primera parte del libro
I- INTRODUCCIÓN
¿QUÉ ES LA HISTORIA?
La historia es el relato de los sucesos, así como de su encadenamiento, ocurridos en el pasado.
BASES PARA RECONSTRUIR LA HISTORIA
La reconstrucción histórica se sostiene en dos artes o métodos:
a. Heurística: es el conjunto, acumulación y ordenamiento de testimonios que prueban la veracidad de los hechos que se relatan. Los documentos o pruebas pueden ser:
1. Públicos: leyes, manifiestos, diarios;
2. Privados: correspondencia, contratos, objetos (casas, ropas, armas, etc.).
b- Hermenéutica: es la interpretación de ese cúmulo informativo.
DEFORMACIONES O DESVIACIONES
En el caso de la heurística pueden señalarse dos tipos de desviaciones:
1- Se verifica cuando el historiador omite determinados hechos como si no hubiesen sucedido. Por ejemplo, la historia oficial oculta las sangrientas represiones ejecutadas por el gobierno de Bartolomé Mitre, entre 1862 y 1866, en las provincias interiores. Otro ejemplo: el desconocimiento del Plan de Operaciones de Mariano Moreno.
2- Se produce cuando se relatan acontecimientos cuya veracidad resulta discutible y no se los apoya con la fuente documental que los certifica. Así se obvian las citas a pie de página, con la excusa de no fatigar al lector, limitando la apoyatura a un grupo de comentarios o referencias a fin de capítulo, que dejan sin fundamento a buena parte de los asertos de dudosa veracidad.
Más grave aún, son los equívocos y confusiones producidos en el campo de la Hermenéutica. Aquí pesa la ideología, el juicio, la escala de valores del historiador. Detrás de su relato, aun descartando su honestidad intelectual, está presente su cosmovisión ideológica. Por ejemplo, quien juzga que el progreso argentino proviene de la apertura económica y el ingreso del capital extranjero exalta la política rivadaviano-mitrista, y ésta, a su vez, resulta descalificada por quienes sostienen el crecimiento “hacia adentro” a través del proteccionismo y la aplicación planificada del ahorro interno. Es evidente que detrás de estas dos posturas hay ideologías que no deberían erigirse como única y absoluta verdad.
LAS CORRIENTES HISTORIOGRAFICAS
Por lo expuesto, debido al enfrentamiento de diversas ideologías, surgen las corrientes historiográficas. No tiene que haber necesariamente diferencias metodológicas entre ellas, sino diferentes interpretaciones del ayer, que repercuten en el hoy y pretenden mantenerse hacia el futuro.
No se debe condenar a los historiadores por parciales o tendenciosos. Pero sí, se les debe reclamar que se reconozcan como tales. El gran engaño no consiste en que Bartolomé Mitre o Alfredo Grosso interpreten la historia desde su concepción conservadora-liberal, sino que lo hagan pretendiendo que sus visiones son neutras, no obedecen a ideología alguna y por lo tanto, deben enseñarse en las escuelas como la única y verdadera historia.
El estudiante y el ciudadano deben tener bien claro que no hay una historia objetiva y que detrás de cada versión histórica y de cada ideología se encuentran grupos sociales con intereses enfrentados.
Queda establecido que ayer y hoy, las luchas sociales y políticas cubren el escenario y evidencian proyectos antagónicos que promueven disgusto o ganan simpatías. Una auténtica democracia debe asegurar la posibilidad de confrontación entre las diversas corrientes, tanto en las escuelas y universidades, así como a través de los medios masivos de comunicación.
Por ende, no hay una historia neutra, así como tampoco hay un periodismo objetivo. Sólo que se debe reconocer la existencia de diversas interpretaciones, las que a su vez responden a distintas ideologías. De esta sana polémica, todo aquel que se interesase por estos problemas podría decidir cuál de esas recreaciones del pasado resulta más verídica, cuál es más creíble y cuál apunta a rescatar, en las luchas de ayer, aquellos valores que merecen ser preservados y desarrollados en el futuro con el propósito de tener un país más justo y equitativo.
Mientras se esperan con ansiedad y esperanza estos debates es necesario conocer, en sus perfiles más netos, las diversas corrientes historiográficas que responden a las distintas ideologías en pugna. Ellas son: 1. la Historia Oficial; 2. la Corriente Liberal de Izquierda; 3. el Revisionismo Rosista; 4. el Revisionismo Histórico Forjista; 5. el Revisionismo Rosista-Peronista; 6. la Corriente de Historia Social y 7. el Revisionismo Socialista, Latinoamericano o Federal-Provinciano.
1. LA HISTORIA OFICIAL, LIBERAL O MITRISTA
A) DEFINICIÓN
Es “oficial” porque: 1. Se enseña desde hace décadas en los diversos niveles de la enseñanza; 2. predomina en los medios masivos de comunicación; 3. está presente, indiscutida e indiscutible, en los discursos y la iconografía oficial; 4. se yergue en las estatuas de las plazas y denominaciones de calles y localidades.
Es “liberal” porque interpreta y valora los acontecimientos históricos desde un enfoque ideológico liberal-conservador. Un liberalismo que hace eje en lo económico con el libre juego del mercado y la apertura al exterior, pero que se vacía del contenido democrático que tuvo en la Revolución Francesa de 1789 y se impregna de una concepción elitista y antipopular.
En lo cultural, es europeísta y antilatinoamericana.
Es “mitrista” porque Bartolomé Mitre fue su principal propulsor. A él se debe su bibliografía básica y su ideología reproducidas por sus epígonos.
B) HISTORIA DE LA CLASE DOMINANTE
Esta historia ofrece una visión de nuestro pasado desde la óptica de la oligarquía, integrada por los grandes estancieros de la pampa húmeda y los grandes comerciantes importadores y exportadores de Buenos Aires. Su principal gestor es el general Mitre, político e historiador, perteneciente a una de las familias más poderosas de la República Argentina (en el lenguaje popular: “ser hijo de Mitre” equivalía a tener la “bolsa de los Anchorena”). Reaseguró el predominio de sus ideas con la fundación del diario matutino “La Nación” (como dijo Homero Manzi: “un prócer que se dejó un diario de guardaespaldas”). Esta corriente historiográfica -dominante durante un siglo, en la medida en que, como dijo alguien: “las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante”- analiza nuestro pasado desde la óptica de las elites dueñas del país.
Alberto Pla señala que según esta concepción, “son las minorías ilustradas las que hacen la Historia”1. Con este relato en su favor, la clase dominante no sólo legitima su pasado, presentándose como una suma de virtudes y adjudicándole defectos infernales a sus enemigos, sino que se consolida políticamente hoy y apuesta a perpetuarse en el futuro al someter a su concepción al resto del país, especialmente a los sectores más ligados a la cultura (la clase media).
C) HÉROES E IDEALES
Así exalta a un puñado de grandes hombres como los constructores de la Argentina, entre los cuales se destacan: Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento y el propio Bartolomé Mitre.
En ese panteón aparecen también, pero previamente deformados y vaciados de su auténtico contenido: José de San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi.
La iconografía oficial junta los retratos de unos y otros como si hubiesen compartido proyectos y amistad. No fue así. San Martín y Rivadavia se odiaban. También Moreno era anti-rivadaviano. Y el mismo sentimiento de odio existía entre Mitre y Alberdi.
Los grandes hombres habrían hecho la historia argentina. Fueron artífices de una Argentina blanca, europeizada, desvinculada del resto de América latina, construida a través de un proceso resistido por las masas “bárbaras” y sus caudillos, quienes no comprendieron la necesidad del “progreso y la civilización” que permitiría asemejarnos a los grandes países del mundo (el lema de Sarmiento: “civilización o barbarie”).
