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La Estructura de Clases en la Sociedad Avanzada - Athony Gid

Registrate y eliminá la publicidad! 2. Capitalismo y desarrollo capitalista El modelo abstracto de Marx o modelo "puro" del capitalismo se expone principalmente en el primer volumen de El capital, en donde compara su método con el de un médico que observara el fenómeno que desea analizar "en su forma más típica y más libre de cualquier influencia perturbadora". Para ello considera el caso de Inglaterra como principal punto de referencia: porque Inglaterra es el "terreno clásico" del capitalismo (13) Pero si bien el desarrollo británico proporciona los fundamentos de su análisis, intenta utilizarlo para establecer un tratamiento abstracto de los principios genéricos del modo de producción capitalista, "despreciando" todos los factores históricos, específicos que "ocultan el juego" del "mecanismo interno" del capitalismo. El modelo abstracto del capitalismo de Marx parte de un difícil problema de la teoría económica -que, al menos así le parece, estaba completamente enmascarado en la teoría ortodoxa de la economía política. Se trata del problema del origen de la plusvalía. Dado el hecho de que la esencia del capitalismo se expresa en la relación de clases entre el capital y el trabajo asalariado, en virtud de la cual la clase obrera debe vender su fuerza de trabajo a la burguesía a cambio de sus medios de subsistencia, se deduce de los supuestos del modelo abstracto de clases de Marx que esta relación debe basarse en la apropiación de plusvalía por la clase capitalista. En formas anteriores del sistema de clases, el móvil explotador de las relaciones de clase es fácil de discernir: una determinada cantidad de producto es entregada, por ejemplo, por un vasallo a su señor. Pero el capitalismo, como destaca la economía política ortodoxa, ha "liberado" a los hombres de la sumisión a tales intercambios injustos. En el mercado capitalista, la obtención de plusvalía no hay que buscarla en la extracción directa del producto, a través de la apropiación forzosa o consuetudinaria del trabajo asalariado: el trabajo se "compra y vende según su valor" en el mercado, como cualquier otra mercancía. Al resolver este "enigma" de la producción capitalista, Marx establece una clara conexión entre ciertas características esenciales de la situación de clase del trabajador asalariado y las exigencias estructurales del mercado capitalista. El capitalismo presupone lo que Marx llama una separación entre "el individuo personal y el individuo de clase". (14) La "liberación" de los hombres de las obligaciones inherentes al feudalismo ha creado un nuevo tipo de dependencia de clase, en la que el carácter "económico" del trabajador se ve amputado o alienado de su carácter de ser humano integral. En el capitalismo, el trabajo se considera lo mismo que cualquier otra mercancía, como un producto que se compra y vende en el mercado. Pero lo que el trabajador vende, de hecho, es su fuerza de trabajo, una capacidad económica, que puede cuantificarse y fijarse según un patrón monetario común a los productos materiales de su trabajo. La plusvalía se explica por referencia al hecho de que, como la fuerza de trabajo del obrero es una mercancía, su "costo de producción" puede calcularse exactamente igual que el de cualquier otra mercancía. Este se obtiene por el costo de proporcionar al trabajador los suficientes ingresos como para "producir y reproducirse a sí mismo": la diferencia entre esto y el valor total credo por el obrero es el orden de la plusvalía. La constitución del trabajo en "puro valor de cambio" es así inherente al funcionamiento del capitalismo. Este, a su vez, presupone la separación del hombre "económico" del hombre "político". El capitalismo descansa en la "reciprocidad negativa" de la economía y de la política: la dominación de la burguesía como clase se asegura mediante las libertades políticas que 1) liberan el mercado de la influencia o control político, estableciendo una oposición entre las apetencias egoístas (la búsqueda del beneficio) en la esfera económica, y la "participación universal" ofrecida en la esfera de la política; 2) permiten a los hombres, por tanto, disponer de sí mismos en el mercado como agentes "libres" (por contraste con su situación en el feudalismo, en el cual los hombres se veían atados por obligaciones que trascienden las consideraciones de mercado). El Estado capitalista de esta forma no es solamente un órgano que coordina y hace cumplir los contratos de los que depende el capitalismo: la misma existencia del Estado y de la política (en el sentido que le daba Marx) se fundamenta en las más íntimas condiciones de la producción capitalista. La relación entre capital y trabajo asalariado, como se ha expuesto más arriba, implica, pues, la creación de un mercado libre competitivo tanto en el capital como en el trabajo. En El capital, Marx se propone la tarea de definir las "leyes" por las que este sistema se modifica desde dentro y preparan finalmente las condiciones para su superación