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Justicia y Memoria Colectiva en el Perú




Justicia y Memoria Colectiva en el Perú





1. JUSTICIA


“¿Que es la Justicia Verdadera?”




A la justicia se la puede definir como el arte de hacer lo justo, y de “Dar a cada uno lo suyo” (Ars Iuris), básicamente esto nos dice que la justicia es la virtud de cumplir y respetar el derecho, es el exigir sus derechos, el otorgar los derechos a un individuo.

• La justicia no es el dar o repartir cosas a la humanidad sino el saber decidir a quién le pertenece esa cosa por derecho.
• La justicia es ética, equidad y honradez.
• Es la voluntad constante de dar a cada uno lo que es suyo.
• Es aquel sentimiento de rectitud que gobierna la conducta y hace acatar debidamente todos los derechos de los demás.

Kelsen la define así:

La justicia es para mí aquello bajo cuya protección puede florecer la ciencia, y junto con la ciencia, la verdad y la sinceridad. Es la justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia, la justicia de la tolerancia. Todas las virtudes están comprendidas en la justicia. Por eso la importancia de que haya justicia en nuestro medio, ya que de no ser así viviríamos en un mundo de caos y del cual no nos podríamos salvar. Se puede decir que es algo más de lo que acontece en los tribunales, es el antiguo nombre de todo lo que debiéramos llamar honroso e incluye la honestidad, la veracidad, el cumplir lo prometido.

¿Cómo se puede ejercer la justicia?




La justicia se puede ejercer solo si, el individuo posee o se puede decir que posee un derecho algo que el pueda catalogar como suyo -de su propiedad - , por eso es que “La Justicia es la virtud de cumplir y respetar el derecho no la virtud de crearlo”. Necesariamente la justicia debe seguir al derecho, porque a partir de que “La justicia es la sucesora del Derecho”, un individuo debe tener un derecho, para que la justicia pueda decidir lo justo para ese individuo y pueda cometerse un acto de justicia, el cual puede ser justo o injusto.

¿Qué es lo justo?



Lo justo son todas las cosas que corresponden a un sujeto, lo suyo, es lo de cada cual, lo que se le otorga por derecho. Para que pueda existir Justicia se debe tomar en cuenta que si se quiere darlo y si se sabe que dar, porque son necesarias para poder ejercer justicia y desarrollar las voluntades para ejercer el arte del derecho.





2. MEMORIA COLECTIVA