Nerthus y Njörðr Nerthus y Njörðr son, por lo que sabemos, los primeros y más antiguos de los Vanes. El significado de su nombre es incierto; de Vries sugiere que podría relacionarse con "fuerza", "el otro mundo/el Norte", o posiblemente un verbo que significa "bailar", indicando los bailes sagrados/extáticos como parte del culto de los vanes ( Wörterbuch, pág. 411). Ellos son la misma deidad; la diferencia en sus nombres sólo se debe al cambio lingüístico de *Nerthuz Proto-germánico a Njörðr Nórdico Antiguo. Sin embargo, cuando Tacitus escribió de Nerthus en el 98 E.C., él la llamó "Madre Tierra", mientras todas nuestras fuentes Nórdicas Antiguas nos dicen que este Njörðr es un dios varonil. Su ser primario pueden haber sido bien como un hermafrodita, o quizás una deidad que podría ser varonil o femenina a voluntad. Sin embargo, es probable que, si esto hubiera sido así, ellos se volvieron pronto un par de gemelos. Los Dioses varón y hembra de madera de puentes y lugares pantanosos de la edad de hierro Céltica y romana ya se han hablado en ese capítulo histórico. Se han comparado a menudo tales pares a Fro Ing y a Frowe, pero su carácter acuoso sugiere, más bien, que ellos pueden haber sido imágenes de Njörðr y Nerthus. Este carácter de terraneidad y acuosidad es la misma raíz del poder de los Vanes. Como se hablará después, Fro Ing y Frowe tienen, respectivamente, mucho de aire y de fuego en sus seres también; como vemos en los cuentos dejados a nosotros, ellos son más activos que sus padres. A Nerthus y Njörðr pertenecen los reinos ocultos debajo de la tierra y las olas - la oscuridad de donde las semillas y los peces crecen, y en que los muertos enterrados. Los Vanes son muy a menudo llamados el "Sabios Vanes" en poesía Eddica, y se decía que predecían el futuro. Una razón para esto puede ser que su reino es el de la tierra de los túmulos funerarios - el vestíbulo silencioso en el que las viejas seeresses moran, en donde todo lo que es y será se guarda y puede conocerse. Del mismo reino también son las aguas profundas en el Pozo del Wyrd: el Pozo y el Hoyo, el agua y la tierra, son dos formas del mismo poder que esconde y alimenta las raíces del Árbol del Mundo en la oscuridad. Esto se se hunde en este reino es, al pasar del tiempo, mostrado más fuertemente; se saben de regalos que se hundían en las aguas del lago o el barro del pantano para haber sido tomadas por los Dioses, así ellos bendecían al que entregaba el regalo. Así es cómo se hizo en el gran hof de Uppsala la Vieja: se pusieron sacrificios en el pozo que estaba ante el gran árbol perenne del hof, y aquéllos que se hundieron así fueron conocidos por haber sido aceptados y mostraron que se contestarían las oraciones dadas con ellos. En la era vikinga, sólo Njörðr era conocido por nombre; pero el siempre informativo Loki nos dice que él había concebido a Freyr y Freyja con su propia hermana (Lokasenna 36). Snorri también menciona en saga de los Ynglinga que los matrimonios entre hermanos eran comunes entre los Vanes, pero no permitido entre los Ases. Si él supo más sobre esta creencia, o simplemente estaba extrapolando las referencias en el Lokasenna de la unión no sólo de Njörðr y su hermana, sino entre Freyr y Freyja, nosotros no podemos saber. La hermana de Njörðr nunca se nombra en ninguna de las fuentes, y no hay ninguna otra referencia a ella. La razón para eso puede ser que solo un nombre era conocido por los dos de ellos, y los cambios de palabra que transformó *Nerthuz en Njörðr también pueden haber dado más distintamente el nombre varonil, para que de la diosa se olvidara y el dios se recordara. Sobre Nerthus, Tacitus nos dice que ella fue adorada por las tribus de Alemania del Norte y sur de Jutland, quien en un capítulo más temprano de Germania él identifica como los "Ingvaeones". La descripción de su culto es muy cercana a la descripción de Gunnars þáttr helmings del culto de Freyr (escrito por lo menos 1200 años después). "En una isla del océano hay un bosquecillo sagrado y en él un carruaje dedicado (a la diosa), cubierto con una vestidura; sólo un sacerdote se permite tocarlo. Él siente la presencia de la Diosa en su urna, y la sigue con gran veneración cuando ella la conduce tirada por vacas. Entonces llegan momentos festivos por aquéllos quienes ella dignifica con su hospitalidad. Ellos no hacen guerra, ellos no alzan brazos; todo el hierro se guarda; entonces, y sólo entonces, paz y quietud es conocido y amado, hasta que ella se sacia con la compañía de humanos y el mismo sacerdote devuelve la diosa a su sagrado recinto. Después de esto, el carruaje y la vestidura y, si usted desea creerlo, la diosa misma, es lavada en un lago secreto. Los esclavos hacen este ministerio y son tragados entonces por el mismo lago: de un terror