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rotsen13

Usuario (Bolivia)

Primer post: 5 ago 2011Último post: 5 ago 2011
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una nueva visión
Ciencia EducacionporAnónimo8/5/2011

1. El Desarrollo Sustentable. Una nueva cosmovisión a historia del concepto de desarrollo sustentable muestra que es este un concepto equívoco y polisémico, e incluso casi vacío. Hay desde quienes lo consideran un oxímoron (1), como Herman Daly (1991), si es que se lo entiende como crecimiento sustentable, hasta quienes lo han convertido en la versión actualizada del ya no tan nuevo rito desarrollista. Cada cual usa el concepto de sustentabilidad según mejor conviene a su particular interés y visión de mundo. La tan conocida versión de “aquel desarrollo que atiende las necesidades de las generaciones presentes sin menoscabar las necesidades de las futuras generaciones” (Bruntdtland, 1986), encubre un acuerdo tácito de no profundizar en dicha definición, ya que de haber sido así gran parte de los acuerdos de la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente de Río 1992 no habrían podido adoptarse. Sin embargo, pese a lo anterior la noción de sustentabilidad, como ya lo señalábamos en otro trabajo (Elizalde, 1992), ha permitido introducir un criterio para juzgar las instituciones y las prácticas vigentes en las llamadas sociedades modernas. Al igual que muchos otros conceptos en la historia de las ideas, hay una cierta parte de novedad intrínseca al concepto, que al ser tal ya comienza a cuestionar ideas previas y a abrir paso a otras concepciones distintas de las dominantes. Tengo la convicción de que es imprescindible que transitemos L 30 UNA NUEVA VISIÓN hacia una nueva cosmovisión que substituya la aún vigente. La idea de sustentabilidad puede ayudarnos a diseñar y dibujar una nueva visión, una nueva comprensión, una nueva cosmología, urgente y necesaria para enfrentar los enormes desafíos que enfrentamos. El cambio fundamental de realizar no está en el plano de la tecnología, ni de la política o de la economía, sino que está radicado en el plano de nuestras creencias, son ellas las que determinarán el mundo que habitemos. Como lo señala Leonardo Boff: En todas las culturas, con cada gran giro en el eje de la historia se produce una nueva cosmología. El nuevo paradigma ecológico produce un efecto semejante. (Boff, 1996:53). En la actualidad nos encontramos en un momento histórico crucial, que algunos como Capra (1985) han calificado de punto de inflexión (turning point). Aparece entonces cada día como más evidente la necesidad de transitar hacia una nueva cosmología, entendiendo ésta como lo sugiere Boff (1996, 53): (...) la imagen del mundo que una sociedad se da a sí misma, fruto de la ars combinatoria de los saberes más variados, tradiciones e intuiciones. Esa imagen sirve como religación general y confiere la armonía necesaria a la sociedad, sin la cual las acciones se atomizan y pierden su sentido dentro de un sentido mayor. Tarea de la cosmología es religar todas las cosas y crear la cartografía del universo. Y eso normalmente lo elaboran las grandes narraciones cosmológicas. (Boff, 1996: 53) Dicha cosmología será el producto de variados aportes provenientes desde todos los ámbitos del quehacer humano, jugando allí roles muy importantes la economía y la tecnología. Por lo tanto parece indispensable modificar las concepciones actuales respecto a estas dos dimensiones de la cultura, ya que de 31 UNA NUEVA VISIÓN modificarse éstas será imposible transitar hacia una nueva cosmología. Es en estas dimensiones donde está anclada la hegemonía en las sociedades actuales, ya que todo el sistema de dominación se sustenta en las concepciones y creencias que respecto a las necesidades humanas, los recursos económicos, la riqueza y la pobreza, introduce la economía como ciencia de la escasez. El inadecuado abordaje del tema de las necesidades, que introduce concepciones erróneas que llevan a pensar en ellas como constantemente cambiantes, como ilimitadas y siempre crecientes, lo cual las hace prácticamente innumerables e inclasificables, es lo que nos ha conducido a pensar el desarrollo humano como un crecimiento infinito y permanente de las cosas. De allí la necesidad de una nueva propuesta que introduzca una concepción distinta de las necesidades humanas, cuestión que trataré en el punto siguiente. 2. Sobre el concepto de necesidad El modelo de “desarrollo” (crecimiento) económico imperante hoy en el mundo, es tributario de un sistema de creencias anclado en la Ideología del Progreso, y es (eventualmente) la culminación del paradigma científico moderno. De modo tal que es imprescindible la modificación de tal sistema de creencias si es que queremos alcanzar la sustentabilidad. En esta perspectiva adquiere pleno sentido la propuesta de una nueva teoría sobre las necesidades humanas como la planteada por los autores del Desarrollo a Escala Humana. Para ello es imprescindible cambiar en primer lugar la noción dominante respecto al concepto de necesidad. La necesidad entendida como análoga al deseo, tiene un carácter de infinitud que se retroalimenta a sí misma, ya que por cada necesidad satisfecha surgirán muchas otras necesidades que será necesario satisfacer. Lo anterior da origen a una concepción respecto al 32 UNA NUEVA VISIÓN sistema económico, definido a priori como orientado a la satisfacción de las necesidades humanas, como un sistema en permanente crecimiento, y que por tal razón está funcionalizado hacia el crecimiento. Es casi inconcebible para un economista pensar, por ejemplo, en el crecimiento cero. Casi toda la reflexión económica está organizada en torno al crecimiento. De allí entonces que haya sido necesario repensar y revisar la noción de necesidad. Si se piensa la necesidad humana como algo asociado a nuestra naturaleza como entes vivos, esto es asociado a nuestra biología y psicología constitutivas, hablamos entonces