El presente trabajo es de mi autoria y tiene por cometido mostrar un panorama general de la postura del filosofo Arthur Schopenhauer.
Arthur Schopenhauer (1788-1860)
Vida y escritos
Arthur Schopenhauer nació en Danzig (actual, Gdansj, Polonia)el 23 de febrero de 1788. Su padre, un banquero acomodado de la localidad, de carácter violento y pedante (de quien shopenhauer hijo hereda rasgos)se había casado con una escritora de carácter totalmente opuesto, Johanna Schopenhauer
Su padre, esperaba que el joven Schopenhauer siguiera sus huellas, y le permitió visitar Inglaterra, Francia y otros países en los años 1803 y 1804, con la idea de que al cabo de dichos viajes se dedicara a los negocios. El joven Schopenhauer cumplió su promesa, a pesar de que la carrera de comerciante no le interesara. Pero, al morir su padre en 1803. A causa de un accidente (algunos sostienen suicidio),el joven hereda una fortuna que le permite vivir de rentas, su madre le autorizó a proseguir sus estudios. En 1809, ingresó en la universidad de Góttingen para estudiar medicina. Al segundo año optó por la filosofía. Como él mismo dijo, la vida es un problema, y por ello decidió dedicar sus esfuerzos a reflexionar sobre la misma.
De la universidad de Góttingen, fue donde Schopenhauer aprendió a admirar a Platón, pasó, en 1811, a Berlín y escuchó las conferencias de Fichte y Schliermacher. Le repugnó la oscuridad del primero, y Con respecto a la afirmación del segundo, de que nadie puede ser un verdadero filósofo sin ser religioso provocó su sarcástico comentario que anota al margen de uno de sus cuadernos de clase: "'Nadie que sea religioso llega a la filosofía", puesto que no la necesita.
Schopenhauer se consideró a sí mismo cosmopolita y nunca fue un nacionalista ale
man. Con respecto a este tema Él mismo nos dice: (...) ¿Debo, como buen patriota,entregarme al ensalzamiento de los alemanes y del germanismo y alegrarme de pertenecer a esta nación y no a otra? Sólo que, como dice el proverbio español: cada uno cuenta de la feria, como le va en ella. ¡Buscad los democolacos y que ellos os alaben! Charlatanes hábiles, pesados, inflados por los ministros, propagadores de lo absurdo, sin inteligencia ni mérito; esto es lo que necesitan los alemanes, pero no hombres como yo. Este es el testimonio que he de darles al despedirme. Wieland considera una desgracia haber nacido alemán. Burger, Mozart, Beethoven y otros muchos habrían estado de acuerdo; con él; yo también.(...)(Shopenhauer, A. “Fragmento sobre la historia de la filosofía”, editorial Aguilar, Bs. As, 1966, Pág. 134).
Cuando Prusia se rebeló contra Napoleón, abandonó Berlín, dado su odio confesado a los asuntos militares y, en un retiro pacífico, se dedicó a redactar la tesis doctoral, La cuádruple raíz del principio de razón suficiente con la que ganó una cátedra en Jena y que fue publicada en 1813. Goethe felicitó al autor y Schopenhauer le correspondió escribiendo un ensayo, Sobre la visión y los colores, 1816, en el que defiende a Goethe de Newton sobre la teoría de los colores. Goethe describió a Shopenhauer, como: “Un amigo benévolo” pero también como “un joven difícil de entender”.Luego, se enemistaron. Pero, exceptuando el elogioso recibimiento del gran poeta. La cuádruple raíz del principio de razón suficiente, pasó completamente desapercibida y el libro apenas se vendió.Sin embargo, el autor seguía considerándolo como la introducción indispensable a su filosofía.
Schopenhauer vivió en Dresden desde mayo de 1814 hasta septiembre de 1818. Fue allí donde compuso su principal obra filosófica, El mundo como voluntad y representación. Schopenhauer confió el manuscrito a los editores y marchó a Italia, el país del arte. La obra apareció a primeros de 18 19 y el autor se consoló al saber que algunos filósofos como Herbart y Beneke, la habían tomado en consideración. Pero no le sirvió de mucho al comprobar que un libro que él había escrito creyendo revelar la verdad del universo alcanzaba tan escasa venta. Inclusive los editores hicieron rematar la obra como papel de desecho para obtener algo de ganancia.
