1. El Desarrollo Sustentable. Una nueva
cosmovisión
a historia del concepto de desarrollo sustentable
muestra que es este un concepto equívoco y polisémico, e incluso
casi vacío. Hay desde quienes lo consideran un oxímoron (1), como
Herman Daly (1991), si es que se lo entiende como crecimiento
sustentable, hasta quienes lo han convertido en la versión
actualizada del ya no tan nuevo rito desarrollista. Cada cual usa
el concepto de sustentabilidad según mejor conviene a su
particular interés y visión de mundo. La tan conocida versión de
“aquel desarrollo que atiende las necesidades de las generaciones
presentes sin menoscabar las necesidades de las futuras
generaciones” (Bruntdtland, 1986), encubre un acuerdo tácito de
no profundizar en dicha definición, ya que de haber sido así gran
parte de los acuerdos de la Cumbre Mundial sobre Medio
Ambiente de Río 1992 no habrían podido adoptarse.
Sin embargo, pese a lo anterior la noción de
sustentabilidad, como ya lo señalábamos en otro trabajo (Elizalde,
1992), ha permitido introducir un criterio para juzgar las
instituciones y las prácticas vigentes en las llamadas sociedades
modernas. Al igual que muchos otros conceptos en la historia de
las ideas, hay una cierta parte de novedad intrínseca al concepto,
que al ser tal ya comienza a cuestionar ideas previas y a abrir
paso a otras concepciones distintas de las dominantes.
Tengo la convicción de que es imprescindible que transitemos
L
30
UNA NUEVA VISIÓN
hacia una nueva cosmovisión que substituya la aún vigente.
La idea de sustentabilidad puede ayudarnos a diseñar y dibujar
una nueva visión, una nueva comprensión, una nueva
cosmología, urgente y necesaria para enfrentar los enormes
desafíos que enfrentamos. El cambio fundamental de realizar
no está en el plano de la tecnología, ni de la política o de la
economía, sino que está radicado en el plano de nuestras
creencias, son ellas las que determinarán el mundo que
habitemos.
Como lo señala Leonardo Boff:
En todas las culturas, con cada gran giro en el eje de la historia
se produce una nueva cosmología. El nuevo paradigma
ecológico produce un efecto semejante. (Boff, 1996:53).
En la actualidad nos encontramos en un momento
histórico crucial, que algunos como Capra (1985) han
calificado de punto de inflexión (turning point). Aparece
entonces cada día como más evidente la necesidad de transitar
hacia una nueva cosmología, entendiendo ésta como lo sugiere
Boff (1996, 53):
(...) la imagen del mundo que una sociedad se da a sí
misma, fruto de la ars combinatoria de los saberes más
variados, tradiciones e intuiciones. Esa imagen sirve como
religación general y confiere la armonía necesaria a la
sociedad, sin la cual las acciones se atomizan y pierden su
sentido dentro de un sentido mayor. Tarea de la cosmología es
religar todas las cosas y crear la cartografía del universo. Y
eso normalmente lo elaboran las grandes narraciones
cosmológicas. (Boff, 1996: 53)
Dicha cosmología será el producto de variados aportes
provenientes desde todos los ámbitos del quehacer humano,
jugando allí roles muy importantes la economía y la tecnología.
Por lo tanto parece indispensable modificar las concepciones
actuales respecto a estas dos dimensiones de la cultura, ya que de
31
UNA NUEVA VISIÓN
modificarse éstas será imposible transitar hacia una nueva
cosmología. Es en estas dimensiones donde está anclada la
hegemonía en las sociedades actuales, ya que todo el sistema de
dominación se sustenta en las concepciones y creencias que
respecto a las necesidades humanas, los recursos económicos, la
riqueza y la pobreza, introduce la economía como ciencia de la
escasez.
El inadecuado abordaje del tema de las necesidades, que
introduce concepciones erróneas que llevan a pensar en ellas como
constantemente cambiantes, como ilimitadas y siempre crecientes,
lo cual las hace prácticamente innumerables e inclasificables, es
lo que nos ha conducido a pensar el desarrollo humano como un
crecimiento infinito y permanente de las cosas. De allí la necesidad
de una nueva propuesta que introduzca una concepción distinta
de las necesidades humanas, cuestión que trataré en el punto
siguiente.
2. Sobre el concepto de necesidad
El modelo de “desarrollo” (crecimiento) económico
imperante hoy en el mundo, es tributario de un sistema de
creencias anclado en la Ideología del Progreso, y es
(eventualmente) la culminación del paradigma científico
moderno. De modo tal que es imprescindible la modificación de
tal sistema de creencias si es que queremos alcanzar la
sustentabilidad.
En esta perspectiva adquiere pleno sentido la propuesta
de una nueva teoría sobre las necesidades humanas como la
planteada por los autores del Desarrollo a Escala Humana.
Para ello es imprescindible cambiar en primer lugar la
noción dominante respecto al concepto de necesidad. La necesidad
entendida como análoga al deseo, tiene un carácter de infinitud
que se retroalimenta a sí misma, ya que por cada necesidad
satisfecha surgirán muchas otras necesidades que será necesario
satisfacer. Lo anterior da origen a una concepción respecto al
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UNA NUEVA VISIÓN
sistema económico, definido a priori como orientado a la
satisfacción de las necesidades humanas, como un sistema en
permanente crecimiento, y que por tal razón está funcionalizado
hacia el crecimiento. Es casi inconcebible para un economista
pensar, por ejemplo, en el crecimiento cero. Casi toda la reflexión
económica está organizada en torno al crecimiento.
De allí entonces que haya sido necesario repensar y
revisar la noción de necesidad. Si se piensa la necesidad humana
como algo asociado a nuestra naturaleza como entes vivos, esto
es asociado a nuestra biología y psicología constitutivas, hablamos
entonces del ámbito fisio-neuro-psicológico donde se encuentra
radicado aquello que llamamos “vida humana”. De ser así nos
encontramos con la existencia de una naturaleza humana que en
lo sustantivo ha cambiado muy poco a lo largo de la historia y a
lo ancho de las culturas. Se trata por tanto de una ‘consistencia
en lo humano’ compartida por todos los humanos en tanto seres
humanos. Eso que llamamos Derechos Humanos, reconocido por
el conjunto de la Humanidad, sólo puede tener un correlato de
invarianza en el ámbito de las necesidades humanas, siendo éstas
las mismas para el conjunto de aquellos que reconocemos como
seres humanos.