En esta línea, son paradigmas los políticos y gobernantes amigos de los ingleses -Rivadavia y Mitre- mientras, resultan representantes del atraso histórico aquellos que se les opusieron -los caudillos federales en sus diversas expresiones:
Juan Manuel de Rosas, Juan Facundo Quiroga, José Gervasio Artigas, Angel Vicente Peñaloza y Felipe Varela. Los primeros, pasarán a los cuadernos escolares, con las figuritas recortadas de la revista “Billiken” y vestirán las paredes de las aulas. Los segundos execrados -Rosas y Quiroga- despreciados -Artigas-, u ocultados -Varela-.
De esta forma, el pueblo, los caudillos, las “chusmas” resultan el antiprogreso, lo irracional, lo ignorante, lo reaccionario, lo antidemocrático.
Así, la historia se hace política, instrumento fundamental en la lucha de la clase oligárquica contra las clases oprimidas.
D) IMPOSICIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL
La clase dominante impone al resto de la sociedad -como ya se dijo- sus ideas. Especialmente influye en aquellos sectores sociales más ligados a la cultura, como la clase media.
El forjista Arturo Jauretche analizó detenidamente cómo con el control de la enseñanza en sus diversos niveles, de los grandes diarios y revistas, así como de academias y otras formas de creación de prestigio, la clase dominante organizó una superestructura cultural para imponer sus ideas, entre otras, las históricas. El pensador europeo de izquierda Louis Althusser llegó a esas mismas conclusiones en “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”. Allí sostiene: “Ningún aparato ideológico del Estado dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y por si fuera poco, gratuita...) 5 ó 6 días a la semana, a razón de 8 horas diarias, de formación social capitalista”. En el caso argentino, otorga una formación de mentalidad colonial en diversas áreas del conocimiento, una de ellas: la historia.
Una de las características más importantes en la difusión de estas ideas reside en que la clase dominante las “baja” como conocimiento neutro, científico, indiscutible. Y así lo divulgan maestros y profesores, acríticamente. Dicen que ésta es la historia de los argentinos. Estos son nuestros próceres. No existe ni otra historia, ni otros próceres. No tiene sentido cuestionar o indagar. La historia mitrista se ofrece como sacralizada. Si lo difunde “La Nación”... Si lo difunde el periodista y lo aprueba el maestro... ¿quién podrá osar discutirlo? Sin embargo, podría argüirse que si esa historia omite sucesos o personas, o califica erróneamente los hechos, generaría desconfianza en el oyente o el alumno, al contrastar con referencias recibidas por vía de la tradición oral. Pero en la Argentina, el corte provocado por la inmigración influyó para que la Historia Oficial pudiese ser admitida confiadamente. La tradición oral se verifica, generalmente, entre abuelos y nietos (ambos personajes ociosos de la familia) cuya imagen fue recogida tantas veces en libros y cuentos: la abuela o el abuelo dejando fluir su memoria y el niño escuchándole atentamente. En la Argentina, los abuelos o abuelas llegados de Italia o España o de cualquier otro país contaban a sus nietos sus experiencias de vida, pero no hablaban de Peñaloza, ni de Varela, ni de Rosas, sino de países lejanos. La enseñanza de la maestra no era confrontada por la tradición oral en los hijos de los inmigrantes. En cambio, en las provincias, la Historia Oficial nunca pudo imponerse plenamente porque los relatos, recuerdos, memorias, de los descendientes de los montoneros federales mostraban “otra historia”.
BASES DE LA HISTORIA OFICIAL
Como ya se dijo, Mitre, jefe triunfante de la oligarquía porteña, echa las bases de la Historia Oficial.
El primer avance es “Galería de celebridades argentinas” (1857). Allí, Mitre escribe la introducción y la semblanza sobre Belgrano. El libro se compone de otras semblanzas dirigidas a exaltar a personajes liberales: San Martín (por Sarmiento); Rivadavia (por José María Gutiérrez); Manuel José García (por su hijo, Manuel Rafael García); Lavalle (por Pedro Lacasa); Guillermo Brown (por Tomás Guido); Florencio Varela (por Luis Domínguez); Deán Funes (por Mariano Lozano) y Mariano Moreno (por su hermano, Manuel).
En esa “galería” se denigra a los caudillos “dominadores de la barbarie”; “expresión de los tiempos primitivos”; “terribles y ceñudos que inspiran horror”. En cambio, se exalta a las minorías porteñas.
Sobre Lavalle: “legiones inmortales; “valor sobrehumano”; “luchó defendiendo la lealtad de la Patria”; hasta justificar el asesinato de Manuel Dorrego por “motivos de época”. En cambio, Güemes es “funesto”, de “siniestra celebridad”.
En cuanto a Dorrego: “empujado por el brazo robusto del populacho”; “excitaba el espíritu salvaje de la plebe”; “las masas desenfrenadas con su algazara salvaje”.
BARTOLOMÉ MITRE (1821/1906)
Su primer obra histórica relevante es “Historia de Belgrano y la independencia argentina”, de la cual aparecieron adelantos hasta que se publicó completa, en 1876. Resulta un importante trabajo heurístico, con 3000 fuentes.
Respecto a la interpretación se caracteriza por:
a. Historia impulsada por grandes hombres.
b. La Revolución de Mayo dirigida al comercio libre, antihispánica y probritánica.
c. Moreno, “el Miguel Angel” y “numen de Mayo”; pero sin el Plan de Operaciones.
d. Visión porteñista (Dalmacio Vélez Sarsfield la calificó como juicio injurioso y calumnioso a los pueblos del interior” (“El Nacional”, 1864)2.
e. El Antiartiguismo, “No era una idea lo que impulsaba a los pueblos por este camino (el de Artigas); era un instinto ciego en las masas y una ambición bastarda en sus directores... Esa federación no era sino una logia de mandones, dueños de vidas y haciendas, que explotaban las aspiraciones de las multitudes, sometidas a la dominación despótica y absoluta de Artigas”3. “El Protector era el jefe natural de la anarquía permanente... Enemigo de todo gobierno general y de todo orden regular”4.
Vélez Sarsfield señaló, críticamente, que “los documentos reflejan en su mayor parte los intereses de las clases altas... Como las masas y los líderes populares dejan pocos rastros escritos, la historia debe recurrir a la leyenda, la tradición oral y los testimonios. El defecto de la historia de Belgrano es estar sacada de los documentos
oficiales... en los que nunca aparece la verdad histórica”5. A su vez, Alberdi sostuvo: “La ‘Historia de Belgrano’ es leyenda documentada, fábula revestida de certificados”6.
La otra obra importante de Mitre es la “Historia de San Martín y la emancipación sudamericana” (1877).
Sobre esta obra puede señalarse:
a. En su primera página define su perfil antilatinoamericano, marcando un claro antagonismo entre San Martín y Bolívar. Según ella, por un lado, se encuentra “la revolución argentina americanizada... para crear nuevas naciones independientes”. Por otro, “la revolución colombiana dilatada”, tendiente a “unificar artificialmente las colonias emancipadas, según su plan absorbente y monocrático... en pugna con la revolución argentina americanizada”7.
Es decir, San Martín, con su plan de “nueva constelación de estados independientes”, opuesto al “sueño delirante de la ambición de Bolívar”8 (en “Arengas”, pág. 648, retoma fuertes críticas a Bolívar).
b. Reniega de la tradición hispánica que habría traído “absolutismo y servidumbre feudales”, mientras que “más feliz, la América del Norte, fue colonizada por una nación que tenía nociones prácticas de libertad y por una raza viril, mejor preparada para el gobierno de lo propio, impregnada de un fuerte espíritu moral que le dio temple y carácter”9.
c. Retoma la concepción civilización y barbarie.
Luego a través de artículos de “La Nación” y en “Arengas”, Mitre completa las bases de la Historia Oficial:
1. Apología de Rivadavia (Oración del 20.05.80: “Rivadavia es el más grande hombre civil de los argentinos”10 y “Apoteosis de Rivadavia” en Arenga del 20.08.5711).