Sin embargo, él estaba ansioso de comunicar su verdad al mundo, Schopenhauer se trasladó en 1820 a Berlín, donde inició una serie de conferencias. A pesar de no tener allí la cátedra, no vaciló en dar sus lecciones a la misma hora que las de Hegel (cuyas clases eran multitudinarias). Al cabo de un semestre tuvo que suspenderlas. La intención de Shopenhauer, era desafiar a Hegel, con quien había tenido un problema personal. Su fracaso era previsible porque su doctrina era muy poco representativa del espíritu dominante de la época.
En 1833, después de varios viajes, Schopenhauer se instaló en Frankfurt. Leía mucha Literatura europea, consultaba publicaciones científicas y periódicos, dando muestra
de su agudeza al anotar los puntos que habrían de servirle para ilustrar o confirmar empíricamente sus teorías filosóficas. Acudía al teatro con frecuencia y continuaba escribiendo.
En 1836, publicó Sobre la voluntad en la naturaleza y, en 1839, obtuvo un premio de la Sociedad Científica de Drontheim, en Noruega, con un ensayo sobre la paz. Sin embargo, la Real Academia Danesa de Ciencias no le concedió un premio parecido por su ensayo sobre los fundamentos de la ética. Una de las razones que se adujeron fue el escaso respeto del autor por los filósofos más conocidos. Schopenhauer sentía gran admiración por Kant, pero solía referirse a pensadores como Fichte, Schelling y Hegel con evidente menosprecio, Como podemos apreciar: “(...)Schelling arrastraba tras de sí a una criatura filosófica ministerial, Hegel, calificado desde arriba como gran filósofo con un fin político mal calculado, charlatán vulgar, sin espíritu, repugnante, ignorante, que con una frescura, una sinrazón y una extravagancia sin par, compiló un sistema que fue trompeteado por sus venales adeptos como si fuera la sabiduría inmortal, y como tal fue tomado en realidad por los imbéciles, lo que provocó un coro de admiración , como jamás se había escuchado(...)”(Ibidem, Pág. 133)
Ambos ensayos se publicaron conjuntamente, en 1841, con el título Los dos problemas fundamentales de la ética.
En 1844, Schopenhauer publicó la segunda edición de su obra El mundo como voluntad y representación, añadiéndole cincuenta capítulos más. Aprovechó la ocasión para dejar bien clara su opinión sobre los catedráticos de filosofía de las universidades alemanas y, por si no fuera suficiente, explicó su puntó de vista en un nuevo prólogo. En 1851, publicó con éxito una colección de ensayos titulada Parerga y paralipómena.,en la que tocaba gran variedad de temas. Finalmente, en 1859, salió a la luz una tercera edición aumentada de su obra capital: El mundo como voluntad y representación.
Schopenhauer conoció la fama en los últimos diez años de su vida. De todo el mundo llegaban gentes atraídas por la brillante personalidad del filósofo. En diversas universidades se daban conferencias sobre su doctrina, a pesar de que los catedráticos alemanes no olvidaban las sarcásticas burlas de que habían sido objeto.
Fue una persona de carácter y nunca temió expresar su opinión. Estaba dotado de buen sentido práctico, pero era egoísta, vanidoso, molesto y, en ocasiones, grosero.
Sus relaciones con las mujeres no respondieron exactamente a lo que se espera de un hombre que habló con tanta elocuencia sobre asuntos éticos, ascéticos y místicos; sus editores suprimieron varios comentarios suyos sobre el sexo femenino, al parecer shopenhauer era misógino. En relación a esto y para fraseando a Shopenhauer: las mujeres son animales de cabellos largos e ideas cortas, podemos decir que shopenhauer cometió la falacia de generalización apresurada, en vez de decir todas las mujeres debió decir algunas. Sin embargo no todos los comentarios de Shopenhauer acerca de las mujeres eran peyorativos: “creo que una mujer logra sustraerse a la masa, es decir sobresalir por encima de ella, es capaz de engrandecerse ilimitadamente y más que los propios hombres”(Edición coleccionable, “pensamientos” Nº 08, revista Ñ, Bs. As, 2006, Pág. 03).
