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aqui les dejo un trabajo que hice

sobre la ciudad de ibatin...

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN EN IBATÍN.

ANALISIS DE LA SOCIEDAD Y ECONOMÍA








INTRODUCCÌON

A partir de la llegada de los españoles en el siglo XVI al noroeste Argentino, comenzó un proceso de consolidación del territorio a través de la conquista y la colonización. Con el propósito de lograr el dominio territorial y la máxima explotación de la riqueza de las tierras surgieron las primeras ciudades fundadas por los españoles.
Una de ellas fue san miguel de Tucumán en 1565 por diego de Villarroel, en el campo de Ibatin.
Al profundizar nuestro conocimiento sobre esta ciudad, surgió nuestro gran interrogante: ¿se establecieron interrelaciones entre la sociedad y el ambiente natural de Ibatin? Pero para poder respondernos esta pregunta tan general, fue necesario realizarnos preguntas más específicas como por ejemplo:
-¿Cuál era la ubicación exacta y las características del ambiente natural de Ibatin?
-¿Qué actividades económicas se desarrollaron durante los 120 años que la ciudad permaneció en Ibatin?
-¿Cómo se conformaba la sociedad, cuáles fueron sus principales características?
El objetivo de nuestro trabajo, será entonces, conocer las interrelaciones que se llevaron a cabo entre la sociedad y el ambiente natural que la rodeaba a partir del estudio de las características del medio y la influencia que tuvieron en la evolución de la sociedad y de las actividades económicas.

EL AMBIENTE NATURAL



Ibatín se encuentra ubicada a 27º15’ latitud sur y a 65º35’ de longitud w, a 330 metros. Está en el departamento de Monteros y desde la actual San Miguel de Tucumán dista aproximadamente 64km.
Este sitio tiene un importante valor geográfico, está entre la llanura aluvial del piedemonte y el sistema del Aconquija frente a una salida de las montañas llamada Quebrada del Portugués. Este valor fue reconocido y explotado desde el principio por los españoles.
La red fluvial fue de vital importancia para el desarrollo de la colonización española. Los ríos de nuestras montañas eran conocidos por sus angostos y accidentados cauces, con corrientes violentas, capaces de llevarse a hombres y caballos. Durante el verano se formaban numerosos pantanos a causa de las abundantes precipitaciones, que también producían el desborde de los ríos, con desviaciones y rellenamientos de cauces.
Al norte de la ciudad, corría el río que bajaba por la Quebrada del Portugués a un cuarto de legua (aproximadamente 1300m.) entre barrancos que cumplían la función de contención a posibles crecientes, (según los documentos coloniales). Actualmente el río se denomina Pueblo Viejo, pero en los documentos antiguos figura como río de la Quebrada o del Tejar.

En cuanto a su clima Ibatin presenta características subtropicales, con veranos cálidos y húmedos, con una temperatura media de enero de 25ºC, e inviernos templados y secos (media de julio 10ºC).Según koppen: Cwa.
Las precipitaciones alcanzan los 1.100 mm anuales, es unas de las zonas más húmedas del país. La mayor parte de las lluvias se concentran en la estación estival, lo que trae como consecuencia una desproporcionada distribución de las precipitaciones entre invierno y verano.
Son ricos originados por los aluviones transportados por los afluente del río Salí que atraviesan la llanura central tucumana en forma casi paralela.
Están compuestos por limos, arcillas, loess, arenas, granos y tierra vegetal. La densa vegetación, que desarrolla durante la colonización explicaría la existencia de una gruesa capaz de humus
Fito geográficamente, el sitio pertenece a la provincia botánica denominada “selva tucumano-oranense”. En este se desarrolla una extraordinaria arboleda de enmarañado follaje compuesta por gran cantidad de Cedros Tucumanos, Nogales, Robles criollos, tipas, Laureles, Lapachos, Algarrobos, Cebiles, Quebrachos, etc.
Estas riquezas en maderas le dieron fama a Tucumán. Hoy se encuentra disminuido por la tala desmedida a que fue sometida desde la época colonial.
Al igual que la vegetación, la fauna también era abundante y variada. Entre los mamíferos se destacan: el tapir americano, liebre, conejo, nutrias, oso hormigueros, topos, comadrejas, zorros, zorrinos. También los conquistadores mencionaban la existencia de tigres y leones, que eran un enorme peligro para las personas y el ganado, al extremo que los pobladores de San Miguel vivían pendientes de sus ataques con armas en manos, en realidad se trata del jaguar y el puma americano.
Los bosque estaban poblados de aves de todos clase como ser: pavos, faisanes, garzas, palomas, perdices, picaflor, tortolos, papagayos, urracas, gorriones, golondrinas, etc.
Del grupos de los reptiles: lagartos, iguanas, y ofidios con diversidad de víboras y culebras, donde se destaca la lampalagua por su gran tamaño y fuerza. Las ranas y sapos abundarían por aquellos tiempos dados la gran humedad de3l clima y la proliferación de lagunas y bañados.
Otra consecuencia del clima fue la enorme cantidad de insectos, arácnidos y gusanos. En Ibatín había gran cantidad de mosquitos de virus infecciosos.
También existían una gran variedad de abejas y avispas productoras de miel.
Como consecuencia del exterminio de la vegetación original y la caza desmedida, la fauna de esta época es prácticamente inexistente.

