Quienes se desempeñaron como decanos de estas facultades reunían la condición de obreros exigida en el Reglamento de la universidad, la mayoría había salido de las filas del gremialismo. En Bs.As. ocupó el cargo César Mazzetti; en Santa Fe Hugo Deheza; en Córdoba Juan Félix Figueroa; en Rosario Ángel Álvarez; Virigilio Heredia en Tucumán e Ignacio Gómez en Mendoza. En La Plata estuvo al frente de la facultad el Secretario Técnico, Ingeniero Ernesto Domínguez.
Las especialidades que las distintas facultades ofrecían eran: Construcciones de obras, Hormigón armado, Obras sanitarias, Construcciones mecánicas, Automotores, Transportes y Mecánica Ferroviaria, Instalaciones eléctricas, Construcciones electromecánicas, Construcciones aeronáuticas, Industrias textiles, Industrias químicas, Construcciones navales, Mecánica rural, Electrotécnica, Construcciones de obras y antisísmicas y Telecomunicaciones.
El plan de estudios original abarcaba cinco años, con cinco o seis materias a cursar en cada uno de ellos. En los planes de todas las carreras existían ciertas asignaturas comunes: Sindicalismo Justicialista y Legislación Obrera I y II, Legislación del trabajo, Tecnología de fabricación y organización industrial, Administración y contabilidad industrial e Higiene y seguridad industrial. 21 Los criterios que ordenaron la estructuración de estos planes y programas de estudio fueron de diversa índole. Por un lado, la necesidad de formar ingenieros “...con una sólida base físico-matemática”; a la vez, “...elevar el nivel intelectual del obrero”,22 y por fin, reflejar “...la compenetración con la Doctrina
17 Fuera de esta efímera actuación en el Rectorado de la UNO, no es posible hallar información sobre la trayectoria del Sr. Conditi. 18 La Prensa, 18 de marzo de 1953, p.3. 19 El discurso fue reproducido parcialmente por La Prensa, 18/3/53 y en su totalidad por la Revista de la U.O.N, Año I, Nº 1, 1953, pp.14-16. 20 Segundo Plan Quinquenal. Cap. IV, p.64 21 Revista de la U.O.N. Año II, Nº 10, oct.-nov. 1954, pp.55-61. Contiene los planes de estudio de todas las especialidades. Periódicamente se publicaban también los programas de las asignaturas. 22 Ibid. Año II, Nº 9, agosto-sept., 1954, p.37.
Nacional y el Plan de Gobierno.”
Las clases se dictaban en horario vespertino, desde las 19.15 á las 22.30, de lunes a viernes, lo que totalizaba un promedio de veinte horas semanales. Los trabajos de gabinete o laboratorio se efectuaban los sábados por la mañana. Según las autoridades de la Universidad, la diferencia de alrededor de diez horas semanales que existía respecto de las otras casa de estudios superiores de la Nación, se compensaba y salvaba con la gran práctica ejecutiva de los alumnos-obreros. Sin embargo, si se examina un calendario de actividades de la institución, esta inferioridad en el número de clases se acentúa. El ciclo lectivo, que se extendía desde el 15 de marzo al 1º de diciembre, incluyó en 1954 por ejemplo, más de veinte días de asuetos escolares y feriados: las fiestas patrias, el cumpleaños del Gral. Perón y Día de la U.O.N., el día de Santa Rosa de Lima, de San Pedro y San Pablo, de la Lealtad Popular, etc. Aunque ellos rigieran también para las otras universidades, en ésta se sumaban los actos efectuados el día hábil anterior a los que docentes y alumnos debían asistir obligatoriamente, la suspensión de actividades todos los 26 de cada mes, en homenaje a la “Jefa Espiritual de la Nación” y otros eventos de menor repercusión.
Respecto de la didáctica de las clases, el Rectorado enfatizó la recomendación de que su dictado fuera claro y sencillo; “...las clases no serán conferenciales...” y a cada explicación debía seguir la ejercitación correspondiente de modo tal que el alumno se viera obligado a estudiar clase por clase.25
Tales clases eran dictadas por docentes que con frecuencia se desempeñaban en otras universidades nacionales. Algunas cátedras, y según las prescripciones legales del caso, fueron provistas mediante concursos de titulares en las distintas regionales.26. En 1954 y 1955 se reglamentó la aplicación en la Universidad Obrera del régimen de incompatibilidades impuesto a los profesores universitarios. El decreto 20778/54 había exceptuado de dicho régimen a los docentes de la UON y el que llevó el número 5845/55, a los directivos del establecimiento. 27 Estas medidas se adoptaron a fin de facilitar la estructuración y el funcionamiento de la novel universidad.
Bajo el régimen de la ley 13229/48, durante el gobierno peronista y el rectorado de Conditi, se operaron escasas modificaciones en el reglamento original. Sin embargo, la organización de las actividades, en lo que tuvo amplio desempeño el vicerrector Ing. Pascual Pezzano, exigió algunos ajustes. Antes de exponerlos corresponde reseñar la actuación del Ingeniero Pezzano, sobre quien recayó la tarea exclusivamente académica, esto en función de la idoneidad que le confería su trayectoria docente en la Escuela Industrial Otto Krause, en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de La Plata y en la Escuela Superior Técnica del Ejército. A su experiencia sumaba una completa preparación profesional como ingeniero civil, agrimensor e ingeniero mecánico.28
Retomando la cuestión de las reformas al reglamento, éstas se efectuaron en los artículos referidos a la enseñanza y los exámenes, por decreto 21812 de noviembre de 195329 y básicamente implementaron una especie de régimen de promoción que suprimía los exámenes finales. El ciclo quedaba dividido, como antes, en tres términos; cada uno se evaluaba con el promedio de dos notas: una tomada del promedio de calificaciones obtenidas en las exposiciones orales, experiencias o ejercitaciones, y otra resultante de un examen teórico. El aplazo en cualquier calificación promedio obligaba a rendir el examen final de la asignatura. En caso de reprobar dos o más materias en los finales de marzo, se imponía la repetición íntegra del curso; existía la posibilidad de llevar una materia previa, pero debía ser aprobada en el término del siguiente ciclo lectivo para que fuera reconocido el año superior cursado.
Muy similares al régimen en el que se encuadraba la enseñanza media, estas modificaciones fueron catalogadas como “...una conquista revolucionaria en la enseñanza universitaria...”; sus ventajas residían en que mantenían día a día el interés del alumnado, premiaban el esfuerzo diario del buen alumno, para quien el examen final no era necesario, y sancionaban el estudio deficiente y discontinuo. Como es de suponer, estas medidas tuvieron amplia y favorable repercusión en el alumnado.
Los primeros alumnos de la U.O.N. eran en su mayoría técnicos industriales con varios años de ejercicio que deseaban continuar estudiando. El resto estaba conformado por los egresados de los cursos de perfeccionamiento técnico de la CNAOP y de las escuelas industriales de la Nación. 30
En 1953 la Universidad captó 676 alumnos; al año siguiente los inscriptos fueron 1034 y el total sumó 1488 alumnos; en 1955 estudiaban en esas aulas 1956 estudiantes, ese año se habían inscripto 991 alumnos. Se concentraban en su mayor parte en las Regionales de Buenos Aires, Rosario y Córdoba y las especialidades más atractivas eran Mecánica, Construcciones y Electromecánica.31 El cien por cien del alumnado estaba constituido por trabajadores, técnicos en la especialidad que elegían, aunque no necesariamente “obreros”. La mayoría de los ingresantes tenía idéntica procedencia que los estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. 32
En los círculos gubernamentales, la labor que cumplía la Universidad Obrera se exaltaba fervorosamente; la repercusión internacional de su trascendencia era tema frecuente en las publicaciones oficiales y en la Revista de la propia universidad y, obviamente, motivo de halago para quienes la habían pergeñado.
Ciertamente, la institución había encontrado un espacio que se ampliaba cada vez más en la sociedad en que halló inserción. El ritmo que entonces imprimió a sus actividades quedó plasmado en distintas realizaciones; por ejemplo, la creación de múltiples dependencias anexas que complementaron la estructura del sistema creado. Entre 1953 y 1955 se organizaron la Federación Argentina de Estudiantes de la U.O.N., su Oficina de Prensa y Difusión, el Instituto de Extensión Cultural y Técnica, el Departamento Técnico y Didáctico, la Secretaría Gremial de la U.O.N. A fines de 1954 se disponía la publicación del Anuario de la Universidad Obrera Nacional y Facultades Regionales y se retomaba el proyecto de creación de un edificio propio. El comienzo de tales obras destinadas a la sede central, había sido anunciado en 1953, 33 pero dos años más tarde aún no se había concretado. Recién el 13 de junio de 1955 quedaron constituidas las Comisiones Ejecutiva e Informativa encargadas del estudio del anteproyecto. 34 La caída del régimen frustró la empresa definitivamente.
Estos datos sobre el curso de la Universidad Obrera durante el peronismo nos dejan la impresión del gran dinamismo con que la institución afrontó los problemas de su etapa organizativa inicial; el sostén oficial, firme y constante lo hacía posible. Si a ello se adicionan otros factores influyentes, como la existencia de espacios y equipamientos adecuados, un cuerpo docente acorde a los fines institucionales y una organización ajustada en sus mínimos detalles a las necesidades del alumnado trabajador y a los proyectos oficiales, quedaban configurados los lineamientos de un futuro prometedor. Sin embargo, esta evolución fue interrumpida después de 1955; del amparo gubernamental y la holgura económica, la U.O.N. pasó a la asfixia presupuestaria y a la lucha por la subsistencia. La institución debió afrontar tiempos difíciles.
30 BENEDETTO, Orlando. Sobre la UTN (En: Hechos e Ideas, Bs.As., Didot, Año I, Nº 2, ene-feb. 1974, p.70) 31 U.T.N. Dpto. de Sistemas de Información y Estadística. Anuario Estadístico 1978; II parte, pp.24 -30 32 MOLLIS, Marcela. La historia de la U.T.N.: una universidad para hombres y mujeres que trabajan. (En: Realidad Económica, Bs.As., Instituto Argentino para el Desarrollo Económico, Nº 99, 2º bimestre, 1991, p.105) 33 ARGENTINA, Presidencia. de la Nación. Subsecretaría de Informaciones. Reseña General de Actividades, 1953. Vol. II, pp. 78-79 34 Revista de la UON , Año III, Nº 13, junio-julio 1955, p. 65. El tema del edificio propio se reiteró en diversos números de esta publicación, como una preocupación constante de sus autoridades.
2.4. Repercusión y trascendencia
Para ampliar el enfoque, creemos que es conveniente exponer la opinión de algunos contemporáneos sobre la creación de la Universidad Obrera. Quienes protagonizaron aquellos sucesos, aun cuando quedaran atrapados por las pasiones políticas, han emitido juicios antitéticos pero valiosos; a la distancia, resultan imprescindibles para conformar desde todos los ángulos y perspectivas, un panorama globalizador e intentar un balance ecuánime.
Ya desde inicio de la historia de esta Universidad, en los debates de la ley 13229/48, las posiciones asumidas por los diputados Raúl Bustos Fierro y Gabriel del Mazo resumieron la polarización que sacudía al país por aquellos años. El legislador peronista se congratuló con la creación, y más de veinte años después, reivindicando la obra de gobierno de Perón, mantuvo su apreciación refiriendo a la Universidad Obrera como aquella “meritoria institución” que permitió intensificar la función social y cultural de la enseñanza.35
Profundamente distintos fueron los juicios del radical del Mazo, ya en 1948 y haciéndose eco de los escrúpulos de su bloque, expresó su oposición al proyecto. Después de 1955 reiteró aquellos argumentos y continuó responsabilizando a la U.O.N. y a Perón de haber impuesto en el país una doble vida universitaria. Si a la universidad clásica se le criticaba la ausencia de formación práctica, la universidad para obreros impartía una educación estrecha, quedaba convertida en un órgano para la industria. y en sí misma era una institución que, contradictoriamente, proclamaba a la vez la universalidad y la especialización.
Desde el movimiento universitario estudiantil reformista, la Universidad Obrera fue considerada como la concreción de algunas consignas de 1918. Sin embargo, poco después se catalogaba a la creación como “...un índice de la concepción de clase del peronismo”. El nacimiento de esta universidad no respondió al reclamo popular “...sino que tendía a facilitarle a la burguesía la tarea de colocar una valla de clase, evitando mezclar a sus hijos y a los hijos del proletariado”. Su significación se minimizó aún más atendiendo a la composición del estudiantado de la universidad en la que “...había sólo un 30 % proveniente de las escuelas-fábrica. El 70 % restante era egresado de las escuelas industriales (...) No se puede entonces agrandar la trascendencia social de la Universidad Obrera.”36
¿Cómo percibieron la creación sus destinatarios, es decir, la clase obrera? La “Página Gremial Eva Perón” del diario “La Prensa”, 37 ya expropiado y en manos de la Confederación General del Trabajo, enfatizaba la proyección social de la Universidad y le atribuía la misión de derribar “...definitivamente los valladares que levantó una sociedad egoísta frente a las legítimas aspiraciones de las masas obreras”.La U.O.N. constituía para la juventud trabajadora una perspectiva halagüeña porque cancelaba la época del aprendizaje en la fábrica y la explotación del novel operario por patrones inescrupulosos.
En la actualidad, la bibliografía especializada concede al tema una atención limitada y, a menudo incompleta. 38 Las obras históricas dedicadas al estudio del peronismo analizan otros aspectos de esa etapa; en muy pocos trabajos se examina la cuestión y, en ninguno de los consultados se la somete a un tratamiento exhaustivo. Valen como corroboración los ejemplos: de los dos volúmenes de Pedro Santos Martínez sobre la historia nacional entre 1946 y 1955 sólo se dedican unos párrafos a la Universidad Obrera, para caracterizarla como una experiencia revolucionaria 39 y señalar que la Universidad Tecnológica que la continuó “...desvirtuó completamente los fines de su creación”. También Alberto Ciria, 40 al ocuparse de los temas
culturales y educativos durante el peronismo, refiere sólo superficialmente a la Universidad Obrera para ejemplificar las posiciones políticas enfrentadas en los años del peronismo y no emite sobre ella juicio alguno. Como los casos que mencionamos, muchos más.