por el socialismo. Existen, en el modelo abstracto, dos procesos de especial importancia: 1) la incipiente socialización de las fuerzas del mercado, que se manifiesta sobre todo en el crecimiento de las sociedades anónimas -"capitalismo sin capitalistas"-, y 2) la polarización de las clases, el capital y el trabajo asalariado. Se trata más bien de procesos relacionados que de unos procesos totalmente independientes, puesto que ambos se originan por la "lógica interna" de la tendencia del desarrollo del sistema capitalista. El primero, por supuesto, es fundamental, porque supone una transformación de los mismos principios en los que se basa el capitalismo. El capitalismo descansa, sobre todo, en la persecución individualista del beneficio en el mercado libre, por lo cual la producción va unida a la inversión del capital. El mercado capitalista es "anárquico" en el sentido de que no existe una organización social que medie entre la producción y el consumo. En la comunidad feudal -como en cualquier economía tradicional- la producción se subordina a las necesidades conocidas de la localidad. Pero este lazo se rompe con la llegada del mucho más extenso y complejo sistema de intercambio de mercancías que constituye el mercado capitalista. Según Marx, la dislocación entre la producción y el consumo es la causa de las crisis endémicas del capitalismo. En el capitalismo es posible, por primera vez en la historia humana, un considerable volumen de sobreproducción -"sobreproducción", claro está, que no está necesariamente en función de las necesidades reales, sino de la capacidad de los consumidores para adquirir las mercancías en cuestión. La ocurrencia de crisis y los hundimientos de negocios que éstas provocan, proporcionan un impulso importante hacia la concentración y la centralización del capital como se manifiesta, por una parte, en el crecimiento de las grandes firmas a expensas de empresas más pequeñas y, por otra, en el nacimiento de Bancos estatales, entidades de crédito, etc. La relevancia de las sociedades anónimas se debe a que proporcionan una demostración palpable de que la industria moderna puede funcionar sin la intervención directa de la propiedad privada. Las sociedades anónimas, de ese modo, como "desarrollo final de la producción capitalista", llevan a efecto "la abolición del modo de producción capitalista dentro del propio modo de producción capitalista". (15) Esto no es el "socialismo", porque las sociedades anónimas funcionan aún dentro del marco general del mercado capitalista; pero no obstante representan el surgimiento de un conjunto de relaciones de producción totalmente distintas de aquellas que caracterizaban la estructura original del capitalismo. Como consecuencia de su propio funcionamiento, por tanto, el capitalismo se transforma a sí mismo "desde adentro". Se ve equilibrado así por el movimiento hacia un nuevo tipo de orden económico y social: pero esto sólo se puede llevar a cabo por la acción revolucionaria de la clase obrera. En el modelo abstracto de capitalismo, el desarrollo del potencial revolucionario de la clase obrera está ligado a tres aspectos de la polarización de clases: a) la desaparición de aquellas clases y segmentos de clases que "complican" el sistema principal dicotómico de clases compuesto por el capital y el trabajo asalariado; b) la progresiva eliminación de sectores diversificados dentro de la propia clase obrera; c) la creciente disparidad entre la riqueza material del capital y la del trabajo asalariado (Verelendung : traducido habitualmente por "pauperización". El primero de estos aspectos es, en cierto modo, asumido ya por el modelo abstracto, al menos por lo que se refiere a las "clases de transición" que permanecen como un residuo del feudalismo. Estas se ven destruidas con la llegada del capitalismo a su madurez, que vorazmente se traga todos los vestigios que quedan de la forma tradicional de sociedad. Pero el avance del capitalismo conduce también a la eliminación de la "subclase" de la pequeña burguesía, que se "hunde en el proletariado". La cada vez mayor homogeneidad interna de la clase obrera se deriva, según Marx, principalmente de la tendencia a la mecanización estimulada por el constante impulso hacia cambios tecnológicos que genera el capitalismo. El principal fenómeno es la desaparición del trabajo especializado; la tarea del trabajador especializado es asumida por la máquina y todo trabajo se ve reducido a operaciones sencillas y repetitivas. Las opiniones de Marx sobre la tercera serie de factores -la llamada "tesis de la pauperización"- son especialmente difíciles de valorar. ¿Creía Marx que el capitalismo tiende a crear un empeoramiento absoluto en los niveles materiales de vida de los asalariados, o sostenía que el capitalismo crea una relativa disparidad entre las retribuciones que corresponden al trabajo y las que corresponden al capital? Afirmaciones palpablemente contradictorias se pueden encontrar con relativa facilidad en Marx. Así en El capital habla lisa y llanamente de la "acumulación de riqueza que se crea en uno