muchos más. El Gran-Kan derrotó a absolutamente todos ellos. Pero Gengis-Kan no se detuvo en el Medio Oriente. De la mano de Subotai y Dschebe, en 1222 los mogoles entraron en lo que es en la actualidad Rusia, conquistando la totalidad de sus territorios hasta el río Dnieper y parte de Europa oriental. Todo esto en pocos años. A su muerte (algo confusa, tal vez debida a una fiebre o a una herida), ocurrida el 18 de Agosto de 1227, su tercer hijo (de cuatro) Ugedei recibió en herencia un imperio que se extendía desde el río Dnieper hasta el sur de China y desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Pacífico. El proceso de sucesión de Gengis-Kan tras su muerte permitió a los rusos diez años de paz hasta que las hordas regresaron bajo el mando de Batu-Kan, nieto de Gengis. Las tropas de Batu-Kan formaban la llamada "Horda de Oro", ejército invencible que en tres años conquistó casi todos los principados rusos, Polonia y Hungría. Preparando ya una imparable conquista de Europa occidental, la muerte en 1241 del Gran-Kan Ugedei impuso una pausa en la campaña, y mientras se esperaba para hacerse con el poder de Batu-Kan, éste fue supuestamente envenenado por una mujer celosa. Si esto es cierto, Europa debe su existencia como tal a ésta mujer. Desde entonces, Europa no volvió a sufrir la amenaza de la conquista mogola. El Gran-Kan Kubilai (o Kublai), nieto de Gengis, aunque con grandes dificultades, logró tras medio siglo de lucha la conquista de toda China, convirtiéndose en el primer emperador de la dinastía Yuan. Kubilai-Kan, el Kan que conoció Marco Polo, no sólo era un gran guerrero sino también un apasionado por el conocimiento, el arte y la cultura. Inteligente y amable, su reinado fue más grande aún que el de Gengis. Murió en 1294 con setenta y ocho años de edad, pero todos sus sucesores demostraron ser corruptos e injustos (era como si la sangre mogola se hubiera aguado con el lujo de la vida de la corte China), hasta que en 1368 el noveno de ellos fue destronado por sus excesos y escándalos inadmisibles, y los chinos recuperaron el gobierno para la dinastía Ming. Nunca antes en la historia un emperador había gobernado un territorio tan basto como Kubilai-Kan. A pesar de su fama de conquistador cruel y despiadado, Gengis-Kan fue un soberano justo e inteligente, considerado una de las figuras militares y políticas más importantes de la historia. Clave para el desarrollo de la cultura mundial y el Renacimiento europeo, Gengis-Kan está muy lejos de ser el bárbaro sanguinario que algunos pretendieron que fuera. Nunca mató a persona alguna por el mero gusto de la crueldad, y llegaba hasta a perdonar a un enemigo personal. Logró unificar a casi toda Asia; impuso la paz y el orden en sus dominios, acabó con las rivalidades tribales y el bandolerismo. Cultivó el honor y dio unidad a un pueblo que desde que tenía memoria estaba dividido y en conflicto. Creó nuevas vías de comunicación y rutas de comercio, así como leyes que protegían a los comerciantes, haciendo relativamente seguro el comercio entre oriente y occidente. Abrió a Europa el contacto con países distantes como China. Desarrolló y perfeccionó métodos y tácticas de batalla, y contribuyó al desarrollo de nuevas tecnologías. Inventó el sistema de correo más rápido del mundo; construyó yans o puntos de posta para los mensajeros; con comida, bebida y caballos de repuesto. Respetó las diferentes creencias y culturas de los pueblos; nunca impuso religión o costumbre alguna en su imperio, y promovió las artes y las ciencias. Sin saber leer o escribir, Gengis-Kan supo valorar la utilidad del lenguaje escrito, promovió la literatura y dio a los mogoles un alfabeto. Gengis-Kan fue enterrado junto con su espada en el monte Burkan-Kaldun. Éste monte no ha sido encontrado aún por los investigadores actuales; se conoce en qué grupo de montañas se encuentra, pero no se sabe cuál de ellas es el Burkan-Kaldun. Si se interroga a los mogoles sobre ello, guardan silencio. El imperio mogol desapareció en 1368. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=TBuRRuTdH1I Fuente: Investigación propia http://es.wikipedia.org/wiki/Gengis_Kan http://www.ganesha.org/hall/gallery.html http://www.laviadellaseta.info/eng/sezioni_b.html GRRACIAS PORR COMENTAAAARRR!!!! <a href='http://a.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://a.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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El misterio de los RODS o serpientes voladoras
