InicioApuntes Y MonografiasFilosofía- El existencialismo
Trabajo Práctico El Existencialismo- La Angustia- El Desamparo- La Desesperación- Heidegger- Sartre A lo largo de la historia se han dado distintas definiciones del hombre. La primera se da durante el apogeo de la civilización griega. Esto ocurre aproximadamente en el siglo VI a.C. Los griegos comienzan a confiar en las virtudes del hombre y a utilizar la razón como instrumento para conocer la realidad. Esta actitud crítica es lo que permite el nacimiento de la filosofía. Los primeros filósofos se interesaron por investigar de qué elemento estaba compuesto el Universo. Entre ellos están Tales de Mileto, Heráclito de Efeso y Pitágoras. Un siglo después, Atenas se convierte en el centro de la filosofía griega con sus principales filósofos: Sócrates, Aristóteles y Platón. Los griegos ponen al hombre en el centro de sus preocupaciones y eso se puede notar en las distintas dimensiones de su legado cultural: en el arte, los griegos establecieron como modelo fundamental para la representación estética la forma humana; en lo religioso, su preocupación primordial fue el alma humana y la relación entre el hombre mortal y los dioses inmortales; en la filosofía, inauguraron la tradición según la cual el instrumento de conocimiento por excelencia es la razón humana (como mencionamos antes); y en la especulación científica, por primera vez distinguieron al hombre en cuanto parte de la naturaleza y desarrollaron una filosofía natural coherente con dicho principio. Con el nacimiento del cristianismo, cambia este concepto del hombre. En la Biblia se pone al hombre como fruto de un ser creador. El Génesis dice que Dios creó a Adán del polvo mediante la alfarería a imagen y semejanza del creador, dándole vida Dios con un soplido, que es lo que hace que el Espíritu Santo esté en él. Como lo ve solo, decide darle una compañera y crea a Eva de una costilla de Adán. Ambos habitan en el Jardín del Edén (el paraíso) hasta que Satanás incita a Eva a probar el fruto prohibido (una manzana). Dios castiga a Adán y Eva expulsándolos del paraíso. Tiempo después se van dando a conocer diferentes teorías sobre el origen del hombre. La más importante fue la que Charles Darwin publica en 1859: “El origen de las especies”. “Al considerar el origen de las especies, es totalmente comprensible que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, sucesión geológica y otros hechos semejantes, llegue a la conclusión de que las especies no han sido creadas independientemente, sino que han descendido, como variedades, de otras especies.” Darwin, “El origen de las especies”, p. 56 Darwin sostiene que el hombre desciende de los monos y que a lo largo de la historia fue evolucionando debido a la selección natural. Es decir, que los homínidos que lograban enfrentarse y superar las adversidades de la naturaleza, tales como la competencia por el alimento, eran los que lograban sobrevivir. El existencialismo El existencialismo es una corriente filosófica y cultural que tiene por objetivo y disciplina, el análisis y la descripción del sentido individual de la vida humana en cuanto “existe”. Sostiene que el ser humano piensa, actúa, se refiere y relaciona consigo mismo, con su propia trascendencia, con sus contradicciones y sus angustias. Para el pensamiento existencialista el individuo no es una porción mecánica o “parte” de un todo, sino que el hombre es en sí una “integridad” libre por sí. Esta doctrina filosófica considera qué es la existencia del ser humano libre y qué es lo que define su esencia, en lugar de entender que su esencia o condición humana determina su existencia. Para esta corriente de pensamiento la existencia del ser humano no es un “objeto” sino que, desde el momento que el ser humano es capaz de generar pensamiento “existe”; en consecuencia el reconocimiento de esa existencia tiene primacía y precedencia sobre la esencia. No obstante, la existencia del hombre puede ser inauténtica o falsa si éste renuncia a su libertad. La carencia de libertad es carencia de existencia. En un sentido estricto para el existencialismo las cosas materiales en cambio "son", pero no "existen". El existencialismo implica que el individuo es libre y, por ende, totalmente responsable de sus actos. Esto incita en el ser humano la creación de una ética de la responsabilidad individual. Esta libertad del individuo se da por la ausencia de un Dios. Esto hace que el hombre tenga la total responsabilidad de sus acciones y esto lo lleva a angustiarse. Para