
Pasó el día clave y estamos a salvo. El cometa conocido como Elenin (cuyo nombre oficial es C/2010 X1) llegó precedido de pronósticos funestos: una ola de rumores científicos (valga la contradicción) estuvieron anunciando que cuando el cometa se alineara con la Tierra y el Sol, se desataría una serie de catástrofes naturales de dimensiones incalculables: tsunamis, terremotos, inversión magnética de los polos, muerte y destrucción. Los promotores de estas teorías apocalípticas, encabezados mundialmente por el científico Mensur Omerbashib, se basaban en una hipótesis conocida como el “fenómeno de magnificación de la resonancia”, según la cual los cometas, al alinearse como en este caso, adquieren un carácter destructivo incontrolable. Esta idea partió del dato de que en las fechas en las que Elenin estuvo alineado con el Sol y la Tierra, se produjeron los terremotos de Chile y Japón (el 27 febrero de 2010 y 11 de marzo de este año, respectivamente). Como el 27 de septiembre el cometa de mala fama iba a pasar mucho más cerca de nuestro planeta que en aquellas ocasiones, los agoreros pronosticaban un efecto todavía peor. Como si esto fuera poco, hubo quienes desarrollaron complejos sistemas de lectura que vinculaban el paso del cometa con profecías mayas. Lo cierto es que hoy es 28 de septiembre, y nada ha pasado. La NASA explicó a través de un comunicado que Elenin es demasiado pequeño (3,5 kilómetros de diámetro) como para hacernos daño, ya que es imposible que altere la órbita de la Tierra o que remueva placas tectónicas.
Si bien el anuncio de la NASA aportó tranquilidad en las vísperas, lo cierto es que ni la misma ciencia conoce de hecho el futuro… por eso, para no generar temores infundados, es que publicamos esta noticia hoy, el “día después”.