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Primer post: 10 mar 2009Último post: 10 mar 2009
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Si hay algo de mentira en todo esto...
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/10/2009

Tierra, calle y grietas de pobreza donde transita la miseria de pies descalzos sucios, lastimados y ateridos en el crudo invierno, o maltratados en el verano de polvo y perros vagabundos, errantes, hambrientos, con la desolación en sus ojos como los ojos de niño del desamparo. La nada del presente ya te marca en la nada del futuro. Latitas pateadas seguidas de un ronco Gool Guijarros arrojados al vacío igual que tu destino. Piedritas son, para nadie son, apenas un alma, un alma en quien nadie se fijó. Quizá Dios se olvidó de ese retazo de mundo donde ninguno quiere mirar, y mucho menos ver porque ver duele, en los ojos, en el corazón y en la conciencia, único juez que nunca perdona... Tristes manecitas morenas que en los desperdicios buscan una esperanza dentro de la desesperanza una galleta mordida, un día más de vida, un día más para seguir perteneciendo a un mundo al que no pertenece. Olvidada criatura de carita sucia, curtida y seca de lágrimas; ojos que preguntan porqué... porqué tengo frío, porqué tengo hambre porqué todos me echan y nadie me quiere y si nadie me quiere, para qué vine al mundo si el mundo me trata tan mal. Figurita encorvada de raídas ropas, sigue su camino sin saber adonde va. Pasitos cortos que la llevan a la oscuridad de lo incierto y que nunca la sacan de la bruma de la tristeza y el dolor. Pasitos que no llevan a ninguna parte... Noche de frío y olvido, helada lluvia que todo impregna de nostalgia por la calidez del hogar. La gente va de prisa por llegar, no mira, no ve, todo no es más que sombras Un diario que ayer fue noticia hoy es abrigo de un cuerpecito sobre el banco de una plaza, también podría ser un zaguán, sus piecitos ateridos asoman, es un hijo más de nuestro abandono es un hijo que dejamos al azar del mundo sin una mano que lo acaricie, sin una sonrisa que le regale alegría, sin poder contar con más que sí mismo y su magra fuerza para sobrevivir. Soledad de una infancia que es prólogo de una historia ausente de final una historia sin calor, sin amor y sin pan. Camina insegura por una vereda rota, testigo de pasos olvidados de identidades de un tiempo que ya no vuelve. Todos caminan apurados y no ven la vergüenza que no comprende ni palpan su desazón. Frágil ramita a la deriva en un océano de indiferencia camina por la ciudad sin saber adonde ir cualquier lugar le es igual si al final hay una moneda o un triste trozo de pan. Una rayuela dibujada en la vereda... invita tentadora a jugar, al final, es una niña, y las niñas juegan sus juegos de inocencia y candor. A los saltitos recorre la rayuela... una gotita de sangre marca la trazada línea con tiza y la devuelve repentinamente a su tristeza. Papi... Papi... decime... porque lo volviste a hacer? Una boca de subterráneo, gente sin caras ni nombres son tragadas y devueltas. Afuera, el invierno corta con su frío la piel Una figura con harapos para ser más precisos, una mujer... lleva en sus bracitos una niña, acurrucada en su miseria de días sin tiempo y noches infinitas Se acomoda en la escalera del subte... esperando una compasión que no siempre llega. Qué calentito está acá, piensa la nena... y qué fría está afuera la ciudad, caen las monedas en la morena mano, no demasiadas pero las suficientes para haber dejado algunas conciencias en paz. Qué suerte, piensa la nena. Hoy vamos a poder comprar la leche para mi hermanito y el vino para papá... La tormenta nocturna desgarra el cielo y encoge los corazones; un ranchito apenas de unas pocas chapas deja pasar el ulular del viento, que agita las pobres pertenencias de sus moradores... la lluvia deja charcos en el piso de tierra y en un rincón un camastro con una mujer que gime el dolor del parto el dolor de una nueva vida que ya llega, sin la compañía de la esperanza ni una luz que la ilumine. Un nuevo llanto que hace coro con el viento furioso y la helada lluvia. Un nuevo Cristo vino al mundo ya tiene puesta la corona de espinas y una cruz que encorvará su espalda para no dejarle mirar de frente al sol. Pobres Cristos del hambre y la desesperanza son legión, y nunca nadie restañará sus heridas Siempre heridos, siempre hambrientos, hijos solamente del dolor y el desamparo son los nuevos Santos Inocentes del hoy sin compasión ni humanidad... Cristo de los abandonados; porqué diste vuelta la cara? tan dura se te antoja