donde transita la miseria de pies descalzos
sucios, lastimados y ateridos
en el crudo invierno, o maltratados
en el verano de polvo y perros vagabundos,
errantes, hambrientos, con la desolación en sus ojos
como los ojos de niño del desamparo.
La nada del presente ya te marca en la nada del futuro.
Latitas pateadas seguidas de un ronco Gool
Guijarros arrojados al vacío igual que tu destino.
Piedritas son, para nadie son, apenas un alma,
un alma en quien nadie se fijó.
Quizá Dios se olvidó de ese retazo de mundo
donde ninguno quiere mirar, y mucho menos ver
porque ver duele, en los ojos, en el corazón
y en la conciencia, único juez que nunca perdona...
Tristes manecitas morenas
que en los desperdicios buscan
una esperanza dentro de la desesperanza
una galleta mordida, un día más de vida,
un día más para seguir perteneciendo
a un mundo al que no pertenece.
Olvidada criatura de carita sucia,
curtida y seca de lágrimas;
ojos que preguntan porqué...
porqué tengo frío, porqué tengo hambre
porqué todos me echan y nadie me quiere
y si nadie me quiere,
para qué vine al mundo si el mundo
me trata tan mal.
Figurita encorvada de raídas ropas,
sigue su camino sin saber adonde va.
Pasitos cortos que la llevan
a la oscuridad de lo incierto
y que nunca la sacan de la bruma
de la tristeza y el dolor.
Pasitos que no llevan a ninguna parte...
Noche de frío y olvido,
helada lluvia que todo impregna
de nostalgia por la calidez del hogar.
La gente va de prisa por llegar,
no mira, no ve, todo no es más que sombras
Un diario que ayer fue noticia
hoy es abrigo de un cuerpecito
sobre el banco de una plaza,
también podría ser un zaguán,
sus piecitos ateridos asoman,
es un hijo más de nuestro abandono
es un hijo que dejamos al azar del mundo
sin una mano que lo acaricie,
sin una sonrisa que le regale alegría,
sin poder contar con más que sí mismo
y su magra fuerza para sobrevivir.
Soledad de una infancia que es prólogo
de una historia ausente de final
una historia sin calor, sin amor y sin pan.
Camina insegura por una vereda rota,
testigo de pasos olvidados de identidades
de un tiempo que ya no vuelve.
Todos caminan apurados y no ven
la vergüenza que no comprende
ni palpan su desazón.
Frágil ramita a la deriva
en un océano de indiferencia
camina por la ciudad
sin saber adonde ir
cualquier lugar le es igual
si al final hay una moneda
o un triste trozo de pan.
Una rayuela dibujada en la vereda...
invita tentadora a jugar,
al final, es una niña, y las niñas juegan
sus juegos de inocencia y candor.
A los saltitos recorre la rayuela...
una gotita de sangre marca
la trazada línea con tiza
y la devuelve repentinamente a su tristeza.
Papi...
Papi... decime... porque lo volviste a hacer?
Una boca de subterráneo,
gente sin caras ni nombres
son tragadas y devueltas.
Afuera, el invierno corta con su frío la piel
Una figura con harapos
para ser más precisos, una mujer...
lleva en sus bracitos una niña,
acurrucada en su miseria
de días sin tiempo y noches infinitas
Se acomoda en la escalera del subte...
esperando una compasión
que no siempre llega.
Qué calentito está acá, piensa la nena...
y qué fría está afuera la ciudad,
caen las monedas en la morena mano,
no demasiadas pero las suficientes
para haber dejado algunas conciencias en paz.
Qué suerte, piensa la nena.
Hoy vamos a poder comprar
la leche para mi hermanito y el vino para papá...
La tormenta nocturna desgarra el cielo
y encoge los corazones;
un ranchito apenas de unas pocas chapas
deja pasar el ulular del viento,
que agita las pobres pertenencias
de sus moradores...
la lluvia deja charcos en el piso de tierra
y en un rincón un camastro
con una mujer que gime el dolor del parto
el dolor de una nueva vida que ya llega,
sin la compañía de la esperanza
ni una luz que la ilumine.
Un nuevo llanto que hace coro
con el viento furioso y la helada lluvia.
Un nuevo Cristo vino al mundo
ya tiene puesta la corona de espinas
y una cruz que encorvará su espalda
para no dejarle mirar de frente al sol.
Pobres Cristos del hambre y la desesperanza
son legión, y nunca nadie restañará sus heridas
Siempre heridos, siempre hambrientos,
hijos solamente del dolor y el desamparo
son los nuevos Santos Inocentes
del hoy sin compasión ni humanidad...
Cristo de los abandonados;
porqué diste vuelta la cara?
tan dura se te antoja
la inhumanidad del ser humano?
No nos abandones, ya no nos queda nadie más...
la tierra da frutos y pan
sólo para unos pocos, no somos nosotros
los afortunados.