Sartre, uno de los máximos exponentes de esta corriente, la libertad es la categoría antropológica fundamental ya que el hombre es consecuencia de lo que ha decidido ser. Esta libertad trae consigo: La angustia Es el sentimiento más importante, hasta el punto de que Sartre llega a declarar que el hombre es angustia. Distingue la angustia del miedo. Este aparece ante un peligro concreto y se relaciona con el daño o supuesto daño que la realidad nos puede infligir; la angustia no es por ningún motivo concreto, ni de ningún objeto externo, es miedo de uno mismo, de nuestras decisiones, de las consecuencias de nuestras decisiones. Es la emoción o sentimiento que sobreviene con la conciencia de la libertad: al darnos cuenta de nuestra libertad nos damos cuenta de que lo que somos y lo que vamos a ser depende de nosotros mismos, de que somos responsables de nosotros mismos y no tenemos excusas. La angustia aparece al sentir¬nos responsables radicales de nuestra propia existencia. Es muy importante también recordar que para Sartre esta conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere solo a la esfera puramente individual: todo lo que hacemos tiene una dimensión social; cuando elegimos un proyecto vital estamos eligiendo un modelo de humanidad, no se puede elegir una forma de vida y creer que ésta vale sólo y exclusivamente para nosotros, no se puede desatender a la pregunta ¿y si todo el mundo hiciera lo mismo? Al elegir, afirma Sartre, nos convertimos en legisladores, por ello siempre nos deberíamos decir: “dado que con mi acción supongo que todo hombre debe actuar así, ¿tengo derecho a que todo hombre actúe así?”. Sartre nos recuerda que el sentimiento de angustia lo conocen todas las personas que tienen responsabilidades, y cita el caso del jefe militar que decide enviar a sus hombres al combate, sabiendo que tal vez los envía a la muerte; él es responsable del ataque, elige esta acción y la decide en soledad. Podría parecer que la angustia, como miedo ante la elección de una posibilidad, lleva al quietismo o la inacción, pero, señala Sartre, esto no es así, al contrario: la angustia es expresión o condición de la acción misma pues si no tuviésemos que elegir no nos sentiríamos responsables ni tendríamos angustia. La angustia acompaña siempre al hombre, no sólo en los casos de decisiones extremas; sin embargo, cuando examinamos nuestra conciencia observamos que muy pocas veces sentimos angustia. Sartre explica esta circunstancia indicando que en estos casos lo que hacemos es huir de ella adoptando conductas de mala fe, no creyéndonos responsables de nuestras acciones. El desamparo Este sentimiento es una consecuencia de la conciencia de la radical soledad en la que nos encontramos cuando decidimos. El elegir es inevitable, personal e intransferible. No podemos dejar de elegir (incluso cuando optamos por no elegir, elegimos no elegir, elegimos dejarnos llevar por la circunstancia, la pasión o la legalidad). Somos nosotros los que elegimos, no vale excusarse indicando que estamos cumpliendo una orden de un superior o un mandato del Estado, siempre podríamos no hacerlo; sólo si no aceptamos nuestra libertad, sólo si nos consideramos como un eslabón más en la cadena causal de las cosas podemos creer que la elección viene de fuera, pero esto es una trampa, es una conducta de mala fe. No cabe refugiarse en la excusa de la fuerza de una pasión, o de la presión de una circunstancia o de la autoridad: somos libres, estamos condenados a ser libres, a elegir, y lo que hacemos depende de nosotros y sólo de nosotros. Nuestra decisión es intransferible y se hace en soledad también en otro sentido: los valores que dirigen nuestra elección los elegimos nosotros, o mejor, los inventamos. No existe una tabla de valores absoluta en la que podamos consultar lo correcto o incorrecto de nuestra decisión, en la que podamos apoyar nuestro juicio moral. Dios no existe, y por no existir Dios no existen valores morales absolutos: “en ningún sitio está escrito lo que debemos hacer; estamos en el plano de lo humano”; Sartre recuerda la frase de Dostoievsky “si Dios no existiera, todo estaría permitido” y declara que éste es el punto de partida del existencialismo. Todo está permitido si Dios no existe, y no hay excusas de ningún tipo para nuestras acciones. Ninguna moral puede presentar con detalle la conducta que debemos realizar, solo nos cabe inventarnos nuestra moral “el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre”. La desesperación Debemos comprometernos con un