En las obras de política educacional e historia de la educación la mención de esta casa de estudios se acota a los antecedentes inmediatos de la Universidad Tecnológica Nacional sin aportar datos o interpretaciones originales sobre su significación.
Debe destacarse por fin que tampoco la Universidad Tecnológica ha realizado esfuerzos orgánicos por reconstruir los pormenores de su trayectoria pasada. Ocasionalmente, algunas publicaciones de Rectorado rescataron la memoria de la U.O.N. fundando en ella la continuidad institucional desde 1948; la información contenida es escueta y a menudo imprecisa. 41
Finalmente apuntamos algunas reflexiones. La creación de la Universidad Obrera reconoce motivaciones sociales, económicas y políticas. Sociales en tanto se hizo eco de las inquietudes de gremios y sindicatos y ofreció a sectores hasta entonces desplazados del ámbito universitario, una posibilidad de acceso a la educación superior. Económico-políticas porque se propuso formar a la vez, los virtuosos ciudadanos de la Nueva Argentina y una clase de ingenieros experimentados en la práctica laboral, que fueran útiles a los planes de desarrollo industrial del gobierno.
El peronismo entendió que con esta alternativa ampliaba las oportunidades educativas y, al mismo tiempo, satisfacía una de las demandas del proceso productivo: la disponibilidad de mano de obra especializada. Los egresados de las universidades tradicionales no se interesaron en cubrir este espacio por varias razones. Entre las de mayor peso, por su generalizada oposición al gobierno y al proyecto justicialista y, en relación con esto, porque su cómoda posición social los orientaba hacia el ejercicio de las profesiones liberales o la actividad política.
En el balance final de los móviles que explican el nacimiento de esta universidad creemos que, aunque las razones económicas operan como fundamentos de valor, son las de orden social y político las que primaron y acabaron trascendiendo aspiraciones de otra índole. Se ha afirmado con frecuencia que los intentos diversificadores y pragmáticos en la educación argentina fracasaron por carencia de una base social de apoyo; en esta época, dicha base social se expandió y pasó a ser la columna vertebral de un movimiento que, además, estaba interesado en el crecimiento industrial. Perón conjugó las circunstancias y canalizó las expectativas de mejora social y económica de la clase obrera con la creación de la U.O.N. Con gran habilidad política eligió construir una nueva institución para satisfacer los requerimientos de los sectores populares porque ese camino era más sencillo que modificar la estructura de las universidades existentes, en franca y constante oposición a su gobierno.
El nombre de Obrera que recibió esta casa de estudios aludía concretamente al designio de capacitar al trabajador para incorporarlo al aparato productivo; sin duda, también buscó el consenso de las clases populares respecto del proyecto oficial y por ello fue calificado de demagógico. En realidad, la significación social que comportaba este título no se proyectó al futuro como un logro definitivo; el acceso real de los obreros a la universidad es una cuestión que esta institución no resolvió.
No creemos que su denominación de Universidad respondiera a circunstancias fortuitas como sostuvieron los diputados peronistas. El título de universidad, instituto o politécnico no era una simple cuestión de palabras; cada nombre suponía rumbos y, sobre todo, expectativas diferentes. En la mayoría de los países del mundo la formación de técnicos e ingenieros se realizaba en instituciones distintas de las universidades, aunque la calidad y nivel de los estudios fueran igualmente rigurosos. Se concebía allí que la amplia tarea de la universidad era educar y no simplemente preparar para una profesión. Esta concepción que fue el eje de los argumentos del bloque opositor en 1948, fue expuesta más tarde por Alfredo Palacios. 42 La universidad científico-profesional y la universidad cultural eran los dos modelos que debían ser estrictamente separados: Escuela Politécnica la primera y Universidad propiamente dicha, la segunda.
41 Durante nuestro desempeño en la Regional Resistencia nos llamó la atención la alternancia de fechas en que la institución celebraba su aniversario; a veces el 19 de agosto (ley 13229/48) y otras el 14 de octubre (ley 14855/59). 42 PALACIOS, Alfredo. La Universidad nueva. Desde la Reforma Universitaria hasta 1957. Bs.As., Gleizer, 1957. Passim.
El rótulo de Universidad conferido en nuestro país a esa casa de estudios superiores técnicos, no se ajustaba a los criterios tradicionales ni a los antecedentes internacionales, pero reflejaba un prejuicio hondamente arraigado en la sociedad argentina: sólo la categoría universitaria de la institución podía legitimar y jerarquizar la calidad de sus egresados. Como ya indicáramos, al otorgar ese carácter al tercer ciclo del aprendizaje para obreros Perón abría a sectores hasta entonces marginados nuevas expectativas y creaba la ilusión de haber conquistado un ámbito que era tradicionalmente hostil a sus proyectos.
Restaría saber si aquellas expectativas fueron satisfechas indagando sobre las perspectivas que se abrieron a los primeros egresados. La brevedad del funcionamiento de la U.O.N. bajo el peronismo y la violencia de las pasiones políticas que eclosionaron después del ´55 entorpecen cualquier análisis. Es lícito conjeturar que este tiempo debe haber sido especialmente difícil para aquella parte de la juventud que, ajena al contaminado vaivén político, había comprometido honestamente su empeño y no podía asegurar la concreción de sus anhelos. La vinculación de la Universidad Obrera con el régimen depuesto fue sin duda un obstáculo para muchos ingenieros de fábrica que fueron incorporándose al mercado laboral como profesionales cuyo título se desjerarquizaba y cuya competencia se ponía en duda.
Cerramos este capítulo persuadidos de que si fuera posible evaluar la creación de la Universidad Obrera al margen del entorno histórico-político en el que se insertó, cabría reconocer en la medida un plausible intento por modificar una situación rayana en el absurdo: la de un país que perseguía su desarrollo industrial pero que formaba más abogados que técnicos. Sin embargo, en el contexto, el hecho cobra otra significación. La incuestionable vinculación de esta universidad con el peronismo, tan evidente que la U.O.N. incorporó a su escudo el del partido justicialista, y la escrupulosa regulación de su funcionamiento de acuerdo con las pautas gubernamentales, justifican la conjetura de que en sus aulas se combinaron forzosamente la ideología y la adhesión incondicional al régimen con el rigor académico y el cumplimiento de fines estrictamente educativos.
II. La diversificación de la enseñanza técnica superior:
3. Después de 1955: la reestructuración
3.1. El momento histórico y la educación
3.2. La Universidad Obrera entre 1955 y 1958
3.3. La U.T.N.: Nueva estructura y cambio de nombre a) El proyecto de ley de autarquía en el Congreso b) La estructura de la U.T.N. según la ley 14855/ 59 y sus.modificaciones
3.4. El primer Estatuto
3.5. Algunos datos sobre la evolución de la U.T.N. entre 1959 y 1962
II.3. DESPUÉS DE 1955: LA REESTRUCTURACIÓN
3. 1. El momento histórico y la educación.
En septiembre de 1955 se produce el derrocamiento de Juan Domingo Perón por un golpe militar que fue percibido por vastos sectores de la sociedad como el resultado del ejercicio del derecho de resistencia a la opresión. La polarización del país en peronismo y antiperonismo “...hizo eclosión en el 55 y concentró las energías y los objetivos de la conspiración: derrocar a Perón”
El General Eduardo Lonardi que encabezó el movimiento septembrino se declaró presidente provisional; el almirante Isaac Rojas ocupó la vicepresidencia. Refugiado en la embajada de Paraguay y luego en una cañonera de ese país, Perón inició el 2 de octubre de 1955 sus largos años de exilio. El general se transformaría paulatinamente en un mito cuya influencia sobre la política nacional se manifestó de modo insoslayable.
La fórmula que Lonardi impuso desde el poder fue la reconciliación al proclamar que no había ni vencedores ni vencidos. El proyecto político ignoraba sin embargo las relaciones de fuerza y el enfrentamiento interno de las líneas revolucionarias. Con los nacionalistas y los liberales maniobrando hábilmente para acentuar su influencia en el gobierno, la ruptura violenta no podía tardar en producirse. Así las cosas, una crisis de gabinete se transformó en una de régimen. Los militares separaron del cargo a Lonardi el 13 de noviembre de 1955 y eligieron en su reemplazo a Pedro Eugenio Aramburu, general de reconocida militancia antiperonista y rival de Lonardi.
El gobierno de Aramburu comenzó con una administración de autoridad compartida entre el presidente provisional y las fuerzas armadas. Pronto se produjo un viraje político interno y, después de 1956, el presidente fue escapando de la tutela de las fuerzas armadas.
Los problemas políticos capitalizaron la preocupación del gobierno: la represión del peronismo, su resistencia conspirativa, la fractura de la Unión Cívica Radical, la restauración de la vigencia de la Constitución de 1953... La situación social y económica no era menos problemática en razón de la inflación creciente, el continuo drenaje de reservas y la intensificación de la inquietud obrera.
En el ámbito educativo, la Revolución Libertadora inició una total revisión de las políticas que caracterizaron la época anterior. Sus objetivos fueron corregir el rumbo impuesto por Perón y proporcionar un nuevo marco legal a las instituciones educativas existentes, bajo la vigencia de la Constitución de 1853. La intención manifiesta era desvincular a la educación del “... propósito dictatorial de moldear el espíritu de los educandos dentro de la doctrina y de vigilar a maestros, profesores y alumnos para que el mismo se alcanzara rigurosamente.”
En la enseñanza primaria se mantuvo el régimen de la ley 1420 y se restableció el Consejo Nacional de Educación. Se introdujo el dictado de la materia Educación Democrática en la enseñanza secundaria con la idea de formar ciudadanos aptos para una vida libre y responsable.
La Revolución Libertadora buscó ubicar a las universidades bajo el signo de la autonomía. Se derogó toda la legislación de la época peronista y la ley Avellaneda fue puesta en vigencia. Transitoriamente, en tanto se daba la legislación especial, las universidades fueron intervenidas y se declaró en comisión especial a todo el personal docente; a la vez se reincorporaron los profesores dejados cesantes por el gobierno anterior.3
El decreto-ley 6403/55 reorganizó las universidades bajo un régimen jurídico de autarquía y autonomía. El artículo 28 de este decreto puso de manifiesto la diversidad de tendencias relativas a la educación, en general, y a la creación de universidades libres, en particular. El debate sobre universidad libre o laica fue tan arduo y tantas las presiones, que la reglamentación prevista en el artículo 28 no llegó a dictarse.
El presidente Aramburu finalizó su gestión en febrero de 1958 después que las elecciones dieran un triunfo aplastante a la fórmula Arturo Forndizi- Alejando Gómez. Aunque el propio Frondizi lo negara, fue el pacto que su delegado Rogelio Frigerio negociara con Perón el que le ofreció a la U.C.R.I. esa abrumadora victoria y posibilitó al presidente electo un panorama favorable en el Congreso y en las gobernaciones provinciales.
Con la legalidad para todos comenzó una de las gestiones más polémicas de la historia argentina contemporánea. La estrategia del presidente pronto produjo fracturas y decepciones entre sus partidarios. En lo social campearon el descontento y los enfrentamientos; la política económica, especialmente la referida al petróleo, suscitó resistencias; la inconsistente alianza con el peronismo se fracturó y el partido de Perón fue a la confrontación; los conflictos militares se sucedieron y la presión por la renuncia de Frondizi aumentó. El 28 de marzo de 1962 los tres comandantes en jefe de las fuerzas armadas lograron su destitución y reemplazo por el presidente provisional del Senado José María Guido.
Guido presidió la conflictiva situación del país durante un año y medio, inmerso en una situación semilegal, dentro de la ilegalidad política del sistema.
El llamado a elecciones en 1963 dio paso a una nueva etapa de frágil estabilidad institucional. La fórmula Arturo Illia-Carlos Perette asumió el gobierno en octubre y debió enfrentar condiciones igualmente difíciles en razón de la proscripción del peronismo, la constante vigilancia militar y la abulia de los miembros más prominentes del poder sindical, militar, económico y eclesiástico respecto del régimen político y su legitimidad.
Durante los gobiernos radicales la política educativa giró en torno a dos consignas: el desarrollo y el planeamiento. Comenzó a abrirse paso la idea de que la educación debía ser considerada como una inversión vinculada a las posibilidades de desarrollo; como consecuencia, el planeamiento integral de la educación se impuso como una urgente necesidad.
Sobre la base de este propósito planificador se crearon en el país organismos como el Consejo Nacional de Educación Técnica (1959), el Consejo Federal de Inversiones (1959) y el Consejo Nacional de Desarrollo (1961) El Plan Nacional de Desarrollo (1965-1969) fue el instrumento mediante el que se intentó dar concreción a los nuevos proyectos de la política educativa.
2 LIBRO NEGRO DE LA SEGUNDA TIRANÍA. Bs.As., 1958, p.150 3 ARGENTINA. Presidencia de la Nación. Memoria. Gobierno provisional de la Revolución Libertadora. 1955-1958. Bs.As., Servicio de Publicaciones, 1958, pp. 150-152.
En el nivel universitario, y durante el gobierno de Frondizi, se renovaron las tensiones provocadas por el artículo 28 del decreto 6403/55. Ruidosas manifestaciones estudiantiles, con apoyo obrero en algunos casos, se opusieron a la creció de universidades privadas. El artículo 28 fue derogado, no obstante, la ley 14557/58 fijó las normas para el funcionamiento de tales universidades. El Estado admitía la libertad de enseñanza pero continuaba monopolizando la educación superior a través de una serie de medidas como la aprobación de estatutos, la habilitación para el ejercicio profesional y otras.