2. Diatriba contra Artigas, en la “Historia de Belgrano”12.
3. Elogio al capital inglés en un discurso pronunciado en la inauguración del Ferro-Carril del Sud de Buenos Aires, el 7 de marzo de 1861: “Por eso al derramar sobre el proyectado terraplén de la vía, mi carretilla llena de tierra argentina que el capital inglés y el trabajo de los inmigrantes va a fecundar, agregué que este era el feliz presagio de un gran futuro y que confiaba que la semilla de progreso que iba a depositarse en su seno fructificaría y daría abundante cosecha a los jornaleros. Ahora, al contestar el cordial saludo que se me ha dirigido en nombre de los extranjeros aquí presentes y principalmente de los ciudadanos de la Gran Bretaña, diré que no los reconozco por tales extranjeros en esta tierra. No! (‘Heard! Heard!’). Reconozco y saludo a todos los presentes como hermanos porque todos lo somos en el campo de la labor humana (“Muy bien (...). Pero, señores, estos son únicamente los efectos visibles que palpamos. Démonos cuenta de este triunfo pacífico, busquemos el nervio motor de estos progresos y veamos cual es la fuerza inicial que lo pone en movimiento. ¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: es el capital inglés. Desearía que esta copa fuese de oro, no para adorarla como al becerro de la antigüedad, sino para poderla presentar más dignamente como el símbolo de las relaciones amistosas entre la Inglaterra y el Río de la Plata, nuestra amiga cuando éramos colonias, y nuestra mejor amiga durante la guerra de la independencia. En 1806 y 1807 los ingleses nos trajeron hierro en forma de espadas y bayonetas, y plomo y bronce en forma de balas y cañones, y recibieron en cambio hierro, bronce, plomo y fuego, y su sangre y la nuestra derramada en las batallas fue oreada por el pampero en las calles de Buenos Aires. (“Sensación”). Después vinieron con hierro en formas de picos y palas, con algodones, con paños y se llevaron en cambio nuestros productos brutos para convertirlos en mercaderías en sus manufacturas. Esto sucedía en 1809. desde entonces quedó sellado el consorcio entre el comercio inglés y la industria rural del país. Los derechos que los negociantes ingleses abonaron en aquella época a la Aduana de buenos aires, fueron tan cuantiosos que fue necesario apuntalar las paredes de la Tesorería por temo de que el peso que soportaban las echase al suelo. Esta fue la primera hazaña del capital inglés en estos países, que presagiaba la caída de las antiguas murallas y el advenimiento de una nueva época. Verdaderamente, señores, el capital inglés es un gran personaje anónimo cuya historia no ha sido escrita aún (...). Pido solamente al terminar mi tarea, dejar al país con doce millones de rentas, con treinta mil inmigrantes, con quinientas millas de ferrocarril gozando de paz y prosperidad y quedaré satisfecho, como ahora lo estoy al brindar por el fecundo consorcio del capital inglés y el progreso argentino. (“Aplausos prolongados”)13.
4. Crítica a Rosas, en discurso del 03/07/185714.
5. Exaltación de Lavalle, discurso del 20/01/61, al cerrar la urna funeraria15.
6. Panegírico del comercio libre. Discurso del 21/02/69: “En la guerra del Paraguay... ha triunfado no sólo la República Argentina... sino también los grandes principios del librecambio... Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la ovación merecida que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor gloria y mayor felicidad de los hombres porque también esos principios han triunfado” (Arengas, pág. 292).
VICENTE FIDEL LÓPEZ (1815-1903)
Es el otro gran historiador de esta corriente.
Construye su obra histórica basándose en la tradición oral, especialmente de su padre Don Vicente López y Planes, ganando en calidez y tonos vivos aunque perdiendo rigor. En líneas generales, su relato es más atractivo que el de Mitre, aunque la interpretación -salvo algunos matices- es la misma. Sus obras más importantes son las siguientes:
“Introducción a la historia de la revolución argentina” (1861).
“La revolución argentina” (1861).
“Historia de la República Argentina”. 10 Tomos (entre 1883 y 1893), y “Manual de historia argentina” (entre 1889 y 1890).
POLÉMICA ENTRE MITRE Y LÓPEZ
Mitre “inauguró la escuela erudita”16, convirtiéndose, en su polémica con Vicente Fidel López, en el más riguroso custodio de la heurística, lo que no impidió, sin embargo, que cuando le acercaron una copia del Plan de Operaciones de Mariano
Moreno -que contradecía su imagen amable del Secretario de Mayo- la perdiese distraídamente.
Mitre criticó a López en carta a Barros Arana, por poca seriedad en las fuentes. López se enteró y en 1881, al publicar su “Introducción a la historia de la República Argentina”, cargó contra Mitre.
Mitre le contestó con “Comprobaciones históricas” y López publicó “Refutaciones a las comprobaciones históricas”.
Mitre ganó la polémica y luego se reconciliaron. Pero más allá de la discusión metodológica, Mitre y López coincidían, en general, en la interpretación de nuestro pasado (aunque López tomara, a veces, mejor ubicación política: profederal en 1853, industrialista en 1874). La circunstancia de que la obra de López avanzara más en el tiempo, provocó que los textos escolares se basaran más en ella, que en la de Mitre. De López, tomaron el antirrosismo virulento y la diatriba contra los caudillos, al tiempo que tomaban de Mitre el panegírico a Rivadavia.
La coincidencia entre estos padres de la Historia Oficial se revela especialmente en su antiartiguismo. Mitre en correspondencia a López, sostiene: “Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente”17.
López, por su parte, agrega estos juicios: “Los caudillos provinciales que surgieron como la espuma que fermentaba de la inmundicia artiguista, eran jefes de bandoleros que segregaban los territorios donde imperaban a la manera de tribus para mandar y dominar a su antojo, sin formas, sin articulaciones intermedias, sin dar cuenta a nadie de sus actos, y constituirse en dueños de vidas y haciendas (...). Artigas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por los orientales que un día llegaron hasta resignarse con la dominación portuguesa antes que vivir bajo la ley del aduar de aquel bárbaro”18.
En otra parte, pinta así a la base artiguista: “masa informe y grosera, brutales por hábito y por instinto”19. Luego, agrega: “El alma perversa de Artigas se connaturalizó con el desaliño grosero y los hábitos de violencia...20. “Toda burguesía decente y culta reclamaba protección contra las amenazas de la barbarie atroz e inclemente que Artigas promovía contra el orden social”21.
LUIS L. DOMÍNGUEZ (15/03/1819-20/07/1898)
En la segunda línea de los historiadores liberales encontramos a Domínguez (poeta, diplomático, ministro de Sarmiento). Ha militado en el unitarismo en la época de Rosas, vinculándose a Florencio Varela quien le facilitó el archivo personal de Bernardino Rivadavia, con el cual trabajó tomando su óptica elitista.
En 1861 publica su “Historia argentina”, por muchos años texto obligado para los escolares. Tanto este libro, como el “Manual” de Vicente F. López forman maestros y estudiantes, mientras las obras de Mitre, así como sus artículos de “La Nación” hacen cátedra entre la intelectualidad.
Esta Historia Liberal, ya convirtiéndose en Historia Oficial, es enriquecida, luego por varios publicistas, entre los cuales analizamos, seguidamente, a los de mayor importancia.
1) JOSÉ MANUEL DE ESTRADA (13/07/1842-17/09/1894)
Católico, pero liberal, fuertemente antirrosista. Historiador tipo López. Sus obras principales son:
. “Lecciones sobre la historia de la República Argentina”, 5 tomos (1868).
. “La política liberal bajo la tiranía de Rosas”, (1874).
2) MARIANO PELLIZA (25/09/1837-11/08/1902)
Publica numerosas obras, entre ellas, biografías de Dorrego, Pueyrredón, y Mármol. De tendencia liberal, escribe “La dictadura de Rosas”, “Historia argentina” (1888 - 5 tomos), “Historia argentina al alcance de los niños” (1892) e “Historia de la Organización Nacional” (1897).
3) PAUL GROUSSAC (TOULOUSE, FRANCIA 15/02/1848 - BS. AS. 27/06/1929)
Groussac ejerce el control de la historia académica, a partir del fallecimiento de Mitre. Ramón Doll dirá que “aquel viejo inhóspito presidió, con su sonrisa nevada, medio siglo de inquietudes artísticas y espirituales”22.
