BIBLIA: INFORMACIÓN!! (no religioso, sino educativo e informativo)




1. El pueblo Hebreo y su cultura.

Existen varias teorías con respecto al nacimiento del pueblo hebreo, la primera considera como comienzo a la asociación religiosa que se llevó a cabo entre doce tribus independientes, tan sólo unidas por el factor teológico, durante el éxodo, alrededor del siglo XII a.C. A pesar de todo se siguió manteniendo la estructura de gobierno patriarcal.
Por otra parte, en documentos antiguos se ha podido ver la posibilidad de un pasado común; se habla de un grupo nómada, llamado hapiru que habitaba Palestina en el siglo XIV a.C., una de cuyas ramas se relaciona con el pueblo hebreo.
Pero la teoría teológica explicitada en la Biblia, más precisamente en el Éxodo, habla de la llegada de los israelitas a Palestina guiados por Moisés, quien liberó al pueblo hebreo de la opresión egipcia, cruzando el mar rojo milagrosamente, y sufriendo un camino de cuarenta años por el desierto hacia las tierras prometidas, donde finalmente se establecieron.
En este período (S. XI a.C) hubo una gran desventaja militar frente a los filisteos, y una gran inestabilidad por lo que surge la necesidad de un gobierno unificado; la monarquía.
Lo que dio los últimos pasos en el origen de la monarquía fue el robo y la destrucción de la ciudad de Silo (primer lugar donde se estableció el arca)
Fue allí que el profeta Samuel vio la necesidad de establecer un régimen personal para la supervivencia del pueblo israelita, y comenzó a promover el reinado de Saúl, poniéndolo en centro de un entusiasmo patriótico que, aunque no convenció a todos, si a la mayoría, lo que le condujo a ser proclamado rey.
A pesar de su título, Saúl no cambio mucho; no se creó una tradición de reyes, ni una infraestructura estatal, sino que se continuó con la organización tribal.
Tiempo después Saúl fue destituido, y sucedido por David, quién si se encargó de buscar la independencia y el dominio de los israelitas; venció las cinco ciudades filisteas y conquistó Jerusalén donde se instaló por segunda vez el arca, entre otras cosas. El poder de David se fue acentuando con la conquista de territorios, y el sometimiento de varias tribus. Luego del reinado de éste, le siguió Salomón, conocido por su gran sabiduría y riqueza. Dicho rey fue quién se encargó, principalmente, de organizar, y hacer crecer al Estado.
Los aportes culturales y religiosos del pueblo israelita fueron varios:
Su religión (aunque hubo aportes de la cultura canaea) la creencia en un único dios, se practico primeramente entre los hebreos. Vale aclarar que la palabra religión no fue utilizada hasta mucho tiempo después, los hebreos hablaban de una ley o Torá, un conjunto de normas que Dios había dictado, en relación a la convivencia individual, y social del hombre.
En el período del rey Salomón hubo un gran avance en las artes; La literatura existente ya desde el siglo XII a.C se catapultó tomando contrastes religiosos, no como historias de hombres, sino como palabras, conductas, que Yahvé enviaba a su pueblo; las historias épicas del éxodo, la conquista del Canaán, o sobre patriarcas, ya habían tomado carácter de historia, pero aquí se conectan con Dios, y su conducta con el pueblo. También la música, de carácter teológico, e influencias fenicias, se desenvolvió alrededor de templos y ceremonias.

2. Biblia, el término y sus características.

El término Biblia se toma del latín, “Byblos”, utilizado para denominar a los papiros importados del puerto de Biblos. La Biblia es un conjunto de historias y relatos, en ocasiones inspirados en la tradición oral o creadas por diversos autores, que posteriormente fueron escritos en hebreo, durante un amplio período de tiempo, (800 a.C-100 d.C (?)) para ser reunidas luego, formando así el Antiguo Testamento (la Biblia judía) y posteriormente el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es, principalmente, la historia de los hebreos, es por eso que se le considera la Biblia judía; en ella constan las bases y reglas del judaísmo. El Nuevo Testamento relata, principalmente la vida, muerte, resurrección y mensajes de Jesús, aunque los cristianos integran también a su canon el Antiguo Testamento, pues en él se ven algunas bases de toda religión como es el Génesis.
Pero los textos no fueron elegidos simplemente por su época, sino que, para seleccionarlos se reunieron en distintos tiempos y lugares, varios hombres, profetas, sabios o consejos de sabios que decidían acerca de su inclusión en dicho apartado o no. Se consideraba que un libro era digno de ser incluido cuando eran libros divinos, que habían sufrido una intervención celestial en su redacción, o que representaban la palabra de Dios misma, interpretada por algunos hombres. Es por eso que existen varios cánones, o versiones, que variaron aún más cuando comenzaron a ser traducidas, cada una de ellas, agregando o quitando palabras, nombres, entrelíneas, etc.

