“Él colma tu vida de bienes y tu juventud renueva como el águila.”
Salmo 103:5.
Es un hermoso versículo bíblico. Además, es sólo uno de los numerosos textos bíblicos que utilizan el águila como un símbolo especial en la vida de un adorador del Dios bíblico, Yahweh.
Numerosas características de esta ave portentosa le permiten ser ese símbolo especial. Por allí circula un mensaje en la Internet que dice que el águila se arranca plumas, garras y pico al llegar a cierta edad. Desde el punto de vista científico es una falacia. Ella no se automartiriza en esa forma, no es necesario. Tampoco es necesario que el seguidor de las verdades bíblicas haga tal cosa. Ya El Hijo de Dios, Jesucristo, lo hizo por él. Sin embargo, sí podemos resaltar esas características especiales que tiene esta ave que nos ayudarán a comprender algunos de los procesos o situaciones que como amantes de Dios tendremos que experimentar.
El águila es un ave solitaria, no vive ni se desplaza en bandadas. Hace su nido en áreas rocosas inaccesibles, adonde no puede llegar fácilmente ninguna otra ave o depredador, ni aún el hombre, sin grave riesgo para su vida.
Así mismo, el amante de Dios y estudioso de su Palabra, muchas veces tiene que retirarse a su refugio personal, a su desierto interno, para poder mantener su convicción y fortalecer en su corazón lo que Dios le ha dado.
Jacob luchó con Dios en solitario. Moisés recibió la inspiración necesaria para la gran obra que debía realizar en medio del desierto. Dios le habló a Elías en la soledad de una caverna. Y numerosos hombres que la historia nos cuenta que se han comprometido con Dios a toda costa, han experimentado ese alto precio que pagar por querer volar tan alto como las águilas. Por cierto, esa es otra de sus características especiales. El águila es una de las aves que se desplaza por los aires a mayor altitud. No sé si será verdad, pero se dice que esquiva las tormentas elevándose a gran altitud y así mismo colocándose a mayor altura del área de inestabilidad atmosférica. De ser cierto, sería esto un ejemplo digno de imitar. En las crisis, mientras nos critican o desvirtúan, podemos optar, con la ayuda de Dios, de mantenernos “a altura”, en lugar de arrastrarnos por el suelo en el sitio de las críticas, los chismes, el rencor y los falsos testimonios. O escondernos en los agujeros de la cobardía y del temor.
El águila se renueva, dice el versículo. Cómo lo hace, no lo sabemos exactamente. Ya mencioné que ese mensaje de la autodestrucción es solamente un mito.
¡Cómo es difícil esa renovación para los seres humanos!
Hace poco escuché un programa en donde se decía que un neurólogo argentino hizo experimentos con diversos animales, y con seres humanos, sobre la capacidad de cambiar de opinión. Para su sorpresa, los animales, primates sobre todo, tenían más facilidad para adaptarse a lo nuevo, lo innovador, pero no de una forma indiscriminada, sino más bien, de una forma positiva para su salud y bienestar. Esto lo hizo con algo tan básico como los alimentos. Después de ofrecer a los monos de laboratorio, en forma repetida, alimentos sólo parcialmente nutricionales, pero sabrosos, les ofrecía alimentos ricos en nutrientes, pero no de un sabor tan exquisito, y los animales no tuvieron reparos en aceptarlos rápidamente.
En cuanto a los seres humanos, los resultados fueron, sin más, sorprendentes. El asunto no era solamente que a éstos les costaba cambiar de opinión, aunque fuera por su bienestar. El asunto fue que ante lo novedoso, lo que exigía cambios o reacomodamientos, la mente de las personas, sencillamente ¡se bloqueaba! Ni siquiera se consideraba el asunto en cuestión. Pasaba por alto, muy lejos de los niveles comunes de pensamiento del sujeto experimentado.