Sin embargo, en el plano de las teorías económicas e
incluso psicológicas, se piensa (implícitamente) que algo tan
sustantivo como las necesidades son infinitas, ilimitadas y siempre
crecientes, afirmando de este modo la existencia de una naturaleza
humana cambiante en el tiempo. De lo cual se derivaría
lógicamente la existencia de distintas naturalezas humanas, y de
allí a su vez, la de naturalezas de distintas categorías, algunas
más evolucionadas que otras. Y por consiguiente se desprenderían
de lo anterior distintos derechos, lo cual es una demostración ad
absurdum de esta ilógica afirmación. No sería entonces posible
afirmar la existencia de Derechos Humanos Universales.
Surge entonces, por consiguiente, la necesidad de un
nuevo concepto que dé cuenta de la dimensión aparentemente
cambiante de la necesidad, el cual en nuestra teoría llamamos
33
UNA NUEVA VISIÓN
satisfactor. Son estos los que cambian de cultura en cultura, de
sociedad en sociedad, de pueblo en pueblo. Cada comunidad
humana comparte un conjunto de satisfactores propios y
específicos, que incluso la diferencian de otra comunidad. El
elemento cambiante en el sistema teórico propuesto son los
satisfactores, existiendo a la vez varios tipos de satisfactores,
siendo algunos de ellos beneficiosos y otros dañinos al observarlos
desde una perspectiva sistémica.
La teoría más conocida respecto a las necesidades
humanas y que está como sustrato de la noción de necesidades
básicas, largo tiempo usada en las teorías desarrollistas, es la
Teoría de Abraham Maslow (1975) quien afirma que existen cinco
categorías de necesidades que se suceden en un orden ascendente.
Las organiza en dos grandes bloques que establecen una
secuencia creciente y acumulativa de lo más “objetivo” a lo más
“subjetivo” de tal modo que el sujeto tiene que cubrir las
necesidades situadas a niveles más bajos (más objetivas) para
verse motivado o impulsado a satisfacer necesidades de orden
más elevado (más subjetivas). La categorización de las necesidades corre el riesgo, como
de hecho ocurre, de establecer esquemas jerárquicos, que suponen de facto un aislamiento de unas categorías de necesidades respecto
de otras, estableciendo también, prioridades de unas sobre otras.
De este modo, implícitamente, se afirma que el proceso
de humanización o maduración humana transita desde la
referencia a lo que llama necesidades fisiológicas, pasando por
otros tipos hasta las necesidades de autorrealización o metanecesidades,
posibles sólo de lograr cuando se ha satisfecho y
dado cuenta de los niveles anteriores.
Pero a la vez los conceptos de Maslow, al igual que otras
concepciones sobre las necesidades, imponen una visión
occidentalizada sobre las necesidades humanas que implica una
visión reduccionista del mundo, con una sola concepción respecto
al ser humano: blanco, rico, occidental y cristiano (y también
varón si es posible). Algo similar ocurre con las concepciones
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UNA NUEVA VISIÓN
provenientes de autores, tales como Marcuse (1972) y Heller
(1978), quienes desde la(s) teoría(s) marxista(s) relativizan el
carácter de las necesidades humanas, al introducir nociones como
las de necesidades “falsas” y “verdaderas”, o de necesidades
“alienadas” y/o “represivas”, y necesidades “radicales”. La
pregunta necesaria de hacerse entonces es: ¿quién y desde dónde
determina dicho carácter?
Se ha generado así, desde las concepciones ancladas en
la Ideología del Progreso una visión de las necesidades como un
sistema jerarquizado, donde algunas son más “necesarias” que
otras (valga la redundancia) y que desconoce las interrelaciones
y afectaciones mutuas. Desde una visión fragmentada del universo
de las necesidades como ésta, es imposible acceder a descubrir la
existencia del elemento faltante en las teorías tradicionales sobre
las necesidades humanas, cual es el subsistema de satisfactores.
En esa visión al no disponer de la noción de satisfactor
se pasa directamente desde la necesidad (algo eventualmente
reconocido universalmente y en tanto tal, objetivable) al deseo
(algo esencialmente subjetivo). Los economistas han acuñado para
resolver el problema una variable proxy del deseo que sería el
concepto de preferencias, expresadas por las personas mediante
el consumo. Constituyéndose así un corpus teórico
extraordinariamente simplista en relación al universo de las
necesidades humanas.
Por tal razón es necesario contribuir a desmontar la visión
dominante en nuestra cultura, lo cual requiere de una nueva
epistemología que haga posible poder “ver” en su apropiada
dimensión el nuevo concepto de Desarrollo a Escala Humana.
3. Algunos ejercicios heurísticos (para una
desconstrucción epistemológica)(2)
Nuestra mirada sobre la realidad se constituye a partir de
mapas que describen un tipo de territorio, que si bien no se
corresponden totalmente con el tipo de vivencias que constituyen
35
UNA NUEVA VISIÓN
nuestro operar en el mundo, sin embargo nos resultan
extremadamente seductores, por el escaso nivel de exigencia y
rigor que nos demanda su aceptación.
Sin embargo, gran parte de dichos mapas son meras
ilusiones que nos han ido domesticando, correspondiéndose con
una concepción del universo y del mundo en que vivimos de gran
eficiencia para mantener el sistema de dominación que se nos ha
ido imponiendo.
Es escasa la capacidad crítica que hemos desarrollado
para cuestionar las visiones dominantes en nuestro imaginario
colectivo y que son producto del paradigma dominante hasta el
día de hoy en el mundo de las ideas. Parte sustantiva de esta
visión sostiene la existencia de un mundo conformado por ámbitos
o dimensiones relativamente autónomas entre sí, el cual existe
como una realidad “objetiva” exterior a los sujetos, a la cual se
puede acceder por medio del desarrollo de las “adecuadas”
aproximaciones conceptuales y metodológicas, particulares y
propias de cada disciplina científica.