Es liberal -conservador y desdeñoso del país-. Director de la Biblioteca Nacional. Funda y dirige por muchos años la revista “La Biblioteca” (8 volúmenes) y desde 1896, los “Anales de la Biblioteca” (11 volúmenes).
Publica entre otras obras: “Del Plata al Niágara” (1897), “Liniers” (1907), “El Congreso de Tucumán” (1916), “Los que pasaban” (1919) y “Estudios de Historia Argentina” (1918).
4) JOSÉ MARÍA RAMOS MEJÍA (24/12/1849-19/06/1914)
Médico psiquiatra, de tendencia liberal. Publica diversos trabajos que ejercen fuerte influencia, acentuando enfoques psicológicos y aún más, de psicopatología, para explicar a los caudillos y otras grandes figuras.
En “Neurosis de los hombres célebres” (1878), analiza psicológicamente al paraguayo Francia, al fraile Aldao, a Monteagudo y al Alte. Brown. Después, publica “La locura en la historia” (1895), “Las multitudes argentinas” (1899) y “Rosas y su tiempo” (1907).
También merecen citarse Antonio Zinny (09/10/1821-16/09/1890), en cuya obra sobresale la “Historia de los gobernadores de las provincias argentinas desde 1810 hasta 1879”, Juan Agustín García (1862-1923), autor, entre otras, de “La ciudad Indiana” (aparecida en 1900), Vicente G. Quesada (05/04/1830-19/09/1913), quien publica “La sociedad hispanoamericana bajo la dominación española” (1893) y “Memorias de un viejo”, bajo el seudónimo de Víctor Gálvez (1888), y Ángel Justiniano Carranza (05/03/1834-11/05/1899), con su “Las campañas navales de la República Argentina, 1810-1870” y especialmente, “El general Lavalle ante la justicia póstuma” (1880).
Más allá de algunos matices, todos estos “padres” de nuestra historia -como habrá podido apreciarse- pueden ser alineados en el liberalismo conservador predominante y desde esa óptica se produjo su interpretación de los hechos históricos.
El propio Mitre intenta coronal académicamente esta preponderancia suya y de sus seguidores constituyendo el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata en 1856. ese intento se frustró pero, en 1901, presidida por el mismo Mitre, comenzó a funcionar la Junta de Historia y Numismática Americana que, en 1938, pasaría a constituir la Academia Nacional de la Historia. En 1906, a la muerte de Mitre, Paul Groussac pasa a constituirse en el custodio severo de esa Historia Oficial. El control de la clase dominante sobre diarios y revistas robustece esa dominación, favorecida, asimismo, por el carácter inmigratorio de las clases medias, que les imposibilita el conocimiento histórico por tradición oral. El “Facundo” de Sarmiento -no obstante carecer de carácter histórico- derrama, asimismo, su teoría de “civilización y barbarie” sobre periodistas y conferencistas, vigorizando de manera decisiva a la Historia Oficial como “La Historia”, única, indiscutible y “neutra”, capaz de explicar nuestro pasado.
ALFREDO GROSSO Y LA DIVULGACIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL
El gran divulgador de la Historia Oficial es Alfredo Bartolomé Grosso (1867-1960). Se dan en él varios rasgos singulares que no constituyen las mejores cualidades para enseñar historia argentina: Contador Público, Profesor de Matemática y Contabilidad en el Colegio Nacional Norte (hoy Sarmiento), nacido en Corrientes, transcurre sus primeros años en Italia adonde lo llevan sus padres, ambos italianos, lo cual le impide enriquecerse con la tradición oral (el mismo Grosso cuenta que incluso en su casa hablaba genovés con su mujer e hijos y que tenía dos bustos: el de Colón y el del Dante).
Grosso vive ocupado como docente de matemática y contador en Tribunales, hasta que un día se le ocurre adentrarse en los libros de los “padres de la historia Argentina”: “Mis primeros apuntes los basé en lecturas de Mitre, López y Domínguez”23. Así, en 1893, publica “Nociones de Historia Argentina”, una obra de 200 páginas, que en el lenguaje popular, se conocería como “el Grosso chico”. Después, en 1898, lanza “Curso de Historia Nacional”, 400 páginas, que se conocerá como “el Grosso grande”. Años más tarde, publica “Historia Argentina y americana -época colonial” (1940). Los libros de Grosso constituyen el vehículo fundamental a través del cual la Historia Oficial pasa al conocimiento de docentes y alumnos. Algunos periodistas sostienen que a lo largo de la vida de Grosso, se editaron más de 1.300.000 ejemplares de sus obras, mientras otros estiman que pueden haber alcanzado los 2.000.000.
A nivel de difusión escolar, estos libros de Grosso son continuados con textos de profesores también liberales como Ricardo Levene, J. C. Astolfi, José C. Ibáñez y otros
LA VERDAD HISTÓRICA Y LOS FRANCOTIRADORES
La historia oficial estaba asentada en colegios, revistas, discursos oficiales. Ya era asumida por la intelectualidad.
Esta imposición lograba, además, tornar natural e incuestionable la exaltación de los héroes liberales a través de homenajes, artículos recordatorios en los periódicos, retratos en las escuelas y figuritas de la revista “Billiken”.
Asimismo, se verificaba aquello que Ricardo Rojas llamó “la pedagogía de las estatuas”, es decir el monopolio del mármol y el bronce por parte de los próceres liberales. Asimismo, la nomenclatura catastral: Rivadavia (tiene 120 cuadras, a 4 carteles por cuadra: 480 carteles), Bartolomé Mitre, Sarmiento, Lavalle, Viamonte, Monroe, Riestra, Liniers, etc. Frente al escaso o nulo recordatorio de los luchadores populares.
Esta superestructura cultural, imponiendo la historia de clase de la oligarquía dominante, genera una mentalidad colonial, ajena al país, a su pueblo y a los intereses de éste. Ricardo Rojas lo denuncia en 1909: “Siendo la emoción del propio territorio, la tradición de la propia raza, la persistencia del idioma propio y las normas civiles del propio ambiente, elementos vitales de nacionalidad, abandonamos esas cuatro disciplinas a la bandería del manual extranjero y a la ciencia de la lección rutinaria, dejando que la Geografía, la Historia, la Gramática, la Moral, que respectivamente corresponden aquellas en la enseñanza, se redujeran a ejercicio mecánico, sin las sugestiones estéticas, políticas y religiosas que deben vitalizar esos estudios”24 y luego agrega: “El desarraigo intelectual que caracteriza a las clases universitarias en nuestro país, el desdén ambiente para con las cosas nativas, revélasenos ahora como consecuencia de un sistema pedagógico ajeno a la tradición y a los intereses de la sociedad que lo practica. Y tal exceso de exotismo no nos alarma, si no le hubiese acompañado un debilitamiento de la conciencia nacional y de las disciplinas morales, que el cosmopolitismo ambiente contribuye a mantener y fomentar. De esta suerte, la escuela ha sido desnacionalizada por el ambiente, en lugar de que la escuela influyese sobre la sociedad, argentinizándola”25.
Pero para sostener la historia oficial no sólo se divulgaron libros encomiásticos sobre los próceres liberales, sino que hubo que ocultar importantes obras y artículos que la cuestionaban, entre otras:
1. “Vida del Chacho” por José Hernández: “Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generoso y valiente que ha tenido la República Argentina. El partido federal tiene un nuevo mártir. El partido unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado... acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento... ¡Maldito sea! Maldito mil veces el partido envenenado con crímenes que hace de la República Argentina el teatro de sus sangrientos errores”26.
2. Artículos sobre Mitre escritos por José Hernández.
3. “Pequeños y grandes hombres del Plata” y “El imperio del Brasil ante la democracia de América” por Juan Bautista Alberdi.
4. Olegario Andrade y su prosa política.
Cuadernos para
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I- INTRODUCCIÓN
¿QUÉ ES LA HISTORIA?