Increíble, pero cierto. Y esto es algo que podemos observar directamente en nuestra vida cotidiana. Es sumamente raro observar a una persona con una mente abierta a nuevas fuentes de conocimiento, sobre todo cuando se trata de religión. La religión es especialmente limitante. Combinada con las verdades bíblicas, la religión se ha amalgamado a través de los siglos con las tradiciones y las costumbres. Deshacer esta maraña es difícil para una mente condicionada en esta forma. Considerando lo anterior, me parece el patriarca Abraham sumamente valiente. Y apreciamos la sabiduría divina, que lo llevó al desierto, lejos de su tierra y sus parientes, pata que este gran hombre pudiera abrir su mente a nuevas cosas que le serían enseñadas.
Consideremos estos versículos de La Biblia:
“Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos
y tienen la mente oscurecida. Ellos están apartados de la Vida de Dios por su ignorancia y su obstinación.” Efesios 4:17-18
“…para renovarse en lo más íntimo de su espíritu
y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.” Efesios 4:23-24
Éste proceso es difícil para la mente humana, como demostró el neurólogo argentino. En realidad, no es posible sin es por medio del estudio sistemático y sincero de las Sagradas Escrituras y la ayuda divina por medio del Santo Espíritu de Dios.
El mejor ejemplo lo dieron los judíos de Berea, que así reaccionaron ante las nuevas noticias del Evangelio: “Como estos eran mejores que los de Tesalónica, acogieron la Palabra con sumo interés, y examinaban todos los días las Escrituras para verificar la exactitud de lo que oían.” Biblia. Hechos 17:11
¡Cuán difícil debe de haber sido esos cambios para estas personas! Considerando lo cerrado de la comunidad judía, en ese tiempo y en el presente, y la multitud de tradiciones y leyes que habían elaborado en torno a la verdad de la Torah, la ley dictada por Dios mismo, y que constituían la base de sus vidas. Pero ellos, como el águila, tuvieron el valor de renovarse.
Uno de los motivos principales que hacen a las personas resistirse a los cambios, a lo nuevo, a la renovación en el Espíritu, es el temor. La falsa seguridad de contar con la aprobación social, familiar y aún eclesial, hace a las personas refugiarse en los conceptos y tradiciones, y negarse a la verdad que está ante sus ojos. Esto es particularmente cierto cuando se compromete el bolsillo y el bienestar de la familia y de uno mismo. No en vano Jesús pronunció estas palabras, sabiendo esta particular debilidad del ser humano: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí.” Biblia. Mateo 10:37.
Y en reiteradas ocasiones enfatizó la necesidad de dejarlo todo por seguirlo a Él, la suma expresión de la verdad que da libertad. Veamos esta definición de la palabra “renovación”:
“Hace referencia a la voluntad de modificar o sustituir compromisos preexistentes.”
escuelas.consumer.es/web/es/vivienda/online/diccionario_r.php
“Hacer como nueva una cosa.” www.definicion.org/diccionario/49
Tremendo, ¿verdad? Y sí, se requiere de la asistencia divina para lograrlo. Lo que viene después de esto, se visualiza por medio de la fe. Pero la Palabra de Dios nos promete sólo cosas buenas: libertad, gozo y paz, entre otras. Después del riesgo, viene la recompensa que debemos esperar con paciencia.
El aprendizaje de las verdades bíblicas no termina nunca en esta vida. Al que examina con mente abierta y corazón sincero, Dios padre Yahweh le dará sin medida. Es un proceso que no termina sino con la muerte y acabará definitivamente en los cielos nuevos y la nueva tierra, en donde toda duda será resuelta. Los grandes hombres de Dios de siglos pasados no supieron todas las cosas que ahora sabemos y así será con los que nos sigan en la indagación de la verdad. En ese sentido, La Biblia siempre será un libro abierto.
Estimado lector: lo invitamos a elevarse como las águilas y renovar su mente día a día, desde todo punto de vista. Aparentemente tendrá que pagar un precio, pero recibirá mucho más a cambio.
