Quería difundir poesías gauchas que son escritas por mucha gente que es conocida en grupos tradicionalistas.
A pesar de que los tiempos van cambiando, quienes gustan de estas cosas se empeñan en seguir haciendo renacer nuestras cosas muy a pesar de la invasión de culturas foráneas.
Esta gente que se emociona viendo una flor como la del cardo, o escribirle a la arpillera, o a tantas cosas que tienen que ver con nuestro campo.
Algunas de estas poesías encontraron música y voz en Carlos Marchesini por ejemplo.
Espero que les guste el contenido que si bien no es muy extenso sirve para que cada uno de nosotros nos dediquemos a buscar y difundir esta cultura nuestra.
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CARDO AZUL.
Cardo azul que en la campaña
vistes de lujo la escena,
entre la agreste verbena
que circunda la espadaña,
la peperina acompaña
con su perfumada flor,
y, el piquillín seductor
muestra su fruto rojizo,
mientras respalda ese hechizo
el suave trébol de olor.
Cuando en las tardes calladas
del estío campechano,
surges airoso del llano
con tus flores azuladas,
sos, cardal, la pincelada
que adornando el escenario
luces el albor primario
con que la pampa engalana
la presencia soberana
de tu estampa de corsario.
Más de una vez contemplé,
(placer del alma y los ojos…),
a tus flores cual manojo
que del cielo imaginé,
a tal punto que saqué
clara reflexión genuina,
que por criolla y argentina
comparé sobre la luz,
a la frente de Jesús
con su corona de espinas.
Por eso es que al contemplarte
llenas mi pecho de un sano y
profundo sentido humano
invitándome a cantarte,
y en la simpleza de mi arte
te siento hermanado así,
porque desde que te ví
mi verso te sintetiza.
El cardo azul simboliza
la tierra donde nací.
Como el aromo, el ceibal
de presencia extraordinaria
exhibe la pasionaria
su belleza victorial,
una escalada triunfal
nace del campo sembrado,
en sudor glorificado
del hombre que lucha y sueña,
representando la enseña
del porvenir anhelado.
Sobre aquel campal ambiente
vi estancias, ranchos, taperas,
contempladas cual si fueras
su vigía permanente,
lagunas resplandecientes
donde crece la espadaña,
mientras la nutria acompaña
ese mundo de esplendores
(tal como vi bebedores
en boliches de campaña…)
Todo esto puso en mis ojos
refulgencia y poesía,
saturando de armonías
inefables mis antojos,
los atardeceres rojos
-muda explosión de color-
timbradas notas de amor
tras indescriptible tul
mientras lucía el cardo azul
su magnífico esplendor.
Adolfo Manuel Reynoso
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La bolsa de arpiyera.
El día que te inventaron
naides habrá calculao
todo el uso que te han dao
en las cosas que te usaron.
De nuevita aprovecharon
tu tejido resistente
con un yeno permanente
levantao en la ocasión,
o golgada en el galpón
pa’la cosecha siguiente.
Tanto coserte la boca
y tirarte las orejas
te jueron volviendo vieja
aunque no una cosa tioca.
El calador te provoca
Una herida que no cose,
Y hacían que vos pa’las doce
la bandera de avisar,
a la hora de almorzar,
pa’que te vieran con goce…
Yo te usaba en el recao
de carona o sudadera
y hecha cincha chacarera
con un prolijo doblao
A un bagual recién montao
servís pa’el ojo tapar
y yo te sabía atar
tantas veces a los tientos,
con destintos alimentos
que solían encargar.
Pa’pelar, en la carniada
o en la melga, de bandera,
y limpiar la volcadera
anterior a la engrasada.
También te he visto doblada
en el asiento el’arao
en los días que había helao;
y te vide cuando el pión,
hacía de vos un colchón
y hata lo hubieras tapao…!
De improvisao capuchón
pa’no mojar la moyera
también sirvió la arpiyera
y pa’tapar el recao.
Yo la vi de cortinao
hasta en una jineteada
-¡Pa’l que no paga la entrada!-,
y en un asao pa’l pueblero,
vos juiste mantel campero.
Bien abierta y bien labada.