la inhumanidad del ser humano? No nos abandones, ya no nos queda nadie más... la tierra da frutos y pan sólo para unos pocos, no somos nosotros los afortunados. Nos queda solamente una herencia de desesperanza y desconsuelo... nuestro es el dolor, la miseria y la tristeza de nuestros hijos; ellos no comprenden lo que es codicia, avaricia y poder, ellos solamente piden tener derecho a un lugar en el mundo, aunque sea pequeño. Un lugar sin rechazos, discriminación ni abandono. Cristo, míranos por favor. Largos pasillos de hospital fríos, mudos, el silencio apenas interrumpido por un quejido moribundo. Refugio de dolientes cuerpos que ya abandonaron la esperanza. Sólo falta que los abandonen sus almas. Una cama de sábanas raídas alberga una de tantas vidas infantiles sin hogar; pequeños mártires de un hoy inmisericordioso, nadie les puede explicar que este es su mundo también pero que a ellos no los acepta y los rechaza con el hambre, la miseria y el dolor. Niños sin madre ni sonrisas; niños sin pan ni hogar niños sin calor ni esperanza... Quién se robó su porvenir? Quién se quedó con su destino de promesa futura? La calle, el frío y el basural son acaso su mundo de un mañana de hambre y sordidez? Quizá la misericordiosa Muerte se apiade y lo lleve a una oscuridad eterna pero quizá más luminosa que el más sombrío y tenebroso de los presentes... Perros que se disputan despojos en el basural cubierto de niebla y silencio, silencio mezclado con los olores de la quemazón; olor a muerte, a distancia y soledad. Muerte de las ilusiones, distancia de la luz que nunca conocieron, soledad... la soledad que solamente sabe dar la miseria. Sombras dolientes se inclinan sobre los restos en busca de una promesa de vida en forma de pan, pan roído por las ratas, pan amargo de los pobres, pan de la desolación y el desamparo, disputado por niños, hombres y perros. Pobre Humanidad sin Redención posible si así olvida a los más desvalidos ! Puede ser Irak o Bosnia... es igual, la sangre es roja en todas partes. Tableteo de ametralladoras escupen el odio del hombre hacia el hombre; la intolerancia es señora en este lugar. Luego de gritos y ayes queda solamente carne desgarrada y sueños muertos. Cuerpos que se apilan unos sobre otros buscando quizá proteger a alguien amado. Bajo tanta muerte asoma una manito de niño una mano muy pequeña... aún se mueve, aún corre la vida en sus venas. Quizá luego de tanta desolación sea el preludio de la vida como la primavera sucede a la oscuridad del invierno. Manecita de esperanza, nacida del dolor, Ojalá hayas nacido para acariciar Ojalá hayas nacido para sembrar Ojalá hayas nacido para dar luz a tu vida Ojalá tú seas el nuevo símbolo del renacer del Hombre. Camino del desierto, surcado por la miseria el hambre es tu dueño, la Muerte es tu madre triste caravana de dolientes, pasos sin esperanza y hasta el horizonte, sólo la desolación del no ser. Una madre que carga su hijo, tan moribundo como ella. Seres olvidados o seres maldecidos, espectros de carne y hueso que en silenciosa marcha sólo buscan donde dejar su último aliento... La madre abandona a su hijo, ya no lo puede cargar, sigue su triste camino sólo para morir más allá. Los ojos de la criatura, enormes como su dolor parecen preguntar a la Humanidad del porqué de tanto olvido. Ojos ya sin brillo, que esperan apagarse ya. Dos buitres contemplan al niño moribundo, ellos son pacientes, la Muerte no, está al llegar. ...alguien ganó un premio con tanta tristeza acumulada Lágrimas de quien lo ha visto todo... lágrimas de viejo, gotas de dolor que surcan sus oscuras mejillas. Cuerpo y alma que han sentido los golpes de los hombres sin piedad; ojos que han visto morir a quienes amaba, soledad dentro de la soledad del hambre, fríos que laceran su piel y el frío del Hombre que lacera su corazón. La oscuridad del arma que le apunta para matarle es solamente comparable a la oscuridad de la Muerte, quizá sea lo mejor, si ha vivido demasiado ya... Los siglos de odio lo miran a los ojos y no comprende esa mirada acerada, sin alma. Tiene apenas cinco años de edad. Porqué me niegas, Muerte tu abrazo? si hace mucho que de la vida no tengo para pedir... Muerte, cuántas veces te esperamos que nos tomes en tus yertos brazos y nos lleves a la piedad de la nada, allí donde las almas descansan de su vida de desesperanzas. Cada cruz llora lágrimas de una historia pasada, lágrimas como hojas de un calendario que inexorablemente caen una a una, en la oscuridad del olvido y la melancolía del ya no ser más.

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