proyecto, debemos elegir nuestro ser, y esta elección no debe descansar en la esperanza de su realización inevitable pues sólo podemos contar con lo que depende de nuestra voluntad. El mundo no se acomoda necesariamente a nuestra voluntad, siempre hay factores imprevistos, siempre es posible que se trueque nuestra intención en algo totalmente distinto a lo previsto. Una de las situaciones que produce angustia en el hombre es la muerte. Al no reconocer la existencia de un Dios, deja de existir la idea de paraíso. Uno de los temas a los que apunta el existencialismo es al suicidio. Como el hombre es dueño de su vida puede hacer lo que guste con ella, incluido suicidarse. Cuando el hombre muere, no sólo desaparece su aspecto físico, sino también su ideología. La muerte no sólo nos provoca curiosidad, pero también sufrimiento y angustia ya que desde que nacemos estamos muriendo. Entre los filósofos que tratan esta temática se encuentran Martin Heidegger y Jean Paul Sartre. Su objetivo no es encontrar el por qué de la muerte sino por qué la vida cobra o no sentido. Si todos vamos a morir, ¿cómo vale la pena vivir? (si es que vale la pena). Ambos filósofos se van a ocupar de este “para que” en la vida, si “somos para la muerte”. Heidegger y Sartre abordan la muerte como fenómeno, es decir, como aquello que le acontece al ser, como su paso inevitable al no ser. A partir de que tomo conciencia de eso la vida comienza a tomar valor o a perderlo ya que “se me para la muerte”. Este punto va a concluir en la sorge (cuidado de la existencia) para Heidegger y en la libertad de elección y náusea para Sartre. Heidegger La historia de la existencia ha sido marcada por la preocupación por el ser, ya que -éste ha sido prácticamente olvidado-, menciona ¿qué es el ser?, ¿qué es lo que en realidad se quiere decir cuando afirmamos: el hombre es? El hombre es el Dasein, es el lugar donde se muestra, donde se da la apertura del ser. Como Dasein o ser-ahí comienza el problema del ser del hombre; este se encuentra arrojado al mundo con su cúmulo de posibilidades (el poder ser), en las que su última posibilidad es la muerte, aquello que aún no es, pero que sin duda será; no obstante, en la proyección de sus posibilidades aún le corresponde el poder de elección del ser-ahí auténtico o inauténtico. A este ser que somos en cada caso nosotros mismos y que, entre otras cosas, tiene la posibilidad de ser que es el preguntar, lo designamos con el término de Dasein. El Dasein manifiesta la angustia hacia la muerte, pero no la soporta; la angustia no hace más que revelarnos la nada, el no-ser; aniquila toda posibilidad del ente, pues una vez que nacemos comenzamos inevitablemente a morir. La angustia se nos antepone, pero no nos sobrepasa. Heidegger nos da la posibilidad de una existencia auténtica. Tal existencia sólo es permisible cuando aceptamos la muerte como aquello que ya nos deviene. La anticipación de la posibilidad se revela como posibilidad de una existencia auténtica. La muerte implica la pérdida del ser-ahí, de la existencia; el ser-ahí ahora esta imposibilitado. La muerte en su más amplio sentido es un fenómeno de la vida. La vida debe comprenderse como una forma de ser a la que es inherente un ser en el mundo. Ontológicamente sólo puede fijarse tal forma entendiéndola como una privación con respecto al estar-ahí . Una vez que el ser humano se da cuenta de su finitud, de que su existencia está encaminada a este acontecimiento, nace la preocupación por el ser: la Sorge. Martin Heidegger describe la sorge como el cuidado del ser. Ante la muerte sólo queda vivir, es la muerte la que le va a dar verdadero valora la vida. El sentido existencial del Dasein es el cuidado.[…]el Dasein, entendido ontológicamente, es Sorge, cuidado. Puesto que al Dasein le pertenece por esencia el estar-en-el-mundo, su estas vuelto al mundo es esencialmente ocupación. Frente al estar arrojado y el ser para la muerte, como condición ontológica, se nos devela el ser y el tiempo; para qué y finitud. La muerte no es algo que aún no es "ante mis ojos", no es "lo que falta" últimamente, reducido a un mínimo, sino es más bien, una inmanencia. Aunque la muerte es la posibilidad más propia de no existir, posibilidad irreferible, insuperable, indeterminada, para Heidegger la muerte será la lucidez suprema y la máxima virilidad. La muerte puede ser asumida como tal y en este acto se encuentra su virilidad; y qué es la virilidad sino el poder seguir pudiendo. Para Heidegger una plena conciencia de lo que ha sido, lo que