Población Indígena:
Es importante destacar que la primera población de San Miguel de Tucumán se encontraba emplazada en medio de territorios aborígenes los cuáles describiremos a continuación ya que estas poblaciones significaron un peligro constante para la ciudad
 El territorio de los Diaguitas:
se ubica en los valles y quebradas de las serranías de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. La nación se componía de numerosas tribus cuyos nombres se perpetúan en las localidades donde han habitado, por ejemplo: Tolombones, Quilmes, Tafíes, Amaichas, Colalaos, etc.
 El territorio de los Lules: según Sotelo Narváez recorrían los dominios de Esteco y Tucumán, es decir el territorio ocupado por los Tonocotés, quienes fueron pacíficos y buenos servidores de los españoles; mientras que los Lules fueron nómadas y vivían de la caza y de la pesca y no fueron del todo pacíficos. No tenían domicilio ni propiedad, pero eran muy numerosos, grandes guerreros y podían haber exterminado a los Tonocotés si la conquistas española no hubiera sobrevenido. Ellos hablaban diferentes lenguas (dialectos), conocían el tonocoté que parecía haber sido la lengua general de esta zona; y sirviéndose de ella los jesuitas pudieron convertirlos y catequizarlos.
 Los juríes o tonocotés: no representa el nombre de una nación, sino mas bien se trata de una denominación general dada a todos los indios mas o menos salvajes, de una civilización inferior a la cultura serrana de los indios de la montaña (diaguitas). Se trata de los habitantes de las llanuras cubiertas de bosques, al este de la cadena del Aconquija y de Acasti (actuales provincias de Salta, Tucumán, y Santiago del Estero).

ETAPAS HISTORICAS DEL DESARROLLO URBANO DE SAN MIGUEL DE TUCUMAN EN IBATIN

Para poder comprender como fue la evolución de la ciudad y como se establecieron las interrelaciones entre la sociedad y el ambiente natural decidimos dividir los 120 años de historia de vida de Ibatín en tres períodos, a partir de este hecho que marcaron el cambio significativo de la ciudad:
*1565-1578 Nacimiento de la Ciudad
*1578-1630 Desarrollo y Apogeo
*1630-1685 Decadencia y Traslado

LA FUNDACION DE LA CIUDAD (1565-1578)

Este periodo se inicia en 1565 cuando la ciudad se funda. La ciudad se levanto en el sitio llamado Ibatín, que deriva del Tonocotés eatín y significa chacra o sitio del sembradío. Este cumplía con las condiciones requeridas por las Leyes de Indias en sus disposiciones relativas a la fundación de ciudades, los conquistadores consideraban que se trataba de una verdadera tierra de promisión, el lugar era alto, el clima agradable, sé disponía de madera y leña, la fauna era importante, había piedras, cal, arcilla y el agua abundaba. Creían también que existían yacimientos en las montañas.
El sitio tenía una ubicación de privilegio, se encontraba sobre el camino real de Santiago para el Perú, también llamado camino de las charcas y estaba emplazado en medio de dilatados territorios habilitados por aborígenes. Muchos de estos hostiles a la raza conquistadora, es por esto que se mando a someter a los indios comarcanos que luego de la destrucción de cañetes habían quedado alzados y rebelados contra el servicio de su majestad.
Luego el sitio elegido fue desmontado y se trazo en él la planta urbana según las instrucciones de las Leyes de la Indias, para que el día 31 de mayo de 1565, Don Diego de Villarroel llevara a cabo la fundación por encargo de Don Francisco de Aguirre, gobernador de Tucumán.
Villarroel rodeo la plaza en señal de toma de posición seguido por la comitiva de 25 vecinos, luego planto en un hoyo, que había mandado a hacer, el árbol de la justicia y cuando hubo hecho esto dijo “En nombre de Dios, del Rey y del Gobernador del Tucumán, poblada ciudad de San Miguel de Tucumán y nueva tierra de Promisión, cuya Iglesia mayor estaría bajo la advocación de nuestra señora de la Encarnación”, según el Acta de fundación citada por Teresa Piossek Prebisch)”.
Se cree que en el solar perteneciente al templo se planto la cruz de quebracho que se conserva en la actual Iglesia Catedral. A continuación nombró los alcaldes, regidores y procurador de la ciudad que comprendían el cabildo, institución que atendería los asuntos administrativos y judiciales inmediatos y urgentes de la población.
Finalmente entre los vecinos repartió solares, estancias y encomiendas de indios para que dispusieran de la mano de obra necesaria para los distintos trabajos.
La planta de la ciudad era un cuadrilátero, de siete cuadras de lado y cuarenta y nueve manzanas de los cuales la central se reservo para plaza pública. Las manzanas estaban divididas en cuatro solares de casi media hectárea cada uno.
Para poder distribuir el agua a la población se abrió una bocatoma del río y se cavaron acequias que corrían a lo largo de los cuadras. En los ejidos estaban las tierras de labor divididos en tanto lotes como solares había y también los terrenos reservados para tablada y estacionamiento de carretas y tropillas de mulas. Después reinaba la selva a primitiva con su verdor y el murmullo incesante de fieras, aves e insectos mezclados al rumor del río.
Durante este período, San Miguel en Ibatín, no tuvo su vida asegurada, la supervivencia era todavía incierta. Al estar emplazada entre los calchaquíes que la acechaban juntos con otros muchos indios de guerra de la llanura, la noción de peligro era una constante de su existencia, esto se refleja en la obsesiva idea de defensa y el temor en que Vivían sus habitantes.
La ciudad estaba rodeada por una empalizada, al lado de esta circulaba la ronda de extramuros por donde día y noche circulaban los guardianes de la ciudad. La población vivía en pie de guerra para defender la ciudad, esto se manifestó hasta la figura de San Miguel con su espada celestial desvainada, lista para arremeter.
A pesar de la estratificación típica de la sociedad de la época, el nivel de vida era prácticamente igual para todos los habitantes.
Las casas al igual que la iglesia mayor (Y única) eran las paredes de adobe, techo de paja y piso de tierra, estos sencillos edificios se concentraban en las manzanas que rodeaban la plaza. Parecía que los habitantes temían alejarse uno de otros, eran consientes de la precariedad de su existencia. Se reunían en el único templo y oraban por su ciudad, sus vidas y haciendas, dirigidos por un fraile, único religioso en el lugar.
Tanto los españoles como sirvientes indios se vestían con “la ropa de la tierra”, de extrema sencillez, confeccionada en el lugar.
Las actividades económicas que se practicaban eran de subsistencia, se desarrollaba la agricultura, cultivaban trigo, maíz, cebada, entre otros y en las estancias había ganado menores y mayores. Existía una fábrica de tejido donde se confeccionaban la vestimenta que utilizaban.
Según los datos aportados por los documentos, la ciudad, no era más que una aldea fortificada, rústica y pequeña amenazada por su entorno la selva con sus bestias salvajes y sobre todo, por los indios rebeldes.
Para el aborigen el español era sinónimo de sometimiento, los hostilizaban por todos los medios a su alcance. Atacaban a los viajeros y a todo aquel que se alejaba de la cuidad. Destruían sembrados, robaban animales y mataban a los indios de las encomiendas. Se trataba de incursiones esporádicas alternado con respiros de tranquilidad hasta que finalmente el 28 de octubre de 1578 se produjo el tan temido ataque y con este se concluye este primer periodo.
Calchaquíes de los valles, más Solcos y Juríes de la llanura confederados bajo el mando del cacique Gualán cayeron sobre San Miguel confiado en su número y el hecho de que el gobernador del Tucumán había sacado de la cuidad la mayoría de los hombres de armas para llevarlos a una expedición y dejado en ella solo dieciocho. Situaron la población e incendiaron los techos de paja, creído de que la destrucción total seria operación rápida y fácil. No ocurrió así pues Gaspar de Medina, lugarteniente de gobernador, más los escasos defensores y la población integra, respondieron al ataque con un despliegue de resistencia física y moral casi sobrehumana. En medio del incendio, Medina se las ingenio para enviar a Santiago del Estero un pedido de socorro, y mientras este llegaba resistió el sitio. La lucha de varios días de duración, concluyo con la muerte de Gualán y el triunfo total de los tucumanos ayudados por los santiagueños.
Con este triunfo, los Calchaquíes se recogieron en sus reductos montañeses si atreverse a atacar el llano ni hostilizar a los viajeros que atravesaban su suelo por el camino Inca.
La primera San Miguel de existencia incierta, se afirmo sólidamente en Ibatín, con ello quedo asegurada la comunicación con el Perú, el desarrollo del comercio y la expansión y afianzamiento de la conquista en la extensa gobernación del Tucumán.

