Los medios de comunicación nos informan a diario sobre la gran cantidad de "accidentes ocurridos por la niebla". Esta expresión estaría atribuyendo la responsabilidad de lo sucedido solamente al fenómeno meteorológico, es decir, puede orientarnos hacia una creencia errónea: "mientras exista la niebla los accidentes serán inevitables". Pensemos si tal vez no deberíamos decir "accidentes ocurridos en la niebla".
No tenemos la capacidad de eliminar la niebla, ni sería útil aplicar una ley que postule penalizar a quienes choquen por la niebla. Sin embargo, siguen sucediendo accidentes y muertes por la niebla en toda Latinoamérica. ¿Acaso podemos hacer algo distinto para evitar los choques en la niebla?, ¿puede ser que al manejar no identifiquemos debidamente el riesgo que conlleva?
La única salida a este problema es la capacitación, pero aquella que surge desde el entendimiento del manejo como una actividad inteligente, influenciada por lo emocional. Desde esta consideración, el reconocimiento de condiciones ambientales adversas, que dificultan la visión y se convierten en alto riesgo para circular en automóvil, permitirá a quien conduce identificar los límites personales y los del vehículo en el contexto, para actuar entonces con mayor seguridad.
Pero, ¿qué es la niebla?
La niebla es un hidrometeoro, que podemos observar en la atmósfera como una masa informe de tonalidad grisácea y con densidad variable, que por lo general no toca el suelo. La física la explica como un proceso termodinámico que se inicia cuando la evaporación de la humedad del suelo provoca el ascenso del aire húmedo y que luego al enfriarse se condensa, para dar lugar a la formación de esas nubes muy bajas, que al estar agrupadas de manera aleatoria, pueden formar los llamados bancos de niebla.
La humedad relativa del ambiente cercana al 100% y una temperatura del aire por debajo de lo que se conoce como "punto de rocío" son las condiciones climáticas que favorecen este fenómeno. Nos interesa de todo esto poder advertir que cuando circulamos por la ruta en una noche fresca o fría y escuchamos por la radio decir que la humedad está cercana al 100%, ¡atención!, casi con seguridad nos encontraremos con niebla.
Como estos fenómenos dispersan los rayos de luz, condicionan la percepción visual, reduciendo la capacidad de anticipación que resulta ser vital para un manejo seguro.
Manejar en la niebla representa una de las condiciones de mayor peligro con la que podremos encontrarnos, en el próximo número veremos algunas recomendaciones para contar con mayores y mejores recursos.
Recomendaciones
1. La niebla no debe sorprendernos en la ruta, evitar los caminos que son reconocidos por formar nieblas. Infórmese antes de partir, para saber anticipadamente si por donde transitará se caracteriza por tener niebla.
2. Reflexione y planifique antes de viajar, a veces es preferible interrumpir o postergar por algunas horas el viaje.
3. Si nunca manejó en la niebla, sepa que no podrá calcular adecuadamente las distancias. Realice el viaje en compañía de alguien experto.
4. Utilice los faros especiales para niebla, -mal llamados anti-niebla- que cuentan con una mayor intensidad de luz, longitudes de onda amarilla y haz plano.
5. Cuando el vehículo no está equipado con este tipo de faros, -incomprensiblemente, la legislación de muchos países aún no los obliga-, es conveniente que las instale un especialista, antes de realizar el viaje.
6. No utilice las balizas intermitentes, excepto en el caso de detenerse. La luz de las balizas no es lo suficientemente visible y confunde a los demás conductores que circulan en ambos sentidos.
7. Al introducirse en la niebla, reduzca la velocidad, hasta ubicarse en aquella que le permite ver referencias en el entorno -marcas viales-. De ser posible abandone la ruta o autopista y aguarde en lugar seguro a que se disipe.
8. Si ve poco, reduzca la velocidad pero evite detenerse o maniobrar bruscamente. Esa velocidad será muy baja y debería permitirle frenar o maniobrar moderadamente, con tiempo suficiente para que quien nos sigue pueda también hacerlo.
9. Si ve muy poco, solo detenga su vehículo en lugar seguro lo más alejado posible de la ruta.
10. Manténgase alerta y considere permanente la posibilidad de vehículos detenidos indebidamente sobre la ruta.
12. Recuerde que al manejar, los cálculos de las distancias son propios -subjetivos- y dependen de la experiencia. Si nunca manejamos en niebla no sabemos calcular.
12. Tener en cuenta la falsa percepción que se genera en la niebla y que nos hace ver los objetos más lejos de lo que realmente están, por lo tanto las distancias parecen ser más grandes.
13. Aumente aún más la distancia de seguimiento ante camiones, tengamos en cuenta que los conductores desde una posición más elevada ven menos.
14. En las carreteras que presenten frecuente formación de nieblas, la condición de adherencia disminuye, y si la temperatura exterior es cercana a los 0°C, se suma el peligro de hielo sobre el camino.
15. Mantener limpios los cristales y los faros, utilizando el limpiaparabrisas en posición intermitente.