3. Diferentes cánones.

Como ya vimos, hubo a lo largo de la historia distintas convenciones acerca de la Biblia, algunos de sus productos son: La traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, el libro del pueblo de Dios, La Biblia al Día, Dios Habla Hoy, la nueva Biblia Española, la Biblia de Jerusalén, la Biblia Bóver-Cantera, la Biblia Nácar-Colunga, la Biblia de Petisco y Torres Amat, la versión Moderna, la Biblia del padre Scío de San Miguel, la Biblia versión Reina-Valera o "Biblia del Oso", el nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda, el Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas, el Antiguo Testamento de un traductor anónimo, el Antiguo Testamento del rabino Salomón, la Biblia de Alba, la Biblia Alfonsina, el Pentateuco, "la Vulgata", la de los Setenta y la del Concilio de Hipona. Algunas de estas versiones poseen diferentes cambios, en virtud de su traducción, su intérprete o su contexto. Pero en otros casos se llega a variar el número de libros que la conforman, como son: el Pentateuco, el Antiguo Testamento, o la del Concilio de Hipona. Es por ello que hay divergencias más marcadas entre los cánones, como los son el hebreo, el cristiano o el samaritano.

(3.1) El canon hebreo.
La versión de la Biblia judía consta de tres partes, canonizadas en distintos momentos, en el siguiente orden cronológico; la ley o “Torá”, los profetas o “Neviím”, y por último los hagiográficos o “Ketuvim”.
La ley fue la primera en ser canonizada y conocida; Moisés, luego de estar 40 días y 40 noches en el monte Sinaí bajó con el Pentateuco que había recibido de Dios. En el están contenidas todas las reglas y tradiciones que rigen al pueblo y la religión judías. Como está compuesta por cinco secciones, se le llama también el Pentateuco, éstas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
La segunda en ser aceptada fue profetas, y por último hagiográficos, que se refiere a la vida de los santos.
Dentro de la religión judía hubo varios acontecimientos que dieron origen a distintas sectas dentro del judaísmo, con ellas nacen nuevas interpretaciones de la Biblia, como lo son la samaritana o la saducea, en las que se considera al Pentateuco como Biblia. Pero la versión más aceptada, y su historia, viene del siglo I d.C.; en ese momento el grupo judío predominante era el de los fariseos, que sí consideraba a la Biblia como la ley, los profetas, y hagiográficos, por lo que alrededor del 90 a.C. se fijaron tres requisitos para la inclusión de un libro en la Biblia: que existiese una copia de dicho libro que hubiese sido escrita antes del año 300 a.C. (cuando la helenización llegó a Palestina), que dicha copia estuviese escrita en hebreo o por lo menos en arameo (no griego, la lengua y cultura enemiga) y que tuviese un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (por ésta razón algunos libros que cumplían las dos características anteriores se tuvieron que quitar del canon).

(3.2) El canon cristiano.
La idea de una Biblia cristiana surge frente a la necesidad de las comunidades judías que habitaban fuera de Israel y necesitaban (o querían) conocerla y leerla, por lo que fue traducida al griego.
La mayoría de los libros que fueron incorporados a éste canon son libros escritos por comunidades judías fuera de Palestina. A finales del siglo I d.C., cuando se estaban recopilando y difundiendo los primeros escritos del cristianismo, ya existían dos versiones de las Escrituras: la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento en griego (Septuaginta o de los 70). Sin embargo los únicos libros reconocidos como parte de la religión eran los hebreos; nada señalaba la existencia de libros escritos originalmente en griego. Los libros adicionales de la Septuaginta fueron canonizados sólo por el cristianismo.
Los libros que no son considerados canónicos por ninguna de las corrientes cristianas (católicos, ortodoxos o protestantes) ni por el judaísmo, son llamados “libros apócrifos”; mientras que los protestantes llaman “deuterocanónicos” (“del segundo canon”) a los libros que ellos no consideran canónicos, pero los católicos y ortodoxos sí (en general, son libros escritos originalmente en griego, incluidos en la versión de los 70). La última medida que terminó dando lugar a la versión actual del cristianismo, se dio durante la reforma protestante, cuando Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán y notó algo que ya todos sabían; el antiguo testamento estaba escrito originalmente en hebreo y arameo, por lo que quitó de su versión los libros escritos en griego y los llamó apócrifos.