misterioso y una ignorancia llena de reverencia acerca de lo que eso puede ser qué hombres sólo ven para morirse" (Germania, cap. 40). La diosa alta de madera de Forlæv Nymølle (mencionada en "Edad de Hierro Céltica y romana", yacía en un cairn de piedras con ollas alrededor de ella, puede haber sido semejante a la imagen de Nerthus, descansando en su lugar oculto cuando ella esperaba por la próxima procesión. Así como el carro santo, la procesión en barco también puede haber sido parte del culto de los Vanes. Tacitus clama que los Suebi de alguna forma se las habían arreglado para adoptar el culto extranjero de Isis del que el emblema era una nave; pero más probablemente parece que él estaba imponiendo lo que él supo de su propia cultura a una práctica religiosa germánica nativa. Grimm cita un relato alemán del año 1133 de cómo "una nave fue construida, se puso sobre ruedas, y se llevó sobre el país por hombres que fueron ungidos a ésta, primero a Aachen, luego a Masetricht, donde se agregaron mástil y vela, y al río a Tongres, Looz, y así sucesivamente, por todas partes con muchedumbres de personas congregando y escoltándola. Dónde se detenía, había gritos jubilosos, canciones de triunfo y rondas de bailes mantenidos alrededor de la nave hasta avanzada la noche. El acercamiento de la nave se notificaba a los pueblos que abrieron sus verjas y salieron para encontrársela" (Mitología Teutónica I, pp. 258-59). El autor clerical también hace un comentario sobre "espíritus malignos" viajando dentro de ésta y el carácter generalmente heathen y pecador del evento. Grimm conecta esto con la procesión de Nerthus y agrega que uno de los elementos más significativos del relato es "esto (la procesión de la nave) era absolutamente repugnante al clero, y que ellos intentaron suprimirlo de cualquier forma posible... Por otro lado, el poder secular había autorizado la procesión, y estaba protegiéndola; descansaba en varios municipios, y concedía admisión a la nave acercándose, y el sentimiento popular parecía haber gobernado porque sería maleducado no remitirlo en su camino" (I, pág. 262). El barco de Oseberg, tan decorado como estaba, e impropio de construcción para cualquier agua excepto las bahías relativamente poco profundas y tranquilas y fiordos, también puede haber sido una nave ritual diseñada para hacer la procesión a través de agua, como los carros hicieron en tierra. Es posible que también pudieran guardarse recuerdos de semejante procesión en la descripción de Snorri de cómo la nave de Freyr Skíðblaðnir podría viajar tanto sobre tierra y agua; los comentarios de Simek que "El nombre Skíðblaðnir quiere decir 'ensamblado de pedazos de madera delgada', encajaría bien para una nave de culto que sólo se construyó por la duración de las festividades" (Diccionario de Mitología del Norte, pág. 289). Tacitus también nos dice que la recolección de ámbar de los germanos en la costa oriental del báltico rendía culto a "la madre de los dioses" cuyo emblema era la figura del jabalí salvaje que fue llevado por su gente. Este jabalí "toma lugar de armas y de protección humana, y le asegura al seguidor de la Diosa una mente tranquila incluso entre enemigos" (cáp. 45). Esta misma creencia aparece en Beowulf, donde la cresta de jabalí en el casco protege al guerrero que lo lleva. El jabalí es sagrado para Fro Ing y Frowe; esta referencia sugiere que también sea sagrado para Nerthus. Como la antigua Diosa de la tierra y los pantanos, Nerthus debe, como su hija, haber poseído un collar poderoso o cinto. El palabra njarðgörð, "el cinto de fuerza", aparece en nórdico antiguo y puede relacionarse bien a su nombre; aunque es Þórr que se dice que lo lleva en el poema eskaldico "Þórsdrapa", es probable que Nerthus tenga un cinto semejante propio de ella. Está agradable pensar en su collar y cinto como ser, como los regalos de pantanos de la Edad de Piedra, grandes cuerdas de ámbar crudo. Mientras Nerthus es principalmente una diosa de la tierra, el propio Njörðr parece ser un dios del agua, particularmente el océano. Él es el dios de las naves, marineros y pescadores. Su hogar se llama Nóatún - "el cercamiento de naves", o "puerto". En la historia de su matrimonio infructuoso con Skaði (ver "Skaði", su casa está por las olas y ruidosamente con el sonido de gaviotas. Este cuento también nos dice de cómo Skaði lo escogió por la belleza de sus pies; interesantemente, la huella desnuda es una de las señales que a menudo aparecen en las entalladuras de piedra de la Edad de bronce, la mayoría de las cuales eran fijadas por la costa. Puede haber sido bien un emblema del dios de los tiempos tempranos, quizás como una señal de su fertilidad, como la asociación con la boda sugiere. Hoy, Njörðr también es el dios de los deportes del agua. Retozar en las playas, ríos, lagos, o piscinas, salir en tablas de surf o esquís de agua, y cosas así, serían formas adecuadas de celebrar a esta deidad en los días sagrados. Como su hijo Freyr, y a menudo junto con él, Njörðr sostuvo un lugar muy alto como un dios de ritual y santidad. En saga de los Ynglingas, Snorri dice que los dos fueron fijados como blótgoðar (bendición-godmen) entre los dioses, y que ellos eran Díar entre los Ases. El significado exacto de Díar no es seguro, pero Turville-Petre sugiere que, como Snorri lo usa, él "probablemente implica sacerdotes de un tipo particularmente exaltado" (Mito y Religión, pág. 163). La fórmula de toma de juramentos islandesa registrada en el Landnámabók (cap. de Hauksbók. 