de los polos" de la sociedad capitalista, en comparación con la "acumulación de miseria" en el otro "polo". (16) En "Trabajo Asalariado y Capital", por otra parte, parece entender este contraste como una cuestión relativa: orción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más incómodo, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes. »(17) En realidad, la confusión sobre esta cuestión se deriva menos de los textos de Marx que de algunos de sus intérpretes posteriores, que no han distinguido adecuadamente entre el estudio que Marx hace del "precio del trabajo" y su análisis de la "población excedente relativa", el "ejército de reserva" de los trabajadores crónicamente desempleados. Es evidente en los presupuestos de la teoría general económica del capitalismo de Marx que, si bien pueden existir fluctuaciones en las ganancias del trabajo, estas ganancias nunca pueden alejarse demasiado del nivel que establece el teorema de que el trabajo se compra y vende "según su valor": los salarios del trabajo no pueden sobrepasar las condiciones que proporcionan la subsistencia básica del trabajador. El aumento del "ejército de reserva" está relacionado con esto, dado que este conjunto de mano de obra desempleada constituye un recurso permanente que los patronos pueden utilizar para disminuir los aumentos salariales del trabajador en épocas de prosperidad económica. Es el ejército de reserva el que representa el foco principal de la pobreza absoluta y de la privación que crea el capitalismo. La distinción es importante porque, según Marx, no es el indigente crónico el que constituye el origen del impulso hacia la acción revolucionaria de la clase obrera. Por el contrario, los elementos más castigados por la pobreza en la sociedad observan una tendencia a adoptar actitudes reaccionarias y son susceptibles de ser manipulados por los intereses conservadores. El empeoramiento de la situación relativa del grueso de la clase obrera, por otra parte, junto con los aspectos de la "polarización" discutidos anteriormente, proporcionan la combinación de circunstancias que promueven el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado. Sin embargo, otros factores, endémicos también al modo de producción capitalista, facilitan la formación de la conciencia de clase. Entre éstos se incluyen la concentración de la clase obrera en las zonas urbanas y la creación de unidades productivas en gran escala, que proporcionan a los hombres una rápida percepción de su situación común (18) -una percepción que se clarifica también por las súbitas privaciones que se experimentan en las crisis periódicas que sufre el capitalismo. Pero la "conciencia de clase" sólo es importante cuando adopta una forma organizada y, más específicamente, una forma política. El propio carácter de la democracia burguesa, con su esfera rigurosamente delimitada de lo "político", posibilita unas formas de unión y de organización partidista que permiten plantear las reivindicaciones revolucionarias de la clase obrera. Constituye un error considerar los principios establecidos por Marx en su modelo abstracto de desarrollo capitalista, como se hace con frecuencia, como "predicciones" sobre el futuro próximo de las sociedades capitalistas históricas. Las "leyes" que, según Marx, "funcionan con férrea necesidad hacia unos resultados inevitables" representan propiedades tendenciales intrínsecas a los mecanismos más profundos del modo de producción capitalista; pero esas "leyes" son, según sus palabras, "como todas las demás leyes, modificadas en (su) funcionamiento por muchas circunstancias". (19) Dicho de otra manera, una comprensión teórica de las características estructurales del mercado capitalista debe complementarse con estudios históricos de las características específicas de las sociedades concretas. Esto incluye a Inglaterra, sobre la que se basa el modelo abstracto; pero muchos de los escritos de carácter más histórico de Marx se refieren a los casos de Alemania y Francia. La fuente inicial de las opiniones de Marx se encuentra, desde luego, en su temprana valoración del "retraso" del desarrollo social alemán. Alemania experimentó lo que constituyó, en cierto sentido, la primera "revolución" de los tiempos modernos -la Reforma-, pero fue una revolución confinada a la esfera de las ideas y de este modo preparó el camino para lo que Marx consideró como tendencia característicamente alemana a separar el campo de lo espiritual del de lo material. Los logros culturales de Alemania, que contrastan radicalmente con su bajo nivel de desarrollo económico y político, demuestran esa afirmación. Bajo la influencia de los jóvenes hegelianos, Marx trató de resolver esta contradicción mediante una crítica racional, a la manera de David Strauss y Bruno Bauer. Pero los acontecimientos que le obligaron a exiliarse en Inglaterra contribuyeron también a poner de manifiesto la necesidad de estudiar la "dinámica interna" del capitalismo que se encontraba más desarrollada en este último país. Mientras que en Inglaterra, como en Francia, la burguesía había empezado