‘El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo’…
…cuya edición original en inglés se llama ‘The Puppet and the Dwarf. The perverse Core of Christianity’...
…es un libro del sociólogo, filósofo, psicoanalista y filólogo esloveno Slavoj Zizek…
…que se ha hecho famoso, entre otras cosas, por su tendencia a ilustrar sus conclusiones con ejemplos extraídos de la cultura popular (especialmente del cine).
Por cierto que al final del texto Zizek cita a Franz Rosenzweig…
…colega de Martin Buber…
…autor de uno de mis libros favoritos, ‘Yo y Tú’, sobre el que podéis encontrar unos cuantos post en Taringa!
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Lo estoy leyendo estos días, y me he encontrado con el párrafo que transcribo abajo.
En él Zizek afirma que detrás del ‘objeto’ de nuestros deseos hay un ‘objeto causa’ del deseo. En sus propias palabras: “algo que, detrás de nosotros, a nuestras espaldas, fuera de nuestro campo de visión, nos impulsa hacia el objeto, lo hace deseable y explica la URGENCIA que sentimos por aproximarnos al OBJETO”.
Y entonces pregunta al final: “¿está uno dispuesto a desear DIRECTAMENTE el ‘objeto causa’ del deseo como tal?”
¿Por qué me parece importante esto?
El propio Zizek, en el texto que transcribo abajo, muestra su aplicación práctica en un caso clínico: una mujer promiscua que regularmente mantiene relaciones de una noche y al mismo tiempo se queja permanentemente de lo culpable y desdichada que se siente por hacerlo.
Además, recuerdo otro caso que leí en uno de los libros de Freud, en el que un hombre de mediana edad, casado, conoce a una mujer por la que comienza a sentirse muy atraído.
Eso le causa un grave conflicto, porque no puede permitirse abandonar a su mujer, su estatus social, etc., por la nueva mujer.
El hombre solicita ayuda al psicoanalista y éste le pide que le hable de ella: el paciente describe su objeto de deseo como una mujer muy dulce, muy amable con todo el mundo -y consecuentemente con él-, vamos, que le da la sensación de que “es tan dulce que jamás podría discutir con ella”.
El médico entonces se da cuenta de que, en vez del objeto de deseo (la mujer), el paciente realmente lo que quiere es algo que está “fuera de su campo de visión, pero que le impulsa hacia esa mujer, la hace deseable y explica la urgencia que siente por aproximarse a ella”.
Parece ser que lo que realmente quería el paciente era una compañera que fuese en todo igual a él, con los mismos gustos, ideas, y que no tuviese ninguna iniciativa propia, para que nunca le llevase la contraria o quisiese algo diferente a lo que quisiera él…
…y dado el carácter dulce y amable de esa mujer, en su fantasía se podía permitir creer que esa mujer era precisamente eso… pero claro, con el miedo permanente a que cualquier situación real lo desmintiese, porque no es posible que haya para nadie una pareja semejante.
Y me pregunto: ¿estaría dispuesto este señor, una vez reconocido su ‘objeto causa’ de deseo (una especie de pareja ‘robot’, totalmente sumisa, sin ninguna iniciativa propia y dependiente de él), a desearlo directamente, como tal? (aparte de que, seguramente, no exista semejante cosa)
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Bueno, aquí está el texto, espero que a alguien le sirva de algo (las palabras en mayúscula están tal cual en el libro).
Slavoj Zizek, ‘El títere y el enano. El núcleo perverso del cristianismo’ [Paidós, 1ª edición 2005, ‘La emocionante aventura de la ortodoxia’, páginas 81-82]:
(…) “Éste es el punto en el cual deberíamos referirnos a la distinción clave entre el objeto de deseo y su objeto causa.
¿Qué debería hacer el analista en el caso de una mujer promiscua que regularmente mantiene relaciones de una noche y al mismo tiempo se queja permanentemente de lo culpable y desdichada que se siente por hacerlo?
Lo que NO se debe hacer es, por supuesto, tratar de convencerla de que las relaciones de una noche son malas, son la causa de sus problemas y la señal de algún trastorno libidinal, pues de ese modo el analista sólo estaría aumentando su síntoma, que se concentra en la (engañosa) insatisfacción que le producen las relaciones de una sola noche.
Vale decir, es evidente que lo que le brinda satisfacción a esa mujer no es la promiscuidad como tal, sino el sentimiento concomitante de sentirse desdichada: en ello estriba su goce “masoquista”.
La estrategia debería consistir, pues, como primera medida, en NO tratar de convencerla de que su promiscuidad es patológica, e intentar convencerla, en cambio, de que su conducta no tiene por qué hacerla sentir mal o culpable: si realmente disfruta de las relaciones de una noche, debería continuar manteniéndolas sin experimentar ningún sentimiento negativo.
La estratagema consiste en que, cuando la mujer pueda ver las relaciones de una noche SIN lo que se presenta como el obstáculo que le impide disfrutarlas –pero que en realidad es el aspecto que le permite disfrutarlas, el único aspecto que le permite disfrutarlas-, tales relaciones perderán su atracción y carecerán de sentido.
¿Y si la mujer continúa manteniendo este tipo de relaciones? Y bien, ¿por qué no? El psicoanálisis no es un catecismo moral: si ésa es su manera de gozar, ¿por qué no habría de practicarla?
Esta brecha entre el objeto y el objeto causa es lo que debe confrontar el sujeto cuando la prohibición desaparece: ¿está uno dispuesto a desear DIRECTAMENTE el obstáculo como tal?
Aquí deberíamos señalar la distinción, propuesta por Franz Rosenzweig, entre “lo más próximo” (der Nächste) y “lo primero” (das Nächste): lo más próximo es el OBJETO atrayente de deseo que está ante nosotros; lo primero es OBJETO CAUSA de deseo, el que, detrás de nosotros, a nuestras espaldas, fuera de nuestro campo de visión, nos impulsa hacia el objeto, lo hace deseable y explica la URGENCIA que sentimos por aproximarnos al OBJETO”.
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Bibliografía:
http://es.wikipedia.org/wiki/Slavoj_%C5%BDi%C5%BEek
http://en.wikipedia.org/wiki/Franz_Rosenzweig
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