270) era "así que me ayúdame Freyr y Njörðr y los Ase todopoderosos (Óðinn o Þórr, aunque Ullr también se ha sugerido - KHG)"; en las fiestas santas, según Snorri ( Hákons saga ins goða, Heimskringla) un brindis especial se bebía a Freyr y Njörðr (ver "Symbel." Turville-Petre también cita la maldición de Egill Skalla-Grímsson contra Eiríkr Hachasangrienta, donde el hechicero llamaba a Freyr y Njörðr, y la declaración más tarde de Egill que Freyr y Njörðr habían bendecido a Arinbjörn con riquezas (Mito y Religión, pág. 162). En Vafþrúðnismál 38, Óðinn menciona que Njörðr tiene innumerables y altares hofs, aunque él no nació entre los Ases; y Grímnismál dice que Njörðr gobierna un altar de maderas altas en Nóatún." La evidencia de nombres de lugares apoya esto también; hay varios del tipo " vé de Njörðr"; también "el bosquecillo de Njörðr", "el hof de Njörðr", "la bahía de Njörðr", y "la isla de Njörðr" (Mito y Religión, pág. 163). A diferncia de Freyr, Njörðr no lucha en la última batalla; Vafþrúðnismál 39 nos dice que en el Ragnarök, Njörðr "vendrá a casa de nuevo entre los sabios Vanes". Los colores asociados con Nerthus y Njörðr en tiempos modernos son castaños (Nerthus), azul oscuro (Njörðr), negro (ambos), y verde oscuro (ambos). El ave sagrada de Njörðr, y quizás Nerthus también, es probablemente la gaviota. Las bestias sagradas de Nerthus son el jabalí (como es arriba expresado) y el ganado; Tacitus menciona que su carro es arrastrado por bueyes. Como la más nutriente de las bestias, la vaca encaja claramente a ella. También es posible que pudiera haber algún lazo entre los Dioses vanes y la vaca Audhumbla de cuyo destino después de la muerte de Ymir nada se sabe. No hay ningún animal asociado con Njörðr en fuentes tradicionales. Sin embargo, puede pensarse que los mamíferos que pueden vivir tanto en el mar y la tierra, como focas y morsas, son los más dignos a él. El azabache es la piedra que se cree como la gema de Nerthus, el malachite verde es de Njörðr. Ámbar, el regalo del mar y la tierra, va bien con los dos de ellos. Como hablado anteriormente, la huella desnuda es la señal de Njörðr. No hay ninguna señal tradicional de Nerthus, aunque el cinto o círculo de soga podría pensarse que encaja con ella. Las Walkirias Las asistentes especiales de Odín, las valkirias o mujeres guerreras, eran o bien sus hijas, como es el caso de Brunnhild (Brunhilde o Brunilda), o descendientes de reyes mortales, mujeres que tenían el privilegio de permanecer inmortales e invulnerables mientras obedecieran implícitamente a los dioses y permanecieran vírgenes. Ellas y sus caballos eran las personificaciones de las nubes, y sus relucientes armas las de los relámpagos. Los antiguos imaginaban que descendían en picado a la orden de Valfather, para escoger entre los caídos en batalla a los héroes dignos de disfrutar de los placeres del Valhalla y lo suficientemente valientes como para prestar ayuda a los dioses cuando la Gran Batalla tuviera lugar. Estas doncellas eran representadas como jóvenes y bellas, con brazos resplandecientemente blancos y cabellos dorados y sueltos. Vestían cascos de plata o de oro y corseletes rojos como la sangre y, portando lanzas y escudos resplandecientes, cargaban audazmente a través del fragor de la batalla sobre sus briosos corceles blancos. Estos caballos galopaban a través de los dominios del aire y sobre el palpitante Bifröst, llevando no sólo a sus hermosas jinetes, sino también a los héroes caídos que, tras haber recibido el beso de la muerte de las valkirias, eran transportados inmediatamente al Valhalla. Ya que los corceles de las valkirias eran las personificaciones de las nubes, era natural pensar que el blanco hielo y el rocía caían sobre la tierra desde sus brillantes crines mientras surcaban el aire velozmente de acá para allá. Consiguientemente, eran muy venerados y respetados, ya que la gente atribuía su influencia benéfica a gran parte de la fertilidad de la tierra, la armonía de los valles y las montañas, el esplendor de los pinos y el sustento de las praderas. La misión de