DESARROLLO Y APOGEO (1578-1630)

Este segundo periodo se inicia luego del ataque indígena. La ciudad fue destruida, los sembrados arrasados, el ganado diezmado, los 13 años de residencia fueron arruinados, pero ahora la unidad gozaba de lo que antes careció seguridad y paz.
Ésta entraba en un proceso de rápido desarrollo para alcanzar su apogeo durante las dos primeras décadas del siglo XVII. Este proceso lo detallamos desde los aspectos económicos, sociales y urbanos.
Aspectos Económicos
Con respecto a la actividades agrícolas- ganaderas, se decía que el campo tucumano producía generosamente gracias a la labor indígena, tanto para su propio abastecimiento como para comerciar con las ciudades hermanas del Tucumán, con el Río de la Plata, con Cuyo y sobre todo, con el Alto Perú.
Se explotaban los bosques naturales y la miel silvestre. La miel era muy importante en esa época porque hasta mediados del siglo XVIII era el edulcorante por excelencia, esta se encontraba en gran cantidad en las zonas boscosas.
Se cultivaba maíz, tubérculos como la papa, zapallo y algodón, lino y frutales. La producción agrícola se enriqueció gracias a la introducción de cultivos y aclimatación de especies vegetales útiles y de significación económica, traído por los españoles como el trigo, la caña de azúcar, y muchos frutales desconocidos en América como ciruelos, durazneros y naranjos.
Se criaba ganado mayor y menor (vacuno, caballar, mular y ovino) y las ventas de ganado vacuno y mular a la ciudades peruanas, desde 500 o más cabezas, era uno de los rubros más importantes de su economía. También se criaban y amansaban los bueyes que conducían las carretas.
Gracias a las riquezas de los bosques en madera, fue posible la instalación de numerosos aserraderos y carpinterías. Se destaca la fabricación de carretas, que era el principal vehículo de su tiempo y San Miguel en Ibatín su principal fabricante en el virreinato.
La famosa carreta tucumana cargaba hasta dos toneladas de peso, las ruedas tenían más de dos metros de diámetro. Principal 6 metros y medio de largo. La estructura era toda de madera en el ensamblaje no se usaba ningún clavo. El piso de carrizo o junco tejido el techo un armazón de ramas flexibles cubiertas de cuero de toro cocido. Podía de pasajeros o de carga, era conducida por un peón y tirada por dos o cuatro bueyes incluidos a un yugo de más de 2 metros de largo. Marchaban en tropas de hasta veinte carretas y recorría un promedio de 20 kilómetros diarios.

