Lo mismo sucede con el ser humano. Cuando es pequeño, alguien le dice “Tú no sirves para nada”, o, “Tú solo sirves para crear problemas”, y listo. Es como poner una pequeña estaca en el inconsciente, y aunque los años pasen, tú quedas atado a las estacas imaginarias que te impiden alcanzar los elevados ideales para que fuiste creado.
El salmo 119:25 dice “Abatida hasta el polvo esta mi alma”. Por alguna razón, el salmista también cargaba en su vida “estacas” imaginarias que no lo dejaban ser feliz. Se esforzaba, luchaba, pero los complejos interiores eran más fuertes que sus decisiones conscientes. Hasta que un día, clamó al Señor: “vivifícame según tu palabra”. Y en ese instante, comenzó a nacer un nuevo día en su derrotada experiencia.
Haz una revisión de tu vida, hazlo hoy, ahora, antes de salir a enfrentar la lucha cotidiana. ¿Hay alguna “estaca” que no te deja ser feliz? Este complejo, trauma, o como tú quieras llamarlo, ¿está destruyendo tu vida profesional, tu matrimonio o la vida de tus hijos?
Considera esto: Si la Palabra de Dios tuvo poder para crear la vida cuando nada existía, si él tuvo poder para recrear todo cuando el enemigo había destruido a la creación divina, con certeza tiene también poder para restaurarte de manera completa. El instrumento que Dios usa para eso es su Palabra. Cree en su palabra, porque creer en ella, es creer e Jesús. Y Jesús es libertad.