las valkirias no sólo se limitaba a los campos de batalla sobre la tierra, pues a menudo también cabalgaban sobre el mar, asiendo a los vikingos muertos en los buques de guerra que se hundían. A veces esperaban en la costa y les atraían hasta allí, una advertencia infalible de que la batalla que se aproximaba sería su última lucha, la cual era recibida con gozo por todo héroe nórdico. Su Número y Obligaciones. El número de las valkirias difiere mucho según los diferentes mitólogos, fluctuando de tres hasta dieciséis, aunque la mayoría de las autoridades en la materia, sin embargo, citan sólo a nueve. Las valkirias eran consideradas como divinidades del aire. También se las llamaba doncellas de los deseos. Se decía que Freya y Skuld las encabezaban a menudo hacia la batalla. Vio a las valkirias, de lejos venidas, dispuestas a entrarle al pueblo de godos(héroes guerreros) Skuld con su escudo, la segunda Skogul, Gunn, Hild, Gondul y Geirskogul. Ya dichas están las doncellas de Herian(Odín) dispuestas a entrarle, valkirias, al mundo. Völuspa (La Visión de la Adivina). Las valkirias, como hemos visto, tenían importantes obligaciones en Valhalla, cuando, dejando sus armas ensangrentadas a un lado, vertían hidromiel celestial para los Einheriar. Esta bebida deleitaba las almas de los recién llegados y recibían a las bellas damas guerreras tan cálidamente como cuando las habían visto por primera vez en el campo de batalla y se habían dado cuenta de que habían venido para transportarles a donde de buena gana irían. Wayland y las Valkirias. Se suponía que las valkirias realizaban vuelos frecuentes a la tierra con plumajes de cisne, que ellas se quitaban al llegar a un río apartado, para poder disfrutar de un baño. Cualquier mortal que las sorprendiera de este modo y obtuviera su plumaje, podía evitar que abandonaran la Tierra e incluso podía obligar a estas orgullosas guerreras a casarse con ellos si ése era su deseo. Se dice que tres valkirias, Olrun, Alvit y Svanhvit, estaban jugando en una ocasión en las aguas, cuando los tres hermanos Egil, Slagfinn y Völund o Wayland el herrero, se aparecieron de repente ante ellas y, cogiendo sus plumajes de cisne, los jóvenes las obligaron a permanecer en la Tierra y a convertirse en sus esposas durante nueve años, pero al finalizar ese período, recuperando sus plumajes, o rompiéndose el hechizo de alguna otra manera, lograron escapar. Los hermanos sintieron profundamente la pérdida de sus esposas y dos de ellos, Egil y Slagfinn, tras ponerse su calzado de nieve, se fueron en busca de sus amadas, desapareciendo en las frías y nebulosas regiones del Norte. El tercer hermano, Völund, sin embargo, permaneció en casa, sabiendo que cualquier búsqueda sería inútil y encontró consuelo contemplando un anillo que Alvit le había entregado como prueba de su amor y guardó constantemente la esperanza de que algún día regresara. Ya que era un herrero muy hábil y podía fabricar los más delicados ornamentos de plata y oro, al igual que armas mágicas que ningún golpe podía partir, empleó su tiempo libre en fabricar setecientos anillos exactos al que su mujer le había regalado. Una vez terminados, los ató uno con otro. Pero una noche, tras regresar de la caza, encontró que alguien se había llevado uno de los anillos, dejando los otros intactos y sus esperanzas se vieron renovadas, ya que se dijo a sí mismo que su esposa había estado allí y pronto regresaría para quedarse. La misma noche, sin embargo, fue sorprendido mientras dormía y atado y hecho prisionero de Nidud, rey de Suecia, que se hizo con su espada, una selecta arma con poderes mágicos que guardaba para uso propio y con el anillo de amor hecho de puro oro del Rin, que posteriormente le dio a su única hija, Bodvild. Mientas, el infeliz Völund fue conducido cautivo hasta una isla cercana donde, tras ser desjarreteado para que no pudiese escapar, el rey le puso a forjar armas y ornamentos continuamente para su uso. También le exigió construir un intrincado laberinto, e incluso hoy en día, en Islandia, los laberintos se conocen como “casas de Völund”. La rabia y la desesperación de Völund crecía con cada nuevo insulto que le profería Nidud y empleaba noche y día para pensar en un modo de vengarse. Tampoco se olvidó de planear su escapatoria y durante los descansos entre trabajo y trabajo fabricó un par de alas similares a aquellas que su esposa había utilizado para escapar como valkiria, que él pretendía ponerse tan pronto como su venganza hubiese sido realizada. Un día el rey fue a visitar a su prisionero y le trajo la espada que le había robado para que la reparara. Sin embargo, Völund la sustituyó astutamente por otra arma tan exactamente igual a la espada mágica como para engañar al rey cuando viniese a reclamarla. Unos pocos días más