(4) Otras versiones y traducciones
Los cánones anteriores poseen grandes variaciones en cuanto a la cantidad de libros, o su omisión, o no, del Antiguo o Nuevo Testamento, pero a su vez, alrededor de ellas surgen más versiones, a veces ni siquiera con la intención de crear nuevas, sino como producto de la traducción de las primeras. Son ejemplos de ello: La Septuaginta, la Masorética, o la Vulgata.
La Masorética es una versión traducida por eruditos judíos del hebreo antiguo (un conjunto de consonantes sin puntuación y de lectura compleja) a un hebreo con vocales, puntuación, y, algunos agregados de texto. Las traducciones masoretas son de las más fieles a los originales, escritas desde los primeros siglos de la era cristiana hasta la edad media.
Las traducciones griegas del Antiguo Testamento están incluidas entre las más valiosas; algunas de ellas involucran libros hebreos más antiguos que los hoy conocidos, incluso más antiguos que la Biblia hebrea. La Septuaginta, también llamada la de los 70 por los 70 traductores que se consideró habían sido nombrados por el sumo sacerdote hebreo para traducir al griego las santas escrituras hebreas a pedido del rey de Egipto Tolomeo II Filadelfo que gobernó desde el 285 al 246 a.C. es una de las más conocidas, realizada en Alejandría alrededor del siglo III a.C. La leyenda de los 70 traductores tiene elementos que podrían ser verídicos, ya que la Torá tal vez fuera traducida a la lengua griega en el siglo III a.C. en vista de las necesidades de los judíos que vivían fuera de Palestina y que, al hablar griego, no podían leer sus Sagradas Escrituras en el original hebreo, ni seguir sus leyes religiosas.
Se llevaron a cabo muchas otras traducciones al griego, que en su mayoría se mantienen sólo gracias a fragmentos o citas de los primeros Padres de la Iglesia (“fundadores” del dogma cristiano anteriores al S. VIII) y otros. Entre ellas se encuentran las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano. El teólogo cristiano “Orígenes” (S. III) estudió los problemas que tenían estas versiones diferentes y preparó una crítica en la que expuso en seis columnas distintas el texto hebreo, el texto hebreo trascripto al griego, y las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano.
También existen la Pešitta, o siríaca, comenzada muy probablemente en el siglo I d.C.; la Antigua latina, que no fue traducida del hebreo, sino que es una trascripción de la Septuaginta en el siglo II; y la Vulgata, traducida del hebreo al latín por san Jerónimo a finales del siglo IV d.C.

Otras versiones son los Tárgum arameos. En la comunidad judaica, cuando el hebreo se dejó de utilizar y el arameo tomó mayor importancia, se hicieron necesarias traducciones, primero para acompañar la lectura de las Escrituras en la sinagoga, y luego transcritas al papel. Los Tárgum no eran traducciones literales, sino interpretaciones del original. Los dos Tárgum más importantes son el que tuvo su origen en Palestina y los revisados en Babilonia. En los últimos tiempos se descubrió un manuscrito entero del Tárgum palestino, el “Neofiti I”, guardado en la Biblioteca del Vaticano. De los Tárgum babilónicos, los más conocidos son el de “Onquelos “(Pentateuco) y el de Jonatan (Profetas).