Dios lo bendiga.
Salmo 103:5.
Es un hermoso versículo bíblico. Además, es sólo uno de los numerosos textos bíblicos que utilizan el águila como un símbolo especial en la vida de un adorador del Dios bíblico, Yahweh.
Numerosas características de esta ave portentosa le permiten ser ese símbolo especial. Por allí circula un mensaje en la Internet que dice que el águila se arranca plumas, garras y pico al llegar a cierta edad. Desde el punto de vista científico es una falacia. Ella no se automartiriza en esa forma, no es necesario. Tampoco es necesario que el seguidor de las verdades bíblicas haga tal cosa. Ya El Hijo de Dios, Jesucristo, lo hizo por él. Sin embargo, sí podemos resaltar esas características especiales que tiene esta ave que nos ayudarán a comprender algunos de los procesos o situaciones que como amantes de Dios tendremos que experimentar.
El águila es un ave solitaria, no vive ni se desplaza en bandadas. Hace su nido en áreas rocosas inaccesibles, adonde no puede llegar fácilmente ninguna otra ave o depredador, ni aún el hombre, sin grave riesgo para su vida.
Así mismo, el amante de Dios y estudioso de su Palabra, muchas veces tiene que retirarse a su refugio personal, a su desierto interno, para poder mantener su convicción y fortalecer en su corazón lo que Dios le ha dado.
Jacob luchó con Dios en solitario. Moisés recibió la inspiración necesaria para la gran obra que debía realizar en medio del desierto. Dios le habló a Elías en la soledad de una caverna. Y numerosos hombres que la historia nos cuenta que se han comprometido con Dios a toda costa, han experimentado ese alto precio que pagar por querer volar tan alto como las águilas. Por cierto, esa es otra de sus características especiales. El águila es una de las aves que se desplaza por los aires a mayor altitud. No sé si será verdad, pero se dice que esquiva las tormentas elevándose a gran altitud y así mismo colocándose a mayor altura del área de inestabilidad atmosférica. De ser cierto, sería esto un ejemplo digno de imitar. En las crisis, mientras nos critican o desvirtúan, podemos optar, con la ayuda de Dios, de mantenernos “a altura”, en lugar de arrastrarnos por el suelo en el sitio de las críticas, los chismes, el rencor y los falsos testimonios. O escondernos en los agujeros de la cobardía y del temor.
El águila se renueva, dice el versículo. Cómo lo hace, no lo sabemos exactamente. Ya mencioné que ese mensaje de la autodestrucción es solamente un mito.
¡Cómo es difícil esa renovación para los seres humanos!
Hace poco escuché un programa en donde se decía que un neurólogo argentino hizo experimentos con diversos animales, y con seres humanos, sobre la capacidad de cambiar de opinión. Para su sorpresa, los animales, primates sobre todo, tenían más facilidad para adaptarse a lo nuevo, lo innovador, pero no de una forma indiscriminada, sino más bien, de una forma positiva para su salud y bienestar. Esto lo hizo con algo tan básico como los alimentos. Después de ofrecer a los monos de laboratorio, en forma repetida, alimentos sólo parcialmente nutricionales, pero sabrosos, les ofrecía alimentos ricos en nutrientes, pero no de un sabor tan exquisito, y los animales no tuvieron reparos en aceptarlos rápidamente.
En cuanto a los seres humanos, los resultados fueron, sin más, sorprendentes. El asunto no era solamente que a éstos les costaba cambiar de opinión, aunque fuera por su bienestar. El asunto fue que ante lo novedoso, lo que exigía cambios o reacomodamientos, la mente de las personas, sencillamente ¡se bloqueaba! Ni siquiera se consideraba el asunto en cuestión. Pasaba por alto, muy lejos de los niveles comunes de pensamiento del sujeto experimentado.
