Bueno este es mi primer post y lo hago porque me parecio interesante este escrito que encontre en la web; me hizo pensar en la variedad de estilos de vidas que existen, variedad de valores, y de cómo se suceden y deshacen almas entrelazadas por un mercado internacional que no solo cotiza valores monetarios, sino tambien cotiza calidad de vida, cotiza felicidad, y ,ya dicho, enreda almas y las vuelve a desenredar. Cómo por eleccion propia el ser humano puede ser objeto de comercializacion o puede elegir vivir y ser parte de la naturaleza.[/ A veces pienso que he deseado muy poco todo aquello que se denomina “oro” Tal vez deseé con ganas una medalla de ese metal que era el premio en un torneo de poesía provincial, intercolegial, cuando tenía quince años. Y la obtuve, la tuve en mi mano -era bastante grandecita y pesada-, salí en el diario como medalla de oro colegial y provincial, y finalmente la guardé. ¿Qué se hace con una medalla de oro? ¿Acaso no se hizo para ser guardada? Un tiempo después me casé y tuve un hijo casi inmediatamente El que entonces era mi marido se llamaba Matías, era titiritero -algún día voy a hablar del gran artista que fue y de su arte-; mi primer hijo se llama Ignacio y por la época de mi cuento tenía unos dos años. Las cosas iban muy mal en cuanto a “dinero”; Matías tenía pocas funciones, y pagadas con céntimos. Nos habían prestado un departamento que quedaba en un segundo piso frente a la terminal de ómnibus de la ciudad -Santa Fe, capital. Ahora están de moda esos hábitats urbanos, de un solo ambiente grande. Lo decoramos con lo que nos regalaron amigos y parientes; no teníamos idea de cómo hacerlo de modo que no pareciera la escenografía de una obra dramática, y eso parecía. Un espectacular ropero de roble de tres espectaculares lunas que había sido de mi abuela y testigo de mi infancia narcisista reproducía lo que recuerdo como muy gris; bibliotecas hechas con ladrillos huecos -porque eso sí, libros teníamos y muchos- parecían contener todo el polvo y la tristeza del mundo. Sentíamos a menudo al estómago pidiéndonos un poco más, y sobre todo a Ignacio pidiéndonos un poco más. Había una mesa muy teatral y pequeña junto al ventanal que miraba a la estación. A esa mesa estábamos sentados los tres siempre tratando temas culinarios. Ignacio hablaba ya muy bien y ponía a consideración sus ideas. Ese día la idea de Ignacio compartida por sus papás consistía en un magnífico sándwich de jamón, queso, mayonesa, tomate y no sé qué otras delicias De pronto recordé algo y encontré el modo de que nuestro sándwich se convirtiera mágicamente en realidad: “Abracadabra pata de cabra”, decíamos entonces. Les dije a padre e hijo: espérenme sentados aquí, ya vuelvo con el pan, el queso y el jamón. Cuando iba por la calle con la medalla obtenida en el torneo intercolegial en una mano, calentándose, hacia lo de un joyero que compraba oro, soñaba con algo más que ese sándwich precioso y esperado a cambio de mi premio. Se sentía en la mano pesada, grande, como una moneda de cofre de pirata. Y mi sueño se fortaleció cuando el muchacho que atendía la joyería la pesó y me ofreció lo que para mí era una suma importante; para dar una idea, unos 250 dólares. Cerramos la transacción, el muchacho estaba entregándome el dinero cuando entró en el negocio otro cliente, una persona conocida en Santa Fe. Miró la medalla que yo estaba vendiendo y la fecha en que me la dieron y dijo: en ese año hubo una enorme estafa, el gobierno regalaba medallas de oro a troche y moche, pero el oro era falso… El empleado me observó con una sonrisa, cómplice de mis credulidades, dijo: -Yo creo que es de oro, pero ¿te molesta si probamos? -Para nada -dije con enorme seguridad. Tomó una gota, algo que para mí siempre será una gota de veneno e inyectó mi medalla hasta que capas verdes y cobrizas empezaron a aparecer como en un descubrimiento arqueológico. El señor, el cliente -de quien dije que era una persona conocida en Santa Fe y es cierto, era un reconocido estafador- sonrió detrás de mí en el negocio, complacido de haber acertado. Tomé lo que quedaba de mi premio, volé a casa y cuando abrí la puerta vi al fondo sentados en la misma posición en estado de espera o de esperanza a Ignacio y a Matías. Sólo variaron al mover la cabeza para mirarme las manos en las cuales no había ningún paquete. Desde entonces me consideré viuda de mi medalla, que era como el cordón umbilical que me unía a los castillos de aire de niña, viuda de mi infancia también. Creo que mi dolor fue tan grande como el de cualquier viuda de Wall Street en la actualidad: con mi medalla lo había perdido todo, pero además el sueño de haber ganado un torneo digno. Las viudas de Wall Street El relato anterior está relacionado con estas señoras que me depararon un asombro indescriptible cuando las descubrí navegando por Internet, con las señoras “viudas” o divorciadas o a punto de renunciar a sus parejas porque ya no tienen tanto dinero como tenían. Han creado un blog donde vierten sus lágrimas, y plantean sus dudas, que son contestadas con frases como ésta: “Déjalo, si sientes que ya no te reporta dinero. Después de todo dices que te enamoraste de su poder”. Les copiaré un jugoso fragmento que anoticia del caso, y ustedes harán después sus comentarios: Noticias de las viudas Ocurre que toda crisis repercute en las relaciones. Algunos se divorcian, otros se “toman un tiempo”, y otros se ven obligados a permanecer juntos a pesar de todo. Pero dos mujeres de Nueva York encontraron otra salida: abrieron un blog para que las parejas de estos “Novios Financieros” puedan contar las penas de vivir con un hombre en tiempos de recesión. “¿Estás saliendo con un banquero? Entonces estamos para apoyarte en estos tiempos difíciles. Saliendo con un Banquero Anónimo (en inglés: Dating a Banker Anonymous, o DABA) es un lugar seguro donde las mujeres pueden juntarse, libres de la mirada feminista, y compartir sus tristes historias de como la crisis hipotecarias afectó sus relaciones, reza la presentación del sitio. En uno de los últimos artículos, una mujer cuyo “Novio Financiero” quedó desempleado cuenta: “Gracias a la recesión tengo un novio completamente dedicado a mí, que es exactamente lo que quería. ¿Soy feliz ahora? No, estoy aburrida y no puedo dejar de pensar en mi inalcanzable ex-novio europeo que se salvó de la crisis gracias a una cuenta offshore”. Las “Chicas DABA” dividen la vida en AR y DR. O sea, antes y después de la recesión. Comparten el sufrimiento por la precarización de su vida sexual y por la pérdida de un nivel de consumo y lujos que tal vez nunca vuelvan a tener. Las historias se envían de forma anónima y son editadas por Megan y Laney, las creadoras del blog. “Para ser honesta, sólo sigo con mi novio porque no tengo el coraje de sacar de Facebook el mensaje de ‘estoy en una relación’ a ‘no digo que sea una cazafortunas, pero no pienso quedarme con un banquero en la quiebra’”, concluye el post. fuente: http://blogs.monografias.com/editorial/2009/02/11/las-viudas-de-wall-street/ Espero que les haya gustado; si te parece largo date un tiempito y leelo; mal no te va a hacer. Un abrazo!!
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