La historia es el relato de los sucesos, así como de su encadenamiento, ocurridos en el pasado.
BASES PARA RECONSTRUIR LA HISTORIA
La reconstrucción histórica se sostiene en dos artes o métodos:
a. Heurística: es el conjunto, acumulación y ordenamiento de testimonios que prueban la veracidad de los hechos que se relatan. Los documentos o pruebas pueden ser:
1. Públicos: leyes, manifiestos, diarios;
2. Privados: correspondencia, contratos, objetos (casas, ropas, armas, etc.).
b- Hermenéutica: es la interpretación de ese cúmulo informativo.
DEFORMACIONES O DESVIACIONES
En el caso de la heurística pueden señalarse dos tipos de desviaciones:
1- Se verifica cuando el historiador omite determinados hechos como si no hubiesen sucedido. Por ejemplo, la historia oficial oculta las sangrientas represiones ejecutadas por el gobierno de Bartolomé Mitre, entre 1862 y 1866, en las provincias interiores. Otro ejemplo: el desconocimiento del Plan de Operaciones de Mariano Moreno.
2- Se produce cuando se relatan acontecimientos cuya veracidad resulta discutible y no se los apoya con la fuente documental que los certifica. Así se obvian las citas a pie de página, con la excusa de no fatigar al lector, limitando la apoyatura a un grupo de comentarios o referencias a fin de capítulo, que dejan sin fundamento a buena parte de los asertos de dudosa veracidad.
Más grave aún, son los equívocos y confusiones producidos en el campo de la Hermenéutica. Aquí pesa la ideología, el juicio, la escala de valores del historiador. Detrás de su relato, aun descartando su honestidad intelectual, está presente su cosmovisión ideológica. Por ejemplo, quien juzga que el progreso argentino proviene de la apertura económica y el ingreso del capital extranjero exalta la política rivadaviano-mitrista, y ésta, a su vez, resulta descalificada por quienes sostienen el crecimiento “hacia adentro” a través del proteccionismo y la aplicación planificada del ahorro interno. Es evidente que detrás de estas dos posturas hay ideologías que no deberían erigirse como única y absoluta verdad.
LAS CORRIENTES HISTORIOGRAFICAS
Por lo expuesto, debido al enfrentamiento de diversas ideologías, surgen las corrientes historiográficas. No tiene que haber necesariamente diferencias metodológicas entre ellas, sino diferentes interpretaciones del ayer, que repercuten en el hoy y pretenden mantenerse hacia el futuro.
No se debe condenar a los historiadores por parciales o tendenciosos. Pero sí, se les debe reclamar que se reconozcan como tales. El gran engaño no consiste en que Bartolomé Mitre o Alfredo Grosso interpreten la historia desde su concepción conservadora-liberal, sino que lo hagan pretendiendo que sus visiones son neutras, no obedecen a ideología alguna y por lo tanto, deben enseñarse en las escuelas como la única y verdadera historia.
El estudiante y el ciudadano deben tener bien claro que no hay una historia objetiva y que detrás de cada versión histórica y de cada ideología se encuentran grupos sociales con intereses enfrentados.
Queda establecido que ayer y hoy, las luchas sociales y políticas cubren el escenario y evidencian proyectos antagónicos que promueven disgusto o ganan simpatías. Una auténtica democracia debe asegurar la posibilidad de confrontación entre las diversas corrientes, tanto en las escuelas y universidades, así como a través de los medios masivos de comunicación.
Por ende, no hay una historia neutra, así como tampoco hay un periodismo objetivo. Sólo que se debe reconocer la existencia de diversas interpretaciones, las que a su vez responden a distintas ideologías. De esta sana polémica, todo aquel que se interesase por estos problemas podría decidir cuál de esas recreaciones del pasado resulta más verídica, cuál es más creíble y cuál apunta a rescatar, en las luchas de ayer, aquellos valores que merecen ser preservados y desarrollados en el futuro con el propósito de tener un país más justo y equitativo.
Mientras se esperan con ansiedad y esperanza estos debates es necesario conocer, en sus perfiles más netos, las diversas corrientes historiográficas que responden a las distintas ideologías en pugna. Ellas son: 1. la Historia Oficial; 2. la Corriente Liberal de Izquierda; 3. el Revisionismo Rosista; 4. el Revisionismo Histórico Forjista; 5. el Revisionismo Rosista-Peronista; 6. la Corriente de Historia Social y 7. el Revisionismo Socialista, Latinoamericano o Federal-Provinciano.
1. LA HISTORIA OFICIAL, LIBERAL O MITRISTA
A) DEFINICIÓN
Es “oficial” porque: 1. Se enseña desde hace décadas en los diversos niveles de la enseñanza; 2. predomina en los medios masivos de comunicación; 3. está presente, indiscutida e indiscutible, en los discursos y la iconografía oficial; 4. se yergue en las estatuas de las plazas y denominaciones de calles y localidades.
Es “liberal” porque interpreta y valora los acontecimientos históricos desde un enfoque ideológico liberal-conservador. Un liberalismo que hace eje en lo económico con el libre juego del mercado y la apertura al exterior, pero que se vacía del contenido democrático que tuvo en la Revolución Francesa de 1789 y se impregna de una concepción elitista y antipopular.
En lo cultural, es europeísta y antilatinoamericana.
Es “mitrista” porque Bartolomé Mitre fue su principal propulsor. A él se debe su bibliografía básica y su ideología reproducidas por sus epígonos.
B) HISTORIA DE LA CLASE DOMINANTE
Esta historia ofrece una visión de nuestro pasado desde la óptica de la oligarquía, integrada por los grandes estancieros de la pampa húmeda y los grandes comerciantes importadores y exportadores de Buenos Aires. Su principal gestor es el general Mitre, político e historiador, perteneciente a una de las familias más poderosas de la República Argentina (en el lenguaje popular: “ser hijo de Mitre” equivalía a tener la “bolsa de los Anchorena”). Reaseguró el predominio de sus ideas con la fundación del diario matutino “La Nación” (como dijo Homero Manzi: “un prócer que se dejó un diario de guardaespaldas”). Esta corriente historiográfica -dominante durante un siglo, en la medida en que, como dijo alguien: “las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante”- analiza nuestro pasado desde la óptica de las elites dueñas del país.
Alberto Pla señala que según esta concepción, “son las minorías ilustradas las que hacen la Historia”1. Con este relato en su favor, la clase dominante no sólo legitima su pasado, presentándose como una suma de virtudes y adjudicándole defectos infernales a sus enemigos, sino que se consolida políticamente hoy y apuesta a perpetuarse en el futuro al someter a su concepción al resto del país, especialmente a los sectores más ligados a la cultura (la clase media).
C) HÉROES E IDEALES
Así exalta a un puñado de grandes hombres como los constructores de la Argentina, entre los cuales se destacan: Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento y el propio Bartolomé Mitre.
En ese panteón aparecen también, pero previamente deformados y vaciados de su auténtico contenido: José de San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi.
La iconografía oficial junta los retratos de unos y otros como si hubiesen compartido proyectos y amistad. No fue así. San Martín y Rivadavia se odiaban. También Moreno era anti-rivadaviano. Y el mismo sentimiento de odio existía entre Mitre y Alberdi.
Los grandes hombres habrían hecho la historia argentina. Fueron artífices de una Argentina blanca, europeizada, desvinculada del resto de América latina, construida a través de un proceso resistido por las masas “bárbaras” y sus caudillos, quienes no comprendieron la necesidad del “progreso y la civilización” que permitiría asemejarnos a los grandes países del mundo (el lema de Sarmiento: “civilización o barbarie”).
En esta línea, son paradigmas los políticos y gobernantes amigos de los ingleses -Rivadavia y Mitre- mientras, resultan representantes del atraso histórico aquellos que se les opusieron -los caudillos federales en sus diversas expresiones:
Juan Manuel de Rosas, Juan Facundo Quiroga, José Gervasio Artigas, Angel Vicente Peñaloza y Felipe Varela. Los primeros, pasarán a los cuadernos escolares, con las figuritas recortadas de la revista “Billiken” y vestirán las paredes de las aulas. Los segundos execrados -Rosas y Quiroga- despreciados -Artigas-, u ocultados -Varela-.