También se construían gran cantidad de muebles rústicos como el estrato, era una tarima trabajada en nogal y con patas torneadas donde se ubicaban las damas de la casa para recibir sus visitas, escritorios, cofres banitiados donde se guardaba dinero, cajas de cedro tallado, mesas, sillón, sillas, etc. Los muebles se exportaban a toda la región y aun a Buenos Aires.
La madera también era utilizada en la construcción de techos y apuntalaban las casas e iglesias.
En los obrajes se fabricaban paños, frazadas, sombreros, sobrecama, gracias a la producción de algodón y lienzo, que sustentaba a la numerosa población indígena, que proveía la mano de obra. Aquí también se realizaba un producto importante para la vida de aquel entonces, el pabilo para hacer velas.
En las curtidurías, se curtía el cuero al pelo, que serbia a su vez de materia prima a los numerosos talabarteros que confeccionaban las riendas, cinchas, sillas, aperos, lazos, y demás enceres de montar. No solo se trabajaba el cuero vacuno, sino también el de cabras y ovejas para hacer cordobanes y badanos.
Estas manufacturas se denominaban granjerías y se comercializaban con éxito en el Alto Perú, eran llevados en tropillas de mulas por el camino incaico o bien carretas hasta la cuidad de Jujuy donde eran trasladados a mulas que los conducían a sus destinos con ganancias obtenidas en las ventas, se adquiría los llamados “efectos de castillas”, mercadería de primera necesidad tales como: medicinas, papel, especies, y sustancias químicas como también prendas de vestir, joyas, muebles, vajillas y adornos. Estos bienes eran para uso personal o para destinarse a la reventa.
Las actividades que realizaban los vecinos eran terratenientes, industriales, comerciantes, e instructor de productos extranjeros. En el comercio la monda más usada era el peso de plata pero a falta de ella se acostumbro la paga en moneda de la tierra es decir en especies como varas de lienzo. La operación compra-venta se reducía a un mero trueque.
Hay que destacar la importancia de los jesuitas en sentar los bases de la economía tucumana, al organizar verdaderas empresas para explotar económicamente los cultivos que había introducido como la miel y la caña de azúcar.
De esta forma San Miguel cumplía con el rol de centro comercial que se había asignado desde los inicios de la conquista
Aspecto Social
En este segundo periodo ya se observa una estratificación que estaba compuesta por:
La clase servil, los artesanos, las órdenes religiosas y una elite. Mas la gente de paso. Esta estratificación fue posible por el desarrollo económico, que genero el enriquecimiento de un determinado sector acentuándose las diferentes clases sociales.
La elite: era la clase adinerada, servida por los esclavos, usaban vajilla de plata y de cerámica de Talavera (cerámica de porcelana española), muebles de cedro y nogal fabricado en Ibatín o traído de España.
Con respecto a la vestimenta, parecían personajes extraídos de cuadros, los documentos coloniales, la describen de esta manera: “Ellas con vestidos de terciopelo verde, morado o carmín. Manto de gasa con puntos de abalorio. Turbantes de flores escarcha: guantes de seda azul labrados en oro y plata. Medias de seda, chapines de terciopelo carmín de la China con pasamo de oro. Zarcillos y ahogadores de perlas.
Ellos valones de raso morado de la China, medias de seda morada, capa y ropilla de lanilla con jubón y valones de raso negro. Sombrero negro de cartilla, afinado, cuello con puño jubón de tafetán negro de México. Randas para valonas. . Esto se completaba con joyas como mondadientes de oro y con tríos y pretina bordados de los que pendía la espada, más el jaez del caballo de plata de terciopelo morado.
Las viviendas que poseía la elite se destacaban del resto, estas se consideraban de lujo. “Tenían paredes de ladrillos, hachos con tirantes de madera cubiertos de tejas y piso de baldosas cerámicas o de piedra bola. La característica más sobresaliente de estas viviendas es la amplitud del espacio manifestada en los patios generosos rodeados de galerías. En los amplios aposentos o habitaciones dedicados a alojamiento de patrones y gente de servicio. A depósitos de herramientas o taller donde realizaban las diversas tareas domesticas para el mantenimiento del grupo familiar. Al fondo de la propiedad se encontraban los animales domésticos. Cerca estaban las huertas y prendías en una enramada de troncos de caños estaba la vid, con la cual se fabricaba el vino patero de la región.