El misterio de los RODS o serpientes voladoras
InfoporAnónimo8/19/2008

Registrate y eliminá la publicidad! LOS RODS O SERPIENTES VOLADORAS Hace no mucho, ví en Discovery un programa sobre unos animales (presumiblemente) recientemente descubiertos pero de los que casi nada se sabe, ya que solo pueden ser apreciados con cámaras de alta velocidad. Son alargados, con alas a lo largo de sus "cuerpos", y se mueven extremadamente rápido y en trayectorias impredecibles... Lo más raro de todo es que nunca se pudo atrapar uno y nunca se vio uno muerto ni descansando, y por lo visto hay en todas partes y nos pasan volando a centímetros de la cara sin ser vistos u oídos... Además, tambien se han visto bajo el agua y entodas partes; hay quienes incluso piensan que no están en esta "dimension", y que es por eso que no son visibles a simple vista y no se pueden atrapar ni se topan contra nada... Bueno, me interesó tanto el tema que armé este post para que se enteren ustedes también! Salu2!! A pesar de los avances de la ciencia y de la tecnología, sigue habiendo muchas cosas para las que no encontramos explicación, o que por lo menos no han sido lo bastante estudiadas, por lo que sigue rondando en torno a ellas cierto aire de misterio. Una de esas cosas son los “rods”, palabra inglesa que se traduce al español como “bastoncillos” y que viene a denominar a unas misteriosas criaturas de forma cilíndrica y color blanquecino, que vuelan a tal velocidad que hasta ahora sólo han podido ser captadas con videocámaras. Es increible que haya una especie animal que habiendo convivido con nosotros en todas las latitudes a todo lo largo de la Historia sólo pudo ser vista hace apenas unos años cuando un productor cinematográfico se interesó por unas misteriosas manchitas que se desplazaban a enorme velocidad frente a las cámaras. Y no estamos hablando de un animal microscópico, ni tampoco de una especie que viva en las profundidades oceánicas o en las cavernas heladas de las cumbres de las más altas montañas, ¡NO!, estamos frente a un ser de dimensiones perfectamente visibles (generalmente de 10 a 20 cm) pero que por la velocidad a que se desplaza no lo podemos ver. Aunque para algunos son simplemente efectos que crean los insectos al ser filmados, la existencia real de los RODS ya ha sido demostrada aun cuando ninguno de ellos ha podido ser capturado para su estudio científico. Algunos científicos piensan que la presencia de los llamados rods es debido a las camaras de videos, las cuales toman aproximadamente 30 cuadros por segundo lo cual produce una distorción o duplicación del objeto que se aprecia en la camara de video. Esta teoria llevó a algunos camarógrafos a probarla, con un sencillo experimento de dos camaras una normal de 38 cuadros por segundo y una de alta velocidad de hasta 2000 cuadros por segundo. Cuando se revisa la filmación aparece un "rod" en solo dos cuadros y cuando se ve en la camara de alta velocidad, se vé a un insecto volando. Esto podría explicar al fenómeno de los rods... Pero para los "creyentes", los RODS son misteriosos seres voladores cuyas dimensiones pueden ir desde apenas unos centímetros hasta (según muchos suponen) varios metros. Hasta el momento de su descubrimiento nadie sospechaba de su presencia alrededor de nosotros; sin embargo una vez que se produjeron las primeras noticias de su existencia ha habido un verdadero alud de reportes, la mayoría de los cuales han pasado todas las pruebas de veracidad que, en nuestros dias significa el análisis computarizado cuadro a cuadro de cada filmación. En 1995, el Sr. José Escamilla trabajaba como productor de cine y al revisar escenas filmadas en exteriores se disgusto mucho al observar manchas que cruzaban la escena. Pensó que podia tratarse de imperfecciones de la cinta de video, sin embargo su curiosidad lo llevó más allá porque las “manchas” parecían corresponderse a algún animal, quizas un pájaro pequeño o hasta insectos que pasaban frente al lente, sin embargo durante la toma nadie pudo ver ave alguna