La verdad sobre el amor japonés
Todos conocemos de sobre el amor en Japón. Más de una vez, hemos comentado las características de esta forma de pensamiento en la cultura japonesa, las bases de un amor muy al estilo tradicional, de conquistas de película y de amores platónicos. Sin embargo, fuera de todo ese mundo de conquista y amor, la realidad de las relaciones entre hombres y mujeres pasa de la supremacía del hombre, a la separación de sexos sin olvidarnos, claro está, de las femme fatale.
Un sōshoku danshi, lo que se suele conocer como un “hombre herbívoro”, o más comúnmente como un hombre tranquilo y pasivo, es invitado a ser el único miembro masculino de una joshikai, fiestas exclusivas de mujeres, con todos los gastos pagados por ellas. Conocidas cada una como joshi, y cuyas edades varían entre los 28 y 34 años. Estas mujeres pueden ser las típicas nikushoku joshi o “mujeres carnívoras”: tiran del pelo, prueban sin cesar la vida sexual y te mantienen bebiendo hasta la madrugada. Para cualquier hombre que termina siendo invitado a estas fiestas el pensamiento es el mismo: “no se puede ser ayudado porque esa noche, eres como una mascota”.
El joshikai es uno de muchos inventos ingeniosos y las joshi los preparan normalmente para asegurarse que el hombre adicional en estas fiestas es el típico joven y adorable, susceptible a la seducción y que no se ofende por el inevitable ijiritaoshi, las burlas sin piedad.
Generalmente, sin embargo, las mujeres y hombres japoneses prefieren situarse con los de su propio género. A la hora del almuerzo, en cualquier zona de los alrededores de Tokio, se pueden observar a los hombres alineados en torno a puestos de ramen o tiendas bento mientras que las mujeres se sientan en los lugares más bonitos en grupos de tres o cuatro. Entre compañeros de trabajo – denominados doryo – pueden sonreírse y gritarse entre ellos en la calle, pero rara vez se ven grupos mixtos disfrutando de la comida juntos.
Estas escenas de división de géneros eran típicas a finales del siglo XX, pero décadas más tarde, la separación de géneros sigue siendo una costumbre permanente. Los restaurantes tienen menús redīsu, orientados para las mujeres. Los cibercafés tienen “Josei Senyo Busu”, cabinas sólo para mujeres, con la iluminación más suave y servicios adicionales. Casi todos los hoteles dan a conocer la Setto redīsu, carteras pequeñas que contienen algodón, cintas para el pelo, cepillos de plático y utensilios similares. Incluso el tren tiene josei senyōsha, trenes exclusivos para las mujeres que se crearon para protegerlas de los chikan (pervertidos sexuales) aunque ahora son vistos como una forma ideal para evitar problemas entre los sexos.
Tras todo esto, uno puede pensar que los hombres y las mujeres japoneses nunca han aprendido a llevarse bien. Los sociólogos dicen que la historia de la sociedad samurái ha tenido un efecto profundo en la manera en que los hombres ven a las mujeres y viceversa. Para muestra un alfiler:
Minamoto no Yoritomo, el primer samurái en establecer un shogunato en 1192, era un hombre calculador, que convino matar a su propio hermano por intereses en el poder; pero incluso él no era rival para su esposaMasako. Masako fue el prototipo de mujer japonesa inteligente y ambiciosa, dispuesta a sacrificarlo todo por el nombre de su familia y por muchas razones, que molestaba a Yoritomo para solidificar su posición, acumular riquezas y demostrar que él la merecía.
Masako también se aseguro de que su marido muriera, yéndose todo a su propio clan paterno con ella misma manejando los hilos políticos y la manipulación de los señores de la guerra. Cabe señalar que el kanji masa en “Masako” significa la política.
El siguiente samurái que sacó a relucir este tema hombre-mujer era Tokugawa Ieyasu, alrededor de cuatro siglos después de Yoritomo y unificó Japón en 1603, cuando contaba con 70 años. Ieyasu desconfiaba profundamente de las mujeres y sostuvo que un hombre samurái y una mujer deben ocupar la misma habitación para un solo fin: la procreación. Y para evitar innecesarias caricias o conversaciones, decretó que siempre debe haber un grupo de acompañantes en la habitación vecina. No hay duda de que hubiera aprobado los vagones exclusivos para mujeres.
Sin duda, la época samurái fue un gran precedente en el que ya se contaba con claras distinciones de hombres y mujeres, y a los que, por lo visto, no había que ver juntos salvo en ocasiones concretas y por necesidades muy primarias. Puede que esto sea una influencia para la sociedad actual, o puede, simplemente, que los japoneses sigan pensando de la misma manera después de tantos siglos. Hoy por hoy, es una costumbre que está muy arraigada en la mentalidad de los habitantes de Japón y que, en el caso de que se erradique, harán falta muchos más siglos.