del ámbito fisio-neuro-psicológico donde se encuentra radicado aquello que llamamos “vida humana”. De ser así nos encontramos con la existencia de una naturaleza humana que en lo sustantivo ha cambiado muy poco a lo largo de la historia y a lo ancho de las culturas. Se trata por tanto de una ‘consistencia en lo humano’ compartida por todos los humanos en tanto seres humanos. Eso que llamamos Derechos Humanos, reconocido por el conjunto de la Humanidad, sólo puede tener un correlato de invarianza en el ámbito de las necesidades humanas, siendo éstas las mismas para el conjunto de aquellos que reconocemos como seres humanos. Sin embargo, en el plano de las teorías económicas e incluso psicológicas, se piensa (implícitamente) que algo tan sustantivo como las necesidades son infinitas, ilimitadas y siempre crecientes, afirmando de este modo la existencia de una naturaleza humana cambiante en el tiempo. De lo cual se derivaría lógicamente la existencia de distintas naturalezas humanas, y de allí a su vez, la de naturalezas de distintas categorías, algunas más evolucionadas que otras. Y por consiguiente se desprenderían de lo anterior distintos derechos, lo cual es una demostración ad absurdum de esta ilógica afirmación. No sería entonces posible afirmar la existencia de Derechos Humanos Universales. Surge entonces, por consiguiente, la necesidad de un nuevo concepto que dé cuenta de la dimensión aparentemente cambiante de la necesidad, el cual en nuestra teoría llamamos 33 UNA NUEVA VISIÓN satisfactor. Son estos los que cambian de cultura en cultura, de sociedad en sociedad, de pueblo en pueblo. Cada comunidad humana comparte un conjunto de satisfactores propios y específicos, que incluso la diferencian de otra comunidad. El elemento cambiante en el sistema teórico propuesto son los satisfactores, existiendo a la vez varios tipos de satisfactores, siendo algunos de ellos beneficiosos y otros dañinos al observarlos desde una perspectiva sistémica. La teoría más conocida respecto a las necesidades humanas y que está como sustrato de la noción de necesidades básicas, largo tiempo usada en las teorías desarrollistas, es la Teoría de Abraham Maslow (1975) quien afirma que existen cinco categorías de necesidades que se suceden en un orden ascendente. Las organiza en dos grandes bloques que establecen una secuencia creciente y acumulativa de lo más “objetivo” a lo más “subjetivo” de tal modo que el sujeto tiene que cubrir las necesidades situadas a niveles más bajos (más objetivas) para verse motivado o impulsado a satisfacer necesidades de orden más elevado (más subjetivas). La categorización de las necesidades corre el riesgo, como de hecho ocurre, de establecer esquemas jerárquicos, que suponen de facto un aislamiento de unas categorías de necesidades respecto de otras, estableciendo también, prioridades de unas sobre otras. De este modo, implícitamente, se afirma que el proceso de humanización o maduración humana transita desde la referencia a lo que llama necesidades fisiológicas, pasando por otros tipos hasta las necesidades de autorrealización o metanecesidades, posibles sólo de lograr cuando se ha satisfecho y dado cuenta de los niveles anteriores. Pero a la vez los conceptos de Maslow, al igual que otras concepciones sobre las necesidades, imponen una visión occidentalizada sobre las necesidades humanas que implica una visión reduccionista del mundo, con una sola concepción respecto al ser humano: blanco, rico, occidental y cristiano (y también varón si es posible). Algo similar ocurre con las concepciones 34 UNA NUEVA VISIÓN provenientes de autores, tales como Marcuse (1972) y Heller (1978), quienes desde la(s) teoría(s) marxista(s) relativizan el carácter de las necesidades humanas, al introducir nociones como las de necesidades “falsas” y “verdaderas”, o de necesidades “alienadas” y/o “represivas”, y necesidades “radicales”. La pregunta necesaria de hacerse entonces es: ¿quién y desde dónde determina dicho carácter? Se ha generado así, desde las concepciones ancladas en la Ideología del Progreso una visión de las necesidades como un sistema jerarquizado, donde algunas son más “necesarias” que otras (valga la redundancia) y que desconoce las interrelaciones y afectaciones mutuas. Desde una visión fragmentada del universo de las necesidades como ésta, es imposible acceder a descubrir la existencia del elemento faltante en las teorías tradicionales sobre las necesidades humanas, cual es el subsistema de satisfactores. En esa visión al no disponer de la noción de satisfactor se pasa directamente desde la necesidad (algo eventualmente reconocido universalmente y en tanto tal, objetivable) al deseo (algo esencialmente subjetivo). Los economistas han acuñado para resolver el problema una variable proxy del deseo que sería el concepto de preferencias, expresadas por las personas mediante el consumo. Constituyéndose así un corpus teórico extraordinariamente simplista en relación al universo de las necesidades humanas. Por tal razón es necesario contribuir a desmontar la visión dominante en nuestra cultura, lo cual requiere de una nueva epistemología que haga posible poder “ver” en su apropiada dimensión el nuevo concepto de Desarrollo a Escala Humana. 