Es así, entonces, como se opera con la creencia en la
posibilidad de acceder a un conocimiento universal y objetivo de
la realidad, a una visión única y verdadera de las cosas, suponiendo
que las diferencias de visiones, de afirmaciones y de juicios
respecto a la existencia responden a ’insuficiencia’de
conocimiento y de objetividad.
Esta concepción es profundamente errónea, y es
imprescindible su superación para poder avanzar hacia una
concepción sobre nosotros mismos y nuestro papel en el universo,
más realista, menos destructiva y más amorosa.
A continuación presentaré un conjunto de argumentos,
que buscan proveer evidencias experienciales que ayuden a
modificar las concepciones dominantes ya señaladas. Los he
organizado para efectos de presentación (pedagógica y
mnemotécnica) en la forma de axiomas.
36
UNA NUEVA VISIÓN
Supuesto 1: No todo lo que vemos es como parece ser
Las figuras que a continuación se presentan representan
los célebres dibujos de Heiring y Zöllner, en que las rectas, que
son rigurosamente paralelas, no lo parecen por el contraste de su
paralelismo con la convergencia de otras líneas convenientemente
dispuestas.
Este ejercicio o experiencia permite afirmar la existencia
de un principio del engaño de los sentidos: la percepción de los
datos que afectan nuestros sentidos puede ser engañosa. Existe
una mediación efectuada por nuestros dispositivos visuales que
conduce a que la interpretación de los datos no se corresponda
necesariamente con lo que existe “verdaderamente” en la realidad.
Algo parecido puede ocurrir con nuestros otros sentidos.
Posiblemente todos en algún momento hemos vivido la
experiencia de cruzar el dedo índice con otro dedo y jugar con
una bolita de vidrio o de pan y hemos sentido que no podíamos
distinguir con cual de ambos dedos tocábamos la bolita.
Supuesto 2: No todo lo que vemos es sólo lo que vemos
Este segundo axioma lo podemos llamar el principio de
la incompletitud. Siempre que vemos, sentimos o percibimos algo
es sólo una parte, un aspecto parcial de ese algo. A los seres
humanos nos está vedado constitutivamente acceder a la totalidad
del conocimiento o de la información, ya que somos creaturas,
esto es, seres creados.
Como nos lo señala Alfredo Aveline:
Figura 1
37
UNA NUEVA VISIÓN
Los alumnos entran a la sala y ven en la pizarra un dibujo
hecho por el profesor, un cubo. Observan todos un cubo
dibujado, sus doce aristas y ocho vértices, y lo ven como un
cubo. Esta es la segunda forma de
contaminación de la visión:
aquella que atribuye una realidad
inmediata, automática y concreta
a los objetos abstractos.
(Aveline,1991:50-51).
¿Quién no concordaría que se trata
efectivamente de un cubo? ¿Quién no
concordaría con su realidad, con la
existencia de sus seis lados, doce
aristas y ocho vértices? Cualquier persona que viese un número
diferente de lados, aristas y vértices estaría ciertamente
equivocada.
La imagen de un cubo penetra nuestra mente sin dejar
señales, parece enteramente natural, absolutamente correcta,
estamos completamente indefensos frente a eso.
El cubo, no en tanto, como evidenciado por L. Wittgestein
en el Tractatus, permite que se evidencie con claridad aún mayor
este proceso de contaminación. Cuando observamos vértices
diferentes (experimente observar en el Gráfico 3 un vértice “a”
del cubo, y después observe un vértice “b”),
vemos ¡clara y nítidamente cubos
diferentes! ¿Cómo es eso posible si el
cubo diseñado no fue alterado, y es el
mismo que siempre fue? ¿Cómo es
posible que una misma realidad concreta
(el dibujo) sea capaz de ofrecer
diferentes visiones al mismo observador,
bastando apenas con este cambio de
lugar del punto focal de su visión de una posición para otra en el
mismo dibujo?
a
b
Figura 2
Figura 3
38
UNA NUEVA VISIÓN
Si la imagen del cubo que surge en nuestra mente es
perfectamente normal y natural, ¿por qué, del mismo modo natural
y normal, surge una otra imagen con la misma apariencia de
realidad para el mismo objeto? La concretitud con que estos
objetos aparecen es la segunda forma de contaminación de la
visión: aquella que atribuye una realidad inmediata, automática
y concreta a los objetos abstractos.
En este punto podemos entender el significado de
“contaminación” en la experiencia con objetos abstractos, o sea,
podemos comprender el sentido de la expresión “perturbación
involuntaria y automática del proceso de comprensión por el
surgimiento de ideas e imágenes mentales en experiencias
cognitivas con objetos abstractos”.
No obstante lo anterior, los seres humanos podemos,
como lo veremos más adelante, a partir de lo concreto y de lo
específico, de algo que sólo constituye una parte o porción de
una realidad mayor, conferir una significación de ésta en relación
al todo o asignar una inteligibilidad a las partes desde el todo.
Supuesto 3: No todo lo que vemos es lo que todos vemos
A este axioma lo he llamado principio de la aceptación
de las diferencias o principio de la tolerancia, y dice relación
con aquella afirmación a la que hace referencia Humberto
Maturana:
En la vida diaria de la tradición greco-judeo-cristiana a la cual
nuestra moderna cultura científica y tecnológica pertenece, la
realidad y lo real son argumentos que usamos en nuestra
coexistencia humana cada vez que intentamos forzar a otro
ser humano, sin usar la fuerza, a hacer algo que queremos, y
que el otro no hará espontáneamente. Lo mismo pasa en esta
tradición con las nociones de razón y racionalidad que usamos
como argumentos para obligar o convencer, bajo el supuesto
cultural implícito que a través de ellos nos referimos a verdades
trascendentales universales.” (Maturana, 1997:115)
39
UNA NUEVA VISIÓN
El dibujo que se presenta a continuación permite realizar la
experiencia siguiente, preguntar a quienes lo ven, qué es lo que
ven allí.