Schopenhauer se había trasladado en 1833 a Francfort del Meno. Había abandonado Berlín a causa del cólera, del que Hegel había sido víctima. Ahí vivió, como estrafalario solitario, atendido por una ama de llaves y en compañía de un perro poodle. Durante siete años, hasta los 72 de su vida. Murió, inesperadamente, en 1860, de un ataque pulmonar.
Tesis doctoral de Shopenhauer
La cuádruple raíz del principio de razón suficiente
Schopenhauer escribe su tesis doctoral bajo la influencia de Kant. El mundo de la experiencia es el mundo de los fenómenos: es objeto para el sujeto. En función de
esto se constituye el mundo de nuestras representaciones mentales (o ideas). Pero ningún objeto se nos presenta en completo estado de aislamiento e independencia. Es
decir, todas nuestras representaciones mentales están en relación o conexión con otras representaciones. Pero, tiene que existir una razón suficiente para que se dé tal relación o conexión. De manera que el principio general por el que se rige el conocimiento del objeto o de los fenómenos es el principio de razón suficiente.
Para enunciar en primer lugar el principio de razón suficiente, Schopenhauer escoge
la formulación wolffiana como la más general: Nada es sin una razón para que sea más bien que para que no sea. Pero Schopenhauer avanza hasta descubrir cuatro tipos principales de objetos y cuatro tipos principales de relación o conexión. Llega a la conclusión de que existen cuatro tipos fundamentales del principio de razón suficiente y que dicho principio, considerado en su enunciación general, es una abstracción de los mismos. De aquí proviene el título de su tesis Cuádruple raíz del principio de razón suficiente.
A continuación ejemplificaremos su teoría en cuadro :
http://beta.archivosbackup.com/showfile-20278/schopenhauer.bmp
Su posición general está fundamentada en la de Kant. El mundo es fenoménico, objeto para un sujeto.
Conviene destacar el hecho de que el principio de razón suficiente sólo es válido en la esfera de los fenómenos, esfera de objetos que lo son para un sujeto; no alcanza el ámbito del noúmeno, realidad metafenoménica. Tampoco es aplicable al mundo de los fenómenos considerado como totalidad; pues dirige las relaciones entre fenómenos. De aquí que ningún argumento cosmológico para demostrar la existencia de Dios sea válido si es un argumento que, partiendo del mundo como totalidad, llegue a Dios como causa, o como razón suficiente, de los fenómenos. Schopenhauer está en esto otra vez más de acuerdo con Kant, aunque, desde luego, no es un seguidor de Kant en cuanto a la proposición de creer en Dios como asunto de fe práctica o moral.
El mundo como voluntad y representación
Si partimos de la afirmación Kantiana: “el mundo es mi representación”, mi cuerpo también tendrá que ser mi representación. Esto está claro, pero de aquí hemos de sacar algunas consecuencias. Si es verdad que el mundo existe sólo en cuanto objeto para un sujeto, entonces también es verdad que el sujeto que lo percibe se puede relacionar con el objeto. El mundo como idea o representación comprende tanto lo que percibe (sujeto) como lo percibido(objeto).
Shopenhauer sostiene que todo el conocimiento esta al servicio del cuerpo (voluntad).
El conocimiento es ante todo un instrumento para satisfacer necesidades materiales o físicas, el conocimiento. es el criado del cuerpo. Las necesidades animales son menos complicadas que las del hombre y, por tanto, más fáciles de satisfacer. La percepción basta para ello, sobre todo porque la naturaleza ha dotado a los animales de sus propios medios de defensa y ataque, como las garras del león o el aguijón de la avispa. Pero, con el desarrollo del organismo, particularmente del cerebro, surge el correspondiente desarrollo de necesidades y deseos; y para satisfacerlos se requiere un mayor conocimiento. En el hombre aparece la razón que le capacita para descubrir nuevos medios para cubrir necesidades, puede inventar herramientas, etc.