3. Algunos ejercicios heurísticos (para una desconstrucción epistemológica)(2) Nuestra mirada sobre la realidad se constituye a partir de mapas que describen un tipo de territorio, que si bien no se corresponden totalmente con el tipo de vivencias que constituyen 35 UNA NUEVA VISIÓN nuestro operar en el mundo, sin embargo nos resultan extremadamente seductores, por el escaso nivel de exigencia y rigor que nos demanda su aceptación. Sin embargo, gran parte de dichos mapas son meras ilusiones que nos han ido domesticando, correspondiéndose con una concepción del universo y del mundo en que vivimos de gran eficiencia para mantener el sistema de dominación que se nos ha ido imponiendo. Es escasa la capacidad crítica que hemos desarrollado para cuestionar las visiones dominantes en nuestro imaginario colectivo y que son producto del paradigma dominante hasta el día de hoy en el mundo de las ideas. Parte sustantiva de esta visión sostiene la existencia de un mundo conformado por ámbitos o dimensiones relativamente autónomas entre sí, el cual existe como una realidad “objetiva” exterior a los sujetos, a la cual se puede acceder por medio del desarrollo de las “adecuadas” aproximaciones conceptuales y metodológicas, particulares y propias de cada disciplina científica. Es así, entonces, como se opera con la creencia en la posibilidad de acceder a un conocimiento universal y objetivo de la realidad, a una visión única y verdadera de las cosas, suponiendo que las diferencias de visiones, de afirmaciones y de juicios respecto a la existencia responden a ’insuficiencia’de conocimiento y de objetividad. Esta concepción es profundamente errónea, y es imprescindible su superación para poder avanzar hacia una concepción sobre nosotros mismos y nuestro papel en el universo, más realista, menos destructiva y más amorosa. A continuación presentaré un conjunto de argumentos, que buscan proveer evidencias experienciales que ayuden a modificar las concepciones dominantes ya señaladas. Los he organizado para efectos de presentación (pedagógica y mnemotécnica) en la forma de axiomas. 36 UNA NUEVA VISIÓN Supuesto 1: No todo lo que vemos es como parece ser Las figuras que a continuación se presentan representan los célebres dibujos de Heiring y Zöllner, en que las rectas, que son rigurosamente paralelas, no lo parecen por el contraste de su paralelismo con la convergencia de otras líneas convenientemente dispuestas. Este ejercicio o experiencia permite afirmar la existencia de un principio del engaño de los sentidos: la percepción de los datos que afectan nuestros sentidos puede ser engañosa. Existe una mediación efectuada por nuestros dispositivos visuales que conduce a que la interpretación de los datos no se corresponda necesariamente con lo que existe “verdaderamente” en la realidad. Algo parecido puede ocurrir con nuestros otros sentidos. Posiblemente todos en algún momento hemos vivido la experiencia de cruzar el dedo índice con otro dedo y jugar con una bolita de vidrio o de pan y hemos sentido que no podíamos distinguir con cual de ambos dedos tocábamos la bolita. Supuesto 2: No todo lo que vemos es sólo lo que vemos Este segundo axioma lo podemos llamar el principio de la incompletitud. Siempre que vemos, sentimos o percibimos algo es sólo una parte, un aspecto parcial de ese algo. A los seres humanos nos está vedado constitutivamente acceder a la totalidad del conocimiento o de la información, ya que somos creaturas, esto es, seres creados. Como nos lo señala Alfredo Aveline: Figura 1 37 UNA NUEVA VISIÓN Los alumnos entran a la sala y ven en la pizarra un dibujo hecho por el profesor, un cubo. Observan todos un cubo dibujado, sus doce aristas y ocho vértices, y lo ven como un cubo. Esta es la segunda forma de contaminación de la visión: aquella que atribuye una realidad inmediata, automática y concreta a los objetos abstractos. (Aveline,1991:50-51). ¿Quién no concordaría que se trata efectivamente de un cubo? ¿Quién no concordaría con su realidad, con la existencia de sus seis lados, doce aristas y ocho vértices? Cualquier persona que viese un número diferente de lados, aristas y vértices estaría ciertamente equivocada. La imagen de un cubo penetra nuestra mente sin dejar señales, parece enteramente natural, absolutamente correcta, estamos completamente indefensos frente a eso. El cubo, no en tanto, como evidenciado por L. Wittgestein en el Tractatus, permite que se evidencie con claridad aún mayor este proceso de contaminación. Cuando observamos vértices diferentes (experimente observar en el Gráfico 3 un vértice “a” del cubo, y después observe un vértice “b”), vemos ¡clara y nítidamente cubos diferentes! ¿Cómo es eso posible si el cubo diseñado no fue alterado, y es el mismo que siempre fue? ¿Cómo es posible que una misma realidad concreta (el dibujo) sea capaz de ofrecer diferentes visiones al mismo observador, bastando apenas con este cambio de lugar del punto focal de su visión de una posición para otra en el mismo dibujo? a b Figura 2 Figura 3 38 UNA NUEVA VISIÓN Si la imagen del cubo que surge en nuestra mente es perfectamente normal y natural, ¿por qué, del mismo modo natural y normal, surge una otra imagen con la misma apariencia de realidad para el mismo objeto? La concretitud con que estos objetos aparecen es la segunda forma de contaminación de la visión: aquella que atribuye una realidad inmediata, automática y concreta a los objetos abstractos. En este punto podemos entender el significado de “contaminación” en la experiencia con objetos abstractos, o sea, podemos comprender el sentido de la expresión “perturbación involuntaria y automática del proceso de comprensión por el surgimiento de ideas e imágenes mentales en experiencias cognitivas con objetos abstractos”. No obstante lo anterior, los seres humanos podemos, como lo veremos más adelante, a partir de lo concreto y de lo específico, de algo que sólo constituye una parte o porción de una realidad mayor, conferir una significación de ésta en relación al todo o asignar una inteligibilidad a las partes desde el todo. Supuesto 3: No todo lo que vemos es lo que todos vemos A este axioma lo he llamado principio de la aceptación de las diferencias o principio de la tolerancia, y dice relación con aquella afirmación a la que hace referencia Humberto Maturana: En la vida diaria de la tradición greco-judeo-cristiana a la cual nuestra moderna cultura científica y tecnológica pertenece, la realidad y lo real son argumentos que usamos en nuestra coexistencia humana cada vez que intentamos forzar a otro ser humano, sin usar la fuerza, a hacer algo que queremos, y que el otro no hará espontáneamente. Lo mismo pasa en esta tradición con las nociones de razón