Más allá de las fronteras regionales que nos dividen por idioma y nos excluyen del continente por diferencia económica, está América, una sola, la de los indios (primero), la de los que crecimos y vivimos en ella con origen autóctono, europeo o africano (después). Luego viene la América impuesta por unos pocos que desde la cultura y sus reglas, nos han impuesto. La América de las estrellas y las barras, la que todo el mundo mastica y digiere como estadounidense.
Hemos perdido todos los derechos de propiedad de la tierra, incluyendo el derecho al continente americano, y desde el siglo dieciocho, cuando George Washington consiguió la hazaña de separarse de Inglaterra, ellos desde la nueva tierra declararon también que después de ellos, no teníamos derecho a ser americanos, condenándonos a darnos un nombre “Latino” y un apellido “Americanos”.
Siendo Latino Americanos, ¿de dónde son entonces los que crecieron aquí antes de que Europa llegara? Los nativos americanos que por gusto de Europa, también llamamos indios, son tan americanos como los que luego nacimos de la mezcla, sin embargo, cogimos el nombre que nos impusieron. No nos echaron del continente pues necesitaban esclavos.
Creo que es momento de recuperar por autonomía el nombre del único continente que todos, sin distingo de idioma, habitamos, y llamarnos americanos y no excluir sin darnos cuenta a los que no hablan la lengua europea castellana, portuguesa o francesa, a los indios o nativos, a los que tienen otra fe o religión.
No existen varias Américas, tenemos sólo una para gusto de pocos y reivindicación de muchos. Ni Europa, ni los Estados Unidos tienen la voluntad de darnos un nombre que por décadas hemos aceptado. Nosotros no existimos como latinos después de que nos invadieron. Somos mestizos, criollos, mulatos, zambos, nativos o indoeuropeos pero somos un sólo continente: América sin prefijo latino, sin darle gracias ni a Europa ni a nadie. Mucho menos Iberoamérica pues hace mucho que dejamos de pertenecerle a España, o al menos eso intentamos.
No lo digo yo, lo dice la historia, esa que diluyen los que escriben la vida y obra del mundo, los que desde su eurocentrismo, aminoran nuestra cultura y magnifican en los medios su hegemonía como ombligos del mundo. Nos llaman subdesarrollados. Yo creí que me había desarrollado lo suficiente en edad y conciencia cuando tuve educación y aprendí a ser libre. Ahora me dicen que no fue así.