Por este motivo la función de la razón es fundamentalmente biológica. Por así decirlo, la naturaleza la utiliza como instrumento para satisfacer las necesidades de un organismo más complicado y evolucionado que el del animal. Pero las necesidades en cuestión son necesidades físicas. A la razón le corresponde primariamente atender las necesidades de nutrición y reproducción, y las necesidades corporales del individuo y de la especie. De esto se deduce que la razón no está capacitada para rasgar el velo de los fenómenos y tocar la realidad subyacente, el noúmeno. El hombre solo conoce el fenómeno, que es lo aparente, en la filosofía Hindú, esto seria “ el velo de maya”, Shopenhauer conocía a Meyer que era orientalista y lo inicio en la filosofía oriental a la que no abandono, si no hasta el fin de su vida.
Posibilidades metafísicas
Podemos preguntarnos ¿de qué manera es posible la metafísica? Schopenhauer contesta que, aunque el intelecto esté por naturaleza al servicio de la voluntad, en el hombre es capaz de desarrollarse de tal manera que puede alcanzar la objetividad. O sea que, aunque la mente humana sea, en primer lugar, un instrumento que satisface las necesidades corporales, puede desarrollar una especie de energía suplementaria por la que, temporalmente puede liberarse de la servidumbre de los deseos. En estas condiciones, el hombre puede llegar a ser un espectador desinteresado; puede adoptar una actitud contemplativa, como en la contemplación estética y en la filosofía
El mundo como manifestación de la voluntad de la voluntad de vivir
Kant sostenía que la cosa en sí, lo correlativo al fenómeno, no se puede conocer. Schopenhauer nos dice que dicha cosa en sí es voluntad. Cosa en sí significa aquello que existe independientemente de nuestra percepción, es decir, aquello que es, propiamente dicho.
Es una voluntad singular, pues la multiplicidad sólo existe en el mundo espacio-temporal, en el mundo de los fenómenos. Es evidente que sólo puede existir una realidad metafenomenica, es decir, la cosa en sí. En otras palabras el interior del mundo, por así decirlo, es una realidad, mientras que el exterior de éste, o la apariencia de esta realidad, es el mundo empírico que consiste en cosas limitadas.
¿De qué manera llega Schopenhauer a la convicción de que la cosa en sí es voluntad? Para comprender la realidad se impone una introspección, ya que la "singular y angosta puerta a la verdad" se halla en la conciencia referida al interior de uno
mismo, es decir, en la percepción dirigida hacia el interior. A través de esta conciencia interior llego a saber que la acción corporal, de la que se afirma que es el resultado de la
volición, no es algo distinto de la volición, sino que es la volición misma. Ello significa que la acción corporal es simplemente voluntad objetivada: es la voluntad, que se hizo
idea o representación. En efecto, el cuerpo entero, de hecho, no es más que voluntad-objetivada, voluntad en forma de representación en la conciencia. Según Schopenhauer,
esto lo puede comprender cualquiera si penetra en su propia conciencia.
Schopenhauer ve la manifestación de una voluntad individual en el impulso por el que el imán se dirige al polo norte, en los fenómenos de atracción y repulsión, en la gravitación, en el instinto animal, en el deseo humano, etc. Hacia donde quiera que dirija su mirada, bien sea hacia el mundo inorgánico o bien hacia el orgánico, descubre siempre una confirmación empírica de la conclusión de que los fenómenos constituyen la apariencia de una precisa voluntad metafísica.