En esa época debe ubicarse también, la sanción de la ley 14855/59 de organización de la El diagnóstico de la Revolución Libertadora sobre la situación de la enseñanza técnica se resumió en el siguiente informe: “La situación de anarquía que imperaba en la enseñanza industrial impuso la necesidad de reorganizar las plantas funcionales de las escuelas que al advenimiento de la Revolución Libertadora acusaban la mayoría la existencia de profesores, personal administrativo y en gran parte personal directivo de ostensible acción partidista, restablecer la disciplina y dar jerarquía a la enseñanza.” 4
Estos juicios, sucintos pero esclarecedores, seguramente incluyen a la enseñanza técnica dependiente de la CNAOP y particularmente a la Universidad Obrera. Los principales problemas detectados refieren a la politización del personal de esas casas de estudio cuya adhesión al peronismo era reconocida; la alusión a la jerarquía de la enseñanza expresaba la convicción de que la que se impartía en esos centros era incompleta, fragmentaria y de menor calidad. Concebida por el antiperonismo como creación demagógica y plenamente identificada con el “régimen depuesto”, la U.O.N. debió enfrentar los embates de diversos sectores. El ahogo presupuestario y la clausura de numerosas escuelas-fábrica, provocaron la sospecha de que el gobierno quería liquidar la institución. El diario El Pueblo 5 informaba a la opinión pública, en octubre de 1956, que “...los medios con que cuenta la Comisión Nacional de Aprendizaje son en extremo abundantes y permiten financiar cómodamente las actividades docentes; pero en la práctica no cuenta por ahora con los medios indispensables, como lo prueba el hecho de que no se ha abonado en parte de los establecimientos, al personal docente el aumento del 10 % dispuesto por el gobierno. Tal es el estado caótico y ruinoso en el que la ha dejado la administración depuesta”.
Desde otro frente, el Centro Argentino de Ingenieros arremetió contra la Universidad Obrera. Ya en la época de su creación algunos ingenieros de la Universidad de Buenos Aires y, particularmente, el Centro de Estudiantes de Ingeniería, habían manifestado su postura antagónica. Se renovaron ahora aquellas críticas en las que probablemente se entrelazaban los argumentos legítimos con los intereses profesionales derivados de la competencia en el mercado ocupacional.
En agosto de 1956, el Centro de Ingenieros, en una nota ampliamente difundida por la prensa, 6 expresaba su posición. Ligando la cuestión particular de la U.O.N. al problema general de la enseñanza técnica se interpretaba que la entonces llamada Universidad tecnológica no era una universidad sino un instituto técnico. Sus egresados tampoco podían ser ingenieros en tanto su formación no implicaba una base previa de cultura general; pese a ello, “...la posesión del diploma expedido por la universidad autoriza al inmediato ejercicio de la profesión...”
Los ingenieros destacaban la importancia y total necesidad de los establecimientos de enseñanza técnica para la formación de personas que actúen en el plano intermedio, entre la dirección y la ejecución manual. Advierten empero sobre el error “...de expedir títulos de alcances indefinidos o insuficientes que no satisfagan necesidades reales ni colmen las aspiraciones de los estudiantes...” Por esta razón era conveniente no otorgar títulos de ingeniero de fábrica y designar al establecimiento educativo que los formaba con el nombre de Instituto Tecnológico Nacional, en concordancia con los fines y títulos que pudiera proporcionar.
La formación de ingenieros debía realizarse en forma exclusiva en las universidades, fundadas sobre la amplia base de cultura general ya referida. La igualdad de oportunidades, asentada en el cumplimiento de idénticos requisitos, se aseguraría mediante la determinación de las equivalencias de estudios cursados e incluiría el examen de determinadas materias así como la adquisición del “...espíritu general que alienta a la educación”.
La postura del Centro de Ingenieros era muy clara; aunque no apuntaba a la disolución de la Universidad Obrera, la transformaba radicalmente. La institución era percibida como un centro de enseñanza de jerarquía inferior a la universitaria; aunque se reconocía su valor para la capacitación de técnicos, se negaba su aptitud para formar profesionales de la ingeniería.
Vastos sectores de la sociedad transfirieron los apasionamientos, prejuicios y rencores que el peronismo había generado en ellos a todas las creaciones de esa época, entre ellas la U.O.N. Sus argumentos no carecen de interés y aún de fundamentos. Sin embargo, la existencia de la Universidad Obrera era interpretada como una alternativa para el estudiantado trabajador. En ese sentido fue tenazmente defendida por alumnos, padres y profesores que identificaron las propuestas de rejerarquización, como Instituto Tecnológico, con un intento por suprimir la institución.
El recurso de los alumnos fue la huelga y de aquella medida se hicieron eco los periódicos. La Prensa 7 testimonió la realización de frecuentes asambleas estudiantiles e informó regularmente sobre las alternativas del movimiento. También El Pueblo 8 se interesó por la cuestión: “Desde hace un tiempo el ambiente educacional ha sido conmovido por un movimiento estudiantil que reclama la autarquía para la Universidad Obrera Nacional y el cambio de este nombre por el de Universidad Tecnológica. En general la gente se ha sorprendido ante carteles, declaraciones periodística y manifestaciones callejeras realizadas por los alumnos de esa casa de estudios.”
La Federación Universitaria Tecnológica, con el nombre de Junta Nacional de Estudiantes de la U.O.N., nació en esa época reivindicando la institución y reclamando suu continuidad. Consiguió incluso apoyo para sus demandas por parte de los Centros de Estudiantes de Ingeniería, en la Convención realizada en La Plata, entre el 76 y el 14 de octubre de 1956. Era un gran logro si se atiende a la posición adoptada por aquellos centros en época anterior.
La lucha de los estudiantes se orientó hacia la defensa de la U.O.N. como una “...casa de estudios técnicos superiores de jerarquía universitaria como los de las facultades tradicionales de Ingeniería y Escuela Superior Técnica del Ejército con un plan orgánico que desarrolla en cinco años”. Reforzaban sus argumentos señalando que instituciones similares funcionaban exitosamente en casi todo el mundo y que la finalidad cumplida por la Universidad Obrera no podía “...ser satisfecha en las facultades tradicionales de ingeniería ni aun con el sistema de becas, que los desvincularía del ambiente industrial.” 10 Esto en razón de que los alumnos son trabajadores que después de cumplir su jornada habitual en la industria, talleres propios o reparticiones oficiales técnicas, concurren a estudiar estimulados por los problemas surgidos del trabajo, lo que enriquecía el proceso de enseñanza.
Llama la atención que el nombre de Universidad Tecnológica Nacional fuera usado cada vez con mayor frecuencia entre el alumnado y los medios de comunicación pública. El cambio de denominación era un modo más de erradicar de la institución toda connotación que la vinculara con el peronismo. El propio rector Meoli sostuvo que Universidad Tecnológica Nacional “...era el nombre que a juicio de profesores, autoridades y alumnos cuadra(ba) mucho más que el otro, impuesto en 1948 por razones demagógicas.” 11 Cabe aclarar que el Ingeniero Gabriel Agustín Meoli fue designado Rector de la U.O.N. el 17 de octubre de 1955 y ejerció el cargo hasta 1959. Profesional de reconocida trayectoria, había iniciado su carrera docente en la U.B.A. en 1941 en la cátedra de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería. Fue además rector fundador del Colegio Esquiú y profesor de matemática en ese establecimiento, en el Colegio Militar de la Nación, la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y la Universidad Católica Argentina. Durante su gestión en la Universidad Obrera manifestó un prudente y firme apoyo a la continuidad y jerarquización de la universidad. 12
Ante la conflictiva situación planteada el gobierno expresó su propósito de darle solución cuando, durante el ministerio del Dr. Carlos Adrogué, dispuso la constitución de una comisión encargada de analizar el tema de la U.O.N., particularmente de la incumbencia de los títulos de ingeniero, la denominación de la casa de estudios y su estructuración definitiva.
En agosto de 1956, el Subsecretario de Educación, Pedro Aberastury, entregó al periodismo un documento 13 en el que se anunciaba la formación de la Comisión que entendería en todos los asuntos referidos a la enseñanza técnica, incluida la U.O.N. Informaba además que, “...a pedido de los alumnos de la citada Universidad” las autoridades tomarán medidas para suprimir del artículo 10º de la ley 13229/48 las palabras “de origen obrero” y derogar el artículo 12º por considerarlo discriminatorio. 14 La parte dispositiva de la resolución comunicada por Aberastury precisaba la composición de la Comisión con la participación de los rectores, decanos y profesores de las distintas universidades, junto a Meoli y al vicerrector Pedro Berdoy. A ellos se sumaban el director de la CNAOP, el director de Enseñanza Técnica y representantes del Ministerio de Industria y Comercio de la Nación, de la Dirección General de Fabricaciones Militares, de la Unión Argentina de Ingenieros, de los Consejos Profesionales de Ingenieros y de la Unión Industrial Argentina.
Con una participación tan ampliada se buscaba garantizar el consenso y respaldo de las medidas que la comisión adoptara. Sin embargo, la actuación de tan nutrido grupo, entusiasta en un comienzo, se fue demorando y acabó por diluirse. Es posible encontrar información en los diarios sobre sus reuniones, pero las noticias se espacian cada vez más. Dos meses después, El Pueblo informaba que el gobierno tenía en estudio el problema planteado por la U.O.N., “...sería plausible que la solución a la que se arribe concilie lo que los estudiantes postulan con lo que aconsejan los intereses culturales y técnicos del país”
Por esta época, el llamado a concurso general de títulos y antecedentes para la designación de profesores titulares dispuesto por el decreto 6403 y efectuado según decretos 20159/56 y 20795/56, evidenciaba las intenciones del gobierno de atender, también en la Universidad Obrera, las cuestiones más urgentes. No obstante, la solución definitiva continuaba dilatándose y el problema tardaría más de dos años en resolverse.
Es necesario advertir que, aún en su etapa concluyente que coincide con el gobierno de Frondizi, la cuestión de la U.O.N. no había delineado un rumbo preciso y su desenlace no era previsible. La acción de la Libertadora fue en esta materia, limitada e incompleta, tal vez porque su atención se fijó en la reestructuración de las universidades nacionales. Creemos que no perseguía el cierre del establecimiento, sólo ensayaba la probabilidad de una reubicación de la jerarquía de sus estudios; aunque esto, en las aspiraciones del alumnado equivalía poco menos que a su clausura.
Ciertamente, todavía en 1958 seguía latente alguna tendencia a suprimir la institución; lo testimonia la vía de solución al conflicto que halló el diputado Luis María Pitto. A principios de septiembre entraba en la Cámara el proyecto del legislador de la U.C.R.I. sobre transferencia de las Facultades Regionales de la U.O.N. a las distintas universidades del Estado, en calidad de facultades de Tecnología, cuyos egresados recibirían el título de ingenieros tecnológicos.16 Como fundamento Pitto consideró que “...nada justifica que para impartir (enseñanza técnica superior).... se erijan remedos de universidades que en la práctica son sólo el mantenimiento de inaceptables y
desdeñosos prejuicios hacia ese tipo de estudios.”
Este proyecto ofrecía una alternativa original, sin embargo la propuesta era contradictoria. La Universidad era inútil y superflua al imitar torpemente a la universidad, pero se sugería la incorporación de sus facultades a aquella jerarquía, como si de cosa distinta se tratara, superponiendo funciones y dispersando recursos. La propuesta ni siquiera fue considerada por los legisladores. Además, una semana después, comenzaría a tratarse en Cámara de Senadores la reestructuración de la U.O.N.
Las dificultades de la etapa abierta en 1955 para la Universidad Obrera, quedaron plasmadas también en las estadísticas:
Resulta de estos datos una tendencia a la estabilización, incluso al descenso de la de la matrícula; la disminución del número de inscriptos tuvo una incidencia directa en el total de alumnos. Esta evolución fue más marcada en las Regionales de Santa Fe, Rosario y Mendoza y menos perceptible en Bahía Blanca y Buenos Aires. Las unidades académicas de Avellaneda, la Plata, Córdoba y Tucumán mantuvieron un ritmo de moderado incremento de su población estudiantil.
Las especialidades que captaban mayor número de alumnos continuaban siendo Mecánica, Electromecánica, Construcciones y Eléctrica, Las regionales más pobladas eran todavía Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Santa Fe Sin duda la incertidumbre sobre los destinos de la institución y la ambigua política oficial sobre su futuro, habrían sido los factores que condicionaron la evolución cuantitativa de la U.O.N. en este período.
3.3. La U.T.N.: nueva estructura y cambio de nombre. a) El proyecto de ley de autarquía en el Congreso.
La todavía denominada Universidad Obrera Nacional continuó siendo durante los primeros meses del gobierno de Frondizi, un problema sin resolver que dio lugar a diversas gestiones y tratativas. Prosiguieron las manifestaciones estudiantiles, esta vez ante el Congreso, y los muros de la cuidad se llenaron de carteles reveladores de la inquietud del alumnado. Una intensa campaña periodística apoyó la reestructuración de la enseñanza técnica e indirectamente estas demandas; el Parlamento no tardaría en atenderlas. 18
En 1958 el Congreso reflejaba en su composición la apabullante victoria de la fórmula Frondizi-Gómez. La U.C.R.I. ganó todas las bancas en el Senado y 133 de las 187 en Diputados; las restantes correspondieron en número de 52 a la Unión Cívica Radical del Pueblo y sólo 2 para el Partido Liberal de Corrientes. El titular del Ejecutivo jamás aludió a esta supremacía ni a su filiación radical y se propuso desalojar el partidismo de la función pública. Esto remite al papel de los legisladores de la Unión Cívica Radical Intransigente en el Congreso: durante todo el período de gobierno se limitaron, junto al partido, a seguir al Ejecutivo, y no siempre de buen grado. Les cabe, sin embargo, el mérito de haber dado un corte definitivo al problema de la Universidad Obrera con la sanción de la ley 14855/59.
El 17 de septiembre de 1958 la Comisión de Educación del Senado, integrada por Aníbal Dávila, Horacio Fernández Beschtedt y Carlos Bernabé Gómez, presentó al cuerpo legislativo el conjunto de los veintiún artículos que conformaban el proyecto de ley sobre reestructuración y cambio de nombre de la U.O.N.. En los fundamentos se ofrecieron dos clases de argumentaciones. Primero las razones por las que se proponía el cambio de denominación; luego, las que justificaban la reestructuración y, en definitiva, la continuidad de la institución.
El nombre de Obrera resultaba incorrecto si se atendía a la condición del alumnado. La exigencia de estudios secundarios completos determinaba que sus cursos quedaran fuera del alcance de los obreros a menos que éstos hubieran completado los estudios antedichos; en tal caso, ya no les cuadraba el nombre de obreros sino el de técnicos. Se hacía notar además que la denominación de Universidad Tecnológica “...está actualmente más difundida que la designación oficial de Universidad Obrera que todavía mantiene...” 20
El segundo aspecto del mensaje revela que no se propiciaba la creación de una nueva universidad sino que el proyecto apuntaba a jerarquizar y consolidar la institución existente. Tenían especialmente en cuenta que en otros países americanos y europeos se desarrollaron casas de estudios análogas a ésta con excelentes resultados. Era importante considerar también que “...su existencia no interfiere en ninguna forma en la de las facultades de ingeniería de otras universidades....”; todas tienen una finalidad determinada y la U.T.N. agregaba características propias y diferenciadoras: alumnos que trabajan, cursos vespertinos y otras. Por fin, su consolidación reportaba a la industria nacional múltiples ventajas en tanto tenía por objeto satisfacer sus necesidades de profesionales especializados.
