Los años pasan, progresa la tecnología de indumentaria y entrenamiento, y algunos genios individuales marcan tendencia por condiciones genéticas, psíquicas y de aprendizaje. Una de las figuras más importantes de estos Juegos Olímpicos (sino la figura máxima) es Usain Bolt, dueño del récord mundial de velocidad.
La pregunta que se plantea la ciencia es: ¿hasta cuándo podrán seguir batiéndose estas marcas? ¿Presenta el cuerpo humano límites que no se puedan superar? ¿tendremos, dentro de algunos años, Juegos Olímpicos ya sin nuevos récords? Más de un científico se ha abocado a la tarea de buscar, desde distintas perspectivas, respuestas posibles para estas preguntas. El Instituto de Investigación Biomédica y Epidemiología del Deporte, de Francia, realizó un trabajo, publicado por la revista PLOS ONE, donde se demuestra, tomando los resultados de las competencias olímpicas de la era moderna, que luego de 1968 la cantidad de marcas mundiales comenzó a disminuir de manera inexorable. Según los investigadores, ya se han alcanzado el 99% de las mejores marcas en cada disciplina, y para el 2027 esperan que solo será mejorado el 0,05%, tomando en cuenta la ley de progresión. Otros estudios, aplicados a disciplinas específicas, y utilizando otros métodos de análisis, arriban a resultados distintos: por ejemplo, el matemático D. Noubary sostiene que el récord de los cien metros llanos llegará a descender hasta los 9,40 alrededor del año 2040. Entiende que Bolt, poseedor de las condiciones biomecánicas perfectas para esta disciplina, y en la edad de su máximo rendimiento deportivo (26 años) no trabajó lo suficiente la capacidad de reacción (esto es, en el instante de la largada) como para establecer un tiempo insuperable para cualquier humano.
Estos interrogantes abren numerosos caminos de investigación, y son valiosas las conclusiones aunque ninguna pueda considerarse infalible; allí, tal vez, radique el inmenso grado de atracción emotiva que generan estas competiciones, seguidas por espectadores de todo el mundo, en las que los atletas compiten entre ellos y el humano compite contra sus propios límites.
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