Increíble, pero cierto. Y esto es algo que podemos observar directamente en nuestra vida cotidiana. Es sumamente raro observar a una persona con una mente abierta a nuevas fuentes de conocimiento, sobre todo cuando se trata de religión. La religión es especialmente limitante. Combinada con las verdades bíblicas, la religión se ha amalgamado a través de los siglos con las tradiciones y las costumbres. Deshacer esta maraña es difícil para una mente condicionada en esta forma. Considerando lo anterior, me parece el patriarca Abraham sumamente valiente. Y apreciamos la sabiduría divina, que lo llevó al desierto, lejos de su tierra y sus parientes, pata que este gran hombre pudiera abrir su mente a nuevas cosas que le serían enseñadas.
Consideremos estos versículos de La Biblia:
“Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos
y tienen la mente oscurecida. Ellos están apartados de la Vida de Dios por su ignorancia y su obstinación.” Efesios 4:17-18
“…para renovarse en lo más íntimo de su espíritu
y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.” Efesios 4:23-24
Éste proceso es difícil para la mente humana, como demostró el neurólogo argentino. En realidad, no es posible sin es por medio del estudio sistemático y sincero de las Sagradas Escrituras y la ayuda divina por medio del Santo Espíritu de Dios.
El mejor ejemplo lo dieron los judíos de Berea, que así reaccionaron ante las nuevas noticias del Evangelio: “Como estos eran mejores que los de Tesalónica, acogieron la Palabra con sumo interés, y examinaban todos los días las Escrituras para verificar la exactitud de lo que oían.” Biblia. Hechos 17:11
¡Cuán difícil debe de haber sido esos cambios para estas personas! Considerando lo cerrado de la comunidad judía, en ese tiempo y en el presente, y la multitud de tradiciones y leyes que habían elaborado en torno a la verdad de la Torah, la ley dictada por Dios mismo, y que constituían la base de sus vidas. Pero ellos, como el águila, tuvieron el valor de renovarse.
Uno de los motivos principales que hacen a las personas resistirse a los cambios, a lo nuevo, a la renovación en el Espíritu, es el temor. La falsa seguridad de contar con la aprobación social, familiar y aún eclesial, hace a las personas refugiarse en los conceptos y tradiciones, y negarse a la verdad que está ante sus ojos. Esto es particularmente cierto cuando se compromete el bolsillo y el bienestar de la familia y de uno mismo. No en vano Jesús pronunció estas palabras, sabiendo esta particular debilidad del ser humano: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí.” Biblia. Mateo 10:37.
Y en reiteradas ocasiones enfatizó la necesidad de dejarlo todo por seguirlo a Él, la suma expresión de la verdad que da libertad. Veamos esta definición de la palabra “renovación”:
“Hace referencia a la voluntad de modificar o sustituir compromisos preexistentes.”
escuelas.consumer.es/web/es/vivienda/online/diccionario_r.php
“Hacer como nueva una cosa.” www.definicion.org/diccionario/49
Tremendo, ¿verdad? Y sí, se requiere de la asistencia divina para lograrlo. Lo que viene después de esto, se visualiza por medio de la fe. Pero la Palabra de Dios nos promete sólo cosas buenas: libertad, gozo y paz, entre otras. Después del riesgo, viene la recompensa que debemos esperar con paciencia.
El aprendizaje de las verdades bíblicas no termina nunca en esta vida. Al que examina con mente abierta y corazón sincero, Dios padre Yahweh le dará sin medida. Es un proceso que no termina sino con la muerte y acabará definitivamente en los cielos nuevos y la nueva tierra, en donde toda duda será resuelta. Los grandes hombres de Dios de siglos pasados no supieron todas las cosas que ahora sabemos y así será con los que nos sigan en la indagación de la verdad. En ese sentido, La Biblia siempre será un libro abierto.
Estimado lector: lo invitamos a elevarse como las águilas y renovar su mente día a día, desde todo punto de vista. Aparentemente tendrá que pagar un precio, pero recibirá mucho más a cambio.
Dios lo bendiga.