Ilustraciones de Felipe Huamán Poma de Ayala, se puede apreciar la vestimenta de los hombres de la elite.

Las Órdenes Religiosas: existían tres órdenes: los mercenarios, llegados en 1556, los franciscanos en 1565 y los jesuitas en 1582. No se sabe con precisión la instalación en San Miguel, solo que hacia 1586 los dos primeros ya tenían casa fundada en la cuidad y que en 1588 la tercera recibió en donación dos solares en lo que luego construyo iglesias y conventos. Se sabe que los franciscanos fueron los primeros que enseñaron a leer y escribir en Ibatín.
Estos Vivian en los conventos y cada orden lucia su hábito característicos.
Los Artesanos: se encontraban entre la clase alta y la servil. Aparentemente tenían su barrio propio que había estado situado al sur de la cuidad. Había sido el sector bullicioso de esta, a causa de los ruidos característicos de cada taller. Por ejemplo, el del zapatero, carpintero, talabartero, sombrerero y los de las sastrerías.
También en este barrio Vivian el médico, cirujano, y aprendiz de cirugía.
Muchos de estos artesanos eran indios peruanos o alto peruano venidos a San Miguel y en su modo de vida mostraban el deseo de asimilar a la raza conquistadora.
Algunos eran indios de encomiendas, otros independizados, dueños todos de un oficio, propietarios de una casa que habitaban, con familias formadas, ladinos y lengua española y católicos en religión constituían la clase media de su tiempo.
Su vestimenta trataba de imitar a la de las clases altas. Según los documentos coloniales consistía en un vestido de paño de quito compuesto de manta, camisetas, y balones, sombreros y zapatos.
Con respecto a la vivienda, salvo las quince clasificados de lujo, el resto continúan siendo como en el primer periodo, paredes de adobe, levantados sobre cimientos de un metro de ancho, techos de paja y pico de tierra.
Clase Servil: constituía la mayor parte de la población, formada al comienzo casi exclusivamente por indios entregados en encomiendas que se daban por dos vidas, para que sirvieran de ello el primer beneficiario y sus hijos.
El sistema servil de encomiendas fue instalado por el sucesor de Colon, Nicolás de Ovando,
En la española (Haití) a partir de 1508. L a corona concedía al encomendero ciertos derechos sobre un número de indios.
 El encomendero: protegía a los indígenas los evangelizaba e instituía con la ayuda de los misioneros.
 Los aborígenes prestaban servicio de trabajo y tributo al encomendero.
L a encomienda tenia semejanza con el señorío europeo de la edad media, el vínculo de prestaciones y protecciones que se establecía entre encomenderos e indígenas nos hace recordar el sistema de relación entre señores y ciervos.
Desde fines del siglo XVI aparecieron un significativo número de esclavos africanos. Los primeros negro que llegaron a nuestra tierra fueron la gente de servicio de esa raza que traía el ejercito del capitán Diego de Rojas en 1543, pero el comercio de esclavos solo comenzó a fines de ese siglo. Surgió principalmente por la necesidad de reemplazar la mano de obra indígena cuyo número se redujo en forma alarmante durante los primeros años de la conquista por diversas causas: el exceso de trabajo al que los sometía los españoles, la práctica del desarraigo mediante la cual se mudaba poblaciones integras a regiones a las que no estaban acostumbrados, las guerras, enfermedades desconocidas como, la viruela, el sífilis que causaron estragos entre los aborígenes.
Adquirirlos suponía un desembolso de una gran suma de dinero, solo al alcance de la gente pudiente pues eran una de las mercancías más caras. Algunos precios para ejemplificar:
Un esclavo de 36 años $ 500
Un negro natural de Angola $ 425
Una carreta $ 40
Un solar de la cuidad $ 150
Un vestido de terciopelo $ 300
Dos colchones $ 24
Dos candeleros de plata $ 100
Según los documentos coloniales su vestimenta consistía en una pieza de ropa compuesta de manta y camiseta y un sombrero – calzado no se menciona – mas calzón para los hombres y falda para la mujeres que proporcionaba el amo o entregaba en pago de servicios. La vestimenta era de menor calidad que la de los artesanos.
Los aborígenes encomendados desarrollaban diversas labores para sus patrones españoles: trabajaban sus campos, cuidaban del ganado, sembraban y recogían cosechas de maíz, de trigo o de algodón. Que luego sus mujeres hilaban.
Dada la abundancia de madera, también practicaban carpintería, desde muy temprana edad.
Había también hábiles artesanos y albañiles.