Diste calor a mis pies
en los suecos o en las botas
si las medias’taban rotas,
y te tiraba después…!
Hoy maduro, ya lo ves,
de mi estirpe chacarera,
una décima surera
con desparejos renglones
resaltó tus condiciones
vieja bolsa de arpiyera…!
En artesano morral
pa’l’avena de un cuadrero
también te usó un chacarero
si no había otro material.
Pa’l moquiyo-que’ra un mal-
se te usaba pa’un ahumao
y de lo que he recordao
es una parte nomás,
porque en muchas cosas más
en el campo se te ha usao.
Agustín Lopez
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El maceta viejo.
Tenía marcada 'El Meceta'
una pechera en el pecho,
el lomo medio deshecho
del recao y la silleta.
En la panza y la paleta
güellas de cincha y pretal,
de tanto tratarlo mal
aquella gente perversa,
quedó tobiano a la juerza
y bichoco el animal.
Siendo caballo de andar,
andubo pa'l chacaneo
y siempre que hubo un rodeo
lo agarraron pa'enlazar.
Jué guapo pa'galopear
y tragó leguas sin fin.
Movía con el rastrín
por más cargao que estuviera:
o rompía la pechera
o quebraba el balancin.
El sirvió más de una noche
pa'dir hasta la milonga,
atao a la villalonga,
entre las varas del coche.
El andubo a troche y moche
con el barril aguatero,
jué cadenero y ladero,
jué de sulki y jardinera,
y en los 'trescientos' de ajuera
cuidao con él compañero!..
Pero el tuso le cortaron
y le pelaron la cola
y a una calle media sola
una mañana lo echaron.
De esta forma le pagaron
todo el servicio prestao!..
Les cabrestió,resignao,
como siempre...liberal;
le sacaron el bozal
y allá quedó abandonao.
Dejó el pasto que él comía
pa'otro caballo mejor,
era el último favor
que el dueño ingrato le hacía.
al tiempito no tenía
más que los güesos y el cuero,
a veces el día entero
pasaba como distráido,
y el labio de abajo cáido
como un inmenso puchero.
Allá vivió como pudo,
entre vizcachas y cuises,
a veces comió raíces,
haciendo las del peludo.
Aunque estaba medio habudo
un tiempito pellizcó
y tan mal no la pasó
mientra tubo agua el pantano
pero al llegar el verano
ni un charquito le quedó.
En frente de la tranquera
desesperao vino a dar,
pero ya podía esperar
pa'que alguno se la abriera!
No habia duda que aquel era
el principio de su fin.
Aunque juá buen saltarín
saltar no podía tampoco,
porque estaba tan bichoco
que lo paraba un piolín.
Al ver un matungo flaco
que estaba cáido en el suelo,
sofrenándose en el vuelo,
se le arrimó un pajarraco.
Después de este bicharraco
vino en seguida un montón
y,por equivocación
ya creyéndolo osamenta,
un chimango le revienta
el ojo de un picotón.
Levantó el cogote a gatas
cuando lo dejaron tuerto.
Todavía no estaba muerto
y alcanzó a mover las patas,
hizo tiritar las matas
con un resuello profundo;
allí estaba el cuervo inmundo
que le deseaba la muerte...
Así suele ser la suerte
del que hace bien en el mundo!.
Aquel que llevara el tarro
con el mate pa'l rastrojo;
aquel que núnca fué flojo;
ni en el arao ni en el carro;
aquel que pisara el barro
quien sabe pa'cuantos ranchos
murió rodeao de caranchos,
gaviotones y chimangos
que habían de hacerlo miñangos
con los perros y los chanchos.
En una de las orillas,
donde ya se entierra solo,
sabe asentar un chingolo
sobre las blancas costillas.
Y allá contra las varillas,
aunque naides lo recuerde,
la osamenta ya se pierde
en un trbolar en flor,
que en todo su alrededor
crece más alto y más verde.
Si algún resero asujeta
por el camino el arreo,
la tropilla hace un rodeo
y aquellos güesos respeta.
La madrina queda quieta
deteniendose en el viaje
y mientras que hace coraje
pa'dir a olfatear el perro,
hace un silencio el cencerro
como en señal de homenaje.