cruzando entre los actores y la cámara ni hubo camarógrafo que se quejara de insectos. La foto muestra una de las primeras secuencias fotográficas en la que se puede apreciar un rod pasando muy cerca y frente a un golfista. La escena corresponde a Elk City en Oklahoma Por esta razón e impregnado por una gran curiosidad José Escamilla quiso analizar cuadro a cuadro el video a ver si descubría qué era lo que estaba provocando aquellas manchas huidizas que “ensuciaban” la filmación. Lo primero que comprobó fue la incredible velocidad de desplazamiento de las manchas; a tan alta velocidad –reflexionó- deben pasar inadvertidas ante el ojo humano. Tal fue su curiosidad que buscó en los archivos de su compañia cinematográfica casetes de video conteniendo tomas de escenas grabadas en exteriores de otras novelas, y cuál no sería su sorpresa al comprobar que las manchitas fantasmales también estaban en otras muchas cintas. No conforme con eso Escamilla logró, valiéndose de amigos y antiguos compañeros de trabajo, tener en su mano videos de escenas en exteriores provenientes de 28 estados diferentes de los Estados Unidos. Escamilla chequeó cuidadosamente todas las cintas que le llegaron, y en la gran mayoría de ellas pudo encontrar también las veloces manchitas.desplazandose a una velocidad vertiginosa. La foto de arriba muestra dos rods que fueron captados al mismo instante por una cámara de tiro rápido usando cinta de alta resolución. La escena se desarrolló en Nuevo México en las cercanías de Roswell y fue parte de las primeras investigaciones que realizó José Escamilla en la búsqueda de la verdad sobre las huidizas manchitas en los videos. Una fracción de segundo más tarde ya los dos rods anteriores habían desaparecido del cuadro apareciendo entonces un tercero moviéndose en dirección perpendicular a los anteriores. Nótese el espacio recorrido por este rod y por el de la foto anterior teniendo en cuenta que la separación en tiempo entre las dos imágenes es de solo cuatro centésimas de segundo. Pero la gran sorpresa estaba aún por llegar y se produjo cuando se analizaba un video filmado en la “Cueva de las Golondrinas” en el estado de San Luis Potosí (México) en el cual un grupo de aventureros se lanzaba al interior de la furnia en paracaidas. Esta es una de las mayores furnias del mundo con una impresionante verticalidad. Estos intrépidos muchachos utilizaban una cámara filmadora de tiro rápido para poder apreciar en detalle cada movimiento y cada gesto durante la caida al vacio. Al analizar cuadro a cuadro las imagines de video se pudo ver claramente la naturaleza del “ser” que al desplazarse tan velozmente sólo había podido verse (aun en las tomas cuadro a cuadro) como una fugaz manchita en el aire. Se trataba de algo con la forma de un cilindro alargado (digamos un lapis) de cuyo cuerpo salían cuatro pequeños pares de alas dispuestos diametralmente y visiblemente separados unos de otros. Por fin había una idea más clara sobre la naturaleza de aquellos misteriosos e invisibles seres! En el video se puede apreciar que el desplazamiento de estos “Rods” es irregular e impredecible, pues mientras algunos bajaban verticalmente otros subían, mientras unos volaban diagonalmente en línea recta otros zigzageaban La foto de arriba muestra un rod con sus aletas muy bien definidas. Otro rod pasa mucho más cerca de la cámara. En esta foto también pueden apreciarse muy bien los sistemas de propulsión laterales.Obsérvese que esta toma corresponde al tiempo 01:01.52.23; esta última cifra son las centésimas de segundo. Sólo una centésima de segundo después ya el rod se ha desplazado unos metros de su posición en la foto anterior. Nótese que en esta imagen se aprecia muy bien la estructura helicoidal de sus alas propulsoras. Menos de ocho segundos más tarde otro rod aparece en la escena; al igual que en los casos anteriores se pueden apreciar muy bien en esta foto las aletas propulsoras. En menos de un segundo este rod se ha desplazado descendiendo y acercándose al paracaidista. Algunos autores, siguiendo la denominación original que les otorgara Escamilla, llaman a estos “seres” como “peces voladores”, otros prefieren llamarles “serpientes voladoras”, sin embargo lejos de toda comparación con peces o serpientes (ya que