y racionalidad que usamos como argumentos para obligar o convencer, bajo el supuesto cultural implícito que a través de ellos nos referimos a verdades trascendentales universales.” (Maturana, 1997:115) 39 UNA NUEVA VISIÓN El dibujo que se presenta a continuación permite realizar la experiencia siguiente, preguntar a quienes lo ven, qué es lo que ven allí. La descripción que, casi automáticamente, hacen aquellos a quienes se les pregunta eso, es afirmar que allí se ve la esquina de una construcción (una casa) con una ventana bajo la cual hay dos personas. Algunos lo ven desde el exterior y otros desde el interior de la construcción, pero todos ven lo mismo: la esquina de una casa y una ventana. La respuesta obtenida para este mismo ejercicio realizado en África con campesinos africanos, es que allí se ve un árbol y dos personas, una de las cuales lleva un bulto en la cabeza. La explicación a lo anterior es que la gente sólo puede ver aquello que está relacionado con su propia historia, con su experiencia. Los africanos no ven casas porque sus casas no tienen esquinas, sus viviendas son circulares, y no ven ventanas porque sus viviendas no las tienen, la ventilación la obtienen por el techo. Siguiendo a Humberto Maturana podemos afirmar que la gente escucha lo que ya está en su propia escucha. (Maturana 1991:60) Supuesto 4: No todo lo que vemos existe Este axioma, al cual he denominado principio de la ilusión fenoménica o de la construcción mental, nos muestra que nuestros procesos cognitivos son construcciones hechas a partir de la información provista por nuestros sentidos. Nuestra condición hermenéutica lo que hace es organizar los datos y buscar asignarles un sentido. En el gráfico 5 vemos “inmediatamente” un cuadrado; Figura 4 40 UNA NUEVA VISIÓN pero ese cuadrado no está en ninguna parte, es una construcción mental hecha a partir de la información que se nos presenta. Como lo señala Bart Kosko: Las redes neuronales de nuestros ojos y nuestro cerebro producen y mantienen la ilusión del cuadrado de Kanisza, con sus falsos límites y su interior brillante. No está en la página. No es un nóumeno kantiano o una cosa ‘en sí misma’ que esté más allá de nuestros sentidos. Es un fenómeno de nuestros sentidos y nuestro cerebro.” Kosko (1995:263) Supuesto 5: Si vemos todo no vemos nada Al ver el espacio enmarcado en una pantalla, una hoja o una pared en blanco, podemos preguntarnos qué tenemos allí, y la respuesta será: “todo y nada”. Ese espacio puede ser interpretado como conteniendo un universo completo de información o por el contrario como una ausencia absoluta de información. Puesto que si pensamos en una pantalla cuyos puntos (pixeles) se encuentran todos con información, tendremos una pantalla en blanco o en negro. La totalidad de información se transforma así en el equivalente a cero información. De allí que a este axioma lo he llamado principio de la saturación o de la completitud. Busco dar así cuenta del hecho que apuntaba Gregory Bateson respecto a la condición cognoscitiva del ser humano: Los órganos sensoriales humanos únicamente pueden recibir noticias sobre diferencias, y esas diferencias, para ser perceptibles, deben estar codificadas en sucesos que acontecen Figura 5 41 UNA NUEVA VISIÓN en el tiempo (o sea, deben estar codificadas en cambios). (Bateson, 1990:64) Nuestro conocimiento opera en base a información, y las unidades de información se producen en la discontinuidad, esto es, en la incompletitud. La continuidad implica la ausencia de fracturas en la realidad, todo está conectado con todo. Sin embargo, nosotros no podemos dar cuenta del todo porque es algo que trasciende nuestra capacidad. Sólo podemos operar en cuanto seres discontinuos, deshaciéndonos permanentemente de parte de nuestro existir, desconectándonos de preocupaciones, dolores, sufrimientos pero también de alegrías y gozos. La vida es una permanente transición entre sístole y diástole, entre contracción y relajación, entre esfuerzo y descanso. Bateson señala al respecto que: (…) tenemos una notoria dificultad para detectar un cambio gradual, porque junto con nuestra gran sensibilidad al cambio rápido está el fenómeno del acomodamiento. Esto debido a que los organismos se habitúan. (Ibid., 1990:86) Afirma asimismo que: Análogamente, nos es muy difícil percibir cambios en nuestras propias relaciones sociales, en la ecología que nos rodea, etc. ¿Cuántas personas se percatan de la asombrosa merma en el número de mariposas que vuelan por nuestros jardines, o del número de pájaros?. Estas cosas sufren un cambio drástico, pero nos acostumbramos al nuevo estado de cosas antes de que nuestros sentidos puedan Figura 6 (una página en blanco) 42 UNA NUEVA VISIÓN decirnos que es nuevo. (Ibid., 1990:87) Bateson se pregunta, si acaso los seres humanos estaremos en una condición similar a la de una rana, a la cual se la está cociendo en una cacerola, pero siendo incapaz de saltar fuera de ella porque no logra percibir el cambio en la temperatura del agua, debido a que la gradiente de elevación de la temperatura es percibida por la rana como una constante. Y en nuestro caso estamos modificando nuestro ambiente con una contaminación en lento aumento y pudriendo nuestro espíritu con una religión y una educación en lento deterioro. Y arguye como explicación de lo anterior: Y como precisamente el espíritu sólo puede recibir noticias acerca de la diferencia, resulta difícil discriminar entre un cambio lento y un estado. Hay por fuerza un umbral de gradiente por debajo del cual el gradiente no puede ser percibido. (Ibid., 1990:87) Supuesto 6: No todo lo que vemos es posible expresarlo en palabras A este axioma lo he llamado principio de la indescriptibilidad. ¿Es posible relatar una emoción? ¿Es posible especificar un sentimiento? ¿Es posible describir la belleza, el amor, la verdad, el sufrimiento, la compasión? ¿Es posible pormenorizar y explicar a la vida, a la muerte, a Dios? Tal vez sea posible hacerlo, pero siempre será sólo un pálido reflejo de aquello que se busca describir. Puede ser esa la razón por la cual la mayor parte de las tradiciones religiosas se refieren al Ser Supremo, a su Dios, como el innombrable. Usan una palabra que etimológicamente significa aquello que no se puede nombrar. 