Pero surge la siguiente pregunta: Si la cosa en sí se manifiesta en fenómenos tan diversos como la energía universal de la naturaleza, la fuerza de la gravedad y la volición humana, ¿por qué llamarla "voluntad"? ¿"Fuerza o energía" no serían términos más apropiados, teniendo en cuenta que la "voluntad", considerada en sí misma, "no está dotada de conocimiento y es sólo un mero impulso ciego e incesante, una infinita carrera”. La "voluntad", aparte de ser impulso ciego, esfuerzo infinito, devenir eterno, etc., es también voluntad de vivir. En efecto, para Schopenhauer, la "voluntad" y la "voluntad de vivir" se identifican. La realidad empírica es la objetivación o manifestación de la "voluntad" metafísica y, por ello, expresa de manera necesaria la "voluntad de vivir", Schopenhauer pone múltiples ejemplos. Sólo tenemos que mirar la naturaleza y considerar la vida de las especies animales los pájaros construyen sus nidos para las crías que aún no conocen. Los insectos depositan sus huevos donde la larva pueda sobrevivir. Toda la gama de instintos animales manifiesta la omnipresencia de la voluntad de vivir. Si consideramos la infatigable actividad de las abejas, y nos preguntamos a qué conduce y qué resultados se siguen de ella, sólo podemos responder que a la "satisfacción del hambre y del instinto sexual",es decir, la supervivencia de la especie. Y, si consideramos el hombre, su industria y sus negocios, sus inventos y su técnica, entonces tenemos que admitir que todo este esfuerzo sirve exclusivamente para sustentar una serie de individuos a lo largo de su breve existencia, proporcionándoles un poco más de comodidades, y con ello contribuir a la conservación de la especie.
Pesimismo metafísico
Ahora bien, si la voluntad es esfuerzo infinito, un impulso ilimitado, no puede alcanzar nunca la satisfacción o un estado de tranquilidad. Su esfuerzo es continuo pero nunca alcanza nada. Esta característica esencia de la voluntad metafísica se refleja en su autoobjetivación, sobre todo en la vida humana. El hombre busca una satisfacción, la felicidad, pero no la alcanza. Lo que llamamos felicidad o goce no es más que el cese temporal del deseo. El deseo, como expresión de necesidad, sentimiento de privación, es una forma de dolor. Por ello la felicidad es "la liberación del dolor, la superación de la necesidad"; es "real y esencialmente negativa, y en ningún caso positiva". No tarda en transformarse en aburrimiento y, entonces, el deseo de satisfacción resurge de modo natural. Este aburrimiento reduce el amor más apasionado a simple necesidad de compañía. Otro ejemplo seria, que si se suprimieran las guerras y se satisfacieran todas las necesidades materiales de los hombres, el resultado seria aburrimiento que retornaría en conflicto.
Cada cosa individual, como objetivación de una única voluntad de vivir, se esfuerza por afirmar su propia existencia a expensas de las demás cosas. Éste es el motivo por el que el mundo es conflictivo. Tales conflictos manifiestan la naturaleza de la voluntad contradiciéndose a sí misma, como una voluntad torturada. Schopenhauer encontró ejemplos de esta clase, conflictos, incluso en el reino mineral. Pero es propiamente en la esfera orgánica y humana donde halla las confirmaciones más palpables. Insiste en la forma en que los animales de una misma especie se devoran unos a otros. Y, al conceptuar a los hombres, estos son: "La fuente principal de los peores males que afligen al hombre es el hombre mismo”. Un hombre es siempre la causa . La guerra, la crueldad, la explotación en las fábricas, la esclavitud y los abusos sociales son, por supuesto, el mejor apoyo de la doctrina de Schopenhauer.
El pesimismo de Schopenhauer es metafísico en el sentido de que se presenta como una consecuencia de la naturaleza de la voluntad metafísica. El filósofo no se ocupa solamente en la consideración del hecho empírico de la existencia de una gran masa de mal y sufrimiento en el mundo, sino que investiga, sobre todo, sus causas.