no son ni lo uno ni lo otro) el nombre con que hoy se les reconoce es RODS. Es un hecho sabido que para que cualquier fenómeno pueda ser considerado como una verdad objetiva una de las condiciones primeras que debe cumplir es la repetibilidad de la observación; En este caso cualquiera que posea una cámara de video con “tiro rápido” (grabación a alta velocidad como las que se usan en los eventos deportivos) puede registrar en sus cintas a los huidizos RODS preferiblemente si efectúa las tomas a contraluz. Durante más de 15 minutos fue filmado un ROD que se acercaba y alejaba a la ventanilla de un pequeño avión que sobrevolaba Boulder, en Colorado, USA. Los tripulantes no pudieron distinguir de qué se trataba por la velocidad con que cambiaba sus movimientos pero el análisis ulterior del video permitió reconocer a un ROD. Puede verse cómo su cuerpo tiene dispuesto en forma espiral unas aletas que son las que le permiten el vuelo a tan alta velocidad. No se sabe de qué modo las mueve aunque es de suponer que utilice el mismo principio de la hélice turbopropulsora. Desde esta otra posición el ROD parece estar provisto de aletas semicirculares laterales al cuerpo y dispuestas alternativamente, sin embargo muchos investigadores opinan que se trata de una sola aleta que rodea al cuerpo en forma espiral. Los reportes de video-captura de rods llegan desde todos los confines del mundo. La autenticidad de las fotos que a continuación les brindamos ha sido certificada por científicos e investigadores de gran renombre. La foto de arriba muestra un rod pasando sobre la esquina izquierda del techo de la casa (a la altura de la copa del árbol) En esta otra foto tomada en Canadá quedó grabado un rod en vuelo (en la esquina superior izquierda) Esta es una foto extraordinaria por su nitidez y definición. La escena se desarrolla en Corea. Esta excelente imagen de un rod fue captada por una cámara profesional de tiro rápido en un vuelo de investigación sobre Encino, California, USA. El objetivo era precisamente lograr alguna imagen definida de un ROD y se utilizaron varias cámaras y decenas de videocasetes. Cuarenta minutos más tarde, y sobrevolando de nuevo la misma área de Encino, en California, se logró captar en video un nuevo ROD. Estas imágenes fueron tomadas sin que en el momento de hacerlas se pudiera observar absolutamente nada. Las imágenes de estos RODS sólo pudieron ser vistas muchos dias después cuando pacientemente un equipo de especialistas analizó cuadro a cuadro los videos logrados. Otra imagen muy ilustrativa lograda sobre Encino, California. Nótese como en ninguna de las fotos de RODS se puede observar estructura corporal como la conocemos en el resto de las especies animales; ni aun en fotos bastante bien definidas como esta se puede apreciar "cabeza" ni "ojos". Los escoceses no se quedaron atrás en la búsqueda de Rods. Esta foto lograda por un aficionado muestra dos de estos seres en diferentes planos. ¿Son los RODS autoctonos de ciertas zonas geográficas o por el contrario son cosmopolitas? Esta imagen de un ROD lograda en las cercanías de Honolulu, Hawai parece afianzar la segunda opción. Es muy probable que desplazándose a la velocidad que lo hacen este ROD haya estado unas horas antes en Chile o en Japón o en Australia. La acostumbrada niebla de la capital británica no fue un ostáculo para los "cazadores de Rods" que finalmente pudieron conseguir algunas imágenes. Aun en zonas densamente pobladas como el bajo Manhatanap, en New York, aparecen Rods, como este que gira velozmente en una oquedad de un muro. La búsqueda de evidencias fotográficas que dieran credibilidad a la existencia real de los RODS se extendió a todos los paises y participaron entusiastas aficionados y profesionales, pedagogos y científicos. ¡Todo un ejercito de filmadores! La foto de la izquierda fue hecha en Ciudad México y muestra un ROD en el interior de una casa. Es el único caso en que ha podido ser fotografiado un ROD dentro de una edificación. En poco tiempo los Rods eran ya objeto de comentario en todos los paises del mundo. Entusiastas investigadores japoneses se dieron a la tarea de verificar las noticias que sobre el descubrimiento de estos "seres" llegaban desde el continente americano. En pocos dias las primeras