ya a ser una fuerza ascendente, en Alemania, en la primera parte del siglo XIX, "apenas había empezado su confrontación con el absolutismo feudal". Por lo que el objetivo principal, en Alemania, era apoyar a la sociedad burguesa, para que llevara a cabo el desplazamiento del "gobierno absoluto", con su "séquito de clérigos, profesores, señores feudales y funcionarios". (20) Los contrastes entre esta situación y las condiciones existentes en Inglaterra y Francia dieron lugar a formas diferentes de Estado capitalista. Los distintos estudios de Marx sobre estas condiciones, a nivel histórico, contienen dos nociones parcialmente independientes sobre el cúmulo de circunstancias que pueden originar la transformación revolucionaria del capitalismo. Una aparece en sus escritos, bajo formas ligeramente diferentes, al principio y al final de su carrera. Es la tesis de que el sometimiento de un país socialmente atrasado a la influencia de una tecnología industrial avanzada puede crear una conjunción explosiva de acontecimientos que produzca una "etapa burguesa" de la sociedad muy pasajera, a la que rápidamente siga una revolución capitalista. Tal curso de acontecimientos es precisamente lo que Marx pronosticaba para Alemania en 1848. Pero una conjunción explosiva de circunstancias potencialmente similar reapareció décadas más tarde en Rusia -aunque en este caso Marx parece ser que había pensado que, siempre que una revolución rusa fuera la señal para una serie de revoluciones socialistas en los países industrialmente desarrollados de Europa Occidental, podía ser posible en Rusia, debido a la supervivencia de la propiedad comunal en los mir, pasase directamente a una revolución socialista con éxito sin la intervención de una "etapa burguesa". Como quiera que sea, tanto en el caso de Alemania como en el de Rusia, no son las contradicciones internas del capitalismo las que generaron el impulso hacia un cambio revolucionario, sino más bien las contradicciones a que dan lugar un enfrentamiento relativamente súbito entre lo "tradicional" y lo "moderno". Cuando existe un proceso de cambio revolucionario en un país muy "atrasado", éste estimula la expansión de la revolución a las sociedades más avanzadas, cuya influencia puede repercutir de nuevo sobre el primero. La segunda versión de la teoría del cambio revolucionario es la que se desprende directamente del modelo abstracto de desarrollo capitalista elaborado en El capital. En este caso, por razones ya indicadas anteriormente -esto es, la aglomeración del proletariado en zonas urbanas, la creación de condiciones homogéneas de trabajo, etcétera- las circunstancias que promueven la revolución se estimula, no por un choque entre lo viejo y lo nuevo, sino por la maduración interna del propio capitalismo. ¿Por qué fue entonces Francia en vez de Inglaterra, la que ocupó la atención de Marx durante la mayor parte de su carrera como el lugar probable de una conflagración revolucionaria? La respuesta dada por Marx es clara, si bien no totalmente convincente a la luz del análisis abstracto de El capital. En Inglaterra, señala Marx, el proceso revolucionario que condujo al derrumbamiento del orden feudal se encontraba relativamente remoto históricamente, y significó la evolución hacia un sistema político "de compromiso" dentro del cual se acomodó la expansión del industrialismo. Francia, por el contrario, había experimentado el cataclismo de la revolución burguesa de 1789 y era la fuente original de la teoría política del socialismo. En Francia, el reciente acontecimiento de la revolución burguesa significaba que la sociedad se encontraba dividida aún en fragmentos diferentes, por lo que el papel de las clases "de transición" era especialmente importante. De aquí que la posición de la burguesía estuviera, desde el principio, amenazada por dificultades especiales y que el proceso de expansión capitalista produjera sus efectos en un proletariado sensibilizado de antemano hacia las posibilidades de la política revolucionaria. El carácter de las relaciones de clase en Francia, al menos en los tres primeros cuartos del siglo XIX, se manifestaba en una especie de desequilibrio, en el que el poder ejecutivo recaía en las manos de Luis Napoleón. Estos factores, por tanto, crearon un sistema socio-político de carácter frágil; como Engels escribió en 1891, "gracias al desarrollo económico y político de Francia desde 1789, la situación en París desde hace cincuenta años ha sido tal que no podía estallar en esta ciudad ninguna revolución que no asumiese enseguida un carácter proletario...". (21) La afirmación de Engels podría revisarse ahora para incluir en ella los ciento treinta últimos años. En los capítulos siguientes, volveré a discutir el desarrollo de la estructura económica y política de Francia; pero mantendré que la explicación de la naturaleza y el curso de este desarrollo, si bien debe empezar en los mismos factores históricos de los que se ocupó Marx, implica romper con algunas de sus ideas generales más fundamentales.
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