tarde, Völund atrajo a los hijos del rey a su herrería y los mató, tras lo cual fabricó ingeniosamente vasos de beber a partir de sus cráneos y joyas a partir de sus ojos y dientes, entregándoselos a sus padres y hermana. La familia real no sospechó de dónde procedían, por lo que estos regales fueron aceptados con gozo. Mientras que los pobres jóvenes, se cree que fueron arrastrados al mar y ahogados. Algún tiempo después, Bodvild, deseando tener su anillo arreglado, también visitó la cabaña del herrero, donde, mientras esperaba, bebió confiadamente de una droga mágica que la sumió en el sueño y la dejó a merced de Völund. Habiendo concluido su último acto de venganza, Völund se puso inmediatamente las alas que había estado preparando para este día y, cogiendo su espada y su anillo, alzó lentamente el vuelo. Dirigiéndose hacia el palacio, se posó fuera de alcance y le relató sus crímenes a Nidud. El rey, fuera de sí de rabia, llamó a Egil, hermano de Völund, que también había caído en su poder y le ordenó que utilizara sus maravillosas dotes de arquero para abatir al insolente pájaro. Obedeciendo una señal de Völund, Egil apuntó hacia una protuberancia bajo su ala, donde se ocultaba una vejiga llena de sangre de los jóvenes príncipes y el herrero escapó volando triunfante e ileso, declarando que Odín le entregaría su espada a Sigmund, una predicción que se vio debidamente cumplida. Völund se dirigió entonces a Alfheim, donde, si la leyenda está en lo cierto, encontró a su amada esposa, siendo por siempre feliz junto a ella hasta el ocaso de los dioses. Pero incluso en Alfheim este diestro herrero siguió ejerciendo su oficio, y varias armaduras impenetrables, que se dice que él fabricó, son descritas en poemas heroicos posteriores. Además de Balmung y Joyeuse, las célebres espadas de Sigmund y Carlomagno, se dice que también forjó a Miming para su hijo Heime y muchas otras espadas famosas. Brunnhild. La historia de Brunnhild se encuentra de muchas formas. Algunas versiones describen a la heroína como la hija de un rey al que Odín retuvo para que le sirviera en su grupo de valkirias, otras como la líder de las valkirias e hija del mismo Odín. En la historia de Richard Wagner, “El Anillo de los Nibelungos”, el gran músico presenta una concepción particularmente atractiva, aunque no obstante más moderna, de la jefa de las valkirias y su desobediencia cuando Odín le ordenó que trajera al joven Sigmund al lado de su amada Sieglinde, para llevarle hasta el Palacio de los Benditos. El Ragnarök Uno de los rasgos distintivos de la mitología nórdica es que la gente siempre creyó que sus dioses pertenecían a una raza finita. Los Ases habían tenido un comienzo y, por tanto, se razonaba, debían tener un final y si habían nacido de una mezcla de elementos divino y mortales (los gigantes), su naturaleza era imperfecta. Llevaban dentro el germen de la muerte y estaban, al igual que los hombres, destinados a sufrir la muerte física para obtener de este modo, la inmortalidad espiritual. Todo el esquema de la mitología nórdica era consiguientemente un drama, conduciendo cada paso de su historia, gradualmente, hacia el clímax o final trágico, cuando, con verdadera justicia poética, el castigo y la recompensa serían imparcialmente impuestos sobre todos sus protagonistas. Los Ases toleraron la presencia del mal entre ellos, personificado por Loki. Débilmente se dejaron llevar por sus consejos, permitieron que les involucrara en toda clase de dificultades de las cuales lograban salir sólo al precio de separarse de su virtud o la paz, y poco a poco le fueron permitiendo tener tal dominio a Loki sobre ellos, que no vacilaba en robarles sus más preciadas posesiones, la pureza, o la inocencia, personificada por Balder el Bondadoso. Demasiado tarde se dieron cuenta de lo maligno que era este espíritu, hasta que hubo encontrado un hogar entre ellos y, demasiado tarde, desterraron a Loki a la Tierra, donde los hombres, siguiendo el ejemplo de los dioses, fueron corrompidos por su siniestra influencia. Según los versos de Snorri, sacados e interpretados libremente del Völuspá: Una era de hachas, una era de espadas, de escudos destruidos, una era de tempestades, una era de lobos, antes de que la era de los hombres se derrumbe. El Invierno Fimbul. Viendo que el crimen predominaba y que todo el bien había sido desterrado de la Tierra, los dioses se percataron de que las antiguas profecías estaban a punto de verse cumplidas y que la sombra de Ragnarok, el ocaso de los dioses, ya se cernía sobre ellos. Sol y Mani palidecieron de miedo y condujeron sus carros temblorosos a través de sus caminos señalados, mirando hacia atrás, temerosos de los lobos que les perseguían y que pronto los alcanzarían y los devorarían. Conocían sus destinos, pero aún así