La descripción que, casi automáticamente, hacen aquellos
a quienes se les pregunta eso, es afirmar que allí se ve la esquina
de una construcción (una casa) con una
ventana bajo la cual hay dos personas.
Algunos lo ven desde el exterior y otros
desde el interior de la construcción,
pero todos ven lo mismo: la esquina de
una casa y una ventana.
La respuesta obtenida para este
mismo ejercicio realizado en África
con campesinos africanos, es que allí
se ve un árbol y dos personas, una de
las cuales lleva un bulto en la cabeza.
La explicación a lo anterior es que la gente sólo puede
ver aquello que está relacionado con su propia historia, con su
experiencia. Los africanos no ven casas porque sus casas no tienen
esquinas, sus viviendas son circulares, y no ven ventanas porque
sus viviendas no las tienen, la ventilación la obtienen por el techo.
Siguiendo a Humberto Maturana podemos afirmar que
la gente escucha lo que ya está en su propia escucha. (Maturana
1991:60)
Supuesto 4: No todo lo que vemos existe
Este axioma, al cual he denominado principio de la
ilusión fenoménica o de la construcción mental, nos muestra que
nuestros procesos cognitivos son construcciones hechas a partir
de la información provista por nuestros sentidos. Nuestra
condición hermenéutica lo que hace es organizar los datos y buscar
asignarles un sentido.
En el gráfico 5 vemos “inmediatamente” un cuadrado;
Figura 4
40
UNA NUEVA VISIÓN
pero ese cuadrado no está en
ninguna parte, es una
construcción mental hecha a
partir de la información que
se nos presenta. Como lo
señala Bart Kosko:
Las redes neuronales
de nuestros ojos y nuestro
cerebro producen y
mantienen la ilusión del
cuadrado de Kanisza, con sus
falsos límites y su interior
brillante. No está en la
página. No es un nóumeno kantiano o una cosa ‘en sí misma’ que
esté más allá de nuestros sentidos. Es un fenómeno de nuestros
sentidos y nuestro cerebro.” Kosko (1995:263)
Supuesto 5: Si vemos todo no vemos nada
Al ver el espacio enmarcado en una pantalla, una hoja o
una pared en blanco, podemos preguntarnos qué tenemos allí, y
la respuesta será: “todo y nada”. Ese espacio puede ser
interpretado como conteniendo un universo completo de
información o por el contrario como una ausencia absoluta de
información. Puesto que si pensamos en una pantalla cuyos puntos
(pixeles) se encuentran todos con información, tendremos una
pantalla en blanco o en negro. La totalidad de información se
transforma así en el equivalente a cero información.
De allí que a este axioma lo he llamado principio de la
saturación o de la completitud. Busco dar así cuenta del hecho
que apuntaba Gregory Bateson respecto a la condición
cognoscitiva del ser humano:
Los órganos sensoriales humanos únicamente pueden recibir
noticias sobre diferencias, y esas diferencias, para ser
perceptibles, deben estar codificadas en sucesos que acontecen
Figura 5
41
UNA NUEVA VISIÓN
en el tiempo (o sea, deben estar codificadas en cambios).
(Bateson, 1990:64)
Nuestro conocimiento opera en base a información, y las unidades
de información se producen en la discontinuidad, esto es, en la
incompletitud. La continuidad implica la ausencia de fracturas
en la realidad, todo está conectado con todo. Sin embargo,
nosotros no podemos dar cuenta del todo porque es algo que
trasciende nuestra capacidad. Sólo podemos operar en cuanto
seres discontinuos, deshaciéndonos permanentemente de parte
de nuestro existir, desconectándonos de preocupaciones, dolores,
sufrimientos pero también de alegrías y gozos. La vida es una
permanente transición entre sístole y diástole, entre contracción
y relajación, entre esfuerzo y descanso.
Bateson señala al respecto que:
(…) tenemos una notoria dificultad para detectar un cambio
gradual, porque junto con nuestra gran sensibilidad al cambio
rápido está el fenómeno del acomodamiento. Esto debido a
que los organismos se habitúan. (Ibid., 1990:86)
Afirma asimismo que:
Análogamente, nos es muy difícil
percibir cambios en nuestras
propias relaciones sociales, en la
ecología que nos rodea, etc.
¿Cuántas personas se percatan de
la asombrosa merma en el
número de mariposas que vuelan
por nuestros jardines, o del
número de pájaros?. Estas cosas
sufren un cambio drástico, pero
nos acostumbramos al nuevo
estado de cosas antes de que
nuestros sentidos puedan Figura 6 (una página en blanco)
42
UNA NUEVA VISIÓN
decirnos que es nuevo. (Ibid., 1990:87)
Bateson se pregunta, si acaso los seres humanos estaremos en
una condición similar a la de una rana, a la cual se la está cociendo
en una cacerola, pero siendo incapaz de saltar fuera de ella porque
no logra percibir el cambio en la temperatura del agua, debido a
que la gradiente de elevación de la temperatura es percibida por
la rana como una constante. Y en nuestro caso estamos
modificando nuestro ambiente con una contaminación en lento
aumento y pudriendo nuestro espíritu con una religión y una
educación en lento deterioro.
Y arguye como explicación de lo anterior:
Y como precisamente el espíritu sólo puede recibir noticias
acerca de la diferencia, resulta difícil discriminar entre un
cambio lento y un estado. Hay por fuerza un umbral de
gradiente por debajo del cual el gradiente no puede ser
percibido. (Ibid., 1990:87)
Supuesto 6: No todo lo que vemos es posible expresarlo en
palabras
A este axioma lo he llamado principio de la
indescriptibilidad.
¿Es posible relatar una emoción? ¿Es posible especificar
un sentimiento? ¿Es posible describir la belleza, el amor, la verdad,
el sufrimiento, la compasión? ¿Es posible pormenorizar y explicar
a la vida, a la muerte, a Dios? Tal vez sea posible hacerlo, pero
siempre será sólo un pálido reflejo de aquello que se busca
describir.
Puede ser esa la razón por la cual la mayor parte de las
tradiciones religiosas se refieren al Ser Supremo, a su Dios, como
el innombrable. Usan una palabra que etimológicamente significa
aquello que no se puede nombrar.
