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Los diez mandamientos del sexo

Los 'pecados' que frustran una relación sexual satisfactoria. El sexo en pareja es sagrado como una religión, y por eso hay ‘pecados’ que lo pueden malograr. La sexualidad proporciona placer y también frustración, es el mejor estimulante de la vida, pero puede ser fuente de inhibición, y puede ser afectivo y también vil. Las claves para una sexualidad satisfactoria se basan en que cada mujer tiene un estilo sexual único, y su forma de comunicar sus sentimientos y peticiones sexuales no se parecen a ninguna otra. Igualmente, una relación sexual no está asegurada con el sólo desafuero erótico. El secreto del buen sexo es un religioso equilibrio entre el instinto y las artes amatorias. •Primer mandamiento: El sexo es complementario. La evolución hizo un esfuerzo enorme e inteligente durante millones de años para perfeccionar el cuerpo y la mente del varón y de la hembra, con el fin de hacerlos atractivos sexualmente el uno para el otro, por eso el cerebro del hombre se ‘dispara’ con la anatomía de la mujer, y el de esta con la del hombre. •Segundo mandamiento: El sexo no requiere de la fuerza. La intensidad y la plenitud del goce no implican el uso de la fuerza más allá de una buena condición física. La fuerza intimida y somete, pero no procura placer, porque no es una competencia de esfuerzo. La ‘fuerza’ en el sexo debe provenir del deseo y no de los músculos. Un agarre firme en el lugar justo y una actividad sostenida, dan buenos frutos. •Tercer mandamiento: Respeto al ‘No'. Aquí nos referimos al 'No' sensual y pícaro como parte del juego erótico, en el que ella medirá qué tan seguro es el hombre que tiene a su lado, y no debemos confundirlo con el 'No' de desaprobación. Ese ‘No’ sesual es en el fondo un ‘Sí'’ que debe esperar su momento. El ‘No’ en el preámbulo amoroso alimenta el deseo de ambos, y si se tiene tacto y paciencia se transforma en un ‘Sí' muy excitante. Sin acoso •Cuarto mandamiento: El sexo no acosa. Acosar a una mujer para tener sexo es un signo de debilidad masculina y un recurso pobre en la consecución del placer. Atraer a una mujer bajo el sometimiento, la coacción, la amenaza, el miedo y el engaño, sólo procura un placer frustrado y transitorio que nada tiene que ver con el sexo como deleite físico y espiritual. •Quinto mandamiento: El sexo es sagrado. El sentimiento más poderoso del ser humano tiene mucho de sagrado y exige el mayor respeto por la privacidad. El hombre y la mujer deben guardar su intimidad como un tesoro que pertenece a ambos para su único y propio deleite. Cuando la relación es satisfactoria, las palabras sobran. •Sexto mandamiento: El sexo no es monótono. A la hora del sexo, tanto el hombre como la mujer nunca deben acostumbrarse a la seguridad del placer conocido. Se debe evitar iniciar el contacto sexual siempre de la misma manera, y buscar variantes en posturas, escenario, tiempo, lugar, etc., Cada relación debe excitar más que la anterior y ser más gratificante. •Séptimo mandamiento: El sexo no es una válvula de escape. Es un error buscar el sexo como recurso para calmar la ansiedad o para esconder una frustración emocional. Tampoco debe usarse como recordatorio de la fuerza viril o para batir récords. El sexo como recurso para buscar seguridad y sosiego emocional sólo brinda un placer transitorio y cada vez se necesita más sexo, hasta hacerse adictivo como una droga que nunca sacia. •Octavo mandamiento: El sexo no es una mercancía. El sexo pagado no puede satisfacer la parte más gratificante de toda la actividad sexual: el arte de la conquista. Poner a funcionar el arsenal amatorio de la seducción es un triunfo de la personalidad, y librarse de este excitante acto de la ‘película’ pagando a una mujer, a la final se traduce en una dolorosa frustración, ya que puede esconder una falencia en el arte de amar. •Noveno mandamiento: El sexo no es egoísta. Los sabios del sexo aseguran que uno debe ser ‘egoísta’ a la hora de complacer a una mujer, es decir, debe dejarse llevar por sus instintos y el placer llegará solo, porque la ansiedad por mostrar que es capaz de satisfacerla, siempre termina mal. Pero este mandamiento trata de compartir el placer mutuo sin negar a la pareja aquello que desea y no ser individualista en la conquista del clímax. •Décimo mandamiento: El sexo no es un compromiso. Dado que el sexo no es una función mecánica, nunca debe obedecer al compromiso porque así lo exige la relación, sea noviazgo o matrimonio. El sexo debe provenir del deseo puro para que sea grato. Por último, el sexo no culmina con el orgasmo, ya que puede revelar un alivio de tensión. La mujer siempre extiende el placer de manera natural más allá del clímax, por lo que uno debe seguir ‘enganchado’ a ella de manera espontánea en gratitud a su infinito agrado. http://sexualidad.suite101.net/article.cfm/los-diez-mandamientos-del-sexo#ixzz0txJUhkVL
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