es y lo que se tiene anticipado ser se da ante el enfrentamiento directo con la certeza de la finitud. Sartre Jean Paul Sartre, discípulo de Heidegger, retoma muchas de las concepciones tratadas por éste, como el de la temporalidad, la nada, la angustia, la muerte, entre otras; por lo que es necesario conocer su concepto en cuanto al ser. El hombre en el mundo es el punto de partida, ya que el Ser no puede captar el mundo de forma inmediata por experiencia se parte del fenómeno. El fenómeno es lo que se manifiesta y el Ser se manifiesta a todos por igual, puesto que de él tenemos cierta comprensión, siendo el Ser una manifestación, es el fenómeno el que lo comprende. Según Sartre un objeto no posee el Ser; el Ser no es una cualidad como el color u olor, sino que decir que se es es la única manera de definir al Ser, es el conjunto de objeto-esencia, esencia que le hace ser lo que es. No podemos desmembrar un objeto, desbaratarlo y querer encontrar, en el fondo de éste, al ser, como si fuese algo que le perteneciera al objeto. El hombre busca el ser inútilmente, por ello intenta hacerse a sí mismo; ocupa su vida en tareas que lo hagan Ser, tareas que luego se vuelven exigencias y que sin ellas nada es. El Ser es lo que es, y el hecho de ser lo que se es, es principio contingente del Ser-en-sí. Ser-en-sí, ser-para-sí y ser-para-otros serán las categorías del ser. Sartre una vez más definirá al hombre como mera posibilidad, posibilidad que se desarrolla en el tiempo, posibilidad, que por estar inserta en el futuro, todavía no es: la nada. Ante la infinidad de posibilidades dentro de todas mis posibles circunstancias, se es un hombre libre, y por tanto responsable con el poder de hacer-se y elegir-se a sí mismo. El hombre no es más que su proyecto, y de él depende si se realiza o no Al encontrarnos frente a la nada, frente a aquello que no somos o que nos falta, nos encontramos de la misma manera en la posibilidad de ser lo que aún no somos. Hablar de posibilidad es hablar de lo que se puede ser, y a su vez lo que se puede ser sólo se encuentra en el futuro. El hombre, en su búsqueda de trascendencia, está siempre en posibilidad de ser otra cosa, se impone metas para ser lo que no es, lo que carece; sólo la trascendencia nos salva de la nada a la que estamos brutalmente condenados. El ser posibilidad le va a revelar a Sartre lo mismo que le revelaría a Heidegger: ser-para-la-muerte. El hombre no es un ser acabado, está hecho para la muerte; pero en la muerte se acaba la conciencia y toda trascendencia; lo esencial en el mundo es la contingencia. Para Sartre el hecho de que la muerte sea nuestro destino final deja sin sentido a la vida misma. Si somos para la muerte toda espera es absurda, sólo nos queda la existencia; ser lo que no se es y no ser lo que se es. La náusea es el resultado de toda esta absurdidad de la existencia: el hombre es pasión inútil. La náusea sólo la conoce quien la ha vivido, sólo él puede comprenderla. Hay que vivir la experiencia del absurdo de la existencia, el asco de la vida, de la ausencia, de un fin intrínseco a todos. Sin embargo la náusea es provocada por libre decisión. Todos los seres que existen han nacido sin motivo alguno, siguen existiendo por impotencia y mueren por accidente (…) el hombre es una pasión inútil. Ni el vivir ni el morir tienen sentido. A pesar de que Sartre se declara seguidor de la filosofía de Heidegger, con la nada como última posibilidad le otorga un sentido trágico a la existencia. ¿Ya para qué?, ¿qué sentido tendría cualquier cosa si todo acaba en la nada? Mientras que Heidegger le da al hombre la posibilidad de una vida auténtica, dedicada al cuidado de la misma, en la que si sabemos de nuestra finitud lo que nos queda es vivir y vivir bien, Sartre hace del hombre algo totalmente contingente, aunque aún libre de elegirse dentro de sus circunstancias, pero ¿será para él, la muerte, una circunstancia? Breve biografía de Jean Paul Sartre Filósofo francés, dramaturgo, novelista y periodista político, es uno de los principales representantes del existencialismo. Sartre nació en París el 21 de junio de 1905; estudió en la École Normale Supérieure de esa ciudad, en la Universidad de Friburgo, Suiza y en el Instituto Francés de Berlín. Enseñó filosofía en varios liceos desde 1929 hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, momento en que se incorporó al ejército. Desde 1940 hasta 1941 fue prisionero de los alemanes; después de su puesta en libertad, dio clases en Neuilly (Francia) y más tarde en