43
UNA NUEVA VISIÓN
Posiblemente todos, en algún momento, hemos vivido
algún tipo de experiencia, que se caracteriza por su carácter
mágico y casi inefable, alguna vivencia indecible, indescriptible
e inenarrable. Hay en ellas algo de sublime y absolutamente
distante de lo que constituye nuestra existencia cotidiana. Las
emociones que experimentamos en esos momentos son algo que
resulta imposible de compartir. En esas situaciones solamente
podemos sentir, permitirnos la expresión de nuestros sentimientos
y emociones muy profundas, y habitualmente la intromisión de
la conciencia, requerida para comunicar mediante el lenguaje las
emociones que nos embargan, quiebra el fluir de ellas y
discontinúa la experiencia. ¿Quién al tratar de comunicar un
sentimiento (evocado por una melodía, un recuerdo, un paisaje o
una imagen) no ha vivido la experiencia de romper la magia del
momento? El lenguaje y el pensamiento discontinúan nuestro
sentir.
Hay una separatividad de nuestras conciencias que nos
impide compartir más allá de lo que el pensamiento y el lenguaje
- o lo que es lo mismo - las ideas y las palabras, permiten expresar.
Somos prisioneros de nuestras conciencias individuales, tanto
para comunicar a otros lo que sentimos como para establecer la
continuidad de nuestro sentir. La intervención de nuestra
conciencia interrumpe el flujo de nuestros sentimientos y
emociones e impide investigar su carácter. Si son placenteros o
agradables o por el contrario si nos perturban y provocan dolor.
La valoración respecto al carácter de nuestras emociones es
siempre un proceso a posteriori de consumadas esas vivencias.
4. Propuesta esquemática respecto de la condición
humana (puntos para abrir un diálogo)
Un aspecto, a mi entender, imprescindible de debatir es
nuestra condición humana. Presento a continuación un conjunto
de hipótesis que pretenden abrir una reflexión y diálogo sobre
las concepciones que los seres humanos tenemos respecto a
44
UNA NUEVA VISIÓN
nosotros mismos.
1. Somos seres físicos y biológicos
Nuestras formas de vida actuales, absolutamente artificializadas
nos han empujado a olvidar que los seres humanos somos una
curiosa e insondable combinación de cuerpo y mente, de espíritu
y materia. Hemos perdido progresivamente la conexión con la
Naturaleza y con todo lo que nos rodea y nos permite vivir. Hemos
descuidado esa relación mágica y mística con la vida en todas
sus expresiones. Hemos ido extraviando la relación con los lugares
propios, con el territorio y el paisaje, con aquello que nos ancla y
asienta en una localidad, en un domicilio conocido, habitual y
peculiar. Hemos ido olvidando nuestra materia prima, nuestra
animalidad. Hemos ido borrando todas aquellas de nuestras
huellas que tienen un origen mamífero. Hemos ido perdiendo
incluso el uso de algunos de nuestros sentidos, del olfato, del
oído, del tacto. Es imprescindible recuperar el valor inherente de
lo vivo, volver a aprender a ser y estar en la Naturaleza, a revalorar
la importancia de la comunidad biótica como nuestra comunidad
de intereses.
Ese olvido de nuestra constitución física y biológica no
ha empujado a perder esa relación con lo viviente y a desconocer
que la vida es un valor absoluto y sagrado. Conformándose así
una visión antropocéntrica que nos ha llevado a deshumanizar la
conciencia humana, ya que nos habituó a convivir con la idea de
la violencia y del predominio del fuerte sobre el más débil, al
desprecio de la diversidad y del sufrimiento ajeno, a la negación
de la exigencia vital de las creaturas no humanas.
La ética universal del biocentrismo tiende a la superación
de la barrera del derecho al respeto, a la libertad y a la vida,
limitada sólo a los seres humanos, ampliándola a los miembros
de las otras especies vivas. Toda violencia y toda injusticia surgen
de la incapacidad del ánimo humano de compartir el sufrimiento
ajeno. La indiferencia hacia el dolor y la muerte de otras formas
45
UNA NUEVA VISIÓN
de vida a las cuales se mata, para disfrutar y utilizar en beneficio
propio, torna insensible al ser humano al sufrimiento y muerte de
sus mismos semejantes: los otros humanos.
2. Somos seres creados. Criaturas y no creadores.
Hay una tentación prometeica propia de nuestra
civilización contenida en la Ideología del Progreso: el llegar a
ser como dioses, esto es creadores.
Las creaturas sólo pueden ver las partes, únicamente los
creadores pueden ver el todo.
Los seres humanos en cuanto creaturas requerimos de
mapas para dar cuenta de la realidad…; pero los mapas son sólo
eso, mapas. Vivimos en territorios pero pensamos en mapas, esto
es en representaciones del mundo o realidad. Construimos mapas
conceptuales o mapas emocionales para movernos en el mundo,
que en cuanto tales, implican vivir siempre en algún grado de
quiebre. Ansiamos, anhelamos, deseamos la transparencia en el
existir, pero sólo eventualmente podemos experimentarla.
El mapa es siempre un fragmento de territorio, una
porción de realidad. Si la escala es muy grande podemos ver más
pero con menos profundidad e intensidad. Si la escala es pequeña
perdemos la visión de conjunto, podemos ver islas o islotes pero
no archipiélagos o continentes. Si vemos continentes no vemos
contenidos, y así sucesivamente.
Sólo un ser supremo o una conciencia universal podría
ver y experimentar simultáneamente el origen y el final de lo
creado, así como de cada momento del acontecer pasado, presente
y futuro.