Derecho y Estado
La codicia, el egoísmo y la crueldad de los hombres son la única justificación del Estado. En cuanto a esto, dejemos hablar a Shopenhauer: “(...)Los salvajes se devoran los unos a los otros y los mansos se engañan mutuamente; "curso del mundo" se denomina a eso. Los Estados con toda su artificiosa maquinaria dirigida hacia fuera y hacia dentro y con sus medios de fuerza, ¿qué son sino precauciones tornadas para poner límites a la ilimitada injusticia de los humanos? ¿Es que no vemos en toda la historia que cada rey, tan pronto como su posición es firme y su país disfruta de alguna prosperidad, se sirve de ella para lanzarse con su ejército como con una banda de ladrones sobre los Estados vecinos? ¿Es que no son casi todas las guerras en el fondo expediciones de rapiña?(...)” (Edición coleccionable, Op. Cit, Nº 04, Pág. 08)
El Estado, lejos de ser una manifestación del orden divino, es sencillamente un producto de un egoísmo lúcido que intenta hacer un poco más tolerable el mundo.
La voluntad en el hombre es, ante todo un constante afán de vivir, un perpetuo deseo de satisfacer los apetitos vitales. Este afán convierte a la voluntad individual en egoísmo. Por este egoísmo se hace necesaria la protección de cada cual frente a toda posible injusticia. Nacen entonces el Derecho y el Estado, no como manifestaciones de la
justicia, sino como un instrumento contra las consecuencias del egoísmo humano,
pues si el terror de la pena impide la injusticia, su móvil no es la defensa de lo
justo, como ejemplo: “(...) Si reinase la justicia bastaría con haber construido nuestra casa y no se necesitaría otra protección que la del derecho público de propiedad. Pero como lo que está a la orden del día es la injusticia, se exige que quien ha construido su casa esté también en condiciones de protegerla; de lo contrario, es incompleto su derecho a ella y el agresor tiene derecho a la fuerza bruta. Esa es la norma por la que se han regido los Estados Unidos de Norteamérica para lanzarse sobre México.(...)”(Ibidem)
La contemplación estética como liberación de la esclavitud de la voluntad
Para Schopenhauer, la raíz de todo mal reside en la esclavitud de la voluntad, esclavitud dependiente de la voluntad de vivir. Ya se ha mencionado su reivindicación del intelecto humano al que concede la capacidad de sobrepasar el nivel de desarrollo preciso para satisfacer las necesidades físicas. Éste produce aparte de la energía que se requiere para cumplir su función primaria y práctica, una energía suplementaria por la que el hombre puede escapar tanto a la inútil vivencia del deseo y el esfuerzo, como a la egoísta autoafirmacáón y sus conflictos.
Schopenhauer propone dos caminos para liberarnos de la esclavitud a que nos somete la voluntad. Uno es temporal y otro más duradero. El primero es el de la contemplación estética, el arte, y el segundo es el ascetismo, verdadera vía de salvación. Nos ocuparemos, en primer lugar, del camino que nos libera a través del arte.
El hombre, dedicado a la contemplación estética, llega a ser un observador desinteresado. Obviamente, la contemplación estética excluye el interés. Cuando, por ejemplo, yo veo una cosa hermosa como objeto de deseo o como estímulo de un deseo, mi punto de vista no es, ciertamente, el de la contemplación estética; soy un espectador "interesado". De hecho, soy un instrumento de la voluntad, o estoy a su servicio. Sin embargo, puedo perfectamente no considerar un objeto hermoso ni como objeto de deseo en sí mismo ni como estímulo, y admirarlo únicamente por el significado estético que pueda tener. En tal caso soy un espectador desinteresado, y, al menos entonces, me libero de la esclavitud de la voluntad.
Puede decirse, por ejemplo, que quien contempla la espectacular grandeza de una tormenta sobre el mar desde una pequeña embarcación, está contemplando lo sublime si fija su atención en la grandeza de la escena y la fuerza de los elementos de la naturaleza. El hombre se libera temporalmente de la esclavitud de la voluntad al contemplar lo bello o lo sublime. Su espíritu goza de un descanso al no ser un mero instrumento de satisfacción de un deseo, porque adopta una actitud puramente objetiva y desinteresada.