París, y participó en la Resistencia francesa. Las autoridades alemanas, desconocedoras de sus actividades secretas, permitieron la representación de su obra de teatro antiautoritaria Las moscas (1943) y la publicación de su trabajo filosófico más célebre El ser y la nada (1943). Sartre dejó la enseñanza en 1945 y fundó, con Simone de Beauvoir entre otros, la revista política y literaria Les temps modernes, de la que fue editor jefe. Se le consideró un socialista independiente activo después de 1947, crítico tanto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como con los Estados Unidos en los años de la guerra fría. En la mayoría de sus escritos de la década de 1950 están presentes cuestiones políticas incluidas sus denuncias sobre la actitud represora y violenta del ejército francés en Argelia. Rechazó el Premio Nobel de Literatura de 1964 y explicó que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Las obras filosóficas de Sartre conjugan la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de Karl Marx en una visión única llamada existencialismo. Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la vida, la literatura, la psicología y la acción política suscitó un amplio interés popular que hizo del existencialismo un movimiento mundial. Con la filosofía de Sartre se produce un cierto retorno a la concepción del sujeto como centro de significaciones. Pero le da a esta teoría del sujeto una inflexión diferente. Para hacer una introducción de su obra filosófica es necesaria distinguir distintas etapas en su producción. Una primera etapa tendrá que ver con la elaboración de una teoría de la conciencia humana, en donde se inscriben textos como: La trascendencia del ego y sus ensayos La imaginación, Lo imaginario y Esbozo de una teoría fenomenológica de las emociones. La segunda etapa está marcada por su obra capital: El Ser y La Nada. En la última época hay un intento de establecer las bases de una antropología materialista, tomando como dirección al pensamiento marxista y su obra más importante será: La Crítica de la Razón Dialéctica. El tema central en la obra de Sartre será el existencialismo o la realidad humana, es decir el hombre en su existencia concreta y lo llama, siguiendo a Heidegger, el hombre como ser en el mundo. A su vez, Sartre, concibe a la existencia humana como existencia consciente. El ser del hombre se distingue del ser de la cosa por ser consciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí; en este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia. La otra fuente teórica que Sartre encuentra para abordar su teoría de la conciencia y que le asegura el concepto de unidad de conciencia, es la fenomenología de Husserl. La fenomenología le servirá como método para elaborar una teoría de la conciencia, que le permita comprender la existencia humana y el concepto teórico al fin es el de intencionalidad de la conciencia. Para Husserl la estructura fundamental de la conciencia es la intencionalidad, es decir, la propiedad de todo acto de conciencia es estar referido a algo, a un objeto o al mundo entero; por lo tanto la conciencia se agota en ese estar dirigido hacia el objeto. Sartre dirá que es una fuga, es un arrancarse más allá de sí mismo hacia lo que no es ella, hacia el objeto. Por lo tanto la conciencia carece de interior. Sartre agrega que el mundo es exterior, por esencia, a la conciencia pero a su vez la conciencia y el mundo se dan al mismo tiempo. Sin embargo se diferenciará de Husserl, en la existencia de un yo unificador de la conciencia, que proponía este último. Sartre decía: La conciencia se unifica escapándose hacia el objeto. No es necesario este yo. En su libro “La Trascendencia del Ego”, dice Sartre Cuando corro para alcanzar un tranvía, cuando miro la hora, cuando me absorbo en la contemplación de un retrato, no hay yo, hay conciencia de tranvía que debe ser alcanzado. Es decir que la unidad de la conciencia reside en el objeto hacia el cual se dirige la conciencia. Sartre admite que en la reflexión, cuando la conciencia se vuelve sobre sus propios actos, por ejemplo sobre un pensamiento, apresa a un yo que es el yo del pensamiento; ésto ocurre porque el yo es producido por la propia actitud reflexiva de la conciencia. De la intencionalidad de la conciencia deriva en la ontología, debido a que el ser de la conciencia indica un ser distinta a ella. En su segunda etapa, más precisamente en El Ser y La Nada, distingue dos regiones del ser, que denomina: Ser para sí y Ser en sí apareciendo el ser