Mientras que los seres humanos vivimos en un
permanente presente, que va cambiando, que va haciendo una
historia, que va construyendo un pasado, pero que en cuanto tal
se torna exterioridad, lo que fuimos, que es algo ya distinto de lo
que somos. Del mismo modo, el futuro en cuanto tal es siempre
una ilusión, no es algo real, puede ser un sueño o una pesadilla
46
UNA NUEVA VISIÓN
pero siempre es una hipótesis, es una promesa, es una
probabilidad, pero que en cuanto se hace presente desaparece
como tal. De ahí entonces que sea posible ver nuestra existencia
como una foto, que puede cambiar y que de hecho cambia
permanentemente pero que nunca podremos experimentar como
una película o como un video, en tal sentido nuestro estar en el
mundo es irremediablemente sincrónico, experimentamos o
sentimos sólo en el presente. Sin embargo a la vez somos historia,
pero no ‘el’ futuro, sino que proyectados al futuro, pues el presente
también desaparece y se transforma en pasado, en recuerdo, en
memoria. Ahora bien, eso no es ser sincrónicos, sino seres
diacrónicos, permanentemente inacabados e incluso inacabables.
Y allí se da la principal paradoja de la existencia humana,
por cuanto si bien somos seres diacrónicos, no podemos vivir
porque lo único que tenemos ante nuestra conciencia, ante
nuestros sentidos, son nuestras percepciones, ideas y emociones,
ellas son siempre presentes, en cuanto experiencia. No podemos
experienciar, esto es vivir, si no en el presente. Lo otro será
evocación, recuerdo, añoranza, esto es pasado traído al presente
por nuestra conciencia, en cuanto ya experienciado. O será
esperanza, expectativa, promesa, perspectiva, posibilidad, esto
es futuro traído al presente, en cuanto algo a experienciar.
3. Somos seres hermenéuticos.
Somos seres asignadores de sentido, constructores de
interpretaciones.
No tenemos acceso directo a la verdad, en cuanto
correspondencia absoluta con la realidad. Nuestros sentidos filtran
ya la realidad, la reducen, la acondicionan, acomodan la
información proveniente de la realidad a nuestra escala perceptiva,
a los límites perceptivos propios de nuestra naturaleza y
obviamente así le asignan ya una significación. Nuestra conciencia
recoge esa información significativa y la conecta con nuestra
historia, con el corpus acumulado de significaciones anteriores
47
UNA NUEVA VISIÓN
ya procesadas por nuestra conciencia. Resignificando así
permanentemente toda la información acumulada con la nueva
información que recibe.
Las palabras siempre tienen una carga hermenéutica, de
valor, no son inocentes, ya que asignan sentido, introducen
significaciones. Es parte de nuestra condición –como lo señala el
aforismo italiano traduttore traditore, traductor traidor– sesgar
irremediablemente la realidad.
Pero a la vez podemos asignar sentido, discernir,
interpretar, significar, atribuir dirección, intencionalidad, señalar,
conceptuar, nominar, a todos los fenómenos, a todas las entidades,
a todo el universo, a nosotros mismos y a otros, incluso a los
dioses.
De allí la importancia de hacer uso riguroso de la
semiología, del registro y observación de la historia natural y de
la dimensión del fenómeno, para evitar la arbitrariedad, el
narcisismo, la locura y para precavernos de la cuota inevitable de
error que portamos dada nuestra etnocentricidad y nuestro
reduccionismo.
4. Somos seres lingüísticos o de lenguaje, esto es seres
comunicativos.
Los seres humanos, existimos en y por el lenguaje. Sin
lenguaje no habría sido posible la humanización y la cultura, esto
es la evolución desde una condición animal de primate a una
condición distinta, la humana. Toda la investigación y reflexión
de varias décadas de Humberto Maturana, apunta a confirmar la
condición lingüística, comunicativa de los seres humanos:
Somos concebidos, creemos, vivimos y morimos inmersos en
las coordinaciones conductuales que involucran las palabras
y la reflexión lingüística, y por ello y con ello, en la posibilidad
de la autoconciencia y, a veces, en la autoconciencia. En suma,
existimos como seres humanos sólo en un mundo social que,
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UNA NUEVA VISIÓN
definido por nuestro ser en el lenguaje, es el medio en que nos
realizamos como seres vivos, y en el cual conservamos nuestra
organización y adaptación. (Maturana, 1995a:13)
Maturana afirma que la condición humana deriva de la capacidad
desarrollada en un linaje de primates, los homínidos, para
“lenguajear”. Esta capacidad surge porque en esos primates se
dan ciertos atributos que hacen posible el surgimiento del
lenguaje, estos son el desarrollo de relaciones de cooperación,
esto es en el compartir alimentos, en la colaboración de machos
y hembras en la crianza de los niños, en el encuentro sensual
individualizado recurrente, en el conversar y en el placer de vivir
en el conversar. Sostiene que:
(...) lo central del fenómeno social humano es que se da en el
lenguaje, y lo central de lenguaje es que sólo en él se dan la
reflexión y la autoconciencia. (Maturana, 1995a:16)
Por otra parte señala que:
(…) son palabras sólo aquellos gestos, sonidos, conductas o
posturas corporales, que participan como elementos
consensuales en el fluir recursivo de coordinaciones
conductuales consensuales que constituye el lenguaje.
(Maturana, 1995a:20)
Por otra parte Giannini afirma que:
(…) el hombre al comunicar, es portador de una experiencia
personal; pero como lo hemos manifestado, también lo es sin
saberlo de una experiencia colectiva e histórica; arcaica, a
veces. Cuando se examina el discurso corriente –el habla– en
sus grados de significabilidad, debería tenerse esto en cuenta.
(Giannini, 1988:68)
5. Somos seres metaforizantes, creadores de símbolos y de
cultura.
Somos seres metafóricos. Ello porque nuestro lenguaje
49
UNA NUEVA VISIÓN
es polisémico, es equívoco, no es unívoco. Nuestras escuchas
interiores son distintas. Por lo tanto debemos manejarnos más
bien con orientaciones, indicando cardinalidades, para eso nos
son necesarias las metáforas.
Lakoff y Johnson (1995) señalan que es importante darse
cuenta de que la manera en que hemos sido enseñados a percibir
nuestro mundo no es la única, y que es posible abrirse a ver más
allá de las “verdades” de nuestra cultura.