Pocos días más tarde el proyecto de ley fue tratado en la Cámara alta. 21 El senador Dávila recordó a sus colegas la posición asumida por el bloque de la U.C.R. en 1948, durante el debate de la ley de creación 13229. Afirmó que “...los hechos nos dieron la razón... La U.O.N. no funcionó jamás como tal porque en nuestro país hace falta –aún no se ha realizado- una gran revolución de tipo cultural, ético, social y económico (...) La Universidad Obrera desvirtuó sus finalidades y traicionó su nombre porque cuando quiso actuar con seriedad se vio obligada a exigir, para el ingreso a sus claustros, la presentación de títulos de capacitación secundaria...” El propósito era ahora darle el sentido auténtico de universidad, de acuerdo con las características de autarquía similares a las que regían en las demás universidades nacionales.
Después de la votación afirmativa del despacho en general, se propusieron varias modificaciones en la consideración particular del proyecto. Algunas fueron formales y no afectaron sustancialmente el contenido; otras adquirieron mayor relevancia. Por ejemplo, la inclusión de una representación de graduados en el consejo de la U.T.N.; la sustitución del término autonomía por el de autarquía “...porque eso caracteriza mejor el régimen que se quiere dar a la nueva U.T.N.” También varió el sistema de administración patrimonial y se obvió detallar la conformación de la Asamblea Universitaria.
Las modificaciones se introdujeron exclusivamente por solicitud del senador correntino Aníbal Dávila; no se informaron los motivos por los cuales éstas se propusieron y tampoco suscitaron debate alguno. El proyecto fue aprobado tras un breve trámite.
Igualmente breve fue le espacio que la media sanción dada por la Cámara alta ocupó en La Prensa. 22 La atención periodística estaba ese día enteramente dedicada a la derogación del Artículo 28 y la sanción de la nueva ley sobre universidades libres que debía tratar el Senado el 29 de septiembre. Esta información así como la referida a los movimientos estudiantiles que provocó, llenaban las páginas de los diarios acaparando el interés general.
También ese 29 de septiembre, en los asuntos entrados como sanciones en revisión, consta que el proyecto fue derivado para su análisis a las correspondientes comisiones de la Cámara de Diputados. 23 Dichas comisiones tardaron un año en producir despacho 24 por lo que el tratamiento del proyecto se postergó hasta octubre de 1959.
El 9 de octubre de 1959 comenzó a considerarse en Diputados la reestructuración y cambio
de nombre de la U.O.N., conjuntamente con la creación del Consejo Nacional de Educación Técnica.25 Aunque la cuestión tampoco generó en este recinto debates intensos, similares a los de 1948, las sesiones fueron prolongadas, los oradores numerosos y las exposiciones extensas en la mayoría de los casos. Sería tedioso examinarlas en su totalidad, por esto seleccionamos las que entendimos originales o representativas de una serie.
Los diputados liberales por Corrientes anunciaron su apoyo al proyecto, que no presentaba inconvenientes “...después de la reorganización operada por el gobierno de la Revolución Libertadora, en 1956...” con el concurso de las cátedras. Además, esta universidad iba a desarrollar actividades de distinta índole y desenvolvería su acción en otro campo “...distinto del de la universidad clásica” (Diputados, 1959, T. V, p.3970).
En nombre del oficialismo, el diputado Uzal aludió al apoyo caluroso que el país brindaba al proyecto y censuró a los sectores “...presuntuosamente culturales...” que se oponían a él. 26 En un largo discurso profundizó el significado del concepto de cultura, sus alcances y características; concluyó que era incongruente enfrentar a la técnica con la cultura como valores antinómicos y diferenciar la cultura popular de la cultura superior porque “...cultura es pueblo”. (Diputados, 1959, V, p.3946)
Así, ni la cultura era posesión de unos pocos ni la Universidad, abstracción, pensamiento puro y especulación teórica como en los tiempos medievales. Para demostrarlo analizó algunos planes de estudio de algunas carreras de la Universidad de Buenos Aires y dedujo que “...humanísticamente hablando, tiene más valor el plan de estudios de la U.T.N....que el de la Facultad de Medicina de la Universidad clásica de Buenos Aires” (Diputados, V, p.3954)
Finalmente, retomó el argumento esgrimido desde el ´48: el país necesitaba capitales y equipos, pero sobre todo, necesitaba técnicos. En ese sentido, la ley beneficiaba al importante sector de los estudiantes que trabajaban y por sus derivaciones, beneficiaba a la Nación toda.
La defensa entusiasta del diputado Uzal recibió la adhesión de numerosos legisladores. El diputado Pablo Oreja de la U.C.R.I. se sumó a ellos y con gran sentido práctico se refirió a la Tecnológica como “...un hecho real y positivo, definitivamente incorporado al país. Al hombre y a la mujer argentinos no les interesa entrar en el análisis de si en el momento en que se sancionó la ley alguien tuvo intención demagógica, porque si arribáramos a esa conclusión... tendríamos que remover muchas cosas que en el país tienen vivencia definitiva.” (Diputados, 1959,V, p.3956) Agregó a las razones argüidas que la U.T.N. no atentaba contra las facultades de ingeniería por sus características propias y que tampoco significaba una inversión desmedida porque exigía erogaciones modestas. Finalizó revisando los argumentos de sus correligionarios en 1948; infirió que la experiencia acumulada y las reformas operadas permitirían superar aquellos reparos.
El bloque minoritario adelantó su aprobación a través de los diputados Rubén Blanco de Buenos Aires y Rafael Hernández Ramírez de Córdoba. El diputado por Buenos Aires advirtió que el proyecto solucionaba un problema educacional y también humano, el de cuatro mil alumnos y cuatrocientos egresados cuyo título era cuestionado. Reivindicó la posición de los radicales en 1948 apuntando que las observaciones efectuadas entonces, permitían ahora la reestructuración de la Universidad Obrera. (Diputados, V, pp.3955-3958)
Por su parte, Hernández Ramírez examinó la cuestión enmarcándola en la situación universitaria general. 27 Con medulosos conceptos justificó la creación de la U.T.N. en virtud de la congestión de las aulas superiores y efectuó algunas observaciones dignas de mención. Primero refirió a la necesidad de seleccionar los alumnos “...para que la mortalidad académica...no sea tan elevada” Luego señaló con perspicacia que era vital proporcionar a la institución los recursos que aseguren su subsistencia y su éxito. También analizó la selección de los docentes; recomendó el régimen de concursos como el más adecuado para evitar la infiltración política. Concluyó su
intervención con un esperanzado llamamiento: “...que esta hija que hoy nace, que es la UTN, no la dejen en pañales ni sea la cenicienta entre las universidades pujantes, porque la Universidad Tecnológica es lo que nuestro país necesita para bien de su cultura y su progreso.”
Sólo dos diputados exteriorizaron su oposición al proyecto aunque finalmente lo aprobaron; Nélida Baigorria y Luis María Pitto. José García Flores dejó entrever sus dudas con expresiones ambiguas y poco convincentes pero anunció su voto afirmativo porque “...lo reclama la calle,... lo reclama nuestra juventud” (Diputados, 1959,V, p.4027) La Srta. Baigorria retomó los argumentos de los radicales en 1948; se preguntó “...si estos son los técnicos que necesita la industria, ¿qué función cumplen los egresados de las universidades?” (Diputados,1959, V, p.3988) y sugirió que la entidad se transformara en Instituto Superior de Tecnología, como un estrato intermedio entre el secundario y los estudios superiores.
El legislador Pitto adhirió al proyecto “...como disciplinado soldado” de la fuerza política a la que pertenecía, pero expresó su oposición reiterando las fundamentaciones del proyecto que presentara en 1958.
La disciplina partidaria silenció estas manifestaciones contrarias y en la reunión del 14 de octubre de 1959 el proyecto recibió la aprobación casi unánime de noventa y cinco votos sobre ciento un diputados presentes. (Diputados, 1959, V, p. 4033)
La Prensa 29 siguió atentamente las sesiones, las reprodujo casi en su totalidad y dedicó a esa información sus primeras planas. Los titulares del día 15 de octubre comunicaban “Quedó sancionada la creación de la Universidad Tecnológica” Es probable que el anuncio conllevara el propósito subyacente de desvincular a la Tecnológica de la Universidad Obrera al señalar erróneamente que se creaba aquella institución y no que se reestructuraba la segunda. Hacia ese punto se habían orientado también algunas disquisiciones parlamentarias: “...no estamos rectificando una decisión tomada por un gobierno autoritario...,estamos creando y desarrollando la razón de ser de esta universidad” había afirmado el diputado Solanas (Diputados, 1959, V, p.4015)
Si se comparan los debates preliminares a la sanción de la ley 14855/59 con los que precedieron la creación de la Universidad Obrera, resulta evidente que la posición adoptada por los legisladores fue relativamente uniforme y ello excluyó la discusión del recinto. Casi todos los diputados radicales recordaron la posición de su bancada en 1948 y esto los obligó a tratar dos cuestiones implícitas. Justificar primero la variación de opiniones y luego, revalorizar aquellas apreciaciones cuya sagacidad y certeza permitían ahora la reestructuración de la universidad. Finalmente, casi todos los oradores patentizaron en sus exposiciones la presión ejercida por los reclamos estudiantiles; aquellas expectativas fueron atestiguadas por una nutrida presencia de representantes de la Universidad Tecnológica en la sala de sesiones.
De lo expuesto inferimos que la sanción del proyecto fue, en gran medida, el resultado de la actitud eminentemente pragmática adoptada por los legisladores. La situación de la U.T.N. configuraba una herencia problemática, pero constituía, en tanto hecho real y concreto, una cuestión insoslayable. Había que adecuarla a los nuevos tiempos y darle una estructura acorde, volver atrás ya no era posible. En este proceso quedaron en el camino muchos argumentos y se abandonaron antiguas concepciones; desde diferentes perspectivas podrá interpretarse que las modificaciones resultantes perfeccionaron la institución o la desvirtuaron apartándola de su sentido original. No nos hemos propuesto abordar esa cuestión en este trabajo.
b) La estructura de la U.T.N. según la ley 14855/59 y sus modificaciones.
Al analizar la ley 14855 30 sorprende la abundancia de detalles que comportan sus veintiún artículos; casi nada queda librado al azar o la improvisación o a la determinación de la propia universidad. La norma especifica íntegramente la organización, los fondos y recursos de mantenimiento, la forma de administración, la integración de sus consejos, etc. Se esperaba con tan minuciosa reglamentación guiar los primeros pasos de esta casa de estudios cuya existencia había sido arduamente discutida; también, asegurar que no interferiría en el funcionamiento de las demás universidades mediante una prolija exposición de sus finalidades y características diferenciadoras.
La ley fijaba, incluso, las bases sobre las que se elaboraría el nuevo estatuto universitario, apuntando primordialmente a dos situaciones criticadas vehementemente: la condición de los ingresantes y los títulos a expedir. La condición de obrero, demagógicamente establecida según difundidas opiniones, era eliminada como requisito. Respecto de los títulos se recomendaba la explicitación de la especialidad cursada; quedaba suprimido el añadido de fábrica por sus connotaciones y su amplitud.
El régimen de autarquía desvinculaba a la Universidad de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional 31 y le atribuía facultades para dictar planes de estudio, nombrar profesores y personal no docente, designar autoridades y administrar su patrimonio.
Los fines de la U.T.N., expuestos en el artículo 2º, eran la preparación de profesionales en el ámbito de la tecnología, con una formación cultural y humanística que los habilite para desenvolverse en los planos directivos de la industria y la sociedad. A la vez, promovería el mejoramiento y desarrollo de la industria nacional mediante tareas de investigación, asesoramiento, organización y dirección. Era imprescindible para el cumplimiento de estos objetivos, un estrecho contacto con la industria y las fuerzas económicas del país, con las demás universidades y otros organismos culturales y técnicos.
Algunos aspectos sustanciales diferenciaban los fines expuestos en la ley 13229/48 y los que la nueva norma perseguía. La U.T.N. se proponía formar profesionales de la tecnología, sean obreros
o no, y relacionarse con las demás universidades nacionales en un intercambio enriquecedor que originalmente se obvió. Su integración al sistema universitario no exigía además, incorporar el objetivo antes declarado, de formar un cuerpo docente con características especiales. El nexo que vinculó ambas normas reglamentarias fue la promoción de la industria nacional.
Entretanto dictara su estatuto la Universidad sería gobernada por un Consejo de la Universidad Tecnológica Nacional. Se integraba con las autoridades de la ex Universidad Obrera y delegados, directamente elegidos, de los profesores, graduados y estudiantes, en número de tres por claustro. Sus atribuciones eran idénticas a las conferidas a los rectores interventores y Consejos de las otras universidades nacionales; a ellas se sumaban las anteriormente asignadas a la C.N.A.O.P.
Dicho Consejo tenía la misión específica de preparar el proyecto de estatuto según las finalidades expuestas, las modalidades propias de la institución y las peculiaridades de las facultades regionales. El texto legal aportaba indicaciones precisas que el Estatuto debía contemplar, sobre la articulación de los estudios secundarios, la composición de los organismos directivos y los títulos a otorgar.
Cumplida la etapa de elaboración y previa difusión en las regionales, el proyecto iba a ser sometido a la aprobación de la Asamblea Universitaria. La ley no indicaba su constitución pero refería a la elección de representantes de profesores y alumnos, a la forma de funcionamiento, a las condiciones de aprobación del proyecto y a los plazos para que entrara en vigencia.
En su artículo 13º la ley preveía la creación del Instituto de Cooperación Industrial, con el objeto de estrechar la relación con los problemas de la industria. Este instituto venía a suplir a aquél que en el Decreto 8014/52, sobre reglamentación de la Universidad Obrera, recibía la denominación de Consejo Asesor de Coordinación industrial. La constitución del instituto se promovería en la forma que la universidad creyera conveniente; de hecho, no se reglamentó la participación de organizaciones patronales y obreras como en 1952.