De esta forma, el pueblo, los caudillos, las “chusmas” resultan el antiprogreso, lo irracional, lo ignorante, lo reaccionario, lo antidemocrático.
Así, la historia se hace política, instrumento fundamental en la lucha de la clase oligárquica contra las clases oprimidas.
D) IMPOSICIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL
La clase dominante impone al resto de la sociedad -como ya se dijo- sus ideas. Especialmente influye en aquellos sectores sociales más ligados a la cultura, como la clase media.
El forjista Arturo Jauretche analizó detenidamente cómo con el control de la enseñanza en sus diversos niveles, de los grandes diarios y revistas, así como de academias y otras formas de creación de prestigio, la clase dominante organizó una superestructura cultural para imponer sus ideas, entre otras, las históricas. El pensador europeo de izquierda Louis Althusser llegó a esas mismas conclusiones en “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”. Allí sostiene: “Ningún aparato ideológico del Estado dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y por si fuera poco, gratuita...) 5 ó 6 días a la semana, a razón de 8 horas diarias, de formación social capitalista”. En el caso argentino, otorga una formación de mentalidad colonial en diversas áreas del conocimiento, una de ellas: la historia.
Una de las características más importantes en la difusión de estas ideas reside en que la clase dominante las “baja” como conocimiento neutro, científico, indiscutible. Y así lo divulgan maestros y profesores, acríticamente. Dicen que ésta es la historia de los argentinos. Estos son nuestros próceres. No existe ni otra historia, ni otros próceres. No tiene sentido cuestionar o indagar. La historia mitrista se ofrece como sacralizada. Si lo difunde “La Nación”... Si lo difunde el periodista y lo aprueba el maestro... ¿quién podrá osar discutirlo? Sin embargo, podría argüirse que si esa historia omite sucesos o personas, o califica erróneamente los hechos, generaría desconfianza en el oyente o el alumno, al contrastar con referencias recibidas por vía de la tradición oral. Pero en la Argentina, el corte provocado por la inmigración influyó para que la Historia Oficial pudiese ser admitida confiadamente. La tradición oral se verifica, generalmente, entre abuelos y nietos (ambos personajes ociosos de la familia) cuya imagen fue recogida tantas veces en libros y cuentos: la abuela o el abuelo dejando fluir su memoria y el niño escuchándole atentamente. En la Argentina, los abuelos o abuelas llegados de Italia o España o de cualquier otro país contaban a sus nietos sus experiencias de vida, pero no hablaban de Peñaloza, ni de Varela, ni de Rosas, sino de países lejanos. La enseñanza de la maestra no era confrontada por la tradición oral en los hijos de los inmigrantes. En cambio, en las provincias, la Historia Oficial nunca pudo imponerse plenamente porque los relatos, recuerdos, memorias, de los descendientes de los montoneros federales mostraban “otra historia”.
BASES DE LA HISTORIA OFICIAL
Como ya se dijo, Mitre, jefe triunfante de la oligarquía porteña, echa las bases de la Historia Oficial.
El primer avance es “Galería de celebridades argentinas” (1857). Allí, Mitre escribe la introducción y la semblanza sobre Belgrano. El libro se compone de otras semblanzas dirigidas a exaltar a personajes liberales: San Martín (por Sarmiento); Rivadavia (por José María Gutiérrez); Manuel José García (por su hijo, Manuel Rafael García); Lavalle (por Pedro Lacasa); Guillermo Brown (por Tomás Guido); Florencio Varela (por Luis Domínguez); Deán Funes (por Mariano Lozano) y Mariano Moreno (por su hermano, Manuel).
En esa “galería” se denigra a los caudillos “dominadores de la barbarie”; “expresión de los tiempos primitivos”; “terribles y ceñudos que inspiran horror”. En cambio, se exalta a las minorías porteñas.
Sobre Lavalle: “legiones inmortales; “valor sobrehumano”; “luchó defendiendo la lealtad de la Patria”; hasta justificar el asesinato de Manuel Dorrego por “motivos de época”. En cambio, Güemes es “funesto”, de “siniestra celebridad”.
En cuanto a Dorrego: “empujado por el brazo robusto del populacho”; “excitaba el espíritu salvaje de la plebe”; “las masas desenfrenadas con su algazara salvaje”.
BARTOLOMÉ MITRE (1821/1906)
Su primer obra histórica relevante es “Historia de Belgrano y la independencia argentina”, de la cual aparecieron adelantos hasta que se publicó completa, en 1876. Resulta un importante trabajo heurístico, con 3000 fuentes.
Respecto a la interpretación se caracteriza por:
a. Historia impulsada por grandes hombres.
b. La Revolución de Mayo dirigida al comercio libre, antihispánica y probritánica.
c. Moreno, “el Miguel Angel” y “numen de Mayo”; pero sin el Plan de Operaciones.
d. Visión porteñista (Dalmacio Vélez Sarsfield la calificó como juicio injurioso y calumnioso a los pueblos del interior” (“El Nacional”, 1864)2.
e. El Antiartiguismo, “No era una idea lo que impulsaba a los pueblos por este camino (el de Artigas); era un instinto ciego en las masas y una ambición bastarda en sus directores... Esa federación no era sino una logia de mandones, dueños de vidas y haciendas, que explotaban las aspiraciones de las multitudes, sometidas a la dominación despótica y absoluta de Artigas”3. “El Protector era el jefe natural de la anarquía permanente... Enemigo de todo gobierno general y de todo orden regular”4.
Vélez Sarsfield señaló, críticamente, que “los documentos reflejan en su mayor parte los intereses de las clases altas... Como las masas y los líderes populares dejan pocos rastros escritos, la historia debe recurrir a la leyenda, la tradición oral y los testimonios. El defecto de la historia de Belgrano es estar sacada de los documentos
oficiales... en los que nunca aparece la verdad histórica”5. A su vez, Alberdi sostuvo: “La ‘Historia de Belgrano’ es leyenda documentada, fábula revestida de certificados”6.
La otra obra importante de Mitre es la “Historia de San Martín y la emancipación sudamericana” (1877).
Sobre esta obra puede señalarse:
a. En su primera página define su perfil antilatinoamericano, marcando un claro antagonismo entre San Martín y Bolívar. Según ella, por un lado, se encuentra “la revolución argentina americanizada... para crear nuevas naciones independientes”. Por otro, “la revolución colombiana dilatada”, tendiente a “unificar artificialmente las colonias emancipadas, según su plan absorbente y monocrático... en pugna con la revolución argentina americanizada”7.
Es decir, San Martín, con su plan de “nueva constelación de estados independientes”, opuesto al “sueño delirante de la ambición de Bolívar”8 (en “Arengas”, pág. 648, retoma fuertes críticas a Bolívar).
b. Reniega de la tradición hispánica que habría traído “absolutismo y servidumbre feudales”, mientras que “más feliz, la América del Norte, fue colonizada por una nación que tenía nociones prácticas de libertad y por una raza viril, mejor preparada para el gobierno de lo propio, impregnada de un fuerte espíritu moral que le dio temple y carácter”9.
c. Retoma la concepción civilización y barbarie.
Luego a través de artículos de “La Nación” y en “Arengas”, Mitre completa las bases de la Historia Oficial:
1. Apología de Rivadavia (Oración del 20.05.80: “Rivadavia es el más grande hombre civil de los argentinos”10 y “Apoteosis de Rivadavia” en Arenga del 20.08.5711).