43 UNA NUEVA VISIÓN Posiblemente todos, en algún momento, hemos vivido algún tipo de experiencia, que se caracteriza por su carácter mágico y casi inefable, alguna vivencia indecible, indescriptible e inenarrable. Hay en ellas algo de sublime y absolutamente distante de lo que constituye nuestra existencia cotidiana. Las emociones que experimentamos en esos momentos son algo que resulta imposible de compartir. En esas situaciones solamente podemos sentir, permitirnos la expresión de nuestros sentimientos y emociones muy profundas, y habitualmente la intromisión de la conciencia, requerida para comunicar mediante el lenguaje las emociones que nos embargan, quiebra el fluir de ellas y discontinúa la experiencia. ¿Quién al tratar de comunicar un sentimiento (evocado por una melodía, un recuerdo, un paisaje o una imagen) no ha vivido la experiencia de romper la magia del momento? El lenguaje y el pensamiento discontinúan nuestro sentir. Hay una separatividad de nuestras conciencias que nos impide compartir más allá de lo que el pensamiento y el lenguaje - o lo que es lo mismo - las ideas y las palabras, permiten expresar. Somos prisioneros de nuestras conciencias individuales, tanto para comunicar a otros lo que sentimos como para establecer la continuidad de nuestro sentir. La intervención de nuestra conciencia interrumpe el flujo de nuestros sentimientos y emociones e impide investigar su carácter. Si son placenteros o agradables o por el contrario si nos perturban y provocan dolor. La valoración respecto al carácter de nuestras emociones es siempre un proceso a posteriori de consumadas esas vivencias. 4. Propuesta esquemática respecto de la condición humana (puntos para abrir un diálogo) Un aspecto, a mi entender, imprescindible de debatir es nuestra condición humana. Presento a continuación un conjunto de hipótesis que pretenden abrir una reflexión y diálogo sobre las concepciones que los seres humanos tenemos respecto a 44 UNA NUEVA VISIÓN nosotros mismos. 1. Somos seres físicos y biológicos Nuestras formas de vida actuales, absolutamente artificializadas nos han empujado a olvidar que los seres humanos somos una curiosa e insondable combinación de cuerpo y mente, de espíritu y materia. Hemos perdido progresivamente la conexión con la Naturaleza y con todo lo que nos rodea y nos permite vivir. Hemos descuidado esa relación mágica y mística con la vida en todas sus expresiones. Hemos ido extraviando la relación con los lugares propios, con el territorio y el paisaje, con aquello que nos ancla y asienta en una localidad, en un domicilio conocido, habitual y peculiar. Hemos ido olvidando nuestra materia prima, nuestra animalidad. Hemos ido borrando todas aquellas de nuestras huellas que tienen un origen mamífero. Hemos ido perdiendo incluso el uso de algunos de nuestros sentidos, del olfato, del oído, del tacto. Es imprescindible recuperar el valor inherente de lo vivo, volver a aprender a ser y estar en la Naturaleza, a revalorar la importancia de la comunidad biótica como nuestra comunidad de intereses. Ese olvido de nuestra constitución física y biológica no ha empujado a perder esa relación con lo viviente y a desconocer que la vida es un valor absoluto y sagrado. Conformándose así una visión antropocéntrica que nos ha llevado a deshumanizar la conciencia humana, ya que nos habituó a convivir con la idea de la violencia y del predominio del fuerte sobre el más débil, al desprecio de la diversidad y del sufrimiento ajeno, a la negación de la exigencia vital de las creaturas no humanas. La ética universal del biocentrismo tiende a la superación de la barrera del derecho al respeto, a la libertad y a la vida, limitada sólo a los seres humanos, ampliándola a los miembros de las otras especies vivas. Toda violencia y toda injusticia surgen de la incapacidad del ánimo humano de compartir el sufrimiento ajeno. La indiferencia hacia el dolor y la muerte de otras formas 45 UNA NUEVA VISIÓN de vida a las cuales se mata, para disfrutar y utilizar en beneficio propio, torna insensible al ser humano al sufrimiento y muerte de sus mismos semejantes: los otros humanos. 2. Somos seres creados. Criaturas y no creadores. Hay una tentación prometeica propia de nuestra civilización contenida en la Ideología del Progreso: el llegar a ser como dioses, esto es creadores. Las creaturas sólo pueden ver las partes, únicamente los creadores pueden ver el todo. Los seres humanos en cuanto creaturas requerimos de mapas para dar cuenta de la realidad…; pero los mapas son sólo eso, mapas. Vivimos en territorios pero pensamos en mapas, esto es en representaciones del mundo o realidad. Construimos mapas conceptuales o mapas emocionales para movernos en el mundo, que en cuanto tales, implican vivir siempre en algún grado de quiebre. Ansiamos, anhelamos, deseamos la transparencia en el existir, pero sólo eventualmente podemos experimentarla. El mapa es siempre un fragmento de territorio, una porción de realidad. Si la escala es muy grande podemos ver más pero con menos profundidad e intensidad. Si la escala es pequeña perdemos la visión de conjunto, podemos ver islas o islotes pero no archipiélagos o continentes. Si vemos continentes no vemos contenidos, y así sucesivamente. Sólo un ser supremo o una conciencia universal podría ver y experimentar simultáneamente el origen y el final de lo creado, así como de cada momento del acontecer pasado, presente y futuro. Mientras que los seres humanos vivimos en un permanente presente, que va cambiando, que va haciendo una historia, que va construyendo un pasado, pero que en cuanto tal se torna exterioridad, lo que fuimos, que es algo ya distinto de lo que somos. Del mismo