Lizondo Borda subraya que estos indios humildes y desconocidos fueron los que cargaron sobre sus espaldas todo el peso material del trabajo en Tucumán, a fines del siglo XVI. “Acá solo a ellos, y a nadie más que a ellos, descontando la verdad, la bondad, portadora del suelo, se debía a la fama de industria y de rica que ya tenía San Miguel en esa época. De ellos era el merito de aquellas cosechas grandiosas que lleno de orgullo, el alzaba el cabildo de la vieja ciudad hacia el tiempo de la translación. Tuvieron ellos lo que, en el San Miguel de Ibatín, alzaron sus iglesias, tan importantes de la que se jactaban la ciudad y que los vecinos deploraron dejar cuando debieron trasladarse a la Toma”

Ilustraciones de Felipe Huamán Poma de Ayala, donde se puede observar el trabajo aborigen y su vestimenta característica.

Que esta población estable, se agregaba la flotante por la gente de paso por la cuidad. Este es el caso de los comerciantes que llegaban desde Perú cargados de efectos de castilla, de Mendoza, San Juan, La Rioja, trayendo nueces, frutas secas y vino. Del río de La Plata, extendiendo hasta el Tucumán el contrabando de esclavos africanos. Para el cansado viajero, arribar a la cuidad era sinónimo de alivio, de pronto descanso reparador del final de un trance duro. Llegaba por alguna de las calles y se alojaba en la casa de parientes o amigos, si los tenía. Si carecía de ellos aguardaba en la plaza con cabalgadura acompañante y equipaje. Existían varias pulperías donde viajeros y vecinos mientras tomaban un vaso de vino podían jugar a los naipes, trueques, taba, dados, palillos, trompillos, perinola o la pelota.
San Miguel ofrecía al forastero otras cosas que podría necesitar; un caballo, o lo que necesitara para proseguir el viaje, una montura nueva, calzado, sombrero, etc. Ofrecía todo a quien la visitaba, la producción de sus campos, industrias y artesanos.
Para concluir con la población de este periodo resulta interesante mencionar algunos datos de la misma. Hacia 1582 según el capital Pedro Sotelo de Narváez, la población era de 25 vecinos (contando los hombres cabezas de familias) y 3000 indios encomendados. Después de 25 años en 1607, según el censo realizado por el gobernador de Tucumán, Alomo de Ribera, la ciudad contaba con 32 vecinos y 1100 indios encomendados. En estos datos se puede apreciar la notable disminución de indios encomendados, que mueren a causa del maltrato español.
Aspecto urbano
En este periodo urbanísticamente, se caracterizo por una evolución en la edificación. En 1590 Fray Reginaldo de Lizárraga exhibía sobre ellas, comparándolas con Santiago del Estero cede del gobierno y del arzobispado de la gobernación del Tucumán “es pueblo de mejores edificios”.
El centro geográfico de la planta urbana y corazón de la vida comunitaria era la plaza, amplio espacio flanqueado en dos costados por calles reales. Una se llamaba calle Calchaquí, era la que desembocaba en la senda que penetraba por la quebrada del Portugués rumbo a los valles calchaquíes, la otra no se identificaba con precisión pudo haber sido la que corría en dirección este u oeste, pasando por el lado sur, frente a la iglesia matriz y junto al cabildo.
En la plaza pública o a su alrededor se concentraban y manifestaban las expresiones más características de la vida colonial, por ejemplo:
 En la plaza se encontraba el rollo o picota donde se ejecutaban o azotaban a los acusados de algún delito.
 En esa manzana central o en su entorno se celebraban las fiestas por el nacimiento de un nuevo príncipe, por la coronación de un nuevo rey o por el día de algún personaje celestial. Los festejos consistían en paseos del estandarte real, en lanzamiento de luminarias o fuegos artificiales, repique de campanas, en carreras de caballos, de sortija, juegos de caña, encuentros caballerescos, representaciones teatrales, concursos de poesías y procesiones. Estos a veces era de acción de gracias, pero otros se realizaban para pedir la protección divina contra epidemias, sequías, ataque indígena, o crecientes.
 En la plaza se realizaban remates y los domingos y días festivos, las ferias donde accedían los habitantes a vender sus productos, utensilios de cerámicas, cestos, hierbas medicinales, frutos, animales.
Continuando con la descripción de la planta urbana frente a la plaza en el costado oeste, sobre la esquina sur, desde 1607 se levantaba el cabildo, tenia 40 m. de frente por 35 m. de fondo y estaba compuesto por varias habitaciones que rodeaban a un gran patio central, pavimentado en piedra bola, también frente a la plaza sobre la esquina este del costado sur se levantaba la iglesia mayor, y no se trataba del humilde rancho del primer periodo, sino de un templo de tres naves precedido por un atrio de 10 m. de ancho por 50 m. de largo esta era orgullo de los tucumanos de Ibatín.
En diagonal a la esquina noroeste de la plaza se levantaba la iglesia y convento de los jesuitas.
El edificio precedido por un atrio de 12 m. y con una nave con crucero de 10 m. de ancho por 40 m. de largo. Las paredes eran de ladrillos y los pisos baldosa cerámica, el techo de teja. Los fabricaba la misma orden en un obrador que tenían en la banda norte del rio.
A una cuadra de la plaza hacia el este estaba el convento e iglesia de los mercenarios, su atrio media 10 m. de ancho por 40 m. de largo y estaba cubierta con techo de tejas orientado sobre tirantes.
Igualmente a una cuadra de la plaza, pero hacia el sur se levantaba el convento e iglesia de la orden franciscana. Cerca de algunos de los templos, estaba el hospital pero se desconoce su precisa ubicación. También la cuidad contaba con dos molinos de agua que abastecían a la población de harina.
Existían además otros edificios sagrados la ermita de los vice patronos los santos Judas y Simón. Estaba a tres cuadras de la plaza casi a extra muro cerca ya del monte sobre la calle real de Calchaquí comparada con las otras, la ermita era pequeña de 125 m. cuadrados paredes de ladrillos, techos de tejas.
Como conclusión se puede decir que la cuidad ofrecía un espectáculo pintoresco en su apogeo durante las primeras décadas del siglo XVII. Al ambiente de dinamismo y variedad propio de los centros comerciales activos se le sumaba la belleza de la tierra en la que estaba emplazada. Por las calles bordeadas de acequias circulaba gente diversa hablaban en distintas lenguas como el castellano con cadencias y modismos diferentes, Lules, Kakan, Tonocoté, Regionales, algún dialecto africano y también la lengua general o del Cuzco, Quichua remanente del imperio incaico.
A demás don Francisco Salcedo, canónigo del la iglesia arzobispal de Charca, estableció un proyecto de creación de una casa de altos estudios, bajo la dirección jesuítica en San Miguel, esto refleja la jerarquía que había alcanzado la cuidad.
Los colonizadores había concebido la cuidad como un centro de irradiación de la conquista y del comercia regional y a esos dos roles se sumo y tercero el del centro cultural.
Este segundo periodo finaliza en 1930 año que marca el inicio de la decadencia de la cuidad como consecuencia de diversos factores y su posterior traslado al sitio de la toma.
Existe un dibujo de la primera San miguel de Tucumán realizado en la época de su apogeo, por Huamán Poma de Ayala para su obra “Primer y nueva corónica y buen gobierno”. Como no hay pruebas de que el autor la hubiera visitado, se dice que la imagen no es fidedigna, sin embrago Teresa Piossek Prebisch si la considera verdadera ya que: Poma de Ayala dibujo la ciudad tal como insinuaba el aura de su fama porque las personas que se dedicaban a dibujar una ciudad lo hacían según las vivencias que en su imaginación habían despertado los testimonios de terceros.
Poma de Ayala nunca llego a San Miguel de Tucumán en Ibatín, pero quienes le contaron de las torres de sus iglesias, de la plaza rodeada de edificios importantes, transitada por damas, caballeros y buhoneros. Eso le contaron y eso dibujo: la fama de aquella pequeña gran cuidad.



LA DECADENCIA Y TRASLADO (1630-1685)