LUIS DOMINGO BERHO.
A pesar de que los tiempos van cambiando, quienes gustan de estas cosas se empeñan en seguir haciendo renacer nuestras cosas muy a pesar de la invasión de culturas foráneas.
Esta gente que se emociona viendo una flor como la del cardo, o escribirle a la arpillera, o a tantas cosas que tienen que ver con nuestro campo.
Algunas de estas poesías encontraron música y voz en Carlos Marchesini por ejemplo.
Espero que les guste el contenido que si bien no es muy extenso sirve para que cada uno de nosotros nos dediquemos a buscar y difundir esta cultura nuestra.
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CARDO AZUL.
Cardo azul que en la campaña
vistes de lujo la escena,
entre la agreste verbena
que circunda la espadaña,
la peperina acompaña
con su perfumada flor,
y, el piquillín seductor
muestra su fruto rojizo,
mientras respalda ese hechizo
el suave trébol de olor.
Cuando en las tardes calladas
del estío campechano,
surges airoso del llano
con tus flores azuladas,
sos, cardal, la pincelada
que adornando el escenario
luces el albor primario
con que la pampa engalana
la presencia soberana
de tu estampa de corsario.
Más de una vez contemplé,
(placer del alma y los ojos…),
a tus flores cual manojo
que del cielo imaginé,
a tal punto que saqué
clara reflexión genuina,
que por criolla y argentina
comparé sobre la luz,
a la frente de Jesús
con su corona de espinas.
Por eso es que al contemplarte
llenas mi pecho de un sano y
profundo sentido humano
invitándome a cantarte,
y en la simpleza de mi arte
te siento hermanado así,
porque desde que te ví
mi verso te sintetiza.
El cardo azul simboliza
la tierra donde nací.
Como el aromo, el ceibal
de presencia extraordinaria
exhibe la pasionaria
su belleza victorial,
una escalada triunfal
nace del campo sembrado,
en sudor glorificado
del hombre que lucha y sueña,
representando la enseña
del porvenir anhelado.
Sobre aquel campal ambiente
vi estancias, ranchos, taperas,
contempladas cual si fueras
su vigía permanente,
lagunas resplandecientes
donde crece la espadaña,
mientras la nutria acompaña
ese mundo de esplendores
(tal como vi bebedores
en boliches de campaña…)
Todo esto puso en mis ojos
refulgencia y poesía,
saturando de armonías
inefables mis antojos,
los atardeceres rojos
-muda explosión de color-
timbradas notas de amor
tras indescriptible tul
mientras lucía el cardo azul
su magnífico esplendor.
Adolfo Manuel Reynoso
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La bolsa de arpiyera.
El día que te inventaron
naides habrá calculao
todo el uso que te han dao
en las cosas que te usaron.
De nuevita aprovecharon
tu tejido resistente
con un yeno permanente
levantao en la ocasión,
o golgada en el galpón
pa’la cosecha siguiente.
Tanto coserte la boca
y tirarte las orejas
te jueron volviendo vieja
aunque no una cosa tioca.
El calador te provoca
Una herida que no cose,
Y hacían que vos pa’las doce
la bandera de avisar,
a la hora de almorzar,
pa’que te vieran con goce…
Yo te usaba en el recao
de carona o sudadera
y hecha cincha chacarera
con un prolijo doblao
A un bagual recién montao
servís pa’el ojo tapar
y yo te sabía atar
tantas veces a los tientos,
con destintos alimentos
que solían encargar.
Pa’pelar, en la carniada
o en la melga, de bandera,
y limpiar la volcadera
anterior a la engrasada.
También te he visto doblada
en el asiento el’arao
en los días que había helao;
y te vide cuando el pión,
hacía de vos un colchón
y hata lo hubieras tapao…!
De improvisao capuchón
pa’no mojar la moyera
también sirvió la arpiyera
y pa’tapar el recao.
Yo la vi de cortinao
hasta en una jineteada
-¡Pa’l que no paga la entrada!-,
y en un asao pa’l pueblero,
vos juiste mantel campero.
Bien abierta y bien labada.
Diste calor a mis pies
en los suecos o en las botas
si las medias’taban rotas,
y te tiraba después…!