continuaron su recorrido y se enfrentaron a su final. Y al desaparecer sus sonrisas, la Tierra se volvió triste y fría y el terrible invierno Fimbul comenzó. Los penetrantes vientos soplaron desde el Norte y toda la tierra fue cubierta con una gruesa capa de hielo. Este severo invierno duró durante tres estaciones completas sin descanso y fue seguido por otros tres, igual de duros, durante los cuales toda la alegría abandonó la Tierra y los crímenes de los hombres aumentaron con pavorosa velocidad, mientras, en la lucha general por la vida, los últimos sentimientos de humanidad y compasión desaparecieron. En los oscuros nichos del Ironwood, la giganta Iarsaxa o Angurboda, alimentaba diligentemente a los lobos Hati, Sköll y Managarm, la progenie de Fenris, con las médulas de los huesos de los asesinos y los adúlteros y tal era el predominio de estos crímenes que nunca se le restringía la comida a los casi insaciables monstruos. Diariamente ganaron fuerzas para perseguir a Sol y a Mani y finalmente, los alcanzaron y los devoraron, inundando la tierra con sangre de sus fauces goteantes. Cuenta el Völuspá: Un lobo engullirá al sol, y los hombres lo verán como una gran catástrofe. El otro lobo capturará a Mani (la luna) y tampoco eso será mejor. Las estrellas caerán del cielo. También esto sucederá: Toda la tierra y las montañas temblarán y todas las cadenas y lazos se quebrarán y romperán. Y entonces el lobo Fenrir quedará libre. Así, pues, ante esta terrible calamidad, toda la tierra tembló y se agitó. Las estrellas, asustadas, cayeron desde sus posiciones y Loki, Fenrir y Garm, renovando sus esfuerzos, hicieron pedazos sus cadenas y se dirigieron a tomar venganza. Al mismo tiempo, el dragón Nidhug logró roer la raíz del fresno Yggdrasil, que se estremeció hasta su rama más alta. El gallo rojo Fialar, posado en lo alto del Valhalla, cacareó en alto la alarma, que fue inmediatamente repetida por Gullinkambi, el gallo en Midgard, y por la rojiza ave de Hel en Niflheim. Heimdall da la Alarma. Heimdall, dándose cuenta de estos ominosos augurios y oyendo el estridente chillido del gallo, puso inmediatamente el cuerno Giallar en sus labios y sopló el toque esperado durante tanto tiempo, que se oyó en todo el mundo. Al primer sonido de esta manifestación, los Ases y los Einheriar se levantaron de sus divanes dorados y salieron valientemente del gran palacio, armados para la contienda venidera y, montando sus corceles impacientes, galoparon sobre el palpitante puente arco iris hasta el extenso campo de Vigrid, donde, como Vafthrundnir había presagiado mucho tiempo atrás, tendría lugar la última batalla. La temible serpiente de Midgar, Iörmungandr, había sido despertada por el alboroto general y con inmensos retorcimientos y conmoción, por lo que los mares fueron azotados con enormes olas como nunca antes habían alterado las profundidades del mar, se arrastró hasta la tierra y se apresuró a unirse a la terrible refriega, en la que iba a jugar un papel importante. Una de las grandes olas, agitadas por los esfuerzos de Iörmungandr, puso a flote a Nagilfar, el funesto barco, que estaba completamente construido con las uñas de aquellos muertos cuyos familiares habían fracasado, a través de los años, en su deber, habiendo olvidado cortar las uñas de los fallecidos antes de que pudieran descansar. Tan pronto como esta embarcación salió a flote, Loki embarcó en ella con el feroz ejército de Muspellheim y lo guió audazmente a través de las agitadas aguas hasta el lugar del conflicto. Éste no era el único barco que se dirigía a Vigrid, pues de un espeso banco de niebla, hacia el Norte, salió otra embarcación, pilotada por Hrym, en la que todos eran gigantes de hielo, armados por completo e impacientes por entrar en batalla contra los Ases, a quienes siempre habían odiado con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, Hel, la diosa de la muerte, salió por una grieta en la tierra desde su hogar en el inframundo, seguida de cerca por el sabueso de ésta, Garm. Los malhechores de su lúgubre reino y el dragón Nidhug, que sobrevoló el campo de batalla, transportando cadáveres sobre sus alas. Tan pronto como aterrizó, Loki dio la bienvenida a estos refuerzos con alegría y, colocándose en cabeza, marchó con ellos hacia la lucha. Los cielos se partieron súbitamente en dos, y a través de la enorme brecha, cabalgó Surtr con su espada flameante, seguido por sus hijos y, mientras atravesaban el puente Bifröst, con la intención de arrasar Asgard, el glorioso arco se hundió con un estruendo bajo las pisadas de sus caballos. Los dioses sabían muy bien que su fin se encontraba ahora cerca y que su debilidad y falta de previsión les había situado en gran desventaja, pues Odín sólo tenía un ojo, Tyr una mano y Frey nada, excepto un cuerno de