Virtud y renuncia: el camino de la salvación
La contemplación estética no ofrece más que una liberación temporal de la esclavitud de la voluntad. Schopenhauer, sin embargo, revela una liberación duradera; y ésta se consigue renunciando a la voluntad que nos induce a vivir. Sin duda alguna, el progreso moral tiene que adoptar esta forma si es posible la moralidad. Todo el mal del mundo, según Schopenhauer, emana de la voluntad de vivir, de sus manifestaciones de egoísmo, de autoafirmación, de odio y de conflictos. "En el corazón de cada uno de nosotros reside una mala bestia al acecho de oportunidades para saciar sus instintos voraces atacando a los demás y que, si no la evitamos, nos descuartiza." Esta bestia salvaje, este mal radical, es la expresión directa de la voluntad de vivir. De aquí deduce Schopenhauer que la moralidad, si es posible, tiene forzosamente que implicar un re chazo de dicha voluntad, y, considerando que el hombre es una objetivación de la voluntad, rechazar ésta significa negarse a sí mismo; significa ascetismo y mortificación.
Si la existencia o la vida misma es un crimen y que la moralidad, si existiera, se podría expresar únicamente rechazando la voluntad de vivir, apartándose de la vida. Parece ser que sólo hay una conclusión posible: el máximo acto moral es el suicidio. Pero, según Schopenhauer, el suicidio no es más que un acto de sumisión a la voluntad, de ningún modo su negación. Esto lo justifica diciendo que el hombre comete suicidio sólo a fin de liberarse de males y que si pudiera escaparse de esos males que le acosan, sin recurrir al suicidio, lo haría gustosamente. Por esta razón, el suicidio, paradójicamente, es la expresión de una concesión hecha a la voluntad de vivir. En consecuencia, la negación y la renuncia a vivir han de adoptar una forma que no sea el suicidio.
Shopenhauer la encuentra: la individualidad es fenoménica. El noúmeno es uno; una pluralidad de individuos sólo existe para el sujeto fenoménico. El hombre puede desde un principio romper la ilusión de la individualidad y llegar así a poner a los demás a su mismo nivel y no dañarles. Este hombre sería justo y no aquel que, dentro del velo de Maya, se afirma a sí mismo excluyendo a los demás. Esto tiene que ver con la noción Budista del Nirvana, donde cada ser vuelve a la identificación con el todo y suprime su individualidad.
Aún se puede ir más lejos. Un hombre puede penetrar el velo de Maya hasta llegar a ver que todos los individuos en realidad sólo son uno, pues todos ellos son fenómenos de una voluntad única e indivisible. Entonces nos encontramos en el nivel ético de la simpatía. Tenemos entonces bondad o virtud que se caracterizan por el amor desinteresado a los demás. La bondad verdadera no consiste, como creyó Kant, en la obediencia al imperativo categórico, exclusivamente por cumplir con el deber. La bondad verdadera es amor, ágape o caritas, a diferencia del eros que está dirigido hacia sí mismo. Amor es simpatía. "Todo amor verdadero y puro es simpatía y cualquier amor que no sea simpatía es egoísmo. Eros es egoísmo; ágape es simpatía".
En la voluntad, y a través de la misma, el hombre puede llegar a un conocimiento tan claro de sí, que le lleve a sentir horror de sí mismo y a negarse a sí mismo. La verdad humana deja de sentirse en relación con las cosas y el hombre marcha por el camino del ascetismo y la santidad.
Bibliografía
· Shopenhauer, A.“Fragmento sobre la historia de la filosofía”, editorial Aguilar, Bs. As, 1966.
· Shopenhauer, A.“EL mundo como voluntad y representación”,editorial Porrúa, México,1997.
· Shopenhauer, A “Voluntad en la naturaleza”, editorial Bureau, Bs. As, 2001.
· Edición coleccionable, “pensamientos” Nº 04,05,08, revista Ñ, Bs. As, 2006.
· Ferrater Mora, J.“Diccionario de Filosofía”, Bs As, Sudamericana,1965.
· “Arthur Schopenhauer.” Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Profesora de Filosofía Escaño Mariela Alicia
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