Los artículos siguientes puntualizaban el patrimonio y recursos de la U.T.N., la constitución de su Fondo Univers
Las especialidades que las distintas facultades ofrecían eran: Construcciones de obras, Hormigón armado, Obras sanitarias, Construcciones mecánicas, Automotores, Transportes y Mecánica Ferroviaria, Instalaciones eléctricas, Construcciones electromecánicas, Construcciones aeronáuticas, Industrias textiles, Industrias químicas, Construcciones navales, Mecánica rural, Electrotécnica, Construcciones de obras y antisísmicas y Telecomunicaciones.
El plan de estudios original abarcaba cinco años, con cinco o seis materias a cursar en cada uno de ellos. En los planes de todas las carreras existían ciertas asignaturas comunes: Sindicalismo Justicialista y Legislación Obrera I y II, Legislación del trabajo, Tecnología de fabricación y organización industrial, Administración y contabilidad industrial e Higiene y seguridad industrial. 21 Los criterios que ordenaron la estructuración de estos planes y programas de estudio fueron de diversa índole. Por un lado, la necesidad de formar ingenieros “...con una sólida base físico-matemática”; a la vez, “...elevar el nivel intelectual del obrero”,22 y por fin, reflejar “...la compenetración con la Doctrina
17 Fuera de esta efímera actuación en el Rectorado de la UNO, no es posible hallar información sobre la trayectoria del Sr. Conditi. 18 La Prensa, 18 de marzo de 1953, p.3. 19 El discurso fue reproducido parcialmente por La Prensa, 18/3/53 y en su totalidad por la Revista de la U.O.N, Año I, Nº 1, 1953, pp.14-16. 20 Segundo Plan Quinquenal. Cap. IV, p.64 21 Revista de la U.O.N. Año II, Nº 10, oct.-nov. 1954, pp.55-61. Contiene los planes de estudio de todas las especialidades. Periódicamente se publicaban también los programas de las asignaturas. 22 Ibid. Año II, Nº 9, agosto-sept., 1954, p.37.
Nacional y el Plan de Gobierno.”
Las clases se dictaban en horario vespertino, desde las 19.15 á las 22.30, de lunes a viernes, lo que totalizaba un promedio de veinte horas semanales. Los trabajos de gabinete o laboratorio se efectuaban los sábados por la mañana. Según las autoridades de la Universidad, la diferencia de alrededor de diez horas semanales que existía respecto de las otras casa de estudios superiores de la Nación, se compensaba y salvaba con la gran práctica ejecutiva de los alumnos-obreros. Sin embargo, si se examina un calendario de actividades de la institución, esta inferioridad en el número de clases se acentúa. El ciclo lectivo, que se extendía desde el 15 de marzo al 1º de diciembre, incluyó en 1954 por ejemplo, más de veinte días de asuetos escolares y feriados: las fiestas patrias, el cumpleaños del Gral. Perón y Día de la U.O.N., el día de Santa Rosa de Lima, de San Pedro y San Pablo, de la Lealtad Popular, etc. Aunque ellos rigieran también para las otras universidades, en ésta se sumaban los actos efectuados el día hábil anterior a los que docentes y alumnos debían asistir obligatoriamente, la suspensión de actividades todos los 26 de cada mes, en homenaje a la “Jefa Espiritual de la Nación” y otros eventos de menor repercusión.
Respecto de la didáctica de las clases, el Rectorado enfatizó la recomendación de que su dictado fuera claro y sencillo; “...las clases no serán conferenciales...” y a cada explicación debía seguir la ejercitación correspondiente de modo tal que el alumno se viera obligado a estudiar clase por clase.25
Tales clases eran dictadas por docentes que con frecuencia se desempeñaban en otras universidades nacionales. Algunas cátedras, y según las prescripciones legales del caso, fueron provistas mediante concursos de titulares en las distintas regionales.26. En 1954 y 1955 se reglamentó la aplicación en la Universidad Obrera del régimen de incompatibilidades impuesto a los profesores universitarios. El decreto 20778/54 había exceptuado de dicho régimen a los docentes de la UON y el que llevó el número 5845/55, a los directivos del establecimiento. 27 Estas medidas se adoptaron a fin de facilitar la estructuración y el funcionamiento de la novel universidad.
Bajo el régimen de la ley 13229/48, durante el gobierno peronista y el rectorado de Conditi, se operaron escasas modificaciones en el reglamento original. Sin embargo, la organización de las actividades, en lo que tuvo amplio desempeño el vicerrector Ing. Pascual Pezzano, exigió algunos ajustes. Antes de exponerlos corresponde reseñar la actuación del Ingeniero Pezzano, sobre quien recayó la tarea exclusivamente académica, esto en función de la idoneidad que le confería su trayectoria docente en la Escuela Industrial Otto Krause, en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de La Plata y en la Escuela Superior Técnica del Ejército. A su experiencia sumaba una completa preparación profesional como ingeniero civil, agrimensor e ingeniero mecánico.28
Retomando la cuestión de las reformas al reglamento, éstas se efectuaron en los artículos referidos a la enseñanza y los exámenes, por decreto 21812 de noviembre de 195329 y básicamente implementaron una especie de régimen de promoción que suprimía los exámenes finales. El ciclo quedaba dividido, como antes, en tres términos; cada uno se evaluaba con el promedio de dos notas: una tomada del promedio de calificaciones obtenidas en las exposiciones orales, experiencias o ejercitaciones, y otra resultante de un examen teórico. El aplazo en cualquier calificación promedio obligaba a rendir el examen final de la asignatura. En caso de reprobar dos o más materias en los finales de marzo, se imponía la repetición íntegra del curso; existía la posibilidad de llevar una materia previa, pero debía ser aprobada en el término del siguiente ciclo lectivo para que fuera reconocido el año superior cursado.
Muy similares al régimen en el que se encuadraba la enseñanza media, estas modificaciones fueron catalogadas como “...una conquista revolucionaria en la enseñanza universitaria...”; sus ventajas residían en que mantenían día a día el interés del alumnado, premiaban el esfuerzo diario del buen alumno, para quien el examen final no era necesario, y sancionaban el estudio deficiente y discontinuo. Como es de suponer, estas medidas tuvieron amplia y favorable repercusión en el alumnado.
Los primeros alumnos de la U.O.N. eran en su mayoría técnicos industriales con varios años de ejercicio que deseaban continuar estudiando. El resto estaba conformado por los egresados de los cursos de perfeccionamiento técnico de la CNAOP y de las escuelas industriales de la Nación. 30
En 1953 la Universidad captó 676 alumnos; al año siguiente los inscriptos fueron 1034 y el total sumó 1488 alumnos; en 1955 estudiaban en esas aulas 1956 estudiantes, ese año se habían inscripto 991 alumnos. Se concentraban en su mayor parte en las Regionales de Buenos Aires, Rosario y Córdoba y las especialidades más atractivas eran Mecánica, Construcciones y Electromecánica.31 El cien por cien del alumnado estaba constituido por trabajadores, técnicos en la especialidad que elegían, aunque no necesariamente “obreros”. La mayoría de los ingresantes tenía idéntica procedencia que los estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. 32
En los círculos gubernamentales, la labor que cumplía la Universidad Obrera se exaltaba fervorosamente; la repercusión internacional de su trascendencia era tema frecuente en las publicaciones oficiales y en la Revista de la propia universidad y, obviamente, motivo de halago para quienes la habían pergeñado.
Ciertamente, la institución había encontrado un espacio que se ampliaba cada vez más en la sociedad en que halló inserción. El ritmo que entonces imprimió a sus actividades quedó plasmado en distintas realizaciones; por ejemplo, la creación de múltiples dependencias anexas que complementaron la estructura del sistema creado. Entre 1953 y 1955 se organizaron la Federación Argentina de Estudiantes de la U.O.N., su Oficina de Prensa y Difusión, el Instituto de Extensión Cultural y Técnica, el Departamento Técnico y Didáctico, la Secretaría Gremial de la U.O.N. A fines de 1954 se disponía la publicación del Anuario de la Universidad Obrera Nacional y Facultades Regionales y se retomaba el proyecto de creación de un edificio propio. El comienzo de tales obras destinadas a la sede central, había sido anunciado en 1953, 33 pero dos años más tarde aún no se había concretado. Recién el 13 de junio de 1955 quedaron constituidas las Comisiones Ejecutiva e Informativa encargadas del estudio del anteproyecto. 34 La caída del régimen frustró la empresa definitivamente.
Estos datos sobre el curso de la Universidad Obrera durante el peronismo nos dejan la impresión del gran dinamismo con que la institución afrontó los problemas de su etapa organizativa inicial; el sostén oficial, firme y constante lo hacía posible. Si a ello se adicionan otros factores influyentes, como la existencia de espacios y equipamientos adecuados, un cuerpo docente acorde a los fines institucionales y una organización ajustada en sus mínimos detalles a las necesidades del alumnado trabajador y a los proyectos oficiales, quedaban configurados los lineamientos de un futuro prometedor. Sin embargo, esta evolución fue interrumpida después de 1955; del amparo gubernamental y la holgura económica, la U.O.N. pasó a la asfixia presupuestaria y a la lucha por la subsistencia. La institución debió afrontar tiempos difíciles.
30 BENEDETTO, Orlando. Sobre la UTN (En: Hechos e Ideas, Bs.As., Didot, Año I, Nº 2, ene-feb. 1974, p.70) 31 U.T.N. Dpto. de Sistemas de Información y Estadística. Anuario Estadístico 1978; II parte, pp.24 -30 32 MOLLIS, Marcela. La historia de la U.T.N.: una universidad para hombres y mujeres que trabajan. (En: Realidad Económica, Bs.As., Instituto Argentino para el Desarrollo Económico, Nº 99, 2º bimestre, 1991, p.105) 33 ARGENTINA, Presidencia. de la Nación. Subsecretaría de Informaciones. Reseña General de Actividades, 1953. Vol. II, pp. 78-79 34 Revista de la UON , Año III, Nº 13, junio-julio 1955, p. 65. El tema del edificio propio se reiteró en diversos números de esta publicación, como una preocupación constante de sus autoridades.
2.4. Repercusión y trascendencia
Para ampliar el enfoque, creemos que es conveniente exponer la opinión de algunos contemporáneos sobre la creación de la Universidad Obrera. Quienes protagonizaron aquellos sucesos, aun cuando quedaran atrapados por las pasiones políticas, han emitido juicios antitéticos pero valiosos; a la distancia, resultan imprescindibles para conformar desde todos los ángulos y perspectivas, un panorama globalizador e intentar un balance ecuánime.
Ya desde inicio de la historia de esta Universidad, en los debates de la ley 13229/48, las posiciones asumidas por los diputados Raúl Bustos Fierro y Gabriel del Mazo resumieron la polarización que sacudía al país por aquellos años. El legislador peronista se congratuló con la creación, y más de veinte años después, reivindicando la obra de gobierno de Perón, mantuvo su apreciación refiriendo a la Universidad Obrera como aquella “meritoria institución” que permitió intensificar la función social y cultural de la enseñanza.35
Profundamente distintos fueron los juicios del radical del Mazo, ya en 1948 y haciéndose eco de los escrúpulos de su bloque, expresó su oposición al proyecto. Después de 1955 reiteró aquellos argumentos y continuó responsabilizando a la U.O.N. y a Perón de haber impuesto en el país una doble vida universitaria. Si a la universidad clásica se le criticaba la ausencia de formación práctica, la universidad para obreros impartía una educación estrecha, quedaba convertida en un órgano para la industria. y en sí misma era una institución que, contradictoriamente, proclamaba a la vez la universalidad y la especialización.
Desde el movimiento universitario estudiantil reformista, la Universidad Obrera fue considerada como la concreción de algunas consignas de 1918. Sin embargo, poco después se catalogaba a la creación como “...un índice de la concepción de clase del peronismo”. El nacimiento de esta universidad no respondió al reclamo popular “...sino que tendía a facilitarle a la burguesía la tarea de colocar una valla de clase, evitando mezclar a sus hijos y a los hijos del proletariado”. Su significación se minimizó aún más atendiendo a la composición del estudiantado de la universidad en la que “...había sólo un 30 % proveniente de las escuelas-fábrica. El 70 % restante era egresado de las escuelas industriales (...) No se puede entonces agrandar la trascendencia social de la Universidad Obrera.”36
¿Cómo percibieron la creación sus destinatarios, es decir, la clase obrera? La “Página Gremial Eva Perón” del diario “La Prensa”, 37 ya expropiado y en manos de la Confederación General del Trabajo, enfatizaba la proyección social de la Universidad y le atribuía la misión de derribar “...definitivamente los valladares que levantó una sociedad egoísta frente a las legítimas aspiraciones de las masas obreras”.La U.O.N. constituía para la juventud trabajadora una perspectiva halagüeña porque cancelaba la época del aprendizaje en la fábrica y la explotación del novel operario por patrones inescrupulosos.
En la actualidad, la bibliografía especializada concede al tema una atención limitada y, a menudo incompleta. 38 Las obras históricas dedicadas al estudio del peronismo analizan otros aspectos de esa etapa; en muy pocos trabajos se examina la cuestión y, en ninguno de los consultados se la somete a un tratamiento exhaustivo. Valen como corroboración los ejemplos: de los dos volúmenes de Pedro Santos Martínez sobre la historia nacional entre 1946 y 1955 sólo se dedican unos párrafos a la Universidad Obrera, para caracterizarla como una experiencia revolucionaria 39 y señalar que la Universidad Tecnológica que la continuó “...desvirtuó completamente los fines de su creación”. También Alberto Ciria, 40 al ocuparse de los temas
culturales y educativos durante el peronismo, refiere sólo superficialmente a la Universidad Obrera para ejemplificar las posiciones políticas enfrentadas en los años del peronismo y no emite sobre ella juicio alguno. Como los casos que mencionamos, muchos más.
En las obras de política educacional e historia de la educación la mención de esta casa de estudios se acota a los antecedentes inmediatos de la Universidad Tecnológica Nacional sin aportar datos o interpretaciones originales sobre su significación.