modo, el futuro en cuanto tal es siempre una ilusión, no es algo real, puede ser un sueño o una pesadilla 46 UNA NUEVA VISIÓN pero siempre es una hipótesis, es una promesa, es una probabilidad, pero que en cuanto se hace presente desaparece como tal. De ahí entonces que sea posible ver nuestra existencia como una foto, que puede cambiar y que de hecho cambia permanentemente pero que nunca podremos experimentar como una película o como un video, en tal sentido nuestro estar en el mundo es irremediablemente sincrónico, experimentamos o sentimos sólo en el presente. Sin embargo a la vez somos historia, pero no ‘el’ futuro, sino que proyectados al futuro, pues el presente también desaparece y se transforma en pasado, en recuerdo, en memoria. Ahora bien, eso no es ser sincrónicos, sino seres diacrónicos, permanentemente inacabados e incluso inacabables. Y allí se da la principal paradoja de la existencia humana, por cuanto si bien somos seres diacrónicos, no podemos vivir porque lo único que tenemos ante nuestra conciencia, ante nuestros sentidos, son nuestras percepciones, ideas y emociones, ellas son siempre presentes, en cuanto experiencia. No podemos experienciar, esto es vivir, si no en el presente. Lo otro será evocación, recuerdo, añoranza, esto es pasado traído al presente por nuestra conciencia, en cuanto ya experienciado. O será esperanza, expectativa, promesa, perspectiva, posibilidad, esto es futuro traído al presente, en cuanto algo a experienciar. 3. Somos seres hermenéuticos. Somos seres asignadores de sentido, constructores de interpretaciones. No tenemos acceso directo a la verdad, en cuanto correspondencia absoluta con la realidad. Nuestros sentidos filtran ya la realidad, la reducen, la acondicionan, acomodan la información proveniente de la realidad a nuestra escala perceptiva, a los límites perceptivos propios de nuestra naturaleza y obviamente así le asignan ya una significación. Nuestra conciencia recoge esa información significativa y la conecta con nuestra historia, con el corpus acumulado de significaciones anteriores 47 UNA NUEVA VISIÓN ya procesadas por nuestra conciencia. Resignificando así permanentemente toda la información acumulada con la nueva información que recibe. Las palabras siempre tienen una carga hermenéutica, de valor, no son inocentes, ya que asignan sentido, introducen significaciones. Es parte de nuestra condición –como lo señala el aforismo italiano traduttore traditore, traductor traidor– sesgar irremediablemente la realidad. Pero a la vez podemos asignar sentido, discernir, interpretar, significar, atribuir dirección, intencionalidad, señalar, conceptuar, nominar, a todos los fenómenos, a todas las entidades, a todo el universo, a nosotros mismos y a otros, incluso a los dioses. De allí la importancia de hacer uso riguroso de la semiología, del registro y observación de la historia natural y de la dimensión del fenómeno, para evitar la arbitrariedad, el narcisismo, la locura y para precavernos de la cuota inevitable de error que portamos dada nuestra etnocentricidad y nuestro reduccionismo. 4. Somos seres lingüísticos o de lenguaje, esto es seres comunicativos. Los seres humanos, existimos en y por el lenguaje. Sin lenguaje no habría sido posible la humanización y la cultura, esto es la evolución desde una condición animal de primate a una condición distinta, la humana. Toda la investigación y reflexión de varias décadas de Humberto Maturana, apunta a confirmar la condición lingüística, comunicativa de los seres humanos: Somos concebidos, creemos, vivimos y morimos inmersos en las coordinaciones conductuales que involucran las palabras y la reflexión lingüística, y por ello y con ello, en la posibilidad de la autoconciencia y, a veces, en la autoconciencia. En suma, existimos como seres humanos sólo en un mundo social que, 48 UNA NUEVA VISIÓN definido por nuestro ser en el lenguaje, es el medio en que nos realizamos como seres vivos, y en el cual conservamos nuestra organización y adaptación. (Maturana, 1995a:13) Maturana afirma que la condición humana deriva de la capacidad desarrollada en un linaje de primates, los homínidos, para “lenguajear”. Esta capacidad surge porque en esos primates se dan ciertos atributos que hacen posible el surgimiento del lenguaje, estos son el desarrollo de relaciones de cooperación, esto es en el compartir alimentos, en la colaboración de machos y hembras en la crianza de los niños, en el encuentro sensual individualizado recurrente, en el conversar y en el placer de vivir en el conversar. Sostiene que: (...) lo central del fenómeno social humano es que se da en el lenguaje, y lo central de lenguaje es que sólo en él se dan la reflexión y la autoconciencia. (Maturana, 1995a:16) Por otra parte señala que: (…) son palabras sólo aquellos gestos, sonidos, conductas o posturas corporales, que participan como elementos consensuales en el fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales que constituye el lenguaje. (Maturana, 1995a:20) Por otra parte Giannini afirma que: (…) el hombre al comunicar, es portador de una experiencia personal; pero como lo hemos manifestado, también lo es sin saberlo de una experiencia colectiva e histórica; arcaica, a veces. Cuando se examina el discurso corriente –el habla– en sus grados de significabilidad, debería tenerse esto en cuenta. (Giannini, 1988:68) 5. Somos seres metaforizantes, creadores de símbolos y de cultura. Somos seres metafóricos. Ello porque nuestro lenguaje 49 UNA NUEVA VISIÓN es polisémico, es equívoco, no es unívoco. Nuestras escuchas interiores son distintas. Por lo tanto debemos manejarnos más bien con orientaciones, indicando cardinalidades, para eso nos son necesarias las metáforas. Lakoff y Johnson (1995) señalan que es importante darse cuenta de que la manera en que hemos sido enseñados a percibir nuestro mundo no es la única, y que es posible abrirse a ver más allá de las “verdades” de nuestra cultura. Es imposible la existencia de