Nos queda solamente una herencia
de desesperanza y desconsuelo...
nuestro es el dolor, la miseria
y la tristeza de nuestros hijos;
ellos no comprenden lo que es codicia,
avaricia y poder,
ellos solamente piden
tener derecho a un lugar en el mundo,
aunque sea pequeño.
Un lugar sin rechazos, discriminación
ni abandono.
Cristo, míranos por favor.
Largos pasillos de hospital
fríos, mudos, el silencio apenas
interrumpido por un quejido moribundo.
Refugio de dolientes cuerpos
que ya abandonaron la esperanza.
Sólo falta que los abandonen sus almas.
Una cama de sábanas raídas
alberga una de tantas vidas infantiles sin hogar;
pequeños mártires de un hoy inmisericordioso,
nadie les puede explicar que este es su mundo también
pero que a ellos no los acepta
y los rechaza con el hambre, la miseria y el dolor.
Niños sin madre ni sonrisas;
niños sin pan ni hogar
niños sin calor ni esperanza...
Quién se robó su porvenir?
Quién se quedó con su destino de promesa futura?
La calle, el frío y el basural
son acaso su mundo de un mañana de hambre y sordidez?
Quizá la misericordiosa Muerte se apiade
y lo lleve a una oscuridad eterna
pero quizá más luminosa que
el más sombrío y tenebroso de los presentes...
Perros que se disputan despojos en el basural
cubierto de niebla y silencio, silencio
mezclado con los olores de la quemazón;
olor a muerte, a distancia y soledad.
Muerte de las ilusiones,
distancia de la luz que nunca conocieron,
soledad... la soledad que solamente sabe dar la miseria.
Sombras dolientes se inclinan sobre los restos
en busca de una promesa de vida en forma de pan,
pan roído por las ratas, pan amargo de los pobres,
pan de la desolación y el desamparo,
disputado por niños, hombres y perros.
Pobre Humanidad sin Redención posible
si así olvida a los más desvalidos !
Puede ser Irak o Bosnia...
es igual, la sangre es roja en todas partes.
Tableteo de ametralladoras
escupen el odio del hombre hacia el hombre;
la intolerancia es señora en este lugar.
Luego de gritos y ayes queda solamente
carne desgarrada y sueños muertos.
Cuerpos que se apilan unos sobre otros
buscando quizá proteger a alguien amado.
Bajo tanta muerte asoma una manito de niño
una mano muy pequeña...
aún se mueve, aún corre la vida en sus venas.
Quizá luego de tanta desolación
sea el preludio de la vida
como la primavera sucede a la oscuridad del invierno.
Manecita de esperanza, nacida del dolor,
Ojalá hayas nacido para acariciar
Ojalá hayas nacido para sembrar
Ojalá hayas nacido para dar luz a tu vida
Ojalá tú seas el nuevo símbolo del renacer del Hombre.
Camino del desierto, surcado por la miseria
el hambre es tu dueño, la Muerte es tu madre
triste caravana de dolientes, pasos sin esperanza
y hasta el horizonte, sólo la desolación del no ser.
Una madre que carga su hijo, tan moribundo como ella.
Seres olvidados o seres maldecidos, espectros
de carne y hueso que en silenciosa marcha
sólo buscan donde dejar su último aliento...
La madre abandona a su hijo, ya no lo puede cargar,
sigue su triste camino sólo para morir más allá.
Los ojos de la criatura, enormes como su dolor
parecen preguntar a la Humanidad
del porqué de tanto olvido.
Ojos ya sin brillo, que esperan apagarse ya.
Dos buitres contemplan al niño moribundo,
ellos son pacientes, la Muerte no,
está al llegar.
...alguien ganó un premio con tanta tristeza acumulada
Lágrimas de quien lo ha visto todo...
lágrimas de viejo, gotas de dolor
que surcan sus oscuras mejillas.
Cuerpo y alma que han sentido los golpes
de los hombres sin piedad;
ojos que han visto morir a quienes amaba,
soledad dentro de la soledad del hambre,
fríos que laceran su piel y el frío
del Hombre que lacera su corazón.
La oscuridad del arma que le apunta para matarle
es solamente comparable a la oscuridad de la Muerte,
quizá sea lo mejor, si ha vivido demasiado ya...
Los siglos de odio lo miran a los ojos
y no comprende esa mirada acerada, sin alma.
Tiene apenas cinco años de edad.
Porqué me niegas, Muerte tu abrazo?
si hace mucho que de la vida no tengo para pedir...
Muerte, cuántas veces te esperamos
que nos tomes en tus yertos brazos
y nos lleves a la piedad de la nada,
allí donde las almas descansan
de su vida de desesperanzas.
Cada cruz llora lágrimas de una historia pasada,
lágrimas como hojas de un calendario
que inexorablemente caen una a una,
en la oscuridad del olvido
y la melancolía del ya no ser más.