del existente humano en términos de nada. La nada es el ser propio de la existencia humana como conciencia, siendo esta nada negación. El ser para sí es el propio ser de la conciencia o subjetividad. La existencia de la conciencia es anterior a ser conocida, no tiene nada sustancial, porque solo existe en este aparecerse a sí mismo. Él para sí define al hombre en su proyecto original, por sus deseos. El ser en sí, es el ser del mundo, de los objetos, en tanto existe con independencia de la conciencia. Es el ser de la objetividad, trascendente a la conciencia. El ser en sí es el ser que es, es una totalidad y el ser para sí es el ser que no es, es una pura nada, es negatividad. El sujeto es un para sí que nihiliza el en sí. El sujeto es deseo de ser (porque es pura nada), quiere ser algo que lo defina por su ser; por lo tanto es deseo de ser un en sí, esto sería lograr la totalidad, es decir ser Dios, cosa que es imposible. Simplemente nos encontramos existiendo, y entonces tenemos que decidir qué hemos de hacer con nosotros mismos. Como no hemos sido creados para hacer nada en concreto, ni para realizar ningún fin, cada hombre deberá buscarse un fin propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular, que tiene un valor meramente subjetivo. Pero por el solo hecho de tener el deseo de ser, se es libre; el sujeto elige libremente cualquier camino para definir ese proyecto original que es el deseo de ser. El hombre está condenado a ser libre, pero también se crea libremente los condicionamientos y los obstáculos cuando los proyectos previamente trazados son erróneos. De la libertad derivan varias implicaciones, por ejemplo la responsabilidad, en donde el hombre es plenamente responsable del modo de ser que va adquiriendo a lo largo de su existencia. De alguna manera la libertad resulta incómoda, debido a que hay que saber que hacer con ella, por lo tanto será la causa de una gran angustia. El existencialismo no cree en normas generales válidas para todos, no tiene un sentido de referencia o sea que el hombre bajo su responsabilidad debe crear sus propias normas. Cuando realiza una elección, tiene inseguridad si es buena o mala, por lo tanto va acompañada de angustia. Puede suceder que ante este miedo a la angustia que produce una elección, tratan de engañarse a sí mismo depositando la responsabilidad sobre algo ajeno, ya sea Dios, el ambiente o la herencia; a ésto Sartre lo denomina la mala fe y un ejemplo que da para ilustrar a este concepto es el siguiente: Una muchacha está sentada con un hombre, ella sabe bien que él desearía seducirla. Pero cuando él le toma la mano, ella intenta evitar la decisión de aceptarla o rechazarla, pretendiendo no darse cuenta deja la mano como si no fue consciente de la situación. Pretende ser un objeto pasivo y no un ser consciente de que es libre y la responsabilidad queda depositada sobre el otro». Frente a la mala fe, Sartre propone la autenticidad como guía de conducta y consiste en aceptar a la libertad, la angustia y la responsabilidad. Pero Sartre irá más allá, diciendo que el hombre es un ser absurdo ya que ni el nacer ni el morir tienen sentido. El absurdo de la existencia produce el sentimiento de náusea, sentimiento que se experimenta hacia lo real cuando el hombre toma conciencia de que es absurdo. A partir de 1949, Sartre intenta revisar el pensamiento marxista enriqueciéndolo con su filosofía existencialista, comenzando la tercera etapa de su producción. En Crítica de la razón dialéctica (1960), representa un gran esfuerzo para alcanzar la síntesis de las dos concepciones. Hay un pasaje del protagonismo del para sí al protagonismo que asume el movimiento dialéctico de la historia y la acción concertada del grupo para trascender una determinada situación política. Bibliografía • Appignanesi R., Zárate O, (2004), “Existencialismo para principiantes”, Longseller. • Barraza N., Morichetti M, Ramacciotti K, Scherer L, (2004), “Historia: los primeros hombres, los primeros Estados y la formación del mundo feudal”, Santillana. • Sartre J. P, (1945), “El existencialismo es un humanismo”. • www.wikipedia.org • http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiacontemporanea/Sartre/Principal-Sartre.htm • http://www.psikeba.com.ar/articulos2/GU-Heidegger-Levinas-Sartre.htm
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
1,470visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

g
grroupie🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts8
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.