una comunicación unívoca, esto es, de un tipo de comunicación en la cual el contenido comunicativo tenga un valor similar tanto para el emisor como para el receptor, ya que todo mensaje está mediado por una multiplicidad de factores intervinientes que terminan alterando de una manera incluso radical el contenido inicial. De allí entonces la necesidad de asegurar mediante el operar metafórico del lenguaje el logro de ciertos contenidos comunicativos mínimos. Por otra parte, somos también seres que se cuentan cuentos a sí mismos y sobre sí mismos. Nos es imposible aceptarnos plenamente en la pequeñez e insignificancia de nuestra existencia, de nuestro pensar y operar tan limitado y acotado en relación a la magnitud del ambiente en el cual vivimos y en el universo del cual formamos parte. De allí que necesitemos historias, mitos, cuentos que nos hagan soportable la limitación y trivialidad de nuestro operar en el mundo. Lo paradójico, sin embargo, es que a pesar de lo anterior, la singularidad de nuestro existir individual, es imprescindible para que el mundo o universo sea lo que es. Sin la propia existencia individual el universo entero sería otro distinto. El que no podamos ser capaces de comprender y apreciar adecuadamente esto, no es no obstante argumento para que se afirme que no es así. Porque somos asimismo creaturas orientados a la trascendencia, que buscan darle sentido a su existencia, que persiguen trascender su propio existir. Seres capaces de metaforizar la metáfora, que están referidos y alimentados por sueños y utopías. Que buscan y logran pasar de una forma de 50 UNA NUEVA VISIÓN reproducción simple a su reproducción ampliada, esto es a la reproducción de la reproducción, al pensar sobre su pensar, a la creación de cultura, esto es historia materializada y en cuanto tal, expresión de realidad siempre presente. La metáfora es uno de nuestros instrumentos, sino el más importante, para tratar de entender parcialmente lo que no es posible entender en su totalidad: nuestros pensamientos, nuestras emociones profundas, las experiencias estéticas, las prácticas morales y la conciencia espiritual. Lakoff y Johnson dicen al respecto lo siguiente: Es como si la capacidad de comprender la experiencia por medio de metáforas fuera uno más de los sentidos, como ver, tocar u oír, como si las metáforas proporcionaran la única manera de percibir y experimentar muchas cosas en el mundo. La metáfora es una parte de nuestro funcionamiento tan importante como nuestro sentido del tacto, y tan preciosa como él. (Lakoff y Jonson, 1995:283) 6. Somos seres sociales (sociables). Cada uno de nosotros existe dentro de esa matriz del ser que es el universo. Estamos constitucionalmente conectados con las manifestaciones del ser que nos rodean. Nadie existe aislado de la extensa red de relaciones, gravitacionales, genéticas y vibratorias, entre otras. Todo en el cosmos emerge de esta red. Una manifestación del ser es una concentración de energía, atracción y comunión elemental. La subjetividad de cada ser, su profundidad e interioridad, es un rostro del misterio último del universo. Cada uno de nosotros es único, pero no un ser aparte. (Spretnak, 1992:138) Los seres humanos somos seres sociales: vivimos nuestro ser cotidiano en continua imbricación con el ser de otros. Esto, en general, lo admitimos sin reservas. Al mismo 51 UNA NUEVA VISIÓN tiempo los seres humanos somos individuos: vivimos nuestro ser cotidiano como un continuo devenir de experiencias individuales intransferibles. Esto lo admitimos como algo ineludible. Ser social y ser individual parecen condiciones contradictorias de existencia. (Maturana, 1995a:3) Somos seres sociales. Necesitamos del otro para humanizarnos, para evolucionar, para desarrollarnos, para trascender. El individualismo extremo, construido culturalmente por Occidente, nos ha hecho olvidar que la existencia humana es por antonomasia social. Ello nos ha llevado a desarrollar un constructo cultural cual es la noción de individuo y a sobredimensionar el concepto de identidad individual. Pero, como se aprecia en la figura anterior, todo lo que asumimos como propio es parte de una historia, en la cual hay múltiples actores. Toda individuación se da en una interacción recurrente y continua con otros individuos. Somos el resultado de esas interacciones, de esas relaciones sociales. La humanidad propia se constituye en la interdependencia entre lo que llamamos el adentro y el afuera, o entre el yo y la alteridad. Desde esa perspectiva al analizar que es lo irreductiblemente propio de mi identidad, puedo descubrir que lo que me define principalmente como individuo son mis relaciones con otros individuos. Que el núcleo más íntimo y duro Figura 7 EL ADENTRO EL YO EL EGO EL UNO MISMO EL AFUERA LA OTREDAD EL OTRO EN EL ENTRE LA ALTERIDAD 52 UNA NUEVA VISIÓN de mi identidad es algo que está permanentemente cambiando debido a esas relaciones, y que más bien lo que me diferencia de otros seres humanos es la forma única y singular en la cual esas interacciones o pertenencias a distintos ámbitos de la existencia social se intersectan, produciendo algo así como áreas de mayor centralidad o secancia, donde muchas pertenencias convergen y otras donde no ocurre lo mismo (ver figura 8). Incluso aún en aquellas áreas menos compartidas, la pertenencia se define en función de la relación con otros. Es nuestra condición social la que nos humaniza, la que nos hace más plenamente humanos. Por el contrario, el individualismo nos torna seres egoístas, autoreferidos, egocéntricos, desconfiados, ególatras, desconsiderados, ambiciosos y mezquinos. El concepto de con/vivencia da cuenta de un fenómeno propio aunque no exclusivo de lo humano, cual es el convivir, el vivir con. La existencia humana se lleva a cabo inevitable e inexorablemente en un contexto de convivencia. Ello en razón de nuestra ausencia de autosuficiencia. La autonomía será siempre para el ser humano una utopía. Podemos