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El premio Nobel de la Paz al servicio del imperialismo

El filósofo italiano Domenico Losurdo ha denunciado el uso manipulador que hace el jurado del premio Nobel de la Paz para apoyar la agenda ideológica del imperialismo. Un simple vistazo a los últimos ganadores laureados de este premio permite de darnos cuenta el carácter sistemático de esta manipulación.


Los laureados del premio Nobel de la Paz después del 11 de septiembre


2003

Shirine Ebadi

Para hacer subir la presión contra Irán


2004

Wangari Muta Maathai

Para hacer subir la presión contra Kenia y otros países africanos que buscan vínculos o se acercan de China


2005

AIEA et Mohamed ElBaradei

Por haber neutralizado Hans Blix y haber permitido la guerra contra Irak


2006

Muhammad Yunus y la Grameen Bank

Por haber financiarizado la pobreza prestando dinero a los extremadamente pobres y otras personas no solventes a una tasa de cambio dos veces más alta que la del mercado


2007

GIEC y Al Gore

Por haber inventadodefecto de software del año 2000 y para justificar el financiamiento de la ecología y la Bolsa de Valores y el negociado que resulta de los derechos de emisión de gases CO2


2008

Martti Ahtisaari

Por haber hecho fracasar las negociaciones con la República de Serbia y haber justificado la guerra del Kosovo


2009

Barack Obama

Por haber dado un nuevo look a los EEUU continuando al mismo tiempo las guerras imperiales


2010


Liu Xiaobo

Por haber hecho subir la presión contra China.

Ademas Liu Xiaobo...

En 1988, Liu Xiaobo declaró en una entrevista que China tenía que mantenerse sometida a 300 años de dominación colonial para convertirse en un país decente, de corte evidentemente occidental.
En 2007, Liu Xiaobo reafirmó su tesis y se pronunció a favor de una privatización radical de toda la economía china.

No estoy haciendo más que repetir las informaciones provenientes de un artículo de Barry Sautman y Yan Hairong publicado en el South China Morning Post (Hong Kong) [1], que no es precisamente un diario favorable a las posiciones de Pekín. Por el contrario, en ese mismo artículo se critica al gobierno chino por haber castigado una opinión, por muy «ignoble» [Juego de palabras intraducible entre el nombre del premio y el término inglés que designa algo vil, bajo o abjecto, NdT.] que fuera, con la cárcel y no con la crítica.

Quisiera, por mi parte, hacer aquí algunas observaciones. Los manuales de historia occidentales señalan que las guerras del opio abrieron el periodo más trágico de la historia de China. Un país que gozaba de una antiquísima civilización fue entonces literalmente «crucificado», escriben eminentes historiadores. A fines del siglo XIX, las muertes en masa por inanición se convierten en algo común y corriente. Pero, según Liu Xiaobo, aquel periodo colonial no fue lo bastante largo. ¡Tenía que haber durado tres veces más!

Lo menos que se puede decir es que nos encontramos ante una forma de «negacionismo». Occidente no vacila en mandar a la cárcel a los «negacionistas» cuando se trata de negar de las infamias perpetradas contra el pueblo judío, ¡pero entrega el «Nóbel de la Paz» a los «negacionistas» que niegan las infamias que cometió el colonialismo contra el pueblo chino! Por desgracia, la posición de la izquierda no es muy diferente.

Esa misma izquierda se cuidó mucho de condenar en su momento la detención de David Irving y de otros representantes de esa corriente, que aún están en prisión, pero ahora se dedica a cantar alabanzas a favor de Liu Xiaobo.

Este último no se ha limitado, por cierto, a expresar opiniones, por muy «ignobles» que sean, como reconoce el South China Morning Post). Luego de pronunciarse, en 1988, a favor de tres siglos de dominación colonial en China, al año siguiente volvió corriendo (¿por iniciativa propia?) de Estados Unidos a China para participar en la revuelta de la plaza Tiananmen y comprometerse a realizar su sueño [2].

Y sigue trabajando para realizar su sueño, como lo demuestra una entrevista concedida en 2006 a un periodista sueco, entrevista en la que celebra la guerra estadounidense contra Irak como medio de exportación de la democracia. O sea, estamos en presencia de un personaje que invoca directamente la dominación colonial contra su propio país y también, indirectamente, la guerra de agresión.

Un sueño que le ha valido tanto hallarse detenido en las prisiones chinas como recibir el «Premio Nóbel de la Paz».

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