Debe destacarse por fin que tampoco la Universidad Tecnológica ha realizado esfuerzos orgánicos por reconstruir los pormenores de su trayectoria pasada. Ocasionalmente, algunas publicaciones de Rectorado rescataron la memoria de la U.O.N. fundando en ella la continuidad institucional desde 1948; la información contenida es escueta y a menudo imprecisa. 41
Finalmente apuntamos algunas reflexiones. La creación de la Universidad Obrera reconoce motivaciones sociales, económicas y políticas. Sociales en tanto se hizo eco de las inquietudes de gremios y sindicatos y ofreció a sectores hasta entonces desplazados del ámbito universitario, una posibilidad de acceso a la educación superior. Económico-políticas porque se propuso formar a la vez, los virtuosos ciudadanos de la Nueva Argentina y una clase de ingenieros experimentados en la práctica laboral, que fueran útiles a los planes de desarrollo industrial del gobierno.
El peronismo entendió que con esta alternativa ampliaba las oportunidades educativas y, al mismo tiempo, satisfacía una de las demandas del proceso productivo: la disponibilidad de mano de obra especializada. Los egresados de las universidades tradicionales no se interesaron en cubrir este espacio por varias razones. Entre las de mayor peso, por su generalizada oposición al gobierno y al proyecto justicialista y, en relación con esto, porque su cómoda posición social los orientaba hacia el ejercicio de las profesiones liberales o la actividad política.
En el balance final de los móviles que explican el nacimiento de esta universidad creemos que, aunque las razones económicas operan como fundamentos de valor, son las de orden social y político las que primaron y acabaron trascendiendo aspiraciones de otra índole. Se ha afirmado con frecuencia que los intentos diversificadores y pragmáticos en la educación argentina fracasaron por carencia de una base social de apoyo; en esta época, dicha base social se expandió y pasó a ser la columna vertebral de un movimiento que, además, estaba interesado en el crecimiento industrial. Perón conjugó las circunstancias y canalizó las expectativas de mejora social y económica de la clase obrera con la creación de la U.O.N. Con gran habilidad política eligió construir una nueva institución para satisfacer los requerimientos de los sectores populares porque ese camino era más sencillo que modificar la estructura de las universidades existentes, en franca y constante oposición a su gobierno.
El nombre de Obrera que recibió esta casa de estudios aludía concretamente al designio de capacitar al trabajador para incorporarlo al aparato productivo; sin duda, también buscó el consenso de las clases populares respecto del proyecto oficial y por ello fue calificado de demagógico. En realidad, la significación social que comportaba este título no se proyectó al futuro como un logro definitivo; el acceso real de los obreros a la universidad es una cuestión que esta institución no resolvió.
No creemos que su denominación de Universidad respondiera a circunstancias fortuitas como sostuvieron los diputados peronistas. El título de universidad, instituto o politécnico no era una simple cuestión de palabras; cada nombre suponía rumbos y, sobre todo, expectativas diferentes. En la mayoría de los países del mundo la formación de técnicos e ingenieros se realizaba en instituciones distintas de las universidades, aunque la calidad y nivel de los estudios fueran igualmente rigurosos. Se concebía allí que la amplia tarea de la universidad era educar y no simplemente preparar para una profesión. Esta concepción que fue el eje de los argumentos del bloque opositor en 1948, fue expuesta más tarde por Alfredo Palacios. 42 La universidad científico-profesional y la universidad cultural eran los dos modelos que debían ser estrictamente separados: Escuela Politécnica la primera y Universidad propiamente dicha, la segunda.
41 Durante nuestro desempeño en la Regional Resistencia nos llamó la atención la alternancia de fechas en que la institución celebraba su aniversario; a veces el 19 de agosto (ley 13229/48) y otras el 14 de octubre (ley 14855/59). 42 PALACIOS, Alfredo. La Universidad nueva. Desde la Reforma Universitaria hasta 1957. Bs.As., Gleizer, 1957. Passim.
El rótulo de Universidad conferido en nuestro país a esa casa de estudios superiores técnicos, no se ajustaba a los criterios tradicionales ni a los antecedentes internacionales, pero reflejaba un prejuicio hondamente arraigado en la sociedad argentina: sólo la categoría universitaria de la institución podía legitimar y jerarquizar la calidad de sus egresados. Como ya indicáramos, al otorgar ese carácter al tercer ciclo del aprendizaje para obreros Perón abría a sectores hasta entonces marginados nuevas expectativas y creaba la ilusión de haber conquistado un ámbito que era tradicionalmente hostil a sus proyectos.
Restaría saber si aquellas expectativas fueron satisfechas indagando sobre las perspectivas que se abrieron a los primeros egresados. La brevedad del funcionamiento de la U.O.N. bajo el peronismo y la violencia de las pasiones políticas que eclosionaron después del ´55 entorpecen cualquier análisis. Es lícito conjeturar que este tiempo debe haber sido especialmente difícil para aquella parte de la juventud que, ajena al contaminado vaivén político, había comprometido honestamente su empeño y no podía asegurar la concreción de sus anhelos. La vinculación de la Universidad Obrera con el régimen depuesto fue sin duda un obstáculo para muchos ingenieros de fábrica que fueron incorporándose al mercado laboral como profesionales cuyo título se desjerarquizaba y cuya competencia se ponía en duda.
Cerramos este capítulo persuadidos de que si fuera posible evaluar la creación de la Universidad Obrera al margen del entorno histórico-político en el que se insertó, cabría reconocer en la medida un plausible intento por modificar una situación rayana en el absurdo: la de un país que perseguía su desarrollo industrial pero que formaba más abogados que técnicos. Sin embargo, en el contexto, el hecho cobra otra significación. La incuestionable vinculación de esta universidad con el peronismo, tan evidente que la U.O.N. incorporó a su escudo el del partido justicialista, y la escrupulosa regulación de su funcionamiento de acuerdo con las pautas gubernamentales, justifican la conjetura de que en sus aulas se combinaron forzosamente la ideología y la adhesión incondicional al régimen con el rigor académico y el cumplimiento de fines estrictamente educativos.
II. La diversificación de la enseñanza técnica superior:
3. Después de 1955: la reestructuración
3.1. El momento histórico y la educación
3.2. La Universidad Obrera entre 1955 y 1958
3.3. La U.T.N.: Nueva estructura y cambio de nombre a) El proyecto de ley de autarquía en el Congreso b) La estructura de la U.T.N. según la ley 14855/ 59 y sus.modificaciones
3.4. El primer Estatuto
3.5. Algunos datos sobre la evolución de la U.T.N. entre 1959 y 1962
II.3. DESPUÉS DE 1955: LA REESTRUCTURACIÓN
3. 1. El momento histórico y la educación.
En septiembre de 1955 se produce el derrocamiento de Juan Domingo Perón por un golpe militar que fue percibido por vastos sectores de la sociedad como el resultado del ejercicio del derecho de resistencia a la opresión. La polarización del país en peronismo y antiperonismo “...hizo eclosión en el 55 y concentró las energías y los objetivos de la conspiración: derrocar a Perón”
El General Eduardo Lonardi que encabezó el movimiento septembrino se declaró presidente provisional; el almirante Isaac Rojas ocupó la vicepresidencia. Refugiado en la embajada de Paraguay y luego en una cañonera de ese país, Perón inició el 2 de octubre de 1955 sus largos años de exilio. El general se transformaría paulatinamente en un mito cuya influencia sobre la política nacional se manifestó de modo insoslayable.
La fórmula que Lonardi impuso desde el poder fue la reconciliación al proclamar que no había ni vencedores ni vencidos. El proyecto político ignoraba sin embargo las relaciones de fuerza y el enfrentamiento interno de las líneas revolucionarias. Con los nacionalistas y los liberales maniobrando hábilmente para acentuar su influencia en el gobierno, la ruptura violenta no podía tardar en producirse. Así las cosas, una crisis de gabinete se transformó en una de régimen. Los militares separaron del cargo a Lonardi el 13 de noviembre de 1955 y eligieron en su reemplazo a Pedro Eugenio Aramburu, general de reconocida militancia antiperonista y rival de Lonardi.
El gobierno de Aramburu comenzó con una administración de autoridad compartida entre el presidente provisional y las fuerzas armadas. Pronto se produjo un viraje político interno y, después de 1956, el presidente fue escapando de la tutela de las fuerzas armadas.
Los problemas políticos capitalizaron la preocupación del gobierno: la represión del peronismo, su resistencia conspirativa, la fractura de la Unión Cívica Radical, la restauración de la vigencia de la Constitución de 1953... La situación social y económica no era menos problemática en razón de la inflación creciente, el continuo drenaje de reservas y la intensificación de la inquietud obrera.
En el ámbito educativo, la Revolución Libertadora inició una total revisión de las políticas que caracterizaron la época anterior. Sus objetivos fueron corregir el rumbo impuesto por Perón y proporcionar un nuevo marco legal a las instituciones educativas existentes, bajo la vigencia de la Constitución de 1853. La intención manifiesta era desvincular a la educación del “... propósito dictatorial de moldear el espíritu de los educandos dentro de la doctrina y de vigilar a maestros, profesores y alumnos para que el mismo se alcanzara rigurosamente.”
En la enseñanza primaria se mantuvo el régimen de la ley 1420 y se restableció el Consejo Nacional de Educación. Se introdujo el dictado de la materia Educación Democrática en la enseñanza secundaria con la idea de formar ciudadanos aptos para una vida libre y responsable.
La Revolución Libertadora buscó ubicar a las universidades bajo el signo de la autonomía. Se derogó toda la legislación de la época peronista y la ley Avellaneda fue puesta en vigencia. Transitoriamente, en tanto se daba la legislación especial, las universidades fueron intervenidas y se declaró en comisión especial a todo el personal docente; a la vez se reincorporaron los profesores dejados cesantes por el gobierno anterior.3
El decreto-ley 6403/55 reorganizó las universidades bajo un régimen jurídico de autarquía y autonomía. El artículo 28 de este decreto puso de manifiesto la diversidad de tendencias relativas a la educación, en general, y a la creación de universidades libres, en particular. El debate sobre universidad libre o laica fue tan arduo y tantas las presiones, que la reglamentación prevista en el artículo 28 no llegó a dictarse.
El presidente Aramburu finalizó su gestión en febrero de 1958 después que las elecciones dieran un triunfo aplastante a la fórmula Arturo Forndizi- Alejando Gómez. Aunque el propio Frondizi lo negara, fue el pacto que su delegado Rogelio Frigerio negociara con Perón el que le ofreció a la U.C.R.I. esa abrumadora victoria y posibilitó al presidente electo un panorama favorable en el Congreso y en las gobernaciones provinciales.
Con la legalidad para todos comenzó una de las gestiones más polémicas de la historia argentina contemporánea. La estrategia del presidente pronto produjo fracturas y decepciones entre sus partidarios. En lo social campearon el descontento y los enfrentamientos; la política económica, especialmente la referida al petróleo, suscitó resistencias; la inconsistente alianza con el peronismo se fracturó y el partido de Perón fue a la confrontación; los conflictos militares se sucedieron y la presión por la renuncia de Frondizi aumentó. El 28 de marzo de 1962 los tres comandantes en jefe de las fuerzas armadas lograron su destitución y reemplazo por el presidente provisional del Senado José María Guido.
Guido presidió la conflictiva situación del país durante un año y medio, inmerso en una situación semilegal, dentro de la ilegalidad política del sistema.
El llamado a elecciones en 1963 dio paso a una nueva etapa de frágil estabilidad institucional. La fórmula Arturo Illia-Carlos Perette asumió el gobierno en octubre y debió enfrentar condiciones igualmente difíciles en razón de la proscripción del peronismo, la constante vigilancia militar y la abulia de los miembros más prominentes del poder sindical, militar, económico y eclesiástico respecto del régimen político y su legitimidad.
Durante los gobiernos radicales la política educativa giró en torno a dos consignas: el desarrollo y el planeamiento. Comenzó a abrirse paso la idea de que la educación debía ser considerada como una inversión vinculada a las posibilidades de desarrollo; como consecuencia, el planeamiento integral de la educación se impuso como una urgente necesidad.
Sobre la base de este propósito planificador se crearon en el país organismos como el Consejo Nacional de Educación Técnica (1959), el Consejo Federal de Inversiones (1959) y el Consejo Nacional de Desarrollo (1961) El Plan Nacional de Desarrollo (1965-1969) fue el instrumento mediante el que se intentó dar concreción a los nuevos proyectos de la política educativa.
2 LIBRO NEGRO DE LA SEGUNDA TIRANÍA. Bs.As., 1958, p.150 3 ARGENTINA. Presidencia de la Nación. Memoria. Gobierno provisional de la Revolución Libertadora. 1955-1958. Bs.As., Servicio de Publicaciones, 1958, pp. 150-152.
En el nivel universitario, y durante el gobierno de Frondizi, se renovaron las tensiones provocadas por el artículo 28 del decreto 6403/55. Ruidosas manifestaciones estudiantiles, con apoyo obrero en algunos casos, se opusieron a la creció de universidades privadas. El artículo 28 fue derogado, no obstante, la ley 14557/58 fijó las normas para el funcionamiento de tales universidades. El Estado admitía la libertad de enseñanza pero continuaba monopolizando la educación superior a través de una serie de medidas como la aprobación de estatutos, la habilitación para el ejercicio profesional y otras.
En esa época debe ubicarse también, la sanción de la ley 14855/59 de organización de la El diagnóstico de la Revolución Libertadora sobre la situación de la enseñanza técnica se resumió en el siguiente informe: “La situación de anarquía que imperaba en la enseñanza industrial impuso la necesidad de reorganizar las plantas funcionales de las escuelas que al advenimiento de la Revolución Libertadora acusaban la mayoría la existencia de profesores, personal administrativo y en gran parte personal directivo de ostensible acción partidista, restablecer la disciplina y dar jerarquía a la enseñanza.” 4
Estos juicios, sucintos pero esclarecedores, seguramente incluyen a la enseñanza técnica dependiente de la CNAOP y particularmente a la Universidad Obrera. Los principales problemas detectados refieren a la politización del personal de esas casas de estudio cuya adhesión al peronismo era reconocida; la alusión a la jerarquía de la enseñanza expresaba la convicción de que la que se impartía en esos centros era incompleta, fragmentaria y de menor calidad. Concebida por el antiperonismo como creación demagógica y plenamente identificada con el “régimen depuesto”, la U.O.N. debió enfrentar los embates de diversos sectores. El ahogo presupuestario y la clausura de numerosas escuelas-fábrica, provocaron la sospecha de que el gobierno quería liquidar la institución. El diario El Pueblo 5 informaba a la opinión pública, en octubre de 1956, que “...los medios con que cuenta la Comisión Nacional de Aprendizaje son en extremo abundantes y permiten financiar cómodamente las actividades docentes; pero en la práctica no cuenta por ahora con los medios indispensables, como lo prueba el hecho de que no se ha abonado en parte de los establecimientos, al personal docente el aumento del 10 % dispuesto por el gobierno. Tal es el estado caótico y ruinoso en el que la ha dejado la administración depuesta”.