perseguirla, buscarla, avanzar hacia ella, pero siempre Figura 8 HIJO PROFESIONAL CREYENTE VARÓN ADULTO PROGRESISTA PADRE CHILENO 53 UNA NUEVA VISIÓN será algo inalcanzable; porque somos seres fracturados, fragmentados, limitados, seres en búsqueda de un sentido, de una dirección, seres en proceso de hacernos a nosotros mismos, seres perfectibles y no perfectos, seres humanos y no dioses: ¡por suerte! Somos a la vez seres que transitamos en la más absoluta soledad, con un ansia eterna de fusión, seres que fuimos expulsados del útero materno y así gracias a ello pudimos individuarnos, hacernos distintos, singulares, comenzando a vivir lo propio, lo específico, en cuanto seres vivos únicos y absolutamente singulares en el universo. Pero a la vez seres marcados en lo más íntimo de nuestra identidad por nuestra pertenencia común a una existencia que nos transciende y de la cual sólo somos una parte, una pequeñísima parte. Y en esta tensión, entre esa identidad de origen perdida por la expulsión del paraíso perdido (metáfora del útero materno), y esa identidad que buscamos en el proyecto (nuestros sueños y utopías: el paraíso anhelado), es donde transitamos como seres fragmentados, pedazos o trozos, segmentos o partes, en busca persistente e ilusionada, fantasiosa y fantasmagórica de una suma. Anhelando y deseando la fusión, la integridad, la totalidad; y ‘conformándonos’, es decir, dándonos forma con aquello que nos es posible: con la aceptación, con la convivencia, con la cogestión. Y aquí es donde surge la paradoja, pues para liberarnos de nuestra condición instintiva, de nuestras pasiones o pulsiones incontrolables debemos hacerlo transitando a través de la convivencia; aprendiendo con otros y de otros a autolimitarnos, para poder así alcanzar mayores grados de libertad tanto personal como colectiva. Vale decir, es la existencia del límite que nos acota, que nos define, que nos restringe, la existencia y convivencia junto al otro, el elemento esencial para poder desarrollar el control sobre nosotros mismos; el cual nos permite y hace posible, operacionalizar nuestro existir, transformar nuestro operar en algo que tiene un propósito, que nos conduce hacia alguna dirección, en algún sentido. Y es justamente este elemento restrictivo, acotante pero a la vez liberador, el que nos hace posible 54 UNA NUEVA VISIÓN comenzar a ejercer nuestra voluntad y libertad, es decir nuestro albedrío. No es posible, entonces, sin este cuadro restrictivo que nos coloca la convivencia –es decir la existencia con, e incluso, en el otro–, que lo humano pueda constituirse. Somos por consiguiente seres referidos irremediablemente al otro, a la alteridad, a la otredad. Seres que sólo pueden humanizarse en su existencia social. 7. Somos seres éticos. Nuestra condición ética emana de nuestra naturaleza de creaturas, de seres creados y que consecuentemente vivimos tensionados por nuestras limitaciones. Seres que no tenemos todo el tiempo del mundo, ni somos ubicuos. Seres que estamos sometidos a la flecha del tiempo y cuya vida es un tránsito entre el nacimiento y la muerte. Somos seres que debemos estar permanentemente optando entre el bien y el mal o entre el error y la verdad, pero no eligiendo entre bienes o verdades absolutas, sino que casi siempre relativas. Optando entonces siempre entre gamas intermedias, no entre el blanco y el negro, sino que entre grises, ya que también el bien contiene algo de mal, la verdad una parte de error, éste algo de verdad... es decir, en una realidad donde no hay certezas, donde nada es absoluto, donde todo es “borroso” y paradójico. Seres que podemos ser felices o infelices, satisfechos o rebeldes, libres o esclavos. Seres tensionados que debemos transitar entre la alegría y el dolor, entre el éxito y el fracaso, entre el apego y el desapego, entre la autonomía y la heteronomía. Seres abiertos y no clausurados. Pero a la vez seres entrampados, circulares, rutinarios, anclados en la certeza, recursivos (“el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”), excluyentes y excluidos, y además etnocéntricos. Somos seres que nos construimos a nosotros mismos, que esculpimos nuestros cuerpos, que cultivamos nuestros espíritus, 55 UNA NUEVA VISIÓN que desarrollamos moralidad; seres que desplegamos competencias, habilidades y destrezas; seres que tenemos capacidad de aprendizaje (capaces de aprender de nuestra historia; y además seres capaces de hacer nuestra propia historia. Pero a la vez somos seres tautológicos, seres que no podemos trascender a nuestras propias definiciones, ya que ellas nos enmarcan y nos condicionan. Sin embargo, pese a todo, y precisamente por todo somos seres singulares, únicos en el universo de lo existente. Los seres humanos buscamos referirnos a lo verdadero, lo correcto y lo bueno. Nuestra condición ética está anclada en nuestra propia naturaleza. Es más fácil ser veraz que mentir. Mentir nos genera complicaciones porque deberemos estar ajustando todas nuestras afirmaciones futuras para hacerlas coherentes con la mentira. Al hacer así se nos torna imposible operar en la transparencia del existir y viviremos en un permanente quiebre. Algo similar nos ocurre con el provocar deliberadamente un dolor o sufrimiento a otro ser humano, o al actuar de manera injusta o abusiva con alguien. Podemos hacerlo pero siempre una evaluación a posteriori, nos hará considerarlo un error. Nuestra condición ética primordial es la que nos hace rebelarnos contra toda injusticia ejercida contra nosotros. Es ella nos empuja hacia la búsqueda de vivir como seres libres. NOTAS (1) Según Jorge Luis Borges, “en la figura que se llama oxímoron, se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro”. (2) Los puntos 3 y 4 son una versión ampliada y corregida del artículo «Acerca de la condición humana» publicado en Puercoespín. Revista de la Escuela de Psicología de la Universidad Bolivariana. Nº 2/3, Santiago, 2003.

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