Es imposible la existencia de una comunicación unívoca,
esto es, de un tipo de comunicación en la cual el contenido
comunicativo tenga un valor similar tanto para el emisor como
para el receptor, ya que todo mensaje está mediado por una
multiplicidad de factores intervinientes que terminan alterando
de una manera incluso radical el contenido inicial. De allí entonces
la necesidad de asegurar mediante el operar metafórico del
lenguaje el logro de ciertos contenidos comunicativos mínimos.
Por otra parte, somos también seres que se cuentan
cuentos a sí mismos y sobre sí mismos. Nos es imposible
aceptarnos plenamente en la pequeñez e insignificancia de nuestra
existencia, de nuestro pensar y operar tan limitado y acotado en
relación a la magnitud del ambiente en el cual vivimos y en el
universo del cual formamos parte. De allí que necesitemos
historias, mitos, cuentos que nos hagan soportable la limitación
y trivialidad de nuestro operar en el mundo. Lo paradójico, sin
embargo, es que a pesar de lo anterior, la singularidad de nuestro
existir individual, es imprescindible para que el mundo o universo
sea lo que es. Sin la propia existencia individual el universo entero
sería otro distinto. El que no podamos ser capaces de comprender
y apreciar adecuadamente esto, no es no obstante argumento para
que se afirme que no es así.
Porque somos asimismo creaturas orientados a la
trascendencia, que buscan darle sentido a su existencia, que
persiguen trascender su propio existir. Seres capaces de
metaforizar la metáfora, que están referidos y alimentados por
sueños y utopías. Que buscan y logran pasar de una forma de
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UNA NUEVA VISIÓN
reproducción simple a su reproducción ampliada, esto es a la
reproducción de la reproducción, al pensar sobre su pensar, a la
creación de cultura, esto es historia materializada y en cuanto tal,
expresión de realidad siempre presente.
La metáfora es uno de nuestros instrumentos, sino el más
importante, para tratar de entender parcialmente lo que no es
posible entender en su totalidad: nuestros pensamientos, nuestras
emociones profundas, las experiencias estéticas, las prácticas
morales y la conciencia espiritual.
Lakoff y Johnson dicen al respecto lo siguiente:
Es como si la capacidad de comprender la experiencia por
medio de metáforas fuera uno más de los sentidos, como ver,
tocar u oír, como si las metáforas proporcionaran la única
manera de percibir y experimentar muchas cosas en el mundo.
La metáfora es una parte de nuestro funcionamiento tan
importante como nuestro sentido del tacto, y tan preciosa como
él. (Lakoff y Jonson, 1995:283)
6. Somos seres sociales (sociables).
Cada uno de nosotros existe dentro de esa matriz del ser
que es el universo. Estamos constitucionalmente
conectados con las manifestaciones del ser que nos
rodean. Nadie existe aislado de la extensa red de
relaciones, gravitacionales, genéticas y vibratorias, entre
otras. Todo en el cosmos emerge de esta red. Una
manifestación del ser es una concentración de energía,
atracción y comunión elemental. La subjetividad de cada
ser, su profundidad e interioridad, es un rostro del misterio
último del universo. Cada uno de nosotros es único, pero
no un ser aparte. (Spretnak, 1992:138)
Los seres humanos somos seres sociales: vivimos nuestro
ser cotidiano en continua imbricación con el ser de otros.
Esto, en general, lo admitimos sin reservas. Al mismo
51
UNA NUEVA VISIÓN
tiempo los seres humanos somos individuos: vivimos
nuestro ser cotidiano como un continuo devenir de
experiencias individuales intransferibles. Esto lo
admitimos como algo ineludible. Ser social y ser
individual parecen condiciones contradictorias de
existencia. (Maturana, 1995a:3)
Somos seres sociales. Necesitamos del otro para humanizarnos,
para evolucionar, para desarrollarnos, para trascender. El
individualismo extremo, construido culturalmente por Occidente,
nos ha hecho olvidar que la existencia humana es por antonomasia
social. Ello nos ha llevado a desarrollar un constructo cultural
cual es la noción de individuo y a sobredimensionar el concepto
de identidad individual.
Pero, como se aprecia en la figura anterior, todo lo que
asumimos como propio es parte de una historia, en la cual hay
múltiples actores. Toda individuación se da en una interacción
recurrente y continua con otros individuos. Somos el resultado
de esas interacciones, de esas relaciones sociales. La humanidad
propia se constituye en la interdependencia entre lo que llamamos
el adentro y el afuera, o entre el yo y la alteridad.
Desde esa perspectiva al analizar que es lo
irreductiblemente propio de mi identidad, puedo descubrir que
lo que me define principalmente como individuo son mis
relaciones con otros individuos. Que el núcleo más íntimo y duro
Figura 7
EL ADENTRO
EL YO
EL EGO
EL UNO MISMO
EL AFUERA
LA OTREDAD
EL OTRO
EN EL ENTRE
LA ALTERIDAD
52
UNA NUEVA VISIÓN
de mi identidad es algo que está permanentemente cambiando
debido a esas relaciones, y que más bien lo que me diferencia de
otros seres humanos es la forma única y singular en la cual esas
interacciones o pertenencias a distintos ámbitos de la existencia
social se intersectan, produciendo algo así como áreas de mayor
centralidad o secancia, donde muchas pertenencias convergen y
otras donde no ocurre lo mismo (ver figura 8). Incluso aún en
aquellas áreas menos compartidas, la pertenencia se define en
función de la relación con otros.
Es nuestra condición social la que nos humaniza, la que
nos hace más plenamente humanos. Por el contrario, el
individualismo nos torna seres egoístas, autoreferidos,
egocéntricos, desconfiados, ególatras, desconsiderados,
ambiciosos y mezquinos. El concepto de con/vivencia da cuenta
de un fenómeno propio aunque no exclusivo de lo humano, cual
es el convivir, el vivir con. La existencia humana se lleva a cabo
inevitable e inexorablemente en un contexto de convivencia. Ello
en razón de nuestra ausencia de autosuficiencia.
La autonomía será siempre para el ser humano una utopía.