Hoy maduro, ya lo ves,
de mi estirpe chacarera,
una décima surera
con desparejos renglones
resaltó tus condiciones
vieja bolsa de arpiyera…!
En artesano morral
pa’l’avena de un cuadrero
también te usó un chacarero
si no había otro material.
Pa’l moquiyo-que’ra un mal-
se te usaba pa’un ahumao
y de lo que he recordao
es una parte nomás,
porque en muchas cosas más
en el campo se te ha usao.
Agustín Lopez
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El maceta viejo.
Tenía marcada 'El Meceta'
una pechera en el pecho,
el lomo medio deshecho
del recao y la silleta.
En la panza y la paleta
güellas de cincha y pretal,
de tanto tratarlo mal
aquella gente perversa,
quedó tobiano a la juerza
y bichoco el animal.
Siendo caballo de andar,
andubo pa'l chacaneo
y siempre que hubo un rodeo
lo agarraron pa'enlazar.
Jué guapo pa'galopear
y tragó leguas sin fin.
Movía con el rastrín
por más cargao que estuviera:
o rompía la pechera
o quebraba el balancin.
El sirvió más de una noche
pa'dir hasta la milonga,
atao a la villalonga,
entre las varas del coche.
El andubo a troche y moche
con el barril aguatero,
jué cadenero y ladero,
jué de sulki y jardinera,
y en los 'trescientos' de ajuera
cuidao con él compañero!..
Pero el tuso le cortaron
y le pelaron la cola
y a una calle media sola
una mañana lo echaron.
De esta forma le pagaron
todo el servicio prestao!..
Les cabrestió,resignao,
como siempre...liberal;
le sacaron el bozal
y allá quedó abandonao.
Dejó el pasto que él comía
pa'otro caballo mejor,
era el último favor
que el dueño ingrato le hacía.
al tiempito no tenía
más que los güesos y el cuero,
a veces el día entero
pasaba como distráido,
y el labio de abajo cáido
como un inmenso puchero.
Allá vivió como pudo,
entre vizcachas y cuises,
a veces comió raíces,
haciendo las del peludo.
Aunque estaba medio habudo
un tiempito pellizcó
y tan mal no la pasó
mientra tubo agua el pantano
pero al llegar el verano
ni un charquito le quedó.
En frente de la tranquera
desesperao vino a dar,
pero ya podía esperar
pa'que alguno se la abriera!
No habia duda que aquel era
el principio de su fin.
Aunque juá buen saltarín
saltar no podía tampoco,
porque estaba tan bichoco
que lo paraba un piolín.
Al ver un matungo flaco
que estaba cáido en el suelo,
sofrenándose en el vuelo,
se le arrimó un pajarraco.
Después de este bicharraco
vino en seguida un montón
y,por equivocación
ya creyéndolo osamenta,
un chimango le revienta
el ojo de un picotón.
Levantó el cogote a gatas
cuando lo dejaron tuerto.
Todavía no estaba muerto
y alcanzó a mover las patas,
hizo tiritar las matas
con un resuello profundo;
allí estaba el cuervo inmundo
que le deseaba la muerte...
Así suele ser la suerte
del que hace bien en el mundo!.
Aquel que llevara el tarro
con el mate pa'l rastrojo;
aquel que núnca fué flojo;
ni en el arao ni en el carro;
aquel que pisara el barro
quien sabe pa'cuantos ranchos
murió rodeao de caranchos,
gaviotones y chimangos
que habían de hacerlo miñangos
con los perros y los chanchos.
En una de las orillas,
donde ya se entierra solo,
sabe asentar un chingolo
sobre las blancas costillas.
Y allá contra las varillas,
aunque naides lo recuerde,
la osamenta ya se pierde
en un trbolar en flor,
que en todo su alrededor
crece más alto y más verde.
Si algún resero asujeta
por el camino el arreo,
la tropilla hace un rodeo
y aquellos güesos respeta.
La madrina queda quieta
deteniendose en el viaje
y mientras que hace coraje
pa'dir a olfatear el perro,
hace un silencio el cencerro
como en señal de homenaje.
LUIS DOMINGO BERHO.