Domingo 14 de Diciembre:
Nos tapó el agua, muchachos...
Perdí a dos de nuestros fotógrafos. Normalmente, eso paralizaría nuestra operación, pero el último fotógrafo que queda está más que dispuesto a agarrar el trabajo de los otros dos ya que le representa casi el triple de paga cuando recibamos nuestros cheques los viernes. Yo debería estar buscando fotógrafos suplentes, pero no he sido autorizado a contratar personal. Traté de hablarlo con el Gordo, pero él no quiso saber nada al respecto, es decir, al respecto de tener que hablar en vez de tan sólo juntar el dinero e irse. Esto apesta, Beavis. Sé que sólo es algo temporario, pero toda esta operación corre el riesgo de irse al tolete en cualquier momento.
Lunes 15 de Diciembre:
Me cago en las averiguaciones de antecedentes. ¿Sabías que hay empresas enteras dedicadas a contactar a los centros comerciales con caballeros de barba blanca que no sean pedófilos ni fumen ni beban ni hagan otras cosas indignas de Santa Claus? Aparentemente, no trabajan tan bien. Sorprendí a Santa tomando alcohol en la Cabaña durante su descanso. Pero acá viene el remate: me puse a tomar con él. Planeo traer algo de mi propio escabio mañana. Ya no me i mporta nada. Sospechaba que nuestro único fotógrafo restante (“Toto Foto” de aquí en más) también s e venía chupando algo entre descansos, pero cuando entrás y agarrás a Papá Noel bajándose un vino tinto berreta en tetra a fondo blanco, ya no te importa más nada.
Más temprano traté de pasar por arriba del Gordo en la cadena de mando para tratar de resolver nuestra delicada situación en cuanto a camarógrafos –o a la falta de ellos- pero no hay cadena de mando acá. La jerarquía del centro comercial se reorganizó hace poco, y en este momento el Gordo es la única persona a quien acaso le importa un carajo nuestra operación. Todo el sitio se encuentra en un estado extremadamente bien organizado de total caos. Los negocios parecen mantener una semblanza de orden por sí mismos, al igual que los sectores de vigilancia y limpieza. ¿Pero nosotros? ¡Ja! Para hacerla corta: mientras mi gente se mantenga por debajo del radar y tenga una caja llena de dinero para cuando venga el Gordo, podemos hacer prácticamente lo que se nos cante las pelotas. Soy como el chabón de Apocalypse Now:
“¿Quién es el oficial a cargo aquí?”
“¿Acaso no eres tú?”
Nos tapó el agua, muchachos...
Perdí a dos de nuestros fotógrafos. Normalmente, eso paralizaría nuestra operación, pero el último fotógrafo que queda está más que dispuesto a agarrar el trabajo de los otros dos ya que le representa casi el triple de paga cuando recibamos nuestros cheques los viernes. Yo debería estar buscando fotógrafos suplentes, pero no he sido autorizado a contratar personal. Traté de hablarlo con el Gordo, pero él no quiso saber nada al respecto, es decir, al respecto de tener que hablar en vez de tan sólo juntar el dinero e irse. Esto apesta, Beavis. Sé que sólo es algo temporario, pero toda esta operación corre el riesgo de irse al tolete en cualquier momento.
Lunes 15 de Diciembre:
Me cago en las averiguaciones de antecedentes. ¿Sabías que hay empresas enteras dedicadas a contactar a los centros comerciales con caballeros de barba blanca que no sean pedófilos ni fumen ni beban ni hagan otras cosas indignas de Santa Claus? Aparentemente, no trabajan tan bien. Sorprendí a Santa tomando alcohol en la Cabaña durante su descanso. Pero acá viene el remate: me puse a tomar con él. Planeo traer algo de mi propio escabio mañana. Ya no me i mporta nada. Sospechaba que nuestro único fotógrafo restante (“Toto Foto” de aquí en más) también s e venía chupando algo entre descansos, pero cuando entrás y agarrás a Papá Noel bajándose un vino tinto berreta en tetra a fondo blanco, ya no te importa más nada.
Más temprano traté de pasar por arriba del Gordo en la cadena de mando para tratar de resolver nuestra delicada situación en cuanto a camarógrafos –o a la falta de ellos- pero no hay cadena de mando acá. La jerarquía del centro comercial se reorganizó hace poco, y en este momento el Gordo es la única persona a quien acaso le importa un carajo nuestra operación. Todo el sitio se encuentra en un estado extremadamente bien organizado de total caos. Los negocios parecen mantener una semblanza de orden por sí mismos, al igual que los sectores de vigilancia y limpieza. ¿Pero nosotros? ¡Ja! Para hacerla corta: mientras mi gente se mantenga por debajo del radar y tenga una caja llena de dinero para cuando venga el Gordo, podemos hacer prácticamente lo que se nos cante las pelotas. Soy como el chabón de Apocalypse Now:
“¿Quién es el oficial a cargo aquí?”
“¿Acaso no eres tú?”