Luego del tiempo de los españoles sobre los indígenas en 1578, la ciudad comenzó a interrelacionarse políticamente con su ambiente. Los calchaquíes al quedar reducidos en las montañas, generaron la ansiada paz y la seguridad en la ciudad. La abundancia de madera posibilito el desarrollo de la carpintería destacándose la fabricación de carretas y muebles. La riqueza de los suelos y la cercanía del río para riego y consumo, permitió la práctica de la agricultura y la ganadería. Todo esto genero el crecimiento de las actividades económicas, y producto de esto se origino la estratificación social, y la ubicación urbanística de la ciudad.
Pero este periodo se extendió hasta 1630, año en el cual, las relaciones de la ciudad con el entorno que la rodeaba comenzaban a ser negativas, estos acontecimientos, descriptos a continuación, son las causas de la decadencia y muerte de la ciudad y su posterior traslado al sitio de la toma.
En este tercer periodo solo nos limitaremos a describir el impacto de estos acontecimientos en la sociedad, las actividades económicas y en los edificios urbanos.
Luego de la fundación de San Miguel de Tucumán en 1565, surgían la ciudad de Esteco, en la actual territorio salteño, y con ella un nuevo camino que desde esta ciudad, se comunicaba con Perú sin pasar por los valles calchaquíes. Al principio se vio poco debido a la belicosidad de los indios de esta región que atacaban, pero luego comenzó a ser mas transitado. A pesar de esto la ciudad de Ibatín siguió siendo paro obligado de los viajeros hasta 1630.
Sobre el riesgoso camino que atravesaba los valles, los jesuitas fundaron dos misiones en 1613, Santa María y San Carlos, aprovechando un periodo de calma en las tensas relaciones calchaquíes y españolas. Las mantuvieron muchos años, hasta 1622, cuando los superiores de la orden midieron el riesgo en que se encontraban los misioneros y dispusieron el abandono de los mismos, ya que la paz era precaria.
Este fue el primer inicio de peligro para San Miguel de Tucumán ya que era la ciudad más próxima a la frontera con los calchaquíes. A este suceso siguió pronto otro, en el valle de Catamarca jurisdicción de San Miguel, los indios mataron a un encomendero descubridor de una mina de oro, por temor a que los obligaran a trabajarla. Los españoles reaccionaron violentamente y los indios respondieron con el gran levantamiento diaguita – calchaquí, que causaría grandes daños a la ciudad.
La guerra duro siete años y durante ellos el movimiento comercial, se volcó hacia el nuevo camino. El paso obligado por San Miguel, se volvió optativo y a pesar de que la paz de 1637 disminuyo el aislamiento de la ciudad los cambios que se habían producidos eran irreversibles.
También la naturaleza se volvía en contra de Ibatín. El río que corrió a un cuarto de legua al norte de la ciudad entre barrancos, que aparentemente era una corriente fácil de atravesar, tanto que los jesuitas tenían su obrador en la banda norte, hasta que un día comenzó a cambiar.

Curso del Río en el momento de la fundación


Durante las crecientes estivales típicas de la región, arrastraba cuando hallaba a su paso y empezó a obstruir gradualmente su lecho, transformándose en una corriente traicionera.
Por esta razón en 1633 los jesuitas consideraron forzoso e inmensurable mudar el obrador a la banda sur, donde estaba la ciudad. Aducían que “el río se había vuelto muy peligroso que sus crecientes eran muchas y ordinarias y que cruzarlo suponía mucho riesgo” Citado por Piossek Prebisch de los Documentos Coloniales.
En los años siguientes el río continuo alterando su curso volcándolo hacia la ciudad y después de las crecientes dejaba grandes charcos donde proliferaban mosquitos portadores de paludismos. A esta enfermedad se sumaban dos más endémicos en todo Tucumán, el bocio y el mal de Chagas.
Entre los años 1656 y 1659 la ciudad sufrió otra desgracia más. El falso inca Pedro Bohórquez, desencadeno el tercer y ultimo gran levantamiento indígena protagonizado por los calchaquíes. Según las Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch los vecinos al comprobar la decadencia de su ciudad escribían ¿Cómo esta republica no solo ha ido adelante sino vuelto atrás? La causa fue el alzamiento que éxito Bohórquez de todos los indios calchaquíes quienes siendo tanto en números… todos ellos combatieron esta ciudad y su jurisdicción por tantos años, matando tanta gente, robando y destruyendo todas las haciendas de los vecinos…
La producción agropecuaria, base de la economía de San Miguel, había sido muy afectada por el conflicto pero había un hecho mas grave: como resultado de la guerra el camino nuevo se impuso definitivamente al viejo, con lo que la ciudad levantada en Ibatín quedaba inevitablemente a trasmano del movimiento comercial.
La ciudad se transformo en un lugar de mínima actividad y sin deslumbres de cambios. Los ricos perdieron su fortuna los pobres se volvieron mas pobres. Los edificios se deterioraban sin que hubiera medios para repararlos ni alicientes para hacerlos y ni siquiera fuerza física para emprender el trabajo debido a las enfermedades. Entonces se produjo un fenómeno, los habitantes comenzaron a abandonar San Miguel. En el más leve de los casos pasaban largas temporadas en sus estancias.
En le mas grave se marchaban definitivamente se iban al encuentro del camino nuevo para poblar junto al nuevo camino, al dejar Santiago rumbo al norte se volvía hacia el oeste entrando en jurisdicción tucumana en busca de mejores terrenos y climas. Al hacerlo cruzaba el río Salí en un punto situado a doce leguas (64 Km.) al norte de Ibatín, denominado La Toma. Donde se juntaban todos los caminos.
Los viajeros adquirieron las costumbres de acampar en ese lugar que era una llanura dominante. Gracias a esto y sin que mediaran ordenes de fundación ”se formo un pueblo que vivía del trajín de los viajeros y del comercio. Se trataba de un villorrio formado por diez o doce ranchos de pajas”. (Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch). Mas sus sembradíos y canales, pero tenían más movimientos que San Miguel de Tucumán en Ibatín y ofrecían la esperanza de una vida mejor.