venado con el que defenderse, en vez de su invencible espada. Sin embargo, los Ases no mostraron señales de desesperación, sino que, como auténticos dioses de guerra del Norte, se pusieron sus más ricas vestimentas y cabalgaron alegremente hacia el campo de batalla, decididos a poner un alto precio a sus vidas. Mientras reunían sus fuerzas, Odín descendió una vez más hasta el manantial Urdar, donde bajo Yggdrasil derribado, se sentaban aún las Nornas con los rostros cubiertos y guardando un silencio obstinado, con su tela que yacía rasgada a sus pies. El padre de los dioses susurró de nuevo un comunicado misterioso a Mimir, tras lo cual volvió a montar sobre su caballo Sleipnir y se reunió con el ejército que esperaba. La Gran Batalla. Los combatientes se encontraban ahora congregados en las vastas extensiones de Vigrid. A un lado, se alineaban los severos, tranquilos rostros de los Ases, los Vanes y los Einheriar, mientras que en el otro se reunían el abigarrado ejército de Surtr, los sombríos gigantes de hielo, el pálido ejército de Hel y Loki y sus horribles seguidores, Garm, Fenrir e Iörmungandr, estos dos últimos, arrojando fuego y humo, y exhalando nubes de vapores tóxicos y mortales, que llenaban todo el cielo y la tierra con su venenoso aliento. Todo el antagonismo reprimido durante eras fue liberado entonces, en un torrente de odio, cada miembro de las huestes enfrentadas luchando con inflexible determinación, como hicieron nuestros antiguos antepasados, mano con mano, cara a cara. Con un poderoso choque, que se oyó sobre el fragor de la batalla que llenaba el universo, Odín y el lobo Fenrir entraron en impetuoso contacto, mientras Thor atacaba a la serpiente Iörmungandr y Tyr medía sus fuerzas contra el perro Garm. Frey terminó con Surtr, Heimdall con Loki, a quien ya había derrotado en una ocasión anterior y el resto de los dioses y todos los Einheriar se enfrentaron a enemigos dignos de su coraje. Pero, a pesar de su preparación diaria en al ciudad celestial (Asgard), el anfitrión del Valhalla estaba destinado a sucumbir y Odín estuvo entre los primeros de los seres brillantes que fueron abatidos. Ni siquiera el elevado coraje y los poderosos atributos de Allfather pudieron resistir la oleada de mal que personificaba Fenrir. A cada momento triunfante de la lucha, su tamaño colosal asumía proporciones aún mayores, hasta que finalmente, sus fauces abiertas de par en par abarcaron todo el epacio entre el cielo y la tierra, y el repugnante monstruo se abalanzó furiosamente sobre el padre de los dioses y engulló su cuerpo entero dentro de su horrible estómago. Ninguno de los dioses pudo ayudar a Allfather en el momento crítico, ya que era tiempo de dolorosa adversidad para todos. Frey desplegó esfuerzos heroicos, pero la reluciente espada de Surtr le asestó entonces un golpe mortal. En su lucha contra el archienemigo Loki, Heimdall se desenvolvió mejor, pero su conquista final tuvo un alto precio, ya que también cayó muerto. La contienda entre Tyr y Garm tuvo el mismo final trágico y Thor, tras un terrible encuentro con la serpiente de Midgard y después de matarla con un golpe de Mjölnir, se tambaleó hacia atrás nueve pasos y se ahogó en la corriente de veneno que se derramó de las fauces del monstruo muerto. Vidar llegó entonces rápidamente desde una parte distante de la llanura para vengar la muerte de su padre Odín, y el destino presagiado cayó sobre Fenrir, cuya mandíbula inferior sintió entonces la huella del zapato que había sido reservado para ese día. En el mismo momento, Vidar asió la mandíbula superior del monstruo con sus manos y con un terrible tirón, lo partió en dos, según el relato de Snorri, y según el Völuspá, Vidar mató a Fenrir clavándole un puñal hasta el corazón. El Fuego Devorador. Habiendo perecido los demás dioses que habían tomado parte en la contienda y todos los Einheriar, Surtr arrojó súbitamente sus ardientes tizones sobre el cielo, la tierra y los nueve reinos de Hel. Las furiosas llamas cubrieron el tronco masivo del fresno del mundo, Yggdrasil y alcanzaron los palacios dorados de los dioses, que fueron consumidos por completo. La vegetación sobre la tierra fue destruida de forma similar y el terrible calor hizo que todas las aguas hirvieran. El gran incendio ardió violentamente hasta que todo fue consumido, cuando la tierra, ennegrecida y llena de cicatrices, se hundió lentamente bajo las olas hirvientes del mar. Efectivamente, Ragnarok había llegado. La tragedia mundial había concluido, los protagonistas divinos estaban muertos y el caos parecía haber reanudado su antiguo dominio. Pero los nórdicos creían que, tras haber perecido todo el mal en las llamas de Surtr y haberse hecho justicia, el bien se alzaría de las ruinas para recuperar su dominio sobre la Tierra y que algunos