Si bien soy golosa, suelo preferir lo simple si de frutas se trata, así es que me gustó el hecho de que esta mermelada sea dulce por la fruta en sí, y no por tener un kilo de azúcar.
Esta vez usé frutillas, pero casi cualquier fruta puede servir, en especial si es jugosa. Los frutos rojos vienen muy bien porque las semillas de chía se confunden entre las semillas de la fruta.
Usé jugo de naranja para darle un poquito más de dulce, aunque la receta original llevaba jarabe de Maple (buena suerte consiguiendo –y pagando- eso en Argentina) pero estoy segura de que cualquier endulzante líquido viene bien, así es que si quieren usen miel –si la consumen, claro- jarabe de maíz, néctar de ágave, o cualquier miel vegetal.
Si usan azúcar o stevia en polvo, agreguen un par de cucharadas de agua.
Ingredientes:
½ kilo de frutillas u otra fruta madura
1 ½ cdas. de semillas de chía
4-5 cdas. de jugo de naranja o de manzana u otro endulzante a gusto
Preparación:
Lavar, quitar las hojas y cortar las frutillas en cuartos (está bien si algunas quedan en mitades o enteras).
Colocar la fruta en una olla junto con el jugo de naranja, cuando suba la temperatura, bajar el fuego a mínimo y dejar por unos 5 minutos.
Aplastar un poco la fruta con un pisa-papas o un tenedor (se hace más fácil después), agregar las semillas de chía y dejar en el fuego por 15 minutos más, revolver de vez en cuando y aplastar la fruta en la medida que sea posible (tal vez quieran dejar que se noten algunos pedazos).
Retirar del fuego, dejar enfriar, envasar y dejar en la heladera. Tengan en cuenta que se va a poner un poco más consistente con el frío de la heladera.