En 1678, la muriente ciudad recibe un golpe mas, ocurre una cosa otras veces nunca vista ni experimentadas, el río con muchas inundaciones precedentes fue trayendo trozos y palos y acumulando piedras para tapar su curso y abriéndolo para esta ciudad (Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch).
El rio abalanzó sobre el costado norte de San Miguel, arraso las viviendas situadas en ese sector y dejo en muy mal estado la entrada de los Santos Judas y Simón. El año siguiente la inundación fue peor, el río termino con lo que quedaba de la ermita, llego hasta el convento de la compañía de Jesus y se llevo las huertas y oficinas. La iglesia de solidad paredes de ladrillos resistió la creciente y sirvió para detener el avance de las aguas. La bocatoma por la cual se sacaba agua para la ciudad quedo cegada, lo mismo que la acequia del molino.
Curso del río a partir de 1678
Antes esta suma de calamidades surgió la idea, de mudar San Miguel de Tucumán a la toma.
En 1679 el gobernador de Tucumán Juan Díez de Andino viaja a Ibatín, e inmediatamente escribe una carta al Rey pidiendo el traslado de la ciudad al sitio de la toma. Un año y medio después en diciembre de 1680, el Rey de España dicto una cédula real ordenando el traslado. Sin embargo este demoro un lustro en concretarse ya que la cédula llego al Tucumán en 1683 y la clase dirigente de la ciudad estaba dividida en dos bandos: el que quería mudarse y el que se mudaba hacerlo.
Siete años habían transcurrido desde la primera inundación, la ciudad se deterioraba día a día, su aspecto era decolorado se encontraba arruinada. Los vecinos estaban desmoralizados. Vivian en una ciudad sin incentivos para trabajar pues no había a quien ofrecer el producto de su trabajo. La ciudad contaba con menos habitantes cada nueva jornada comprobaban que otra familia emigraban, que otro muro se caía, que otro techo se derrumbaba, que otro edificio quedaba inhabitable sin que sus dueños hicieran nada por reconstruirlos. Lo más perturbador era la incertidumbre, el no saber que iba a ocurrir ni que correspondía hacer, si valía la pena reconstruir Ibatín o resignarse para levantar la nueva ciudad en la toma.
La iglesia de la Merced hacia mucho ya que no existía se había venido abajo y los religiosos, artos de aguardar una decisión optaron por desmantelarla, llevar los recuperables (tejas y tirantes) a la toma y levantar una capilla (Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch).
Lo mas grave era que el rio corría por su nuevo cause sin reparo alguno (Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch). Varios de los habitantes del sector norte de la ciudad se habían quedado sin viviendas a causas de las carecientes y como por la pérdida de sus frutos por estar retirados del comercio carecían de medios para reedificar, se veían obligados a morar en unos ranchillos de paja (Carta del gobernador Diez de Andino al Rey citada por Piossek Prebisch).
Finalmente, en agosto de 1685, el gobernador de Tucumán ordenando el traslado en cumplimiento de la real cedula.
La fecha fijada para la fundación de la nueva ciudad fue el 27 de septiembre, dos días antes de la festividad del Arcángel patrono, por lo que las diligencias del traslado comenzaron el 24, ese día, como a las 8 de la mañana, se anuncio el acto de la justicia y se metió en una carreta con mas el cepo y todo juntos enviaron y llegaron al parque llamado la toma (Actas Capitulares citadas por Piossek Prebisch) el día siguiente 25, que era el señalado para la partida. El alférez real propietario, entre las 11 y las 12 del día saco el real estandarte de su casa y acompañada del cabildo y con números vecinos feudatarios y moradores se saco públicamente por la plaza, dando vuelta por ella (Actas Capitulares por Piossek Prebisch) Ese fue el adiós al viejo sitio, la primera San Miguel quedo atrás para siempre. En ese día de primavera de 1685 había concluido su ciclo histórico. La ciudad había muerto y para renacer buscaba una nueva tierra y la encontró en la toma, donde hoy se encuentra levantada.



CONCLUCION
Luego de haber conocido las distintas etapas históricas del desarrollo urbano de San Miguel de Tucumán en Ibatín, podemos concluir que esta ciudad desempeño un papel decisivo en el afianzamiento de los españoles en el Noroeste argentino y por ende en todo lo que hoy es nuestro país.
El gran desarrollo de sus actividades económicas permitió que la ciudad:
• Sea reconocida en toda Sudamérica gracias al comercio y a las clásicas “carretas tucumanas”
• Crezca urbanísticamente
• Desarrolle una estructura social características de su época
Esto impulso a la cuidad a alcanzar su apogeo en la primeras décadas del siglo XVII. Pero a partir de 1630, como consecuencia de una serie de hechos, la ciudad entro en decadencia, haciendo inevitable su traslado al sitio de La Toma.
Hoy en día, la cuidad de Ibatín continua aguardando que se la salve de la destrucción total, ya que en 1980 el Gobierno de Tucumán y las Universidades Nacionales de Tucumán y Buenos Aires firmaron un convenio para excavar y restaurar la totalidad de la vieja ciudad, y construir un nuevo museo donde exhibir los hallazgos que se realizaran, sin embargo esta labor quedo inconclusa.
Esperamos que el presente trabajo sirva para que nosotros, tucumanos, conozcamos un poco más nuestra historia.

BIBLIOGRAFIA• Actas Capitulares relativas al traslado de la ciudad de San Miguel de Tucumán a su lugar actual. Publicaciones de la Junta Conservadora del Archivo Histórico de Tucumán. Prologo y comentarios de Manuel Lizondo Borda. Volumen I, Tucumán, 1944.
• Blass, H.W. (1968) EVOLUCION ECONOMICA DEL TUCUMAN. En historia del Tucumán. Instituto tucumano de cultura Hispánica. Tucumán.

• Documentos Coloniales relativos a San Miguel de Tucumán y a la Gobernación de Tucumán. Siglos XVI y XVII, Publicaciones de la Junta Conservadora del Archivo Histórico de Tucumán. Prologo y comentarios de Manuel Lizondo Borda. Cuatro Volúmenes.

• GARCIA, ALICIA IRENE (1972) EL AMBIENTE NATURAL DE TUCUMAN EN EL SIGLO VI. A través de los cronistas y documentos de la época. En anales de la sociedad Argentina de estudios geográficos. Tomo 16 Bs. As argentina

• LIZONDO BORDA, M. HISTORIA DE TUCUMAN SIGLO VI (1942). Edición oficial Tucumán

• PIOSSEK PREBISCH, TERESA (1985). La cuidad en IBATIN. Ediciones magnas. Publicaciones


• RICCI TEODORO (1967). Evolución de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Ediciones sesquicentenarias, U.N.T. Tucumán.

• SETTI, ENRIQUE (1968). Aspecto geográfico de los principales derroteros del trafico a la cuidad de San Miguel de Tucumán. Encuaderno de Humanistas nº 27. Facultad de Filosofía y Letras. U.N.T.


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