(5) Literatura Bíblica

Dado que la Biblia es un conjunto de libros, escritos por distintas personas, en distintos momentos cada uno de ellos pertenece a un género literario distinto, están incluidos los libros poéticos como lo son: Salmos, Job, o Proverbios. Por otra parte Rut, Jonás o Ester son propios de la narrativa.
Pero, pese a la “necesidad” de pertenencia de un libro a un género, en la Biblia existen varios libros que no podrían ser relacionados con géneros específicos, sino como primerizos de otros nuevos, es por eso que en numerosas ocasiones se han escritos libros que proponen nuevas formas de ver la Biblia.
La clasificación tradicional incluye a las narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, leyes y apocalipsis para el Antiguo Testamento, y evangelios, historia, epístolas y apocalipsis para el Nuevo Testamento.
Tanto en contexto como en contenido, la mayoría de los libros del Antiguo Testamento son narraciones, es decir, relatan los acontecimientos del pasado. Tienen, como casi todos, un desarrollo, una tensión y su resolución, una caracterización de los personajes y una descripción del escenario en el que se producen los relatos son narraciones. Además, muchas obras narrativas del Antiguo Testamento son historias, aunque no se ajusten a la definición más estricta del término. Las narraciones históricas del Antiguo Testamento son obras más populares que objetivas, ya que los autores recurrieron a menudo a tradiciones orales para escribir sus relatos. Además, todas las narraciones se compusieron con un fin religioso. Es por eso que se les puede denominar “historias de salvación”, ya que su objetivo es demostrar cómo participó Dios en la vida de los humanos. Algunos ejemplos de ello son: Historia deuteronomística (desde el Deuteronomio hasta el 1 y 2 Reyes), el Tetrateuco (Desde el Génesis hasta el libro de los Números) o la Historia del Cronista (1 y 2 Crónicas, Esdras y Nehemías).
Obras poéticas; Entre los libros poéticos del Antiguo Testamento están: Salmos, Job, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Eclesiástico y Plegaria de Manasés. La mayoría de los libros proféticos están escritos de acuerdo con las reglas líricas hebreas, aunque son lo bastante distintos de los poéticos como para que puedan ser diferenciados.
Una de las características principales que tiene la poesía hebrea, es el uso del “parallelismus membrorum” que se puede traducir como paralelismo de versos. Por ejemplo, el significado de un versículo puede repetirse en otro versículo, como se ve en Sal. 6,1: “Yahvé, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues”. Se puede ver fácilmente que ambas dicen lo mismo. Por otra parte, la segunda línea puede dar el aspecto negativo de la primera afirmación, como en Prov. 15,1: “Una respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira”. En otros casos, la segunda línea puede explicar la primera o reformularla.
Dentro de los libros poéticos existen varios géneros. Los más conocidos son los cantares de adoración (Salmos) y la poesía sapiencial. Además, la Biblia tiene un libro de poesía amorosa, el Cantar de los Cantares.
Poesía sapiencial es, como lo dice el nombre, la que se encarga de difundir conocimientos. Esta incluye colecciones de refranes de sabiduría y poemas breves, como en Proverbios, o composiciones largas, como en Job, Eclesiastés, y Eclesiástico. Los materiales sapienciales más aceptados son proverbios, refranes y sermones, generalmente de uno o dos versos de largo. Algunos eran refranes populares, mientras que en otros se puede notar su elaboración y razonamiento. Proverbios 1-9 tiene algunos poemas sobre la sabiduría, a la vez Job es un escrito poético largo en forma de diálogo contextualizado en un cuento popular.
La idea principal de los refranes toma desde los consejos prácticos para una vida mejor, hasta reflexiones muy elaboradas acerca de la religión y si creer o no en ella. A Job, al menos en un sentido, siente la injusticia en el sufrimiento de los justos (valga la redundancia), en tanto que Eclesiastés es una reflexión sobre el significado de la vida para un moribundo.
La literatura “cultual” (del culto religioso) en Israel era poesía lírica; es decir, poesía escrita para ser cantada. La mayoría de estos libros están recopilados en Salmos. Varios son himnos: canciones de adoración a Dios, a sus obras por Israel o a su creación. Otros son lamentos de la comunidad o cantos de queja que, en realidad, son oraciones de pedido, cantadas por el pueblo cuando en situaciones difíciles. Una parte de los Salmos son lamentaciones individuales, cánticos utilizados en nombre de individuos a punto de morir, o cercanos a una desgracia. Una vez que quien pedía ha sido salvado de sus infortunios, se cantan poesías de gracias.
Escritos proféticos; pese a que los profetas eran conocidos en varias regiones, ninguna otra cultura desarrolló una literatura profética tan amplía como la de Israel. Por ejemplo, algunos autores egipcios escribieron obras llamadas “profecías”, pero eran distintas en su forma y contenido a los libros proféticos de la Biblia. Gran parte de los libros proféticos hebreos tienen tres tipos de literatura: narraciones, oraciones, y discursos proféticos. Casi siempre, las narraciones son relatos de lo profético, atribuidos a quien lo escribió o dijo generalmente contados por una persona externa (3ª). Tienen descripciones de visiones, detalles de acciones simbólicas, actividades proféticas (como, por ejemplo, los conflictos de los profetas) y narraciones o datos históricos. Uno de los libros incluidos entre los proféticos, Jonás, es un relato acerca de un profeta, y posee solo un versículo de mensaje profético. Las oraciones incluyen himnos y peticiones.
En la literatura profética abundan los discursos, ya que la actividad de los profetas consistía en hacer llegar a todos la palabra de Dios acerca del futuro. Las más comunes son profecías de castigo o de salvación. Por lo general, la profecía de castigo explica las razones de Dios en cuanto a la injusticia social, religiosa o abandono y además el desastre, militar o de otro tipo, que caerá sobre el grupo o individuo. Las profecías de salvación hablan de la intervención de Dios para rescatar a Israel. Otros discursos incluyen las profecías contra las naciones extranjeras, discursos de desesperación que exponen los pecados del pueblo, o advertencias.
Las leyes resultan tan importantes en las Escrituras hebreas que, como ya vimos, el judaísmo llamó Torá (del hebreo torah, “ley”) a los primeros cinco libros y los primeros cristianos a todo el Antiguo Testamento. Los textos legales son mayoría en Éxodo, Levítico y Números.
Según la Biblia, la voluntad de Dios fue revelada a Israel a través de Moisés al establecer la alianza en el monte Sinaí. Por lo tanto, todas las leyes, menos las del Deuteronomio, se encuentran desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se cuentan los acontecimientos de Sinaí.
Algunos de losa hombres que han estudiado la Biblia descubrieron en las leyes hebreas dos formas, las “apodícticas” y las “casuísticas”. La ley apodíctica se representa con los Diez Mandamientos, aunque no son solo ellos. Estas leyes, que por lo general se encuentran juntas de a cinco o más, son cortas exposiciones del comportamiento que Dios exige. Si son positivas, se les llama mandamientos; si son negativas; prohibiciones.
Cada una de las leyes casuísticas esta compuesta por dos secciones. La primera pone una condición, y la segunda las consecuencias que ésta tendrá. Por lo general, estas leyes describen los problemas que pueden surgir en la vida cotidiana. Las leyes casuísticas tienen la misma forma, y a veces el mismo contenido.
El apocalipsis surgió en Israel luego del exilio, entre el 586 y el 538 a.C. Un apocalipsis relata acontecimientos futuros. Utiliza imágenes simbólicas y, a veces, exageradas, que a su vez son explicadas e interpretadas en los mismos textos. Lo apocalíptico generalmente refleja la visión histórica que tuvo el autor acerca de su era, en el momento en que el mal se preparaba para librar la batalla final contra Dios, para luego dejar nacer una nueva edad.
Daniel es el único libro apocalíptico de las Escrituras hebreas, y su primera mitad es en realidad, un conjunto de leyendas. Sin embargo, hay partes de otros libros que son similares a la literatura apocalíptica como algunas partes de Ezequiel. En el judaísmo de los dos últimos siglos a.C. y del primer siglo d.C. existieron muchas obras apocalípticas que no fueron consideradas canónicas.