planas de muchos periódicos insertaban crónicas, artículos y fotos de Rods' pero no se trataba de las mismas fotos tomadas en América sino de las fotos que estaban logrando los científicos del propio Japón. Otro rod capturado en esta imagen de una típica construcción rural en las afueras de Tokio En la imagen de un brumoso anochecer en Tokio también quedó un Rod que cruzaba veloz por el lugar Imagen extraida de una escena no usada de la filmación de una película sobre arquitectura tradicional japonesa. Puede verse claramente un Rod cruzar sobre el ornamento del techo. Otra imagen de Rod junto a la escarpada orografía de los volcanes del archipiélago japonés. Excelente imagen de un Rod. ¿Es que siempre por nuestros cielos están cruzando los Rods sin que los veamos?. Parecería que esta es la realidad porque cada vez que se analizan cuadro a cuadro escenas tomadas en exteriores aparecen las típicas manchas de los rods. Más recientemente se ha hecho un descubrimiento espectacular. Pequeños rods han sido “capturados” en video durante filmaciones subacuaticas realizadas por el canal norteamericano National Geographic Explorer Television en su equipo de grabación dirigido por Edward López, en cuevas submarinas del litoral yucateco en México. La única diferencia entre los animalitos aereos y estos acuáticos parecía ser la velocidad de desplazamiento, estos últimos se movían mucho más lentamente como es lógico para el medio en que están. En esta filmación se puede apreciar muy bien el movimiento de las membranes que están a los lados del cuerpo tubular y que crean un fuerte chorro hacia atrás impulsándolo velozmente hacia delante. De todas las apariciones de estos "seres" en las profundidades del mar ha sido tan impredecible y su desplazamiento tan rápido que, al igual que en los casos de los que "vuelan" estos nunca fueron vistos directamente por los investigadores sino detectados en las cintas de video tras un detallado y exhaustivo análisis de las imágenes cuadro a cuadro. Este rod submarino apareció perfectamente filmado en dos secuencias durante un tiempo total de seis segundos. A partir de ahi se inició una revision aun más cuidadosa de otros muchos videos subacuáticos. El esfuerzo realizado durante muchas semanas de paciente escrutinio dio finalmente los resultados que se esperaban y se pudieron ver varios más de estos misteriosos seres. Para algunos, los rods son seres interdimensionales descritos como fenómenos o criaturas pseudocríptidas; que son detectadas en la forma de ciertas distorsiones apreciables en los paisajes, especialmente en grabaciones de video o fotografía, aunque no puedan ser percibidas a simple vista. Principalmente solo son visibles por las cámaras y revisando cuadro por cuadro debido a que el ojo humano no es muy eficaz comparado con el de nuestros antepasados (el mundo moderno el ojo debe forsarse para leer y ver pantallas), quienes muy probablemente podían verlos, ya que se han hayado imagenes talladas en piedra en pequeño y gran tamaño de figuras asemejantes a un rod. ENTONCES, QUÉ SABEMOS DE LOS RODS??? CERTEZAS Sabemos que existen, que se mueven a velocidades tan grandes que no los podemos ver aunque revoloteen en torno a nuestra cabeza; sabemos que pueden medir de unos pocos centímetros a tal vez varios metros; sabemos que abundan en todas partes y latitudes, y que incluso pueden estar dentro de nuestros hogares; sabemos que se desplazan utilizando un sistema de propulsión que consiste en unas membranas finas a lo largo de su eje que usan para propulsarse en el aire y el agua (por lo menos). DUDAS ►Como no se conoce su estructura corporal no sabemos si es un animal u "otra cosa" ►Y si no son animales sino "otra cosa" ¿Qué "otra cosa" son?! ►Si tan rápido se desplazan y están en torno a nosotros hasta dentro de nuestras casas ¿Cómo nunca hemos sentido que alguno choque contra nuestra cara? ►¿Nunca se detienen? ►¿Por qué nunca descubrimos sus cadáveres cuando mueren? ►No sabemos qué tamaños pueden alcanzar. ►en fin... ¡SOLO SABEMOS QUE EXISTEN! <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&amp;cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&amp;n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>

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