Podemos perseguirla, buscarla, avanzar hacia ella, pero siempre
Figura 8
HIJO
PROFESIONAL
CREYENTE
VARÓN
ADULTO
PROGRESISTA
PADRE
CHILENO
53
UNA NUEVA VISIÓN
será algo inalcanzable; porque somos seres fracturados,
fragmentados, limitados, seres en búsqueda de un sentido, de una
dirección, seres en proceso de hacernos a nosotros mismos, seres
perfectibles y no perfectos, seres humanos y no dioses: ¡por suerte!
Somos a la vez seres que transitamos en la más absoluta
soledad, con un ansia eterna de fusión, seres que fuimos
expulsados del útero materno y así gracias a ello pudimos
individuarnos, hacernos distintos, singulares, comenzando a vivir
lo propio, lo específico, en cuanto seres vivos únicos y
absolutamente singulares en el universo. Pero a la vez seres
marcados en lo más íntimo de nuestra identidad por nuestra
pertenencia común a una existencia que nos transciende y de la
cual sólo somos una parte, una pequeñísima parte. Y en esta
tensión, entre esa identidad de origen perdida por la expulsión
del paraíso perdido (metáfora del útero materno), y esa identidad
que buscamos en el proyecto (nuestros sueños y utopías: el paraíso
anhelado), es donde transitamos como seres fragmentados,
pedazos o trozos, segmentos o partes, en busca persistente e
ilusionada, fantasiosa y fantasmagórica de una suma. Anhelando
y deseando la fusión, la integridad, la totalidad; y
‘conformándonos’, es decir, dándonos forma con aquello que nos
es posible: con la aceptación, con la convivencia, con la cogestión.
Y aquí es donde surge la paradoja, pues para liberarnos
de nuestra condición instintiva, de nuestras pasiones o pulsiones
incontrolables debemos hacerlo transitando a través de la
convivencia; aprendiendo con otros y de otros a autolimitarnos,
para poder así alcanzar mayores grados de libertad tanto personal
como colectiva. Vale decir, es la existencia del límite que nos
acota, que nos define, que nos restringe, la existencia y
convivencia junto al otro, el elemento esencial para poder
desarrollar el control sobre nosotros mismos; el cual nos permite
y hace posible, operacionalizar nuestro existir, transformar nuestro
operar en algo que tiene un propósito, que nos conduce hacia
alguna dirección, en algún sentido. Y es justamente este elemento
restrictivo, acotante pero a la vez liberador, el que nos hace posible
54
UNA NUEVA VISIÓN
comenzar a ejercer nuestra voluntad y libertad, es decir nuestro
albedrío.
No es posible, entonces, sin este cuadro restrictivo que
nos coloca la convivencia –es decir la existencia con, e incluso,
en el otro–, que lo humano pueda constituirse. Somos por
consiguiente seres referidos irremediablemente al otro, a la
alteridad, a la otredad. Seres que sólo pueden humanizarse en su
existencia social.
7. Somos seres éticos.
Nuestra condición ética emana de nuestra naturaleza de
creaturas, de seres creados y que consecuentemente vivimos
tensionados por nuestras limitaciones. Seres que no tenemos todo
el tiempo del mundo, ni somos ubicuos. Seres que estamos
sometidos a la flecha del tiempo y cuya vida es un tránsito entre
el nacimiento y la muerte. Somos seres que debemos estar
permanentemente optando entre el bien y el mal o entre el error y
la verdad, pero no eligiendo entre bienes o verdades absolutas,
sino que casi siempre relativas. Optando entonces siempre entre
gamas intermedias, no entre el blanco y el negro, sino que entre
grises, ya que también el bien contiene algo de mal, la verdad
una parte de error, éste algo de verdad... es decir, en una realidad
donde no hay certezas, donde nada es absoluto, donde todo es
“borroso” y paradójico.
Seres que podemos ser felices o infelices, satisfechos o
rebeldes, libres o esclavos. Seres tensionados que debemos
transitar entre la alegría y el dolor, entre el éxito y el fracaso,
entre el apego y el desapego, entre la autonomía y la heteronomía.
Seres abiertos y no clausurados. Pero a la vez seres entrampados,
circulares, rutinarios, anclados en la certeza, recursivos (“el único
animal que tropieza dos veces con la misma piedra”), excluyentes
y excluidos, y además etnocéntricos.
Somos seres que nos construimos a nosotros mismos, que
esculpimos nuestros cuerpos, que cultivamos nuestros espíritus,
55
UNA NUEVA VISIÓN
que desarrollamos moralidad; seres que desplegamos
competencias, habilidades y destrezas; seres que tenemos
capacidad de aprendizaje (capaces de aprender de nuestra historia;
y además seres capaces de hacer nuestra propia historia. Pero a
la vez somos seres tautológicos, seres que no podemos trascender
a nuestras propias definiciones, ya que ellas nos enmarcan y nos
condicionan. Sin embargo, pese a todo, y precisamente por todo
somos seres singulares, únicos en el universo de lo existente.
Los seres humanos buscamos referirnos a lo verdadero,
lo correcto y lo bueno. Nuestra condición ética está anclada en
nuestra propia naturaleza. Es más fácil ser veraz que mentir.
Mentir nos genera complicaciones porque deberemos estar
ajustando todas nuestras afirmaciones futuras para hacerlas
coherentes con la mentira. Al hacer así se nos torna imposible
operar en la transparencia del existir y viviremos en un permanente
quiebre. Algo similar nos ocurre con el provocar deliberadamente
un dolor o sufrimiento a otro ser humano, o al actuar de manera
injusta o abusiva con alguien. Podemos hacerlo pero siempre una
evaluación a posteriori, nos hará considerarlo un error.
Nuestra condición ética primordial es la que nos hace
rebelarnos contra toda injusticia ejercida contra nosotros. Es ella
nos empuja hacia la búsqueda de vivir como seres libres.
NOTAS
(1) Según Jorge Luis Borges, “en la figura que se llama
oxímoron, se aplica a una palabra un epíteto que parece
contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los
alquimistas, de un sol negro”.
(2) Los puntos 3 y 4 son una versión ampliada y
corregida del artículo «Acerca de la condición humana» publicado
en Puercoespín. Revista de la Escuela de Psicología de la
Universidad Bolivariana. Nº 2/3, Santiago, 2003.