Los géneros anteriores son los relativos al Antiguo Testamento; mientras que los pertenecientes al Nuevo Testamento son: evangelios, historia, epístolas y apocalipsis.
Aunque los evangelios tienen muchas similitudes con textos biográficos de héroes, humanos o dioses. Un evangelio es un conjunto de relatos de hechos o dichos, de los cuales se puede distinguir su individualidad, aunque estén escritos con el fin de conformar una unidad. Los autores de los Evangelios tuvieron interés en el orden temporal, aunque no fue lo más importante; lo que influyó en mayor proporción sobre la organización de los materiales fueron los temas teológicos y las necesidades de los lectores.
La mejor narración histórica en el Nuevo Testamento se encuentra en Hechos de los Apóstoles, el segundo de dos volúmenes relatados por san Lucas. Estos dos libros cuentan la historia de Jesús y de la Iglesia que surgió como una continuidad de su nombre, centrada en la historia de Israel y de los romanos. La historia se presenta desde el punto de vista teológico, es decir, que concibe la procedencia de Dios desde un acontecimiento concreto o una determinada persona.
En las antiguas Grecia y Roma la epístola (o carta) era un estilo literario bastante popular y constaba de 6 partes; la firma, dirección, saludo, alabanza o acción de gracias, el mensaje y la despedida. Este estilo tuvo una gran popularidad en la comunidad cristiana y fue utilizado por varios jerarcas y escritores de la Iglesia. Las epístolas que se escribieron, de las cuales algunas aparecen en el Nuevo Testamento, son en realidad sermones, consejos o tratados, apenas disimulados por las características del género epistolar.
Las narraciones apocalípticas aparecen en el Nuevo Testamento, pero se usan principalmente en el libro que lleva su mismo nombre (o Revelación). Generalmente, los apocalipsis se escribieron en épocas de crisis de una comunidad, hambruna, guerra, desesperación, momentos en los que la gente busca ayuda y esperanza. Esta literatura es muy pesimista en cuanto a la situación global del mundo y esperanzadora solamente en lo que respecta a lo divino y atemporal. Las visiones del fin del mundo se caracterizan por la recompensa y agradecimiento a aquellos que han sido justos. Se cree que el Apocalipsis fue escrito durante la persecución contra los cristianos a manos del emperador romano Domiciano (81-96 d.C.).


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