2. Diatriba contra Artigas, en la “Historia de Belgrano”12.
3. Elogio al capital inglés en un discurso pronunciado en la inauguración del Ferro-Carril del Sud de Buenos Aires, el 7 de marzo de 1861: “Por eso al derramar sobre el proyectado terraplén de la vía, mi carretilla llena de tierra argentina que el capital inglés y el trabajo de los inmigrantes va a fecundar, agregué que este era el feliz presagio de un gran futuro y que confiaba que la semilla de progreso que iba a depositarse en su seno fructificaría y daría abundante cosecha a los jornaleros. Ahora, al contestar el cordial saludo que se me ha dirigido en nombre de los extranjeros aquí presentes y principalmente de los ciudadanos de la Gran Bretaña, diré que no los reconozco por tales extranjeros en esta tierra. No! (‘Heard! Heard!’). Reconozco y saludo a todos los presentes como hermanos porque todos lo somos en el campo de la labor humana (“Muy bien (...). Pero, señores, estos son únicamente los efectos visibles que palpamos. Démonos cuenta de este triunfo pacífico, busquemos el nervio motor de estos progresos y veamos cual es la fuerza inicial que lo pone en movimiento. ¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: es el capital inglés. Desearía que esta copa fuese de oro, no para adorarla como al becerro de la antigüedad, sino para poderla presentar más dignamente como el símbolo de las relaciones amistosas entre la Inglaterra y el Río de la Plata, nuestra amiga cuando éramos colonias, y nuestra mejor amiga durante la guerra de la independencia. En 1806 y 1807 los ingleses nos trajeron hierro en forma de espadas y bayonetas, y plomo y bronce en forma de balas y cañones, y recibieron en cambio hierro, bronce, plomo y fuego, y su sangre y la nuestra derramada en las batallas fue oreada por el pampero en las calles de Buenos Aires. (“Sensación”). Después vinieron con hierro en formas de picos y palas, con algodones, con paños y se llevaron en cambio nuestros productos brutos para convertirlos en mercaderías en sus manufacturas. Esto sucedía en 1809. desde entonces quedó sellado el consorcio entre el comercio inglés y la industria rural del país. Los derechos que los negociantes ingleses abonaron en aquella época a la Aduana de buenos aires, fueron tan cuantiosos que fue necesario apuntalar las paredes de la Tesorería por temo de que el peso que soportaban las echase al suelo. Esta fue la primera hazaña del capital inglés en estos países, que presagiaba la caída de las antiguas murallas y el advenimiento de una nueva época. Verdaderamente, señores, el capital inglés es un gran personaje anónimo cuya historia no ha sido escrita aún (...). Pido solamente al terminar mi tarea, dejar al país con doce millones de rentas, con treinta mil inmigrantes, con quinientas millas de ferrocarril gozando de paz y prosperidad y quedaré satisfecho, como ahora lo estoy al brindar por el fecundo consorcio del capital inglés y el progreso argentino. (“Aplausos prolongados”)13.
4. Crítica a Rosas, en discurso del 03/07/185714.
5. Exaltación de Lavalle, discurso del 20/01/61, al cerrar la urna funeraria15.
6. Panegírico del comercio libre. Discurso del 21/02/69: “En la guerra del Paraguay... ha triunfado no sólo la República Argentina... sino también los grandes principios del librecambio... Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la ovación merecida que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor gloria y mayor felicidad de los hombres porque también esos principios han triunfado” (Arengas, pág. 292).
VICENTE FIDEL LÓPEZ (1815-1903)
Es el otro gran historiador de esta corriente.
Construye su obra histórica basándose en la tradición oral, especialmente de su padre Don Vicente López y Planes, ganando en calidez y tonos vivos aunque perdiendo rigor. En líneas generales, su relato es más atractivo que el de Mitre, aunque la interpretación -salvo algunos matices- es la misma. Sus obras más importantes son las siguientes:
“Introducción a la historia de la revolución argentina” (1861).
“La revolución argentina” (1861).
“Historia de la República Argentina”. 10 Tomos (entre 1883 y 1893), y “Manual de historia argentina” (entre 1889 y 1890).
POLÉMICA ENTRE MITRE Y LÓPEZ
Mitre “inauguró la escuela erudita”16, convirtiéndose, en su polémica con Vicente Fidel López, en el más riguroso custodio de la heurística, lo que no impidió, sin embargo, que cuando le acercaron una copia del Plan de Operaciones de Mariano
Moreno -que contradecía su imagen amable del Secretario de Mayo- la perdiese distraídamente.
Mitre criticó a López en carta a Barros Arana, por poca seriedad en las fuentes. López se enteró y en 1881, al publicar su “Introducción a la historia de la República Argentina”, cargó contra Mitre.
Mitre le contestó con “Comprobaciones históricas” y López publicó “Refutaciones a las comprobaciones históricas”.
Mitre ganó la polémica y luego se reconciliaron. Pero más allá de la discusión metodológica, Mitre y López coincidían, en general, en la interpretación de nuestro pasado (aunque López tomara, a veces, mejor ubicación política: profederal en 1853, industrialista en 1874). La circunstancia de que la obra de López avanzara más en el tiempo, provocó que los textos escolares se basaran más en ella, que en la de Mitre. De López, tomaron el antirrosismo virulento y la diatriba contra los caudillos, al tiempo que tomaban de Mitre el panegírico a Rivadavia.
La coincidencia entre estos padres de la Historia Oficial se revela especialmente en su antiartiguismo. Mitre en correspondencia a López, sostiene: “Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente”17.
López, por su parte, agrega estos juicios: “Los caudillos provinciales que surgieron como la espuma que fermentaba de la inmundicia artiguista, eran jefes de bandoleros que segregaban los territorios donde imperaban a la manera de tribus para mandar y dominar a su antojo, sin formas, sin articulaciones intermedias, sin dar cuenta a nadie de sus actos, y constituirse en dueños de vidas y haciendas (...). Artigas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por los orientales que un día llegaron hasta resignarse con la dominación portuguesa antes que vivir bajo la ley del aduar de aquel bárbaro”18.
En otra parte, pinta así a la base artiguista: “masa informe y grosera, brutales por hábito y por instinto”19. Luego, agrega: “El alma perversa de Artigas se connaturalizó con el desaliño grosero y los hábitos de violencia...20. “Toda burguesía decente y culta reclamaba protección contra las amenazas de la barbarie atroz e inclemente que Artigas promovía contra el orden social”21.
LUIS L. DOMÍNGUEZ (15/03/1819-20/07/1898)
En la segunda línea de los historiadores liberales encontramos a Domínguez (poeta, diplomático, ministro de Sarmiento). Ha militado en el unitarismo en la época de Rosas, vinculándose a Florencio Varela quien le facilitó el archivo personal de Bernardino Rivadavia, con el cual trabajó tomando su óptica elitista.
En 1861 publica su “Historia argentina”, por muchos años texto obligado para los escolares. Tanto este libro, como el “Manual” de Vicente F. López forman maestros y estudiantes, mientras las obras de Mitre, así como sus artículos de “La Nación” hacen cátedra entre la intelectualidad.
Esta Historia Liberal, ya convirtiéndose en Historia Oficial, es enriquecida, luego por varios publicistas, entre los cuales analizamos, seguidamente, a los de mayor importancia.
1) JOSÉ MANUEL DE ESTRADA (13/07/1842-17/09/1894)
Católico, pero liberal, fuertemente antirrosista. Historiador tipo López. Sus obras principales son:
. “Lecciones sobre la historia de la República Argentina”, 5 tomos (1868).
. “La política liberal bajo la tiranía de Rosas”, (1874).
2) MARIANO PELLIZA (25/09/1837-11/08/1902)
Publica numerosas obras, entre ellas, biografías de Dorrego, Pueyrredón, y Mármol. De tendencia liberal, escribe “La dictadura de Rosas”, “Historia argentina” (1888 - 5 tomos), “Historia argentina al alcance de los niños” (1892) e “Historia de la Organización Nacional” (1897).
3) PAUL GROUSSAC (TOULOUSE, FRANCIA 15/02/1848 - BS. AS. 27/06/1929)
Groussac ejerce el control de la historia académica, a partir del fallecimiento de Mitre. Ramón Doll dirá que “aquel viejo inhóspito presidió, con su sonrisa nevada, medio siglo de inquietudes artísticas y espirituales”22.