de los dioses regresarían para vivir en los cielos para siempre. Nuestros antepasados creían totalmente en la regeneración y sostenían que, tras cierto espacio de tiempo, la tierra, depurada por el fuego y purificada por su inmersión en el mar, emergió de nuevo en toda su prístina belleza y fue iluminada por el Sol, cuyo carro era conducido por un hijo de éste, nacido antes de que el lobo hubiera devorado a su madre. La nueva orbe del día no tenía imperfecciones como el primer Sol y sus rayos ya no eran tan ardientes como para tener que situar un escudo entre él y la tierra. Estos rayos más beneficiosos, pronto causaron que la tierra renovara su manto verde y crecieran flores y frutas en abundancia. Dos seres humanos, una mujer, Lif, y un hombre, Lifthrasir, emergieron entonces de las profundidades del bosque de Hodmimir (”de Mimir”), donde habían huido para refugiarse cuando Surtr había puesto el mundo en llamas. Habían caído en un tranquilo sueño, inconscientes de la destrucción a su alrededor y habían permanecido allí, alimentados por el rocío de la mañana, hasta que era seguro para ellos el volver a salir, cuando tomaron posesión de la tierra regenerada, que sus descendientes poblarían y sobre la cual tendrían un dominio completo. Un Nuevo Cielo. Todos los dioses que representaban las fuerzas en desarrollo de la Naturaleza fueron asesinados en las fatales llanuras de Vigrid, pero Vali y Vidar, los tipos de fuerzas imperecederas de la Naturaleza, regresaron a las tierras de Ida, donde se les unieron Modi y Magni, los hijos de Thor, las personificaciones de la fuerza y la energía, que rescataron el martillo sagrado de su padre de la destrucción general y lo llevaron hasta allí con ellos. Allí se reunió con ellos Hoenir, que ya no era un exiliado entre los vanes, quienes, como las fuerzas en desarrollo, habían desaparecido para siempre y desde el oscuro inframundo donde había languidecido durante tanto tiempo se alzó el radiante Balder, junto a su hermano Hodur, con quien estaba reconciliado y con el que viviría en perfecta amistad y paz. El pasado se había ido para siempre y las deidades supervivientes podían recordarlo sin amargura. El recuerdo de sus antiguos compañeros era, sin embargo, querido para ellos, y muy a menudo regresaron a sus sitios favoritos para permanecer junto a los recuerdos felices. Fue así como, caminando un día sobre el largo césped de Idavold, encontraron de nuevo los discos de oro con los que los Ases habían acostumbrado a jugar. Cuando el pequeño grupo de dioses se volvió tristemente hacia el lugar donde se habían alzado una vez sus moradas señoriales, se dieron cuenta, para su grata sorpresa, que Gimli, la morada celestial más elevada, no había sido consumida, pues se erigía resplandeciente ante ellos, con su techo dorado brillando más que Sol. Corriendo hasta allí descubrieron, para su regocijo, que se había convertido en el lugar de refugio de todos los virtuosos. El Demasiado Poderoso para ser Nombrado. Ya que los nórdicos que se asentaron en Islandia, a través de quienes ha llegado hasta nosotros la más completa exposición de fe odínica, en los Eddas y las Sagas, no fueron convertidos definitivamente hasta el siglo XI, aunque habían tenido contacto con los cristianos durante sus incursiones vikingas casi seis siglos antes, es muy probable que los escaldos nórdicos recogieran alguna idea de las doctrinas cristianas y que este conocimiento les influyera en cierta medida y diera color a sus descripciones del fin del mundo y la regeneración de la tierra. Quizá fue este vago conocimiento, el que les indujo también a añadir al Edda un verso, que se ha supuesto generalmente que era una interpolación, proclamando que otro dios, demasiado poderoso para ser nombrado, se alzaría para gobernar sobre Gimli. Desde su asiento celestial juzgaría a la humanidad y separaría el mal del bien. El primero sería desterrado a los horrores de Nastrond, mientras que el bien sería transportado hasta las bienaventuradas salas de Gimli el bello. Existían otras dos mansiones, una reservada para los enanos y la otra para los gigantes, pero ya que estas criaturas no tenían libertad de voluntad y ejecutaban ciegamente los decretos del destino, no fueron consideradas responsables de ningún daño que hubieran causado, y por tanto no eran consideradas merecedoras de ser castigadas. Se decía que los enanos gobernados por Sindri, ocupaban un palacio en las montañas Nida, donde bebían resplandeciente aguamiel, mientras que los gigantes establecieron su residencia en el palacio Brimer, situado en la región Okolnur (no fría), pues el poder del frío había sido completamente aniquilado y ya no existía más hielo.
Odinismo y Ásatrú, la religión y el culto vikingo Pt 12
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