Desde otro frente, el Centro Argentino de Ingenieros arremetió contra la Universidad Obrera. Ya en la época de su creación algunos ingenieros de la Universidad de Buenos Aires y, particularmente, el Centro de Estudiantes de Ingeniería, habían manifestado su postura antagónica. Se renovaron ahora aquellas críticas en las que probablemente se entrelazaban los argumentos legítimos con los intereses profesionales derivados de la competencia en el mercado ocupacional.
En agosto de 1956, el Centro de Ingenieros, en una nota ampliamente difundida por la prensa, 6 expresaba su posición. Ligando la cuestión particular de la U.O.N. al problema general de la enseñanza técnica se interpretaba que la entonces llamada Universidad tecnológica no era una universidad sino un instituto técnico. Sus egresados tampoco podían ser ingenieros en tanto su formación no implicaba una base previa de cultura general; pese a ello, “...la posesión del diploma expedido por la universidad autoriza al inmediato ejercicio de la profesión...”
Los ingenieros destacaban la importancia y total necesidad de los establecimientos de enseñanza técnica para la formación de personas que actúen en el plano intermedio, entre la dirección y la ejecución manual. Advierten empero sobre el error “...de expedir títulos de alcances indefinidos o insuficientes que no satisfagan necesidades reales ni colmen las aspiraciones de los estudiantes...” Por esta razón era conveniente no otorgar títulos de ingeniero de fábrica y designar al establecimiento educativo que los formaba con el nombre de Instituto Tecnológico Nacional, en concordancia con los fines y títulos que pudiera proporcionar.
La formación de ingenieros debía realizarse en forma exclusiva en las universidades, fundadas sobre la amplia base de cultura general ya referida. La igualdad de oportunidades, asentada en el cumplimiento de idénticos requisitos, se aseguraría mediante la determinación de las equivalencias de estudios cursados e incluiría el examen de determinadas materias así como la adquisición del “...espíritu general que alienta a la educación”.
La postura del Centro de Ingenieros era muy clara; aunque no apuntaba a la disolución de la Universidad Obrera, la transformaba radicalmente. La institución era percibida como un centro de enseñanza de jerarquía inferior a la universitaria; aunque se reconocía su valor para la capacitación de técnicos, se negaba su aptitud para formar profesionales de la ingeniería.
Vastos sectores de la sociedad transfirieron los apasionamientos, prejuicios y rencores que el peronismo había generado en ellos a todas las creaciones de esa época, entre ellas la U.O.N. Sus argumentos no carecen de interés y aún de fundamentos. Sin embargo, la existencia de la Universidad Obrera era interpretada como una alternativa para el estudiantado trabajador. En ese sentido fue tenazmente defendida por alumnos, padres y profesores que identificaron las propuestas de rejerarquización, como Instituto Tecnológico, con un intento por suprimir la institución.
El recurso de los alumnos fue la huelga y de aquella medida se hicieron eco los periódicos. La Prensa 7 testimonió la realización de frecuentes asambleas estudiantiles e informó regularmente sobre las alternativas del movimiento. También El Pueblo 8 se interesó por la cuestión: “Desde hace un tiempo el ambiente educacional ha sido conmovido por un movimiento estudiantil que reclama la autarquía para la Universidad Obrera Nacional y el cambio de este nombre por el de Universidad Tecnológica. En general la gente se ha sorprendido ante carteles, declaraciones periodística y manifestaciones callejeras realizadas por los alumnos de esa casa de estudios.”
La Federación Universitaria Tecnológica, con el nombre de Junta Nacional de Estudiantes de la U.O.N., nació en esa época reivindicando la institución y reclamando suu continuidad. Consiguió incluso apoyo para sus demandas por parte de los Centros de Estudiantes de Ingeniería, en la Convención realizada en La Plata, entre el 76 y el 14 de octubre de 1956. Era un gran logro si se atiende a la posición adoptada por aquellos centros en época anterior.
La lucha de los estudiantes se orientó hacia la defensa de la U.O.N. como una “...casa de estudios técnicos superiores de jerarquía universitaria como los de las facultades tradicionales de Ingeniería y Escuela Superior Técnica del Ejército con un plan orgánico que desarrolla en cinco años”. Reforzaban sus argumentos señalando que instituciones similares funcionaban exitosamente en casi todo el mundo y que la finalidad cumplida por la Universidad Obrera no podía “...ser satisfecha en las facultades tradicionales de ingeniería ni aun con el sistema de becas, que los desvincularía del ambiente industrial.” 10 Esto en razón de que los alumnos son trabajadores que después de cumplir su jornada habitual en la industria, talleres propios o reparticiones oficiales técnicas, concurren a estudiar estimulados por los problemas surgidos del trabajo, lo que enriquecía el proceso de enseñanza.
Llama la atención que el nombre de Universidad Tecnológica Nacional fuera usado cada vez con mayor frecuencia entre el alumnado y los medios de comunicación pública. El cambio de denominación era un modo más de erradicar de la institución toda connotación que la vinculara con el peronismo. El propio rector Meoli sostuvo que Universidad Tecnológica Nacional “...era el nombre que a juicio de profesores, autoridades y alumnos cuadra(ba) mucho más que el otro, impuesto en 1948 por razones demagógicas.” 11 Cabe aclarar que el Ingeniero Gabriel Agustín Meoli fue designado Rector de la U.O.N. el 17 de octubre de 1955 y ejerció el cargo hasta 1959. Profesional de reconocida trayectoria, había iniciado su carrera docente en la U.B.A. en 1941 en la cátedra de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería. Fue además rector fundador del Colegio Esquiú y profesor de matemática en ese establecimiento, en el Colegio Militar de la Nación, la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y la Universidad Católica Argentina. Durante su gestión en la Universidad Obrera manifestó un prudente y firme apoyo a la continuidad y jerarquización de la universidad. 12
Ante la conflictiva situación planteada el gobierno expresó su propósito de darle solución cuando, durante el ministerio del Dr. Carlos Adrogué, dispuso la constitución de una comisión encargada de analizar el tema de la U.O.N., particularmente de la incumbencia de los títulos de ingeniero, la denominación de la casa de estudios y su estructuración definitiva.
En agosto de 1956, el Subsecretario de Educación, Pedro Aberastury, entregó al periodismo un documento 13 en el que se anunciaba la formación de la Comisión que entendería en todos los asuntos referidos a la enseñanza técnica, incluida la U.O.N. Informaba además que, “...a pedido de los alumnos de la citada Universidad” las autoridades tomarán medidas para suprimir del artículo 10º de la ley 13229/48 las palabras “de origen obrero” y derogar el artículo 12º por considerarlo discriminatorio. 14 La parte dispositiva de la resolución comunicada por Aberastury precisaba la composición de la Comisión con la participación de los rectores, decanos y profesores de las distintas universidades, junto a Meoli y al vicerrector Pedro Berdoy. A ellos se sumaban el director de la CNAOP, el director de Enseñanza Técnica y representantes del Ministerio de Industria y Comercio de la Nación, de la Dirección General de Fabricaciones Militares, de la Unión Argentina de Ingenieros, de los Consejos Profesionales de Ingenieros y de la Unión Industrial Argentina.
Con una participación tan ampliada se buscaba garantizar el consenso y respaldo de las medidas que la comisión adoptara. Sin embargo, la actuación de tan nutrido grupo, entusiasta en un comienzo, se fue demorando y acabó por diluirse. Es posible encontrar información en los diarios sobre sus reuniones, pero las noticias se espacian cada vez más. Dos meses después, El Pueblo informaba que el gobierno tenía en estudio el problema planteado por la U.O.N., “...sería plausible que la solución a la que se arribe concilie lo que los estudiantes postulan con lo que aconsejan los intereses culturales y técnicos del país”
Por esta época, el llamado a concurso general de títulos y antecedentes para la designación de profesores titulares dispuesto por el decreto 6403 y efectuado según decretos 20159/56 y 20795/56, evidenciaba las intenciones del gobierno de atender, también en la Universidad Obrera, las cuestiones más urgentes. No obstante, la solución definitiva continuaba dilatándose y el problema tardaría más de dos años en resolverse.
Es necesario advertir que, aún en su etapa concluyente que coincide con el gobierno de Frondizi, la cuestión de la U.O.N. no había delineado un rumbo preciso y su desenlace no era previsible. La acción de la Libertadora fue en esta materia, limitada e incompleta, tal vez porque su atención se fijó en la reestructuración de las universidades nacionales. Creemos que no perseguía el cierre del establecimiento, sólo ensayaba la probabilidad de una reubicación de la jerarquía de sus estudios; aunque esto, en las aspiraciones del alumnado equivalía poco menos que a su clausura.
Ciertamente, todavía en 1958 seguía latente alguna tendencia a suprimir la institución; lo testimonia la vía de solución al conflicto que halló el diputado Luis María Pitto. A principios de septiembre entraba en la Cámara el proyecto del legislador de la U.C.R.I. sobre transferencia de las Facultades Regionales de la U.O.N. a las distintas universidades del Estado, en calidad de facultades de Tecnología, cuyos egresados recibirían el título de ingenieros tecnológicos.16 Como fundamento Pitto consideró que “...nada justifica que para impartir (enseñanza técnica superior).... se erijan remedos de universidades que en la práctica son sólo el mantenimiento de inaceptables y
desdeñosos prejuicios hacia ese tipo de estudios.”
Este proyecto ofrecía una alternativa original, sin embargo la propuesta era contradictoria. La Universidad era inútil y superflua al imitar torpemente a la universidad, pero se sugería la incorporación de sus facultades a aquella jerarquía, como si de cosa distinta se tratara, superponiendo funciones y dispersando recursos. La propuesta ni siquiera fue considerada por los legisladores. Además, una semana después, comenzaría a tratarse en Cámara de Senadores la reestructuración de la U.O.N.
Las dificultades de la etapa abierta en 1955 para la Universidad Obrera, quedaron plasmadas también en las estadísticas:
Resulta de estos datos una tendencia a la estabilización, incluso al descenso de la de la matrícula; la disminución del número de inscriptos tuvo una incidencia directa en el total de alumnos. Esta evolución fue más marcada en las Regionales de Santa Fe, Rosario y Mendoza y menos perceptible en Bahía Blanca y Buenos Aires. Las unidades académicas de Avellaneda, la Plata, Córdoba y Tucumán mantuvieron un ritmo de moderado incremento de su población estudiantil.
Las especialidades que captaban mayor número de alumnos continuaban siendo Mecánica, Electromecánica, Construcciones y Eléctrica, Las regionales más pobladas eran todavía Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Santa Fe Sin duda la incertidumbre sobre los destinos de la institución y la ambigua política oficial sobre su futuro, habrían sido los factores que condicionaron la evolución cuantitativa de la U.O.N. en este período.
3.3. La U.T.N.: nueva estructura y cambio de nombre. a) El proyecto de ley de autarquía en el Congreso.
La todavía denominada Universidad Obrera Nacional continuó siendo durante los primeros meses del gobierno de Frondizi, un problema sin resolver que dio lugar a diversas gestiones y tratativas. Prosiguieron las manifestaciones estudiantiles, esta vez ante el Congreso, y los muros de la cuidad se llenaron de carteles reveladores de la inquietud del alumnado. Una intensa campaña periodística apoyó la reestructuración de la enseñanza técnica e indirectamente estas demandas; el Parlamento no tardaría en atenderlas. 18
En 1958 el Congreso reflejaba en su composición la apabullante victoria de la fórmula Frondizi-Gómez. La U.C.R.I. ganó todas las bancas en el Senado y 133 de las 187 en Diputados; las restantes correspondieron en número de 52 a la Unión Cívica Radical del Pueblo y sólo 2 para el Partido Liberal de Corrientes. El titular del Ejecutivo jamás aludió a esta supremacía ni a su filiación radical y se propuso desalojar el partidismo de la función pública. Esto remite al papel de los legisladores de la Unión Cívica Radical Intransigente en el Congreso: durante todo el período de gobierno se limitaron, junto al partido, a seguir al Ejecutivo, y no siempre de buen grado. Les cabe, sin embargo, el mérito de haber dado un corte definitivo al problema de la Universidad Obrera con la sanción de la ley 14855/59.
El 17 de septiembre de 1958 la Comisión de Educación del Senado, integrada por Aníbal Dávila, Horacio Fernández Beschtedt y Carlos Bernabé Gómez, presentó al cuerpo legislativo el conjunto de los veintiún artículos que conformaban el proyecto de ley sobre reestructuración y cambio de nombre de la U.O.N.. En los fundamentos se ofrecieron dos clases de argumentaciones. Primero las razones por las que se proponía el cambio de denominación; luego, las que justificaban la reestructuración y, en definitiva, la continuidad de la institución.
El nombre de Obrera resultaba incorrecto si se atendía a la condición del alumnado. La exigencia de estudios secundarios completos determinaba que sus cursos quedaran fuera del alcance de los obreros a menos que éstos hubieran completado los estudios antedichos; en tal caso, ya no les cuadraba el nombre de obreros sino el de técnicos. Se hacía notar además que la denominación de Universidad Tecnológica “...está actualmente más difundida que la designación oficial de Universidad Obrera que todavía mantiene...” 20
El segundo aspecto del mensaje revela que no se propiciaba la creación de una nueva universidad sino que el proyecto apuntaba a jerarquizar y consolidar la institución existente. Tenían especialmente en cuenta que en otros países americanos y europeos se desarrollaron casas de estudios análogas a ésta con excelentes resultados. Era importante considerar también que “...su existencia no interfiere en ninguna forma en la de las facultades de ingeniería de otras universidades....”; todas tienen una finalidad determinada y la U.T.N. agregaba características propias y diferenciadoras: alumnos que trabajan, cursos vespertinos y otras. Por fin, su consolidación reportaba a la industria nacional múltiples ventajas en tanto tenía por objeto satisfacer sus necesidades de profesionales especializados.
Pocos días más tarde el proyecto de ley fue tratado en la Cámara alta. 21 El senador Dávila recordó a sus colegas la posición asumida por el bloque de la U.C.R. en 1948, durante el debate de la ley de creación 13229. Afirmó que “...los hechos nos dieron la razón... La U.O.N. no funcionó jamás como tal porque en nuestro país hace falta –aún no se ha realizado- una gran revolución de tipo cultural, ético, social y económico (...) La Universidad Obrera desvirtuó sus finalidades y traicionó su nombre porque cuando quiso actuar con seriedad se vio obligada a exigir, para el ingreso a sus claustros, la presentación de títulos de capacitación secundaria...” El propósito era ahora darle el sentido auténtico de universidad, de acuerdo con las características de autarquía similares a las que regían en las demás universidades nacionales.
Después de la votación afirmativa del despacho en general, se propusieron varias modificaciones en la consideración particular del proyecto. Algunas fueron formales y no afectaron sustancialmente el contenido; otras adquirieron mayor relevancia. Por ejemplo, la inclusión de una representación de graduados en el consejo de la U.T.N.; la sustitución del término autonomía por el de autarquía “...porque eso caracteriza mejor el régimen que se quiere dar a la nueva U.T.N.” También varió el sistema de administración patrimonial y se obvió detallar la conformación de la Asamblea Universitaria.
Las modificaciones se introdujeron exclusivamente por solicitud del senador correntino Aníbal Dávila; no se informaron los motivos por los cuales éstas se propusieron y tampoco suscitaron debate alguno. El proyecto fue aprobado tras un breve trámite.
Igualmente breve fue le espacio que la media sanción dada por la Cámara alta ocupó en La Prensa. 22 La atención periodística estaba ese día enteramente dedicada a la derogación del Artículo 28 y la sanción de la nueva ley sobre universidades libres que debía tratar el Senado el 29 de septiembre. Esta información así como la referida a los movimientos estudiantiles que provocó, llenaban las páginas de los diarios acaparando el interés general.
También ese 29 de septiembre, en los asuntos entrados como sanciones en revisión, consta que el proyecto fue derivado para su análisis a las correspondientes comisiones de la Cámara de Diputados. 23 Dichas comisiones tardaron un año en producir despacho 24 por lo que el tratamiento del proyecto se postergó hasta octubre de 1959.
El 9 de octubre de 1959 comenzó a considerarse en Diputados la reestructuración y cambio
de nombre de la U.O.N., conjuntamente con la creación del Consejo Nacional de Educación Técnica.25 Aunque la cuestión tampoco generó en este recinto debates intensos, similares a los de 1948, las sesiones fueron prolongadas, los oradores numerosos y las exposiciones extensas en la mayoría de los casos. Sería tedioso examinarlas en su totalidad, por esto seleccionamos las que entendimos originales o representativas de una serie.
Los diputados liberales por Corrientes anunciaron su apoyo al proyecto, que no presentaba inconvenientes “...después de la reorganización operada por el gobierno de la Revolución Libertadora, en 1956...” con el concurso de las cátedras. Además, esta universidad iba a desarrollar actividades de distinta índole y desenvolvería su acción en otro campo “...distinto del de la universidad clásica” (Diputados, 1959, T. V, p.3970).
En nombre del oficialismo, el diputado Uzal aludió al apoyo caluroso que el país brindaba al proyecto y censuró a los sectores “...presuntuosamente culturales...” que se oponían a él. 26 En un largo discurso profundizó el significado del concepto de cultura, sus alcances y características; concluyó que era incongruente enfrentar a la técnica con la cultura como valores antinómicos y diferenciar la cultura popular de la cultura superior porque “...cultura es pueblo”. (Diputados, 1959, V, p.3946)
Así, ni la cultura era posesión de unos pocos ni la Universidad, abstracción, pensamiento puro y especulación teórica como en los tiempos medievales. Para demostrarlo analizó algunos planes de estudio de algunas carreras de la Universidad de Buenos Aires y dedujo que “...humanísticamente hablando, tiene más valor el plan de estudios de la U.T.N....que el de la Facultad de Medicina de la Universidad clásica de Buenos Aires” (Diputados, V, p.3954)
Finalmente, retomó el argumento esgrimido desde el ´48: el país necesitaba capitales y equipos, pero sobre todo, necesitaba técnicos. En ese sentido, la ley beneficiaba al importante sector de los estudiantes que trabajaban y por sus derivaciones, beneficiaba a la Nación toda.
La defensa entusiasta del diputado Uzal recibió la adhesión de numerosos legisladores. El diputado Pablo Oreja de la U.C.R.I. se sumó a ellos y con gran sentido práctico se refirió a la Tecnológica como “...un hecho real y positivo, definitivamente incorporado al país. Al hombre y a la mujer argentinos no les interesa entrar en el análisis de si en el momento en que se sancionó la ley alguien tuvo intención demagógica, porque si arribáramos a esa conclusión... tendríamos que remover muchas cosas que en el país tienen vivencia definitiva.” (Diputados, 1959,V, p.3956) Agregó a las razones argüidas que la U.T.N. no atentaba contra las facultades de ingeniería por sus características propias y que tampoco significaba una inversión desmedida porque exigía erogaciones modestas. Finalizó revisando los argumentos de sus correligionarios en 1948; infirió que la experiencia acumulada y las reformas operadas permitirían superar aquellos reparos.
El bloque minoritario adelantó su aprobación a través de los diputados Rubén Blanco de Buenos Aires y Rafael Hernández Ramírez de Córdoba. El diputado por Buenos Aires advirtió que el proyecto solucionaba un problema educacional y también humano, el de cuatro mil alumnos y cuatrocientos egresados cuyo título era cuestionado. Reivindicó la posición de los radicales en 1948 apuntando que las observaciones efectuadas entonces, permitían ahora la reestructuración de la Universidad Obrera. (Diputados, V, pp.3955-3958)
Por su parte, Hernández Ramírez examinó la cuestión enmarcándola en la situación universitaria general. 27 Con medulosos conceptos justificó la creación de la U.T.N. en virtud de la congestión de las aulas superiores y efectuó algunas observaciones dignas de mención. Primero refirió a la necesidad de seleccionar los alumnos “...para que la mortalidad académica...no sea tan elevada” Luego señaló con perspicacia que era vital proporcionar a la institución los recursos que aseguren su subsistencia y su éxito. También analizó la selección de los docentes; recomendó el régimen de concursos como el más adecuado para evitar la infiltración política. Concluyó su
intervención con un esperanzado llamamiento: “...que esta hija que hoy nace, que es la UTN, no la dejen en pañales ni sea la cenicienta entre las universidades pujantes, porque la Universidad Tecnológica es lo que nuestro país necesita para bien de su cultura y su progreso.”
Sólo dos diputados exteriorizaron su oposición al proyecto aunque finalmente lo aprobaron; Nélida Baigorria y Luis María Pitto. José García Flores dejó entrever sus dudas con expresiones ambiguas y poco convincentes pero anunció su voto afirmativo porque “...lo reclama la calle,... lo reclama nuestra juventud” (Diputados, 1959,V, p.4027) La Srta. Baigorria retomó los argumentos de los radicales en 1948; se preguntó “...si estos son los técnicos que necesita la industria, ¿qué función cumplen los egresados de las universidades?” (Diputados,1959, V, p.3988) y sugirió que la entidad se transformara en Instituto Superior de Tecnología, como un estrato intermedio entre el secundario y los estudios superiores.
El legislador Pitto adhirió al proyecto “...como disciplinado soldado” de la fuerza política a la que pertenecía, pero expresó su oposición reiterando las fundamentaciones del proyecto que presentara en 1958.
La disciplina partidaria silenció estas manifestaciones contrarias y en la reunión del 14 de octubre de 1959 el proyecto recibió la aprobación casi unánime de noventa y cinco votos sobre ciento un diputados presentes. (Diputados, 1959, V, p. 4033)
La Prensa 29 siguió atentamente las sesiones, las reprodujo casi en su totalidad y dedicó a esa información sus primeras planas. Los titulares del día 15 de octubre comunicaban “Quedó sancionada la creación de la Universidad Tecnológica” Es probable que el anuncio conllevara el propósito subyacente de desvincular a la Tecnológica de la Universidad Obrera al señalar erróneamente que se creaba aquella institución y no que se reestructuraba la segunda. Hacia ese punto se habían orientado también algunas disquisiciones parlamentarias: “...no estamos rectificando una decisión tomada por un gobierno autoritario...,estamos creando y desarrollando la razón de ser de esta universidad” había afirmado el diputado Solanas (Diputados, 1959, V, p.4015)
Si se comparan los debates preliminares a la sanción de la ley 14855/59 con los que precedieron la creación de la Universidad Obrera, resulta evidente que la posición adoptada por los legisladores fue relativamente uniforme y ello excluyó la discusión del recinto. Casi todos los diputados radicales recordaron la posición de su bancada en 1948 y esto los obligó a tratar dos cuestiones implícitas. Justificar primero la variación de opiniones y luego, revalorizar aquellas apreciaciones cuya sagacidad y certeza permitían ahora la reestructuración de la universidad. Finalmente, casi todos los oradores patentizaron en sus exposiciones la presión ejercida por los reclamos estudiantiles; aquellas expectativas fueron atestiguadas por una nutrida presencia de representantes de la Universidad Tecnológica en la sala de sesiones.
De lo expuesto inferimos que la sanción del proyecto fue, en gran medida, el resultado de la actitud eminentemente pragmática adoptada por los legisladores. La situación de la U.T.N. configuraba una herencia problemática, pero constituía, en tanto hecho real y concreto, una cuestión insoslayable. Había que adecuarla a los nuevos tiempos y darle una estructura acorde, volver atrás ya no era posible. En este proceso quedaron en el camino muchos argumentos y se abandonaron antiguas concepciones; desde diferentes perspectivas podrá interpretarse que las modificaciones resultantes perfeccionaron la institución o la desvirtuaron apartándola de su sentido original. No nos hemos propuesto abordar esa cuestión en este trabajo.
b) La estructura de la U.T.N. según la ley 14855/59 y sus modificaciones.
Al analizar la ley 14855 30 sorprende la abundancia de detalles que comportan sus veintiún artículos; casi nada queda librado al azar o la improvisación o a la determinación de la propia universidad. La norma especifica íntegramente la organización, los fondos y recursos de mantenimiento, la forma de administración, la integración de sus consejos, etc. Se esperaba con tan minuciosa reglamentación guiar los primeros pasos de esta casa de estudios cuya existencia había sido arduamente discutida; también, asegurar que no interferiría en el funcionamiento de las demás universidades mediante una prolija exposición de sus finalidades y características diferenciadoras.
La ley fijaba, incluso, las bases sobre las que se elaboraría el nuevo estatuto universitario, apuntando primordialmente a dos situaciones criticadas vehementemente: la condición de los ingresantes y los títulos a expedir. La condición de obrero, demagógicamente establecida según difundidas opiniones, era eliminada como requisito. Respecto de los títulos se recomendaba la explicitación de la especialidad cursada; quedaba suprimido el añadido de fábrica por sus connotaciones y su amplitud.
El régimen de autarquía desvinculaba a la Universidad de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional 31 y le atribuía facultades para dictar planes de estudio, nombrar profesores y personal no docente, designar autoridades y administrar su patrimonio.
Los fines de la U.T.N., expuestos en el artículo 2º, eran la preparación de profesionales en el ámbito de la tecnología, con una formación cultural y humanística que los habilite para desenvolverse en los planos directivos de la industria y la sociedad. A la vez, promovería el mejoramiento y desarrollo de la industria nacional mediante tareas de investigación, asesoramiento, organización y dirección. Era imprescindible para el cumplimiento de estos objetivos, un estrecho contacto con la industria y las fuerzas económicas del país, con las demás universidades y otros organismos culturales y técnicos.
Algunos aspectos sustanciales diferenciaban los fines expuestos en la ley 13229/48 y los que la nueva norma perseguía. La U.T.N. se proponía formar profesionales de la tecnología, sean obreros
o no, y relacionarse con las demás universidades nacionales en un intercambio enriquecedor que originalmente se obvió. Su integración al sistema universitario no exigía además, incorporar el objetivo antes declarado, de formar un cuerpo docente con características especiales. El nexo que vinculó ambas normas reglamentarias fue la promoción de la industria nacional.
Entretanto dictara su estatuto la Universidad sería gobernada por un Consejo de la Universidad Tecnológica Nacional. Se integraba con las autoridades de la ex Universidad Obrera y delegados, directamente elegidos, de los profesores, graduados y estudiantes, en número de tres por claustro. Sus atribuciones eran idénticas a las conferidas a los rectores interventores y Consejos de las otras universidades nacionales; a ellas se sumaban las anteriormente asignadas a la C.N.A.O.P.
Dicho Consejo tenía la misión específica de preparar el proyecto de estatuto según las finalidades expuestas, las modalidades propias de la institución y las peculiaridades de las facultades regionales. El texto legal aportaba indicaciones precisas que el Estatuto debía contemplar, sobre la articulación de los estudios secundarios, la composición de los organismos directivos y los títulos a otorgar.
Cumplida la etapa de elaboración y previa difusión en las regionales, el proyecto iba a ser sometido a la aprobación de la Asamblea Universitaria. La ley no indicaba su constitución pero refería a la elección de representantes de profesores y alumnos, a la forma de funcionamiento, a las condiciones de aprobación del proyecto y a los plazos para que entrara en vigencia.
En su artículo 13º la ley preveía la creación del Instituto de Cooperación Industrial, con el objeto de estrechar la relación con los problemas de la industria. Este instituto venía a suplir a aquél que en el Decreto 8014/52, sobre reglamentación de la Universidad Obrera, recibía la denominación de Consejo Asesor de Coordinación industrial. La constitución del instituto se promovería en la forma que la universidad creyera conveniente; de hecho, no se reglamentó la participación de organizaciones patronales y obreras como en 1952.
Los artículos siguientes puntualizaban el patrimonio y recursos de la U.T.N., la constitución de su Fondo Univers