Es liberal -conservador y desdeñoso del país-. Director de la Biblioteca Nacional. Funda y dirige por muchos años la revista “La Biblioteca” (8 volúmenes) y desde 1896, los “Anales de la Biblioteca” (11 volúmenes).
Publica entre otras obras: “Del Plata al Niágara” (1897), “Liniers” (1907), “El Congreso de Tucumán” (1916), “Los que pasaban” (1919) y “Estudios de Historia Argentina” (1918).
4) JOSÉ MARÍA RAMOS MEJÍA (24/12/1849-19/06/1914)
Médico psiquiatra, de tendencia liberal. Publica diversos trabajos que ejercen fuerte influencia, acentuando enfoques psicológicos y aún más, de psicopatología, para explicar a los caudillos y otras grandes figuras.
En “Neurosis de los hombres célebres” (1878), analiza psicológicamente al paraguayo Francia, al fraile Aldao, a Monteagudo y al Alte. Brown. Después, publica “La locura en la historia” (1895), “Las multitudes argentinas” (1899) y “Rosas y su tiempo” (1907).
También merecen citarse Antonio Zinny (09/10/1821-16/09/1890), en cuya obra sobresale la “Historia de los gobernadores de las provincias argentinas desde 1810 hasta 1879”, Juan Agustín García (1862-1923), autor, entre otras, de “La ciudad Indiana” (aparecida en 1900), Vicente G. Quesada (05/04/1830-19/09/1913), quien publica “La sociedad hispanoamericana bajo la dominación española” (1893) y “Memorias de un viejo”, bajo el seudónimo de Víctor Gálvez (1888), y Ángel Justiniano Carranza (05/03/1834-11/05/1899), con su “Las campañas navales de la República Argentina, 1810-1870” y especialmente, “El general Lavalle ante la justicia póstuma” (1880).
Más allá de algunos matices, todos estos “padres” de nuestra historia -como habrá podido apreciarse- pueden ser alineados en el liberalismo conservador predominante y desde esa óptica se produjo su interpretación de los hechos históricos.
El propio Mitre intenta coronal académicamente esta preponderancia suya y de sus seguidores constituyendo el Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata en 1856. ese intento se frustró pero, en 1901, presidida por el mismo Mitre, comenzó a funcionar la Junta de Historia y Numismática Americana que, en 1938, pasaría a constituir la Academia Nacional de la Historia. En 1906, a la muerte de Mitre, Paul Groussac pasa a constituirse en el custodio severo de esa Historia Oficial. El control de la clase dominante sobre diarios y revistas robustece esa dominación, favorecida, asimismo, por el carácter inmigratorio de las clases medias, que les imposibilita el conocimiento histórico por tradición oral. El “Facundo” de Sarmiento -no obstante carecer de carácter histórico- derrama, asimismo, su teoría de “civilización y barbarie” sobre periodistas y conferencistas, vigorizando de manera decisiva a la Historia Oficial como “La Historia”, única, indiscutible y “neutra”, capaz de explicar nuestro pasado.
ALFREDO GROSSO Y LA DIVULGACIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL
El gran divulgador de la Historia Oficial es Alfredo Bartolomé Grosso (1867-1960). Se dan en él varios rasgos singulares que no constituyen las mejores cualidades para enseñar historia argentina: Contador Público, Profesor de Matemática y Contabilidad en el Colegio Nacional Norte (hoy Sarmiento), nacido en Corrientes, transcurre sus primeros años en Italia adonde lo llevan sus padres, ambos italianos, lo cual le impide enriquecerse con la tradición oral (el mismo Grosso cuenta que incluso en su casa hablaba genovés con su mujer e hijos y que tenía dos bustos: el de Colón y el del Dante).
Grosso vive ocupado como docente de matemática y contador en Tribunales, hasta que un día se le ocurre adentrarse en los libros de los “padres de la historia Argentina”: “Mis primeros apuntes los basé en lecturas de Mitre, López y Domínguez”23. Así, en 1893, publica “Nociones de Historia Argentina”, una obra de 200 páginas, que en el lenguaje popular, se conocería como “el Grosso chico”. Después, en 1898, lanza “Curso de Historia Nacional”, 400 páginas, que se conocerá como “el Grosso grande”. Años más tarde, publica “Historia Argentina y americana -época colonial” (1940). Los libros de Grosso constituyen el vehículo fundamental a través del cual la Historia Oficial pasa al conocimiento de docentes y alumnos. Algunos periodistas sostienen que a lo largo de la vida de Grosso, se editaron más de 1.300.000 ejemplares de sus obras, mientras otros estiman que pueden haber alcanzado los 2.000.000.
A nivel de difusión escolar, estos libros de Grosso son continuados con textos de profesores también liberales como Ricardo Levene, J. C. Astolfi, José C. Ibáñez y otros
LA VERDAD HISTÓRICA Y LOS FRANCOTIRADORES
La historia oficial estaba asentada en colegios, revistas, discursos oficiales. Ya era asumida por la intelectualidad.
Esta imposición lograba, además, tornar natural e incuestionable la exaltación de los héroes liberales a través de homenajes, artículos recordatorios en los periódicos, retratos en las escuelas y figuritas de la revista “Billiken”.
Asimismo, se verificaba aquello que Ricardo Rojas llamó “la pedagogía de las estatuas”, es decir el monopolio del mármol y el bronce por parte de los próceres liberales. Asimismo, la nomenclatura catastral: Rivadavia (tiene 120 cuadras, a 4 carteles por cuadra: 480 carteles), Bartolomé Mitre, Sarmiento, Lavalle, Viamonte, Monroe, Riestra, Liniers, etc. Frente al escaso o nulo recordatorio de los luchadores populares.
Esta superestructura cultural, imponiendo la historia de clase de la oligarquía dominante, genera una mentalidad colonial, ajena al país, a su pueblo y a los intereses de éste. Ricardo Rojas lo denuncia en 1909: “Siendo la emoción del propio territorio, la tradición de la propia raza, la persistencia del idioma propio y las normas civiles del propio ambiente, elementos vitales de nacionalidad, abandonamos esas cuatro disciplinas a la bandería del manual extranjero y a la ciencia de la lección rutinaria, dejando que la Geografía, la Historia, la Gramática, la Moral, que respectivamente corresponden aquellas en la enseñanza, se redujeran a ejercicio mecánico, sin las sugestiones estéticas, políticas y religiosas que deben vitalizar esos estudios”24 y luego agrega: “El desarraigo intelectual que caracteriza a las clases universitarias en nuestro país, el desdén ambiente para con las cosas nativas, revélasenos ahora como consecuencia de un sistema pedagógico ajeno a la tradición y a los intereses de la sociedad que lo practica. Y tal exceso de exotismo no nos alarma, si no le hubiese acompañado un debilitamiento de la conciencia nacional y de las disciplinas morales, que el cosmopolitismo ambiente contribuye a mantener y fomentar. De esta suerte, la escuela ha sido desnacionalizada por el ambiente, en lugar de que la escuela influyese sobre la sociedad, argentinizándola”25.
Pero para sostener la historia oficial no sólo se divulgaron libros encomiásticos sobre los próceres liberales, sino que hubo que ocultar importantes obras y artículos que la cuestionaban, entre otras:
1. “Vida del Chacho” por José Hernández: “Los salvajes unitarios están de fiesta. Celebran la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generoso y valiente que ha tenido la República Argentina. El partido federal tiene un nuevo mártir. El partido unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El general Peñaloza ha sido degollado... acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento... ¡Maldito sea! Maldito mil veces el partido envenenado con crímenes que hace de la República Argentina el teatro de sus sangrientos errores”26.
2. Artículos sobre Mitre escritos por José Hernández.
3. “Pequeños y grandes hombres del Plata” y “El imperio del Brasil ante la democracia de América” por Juan Bautista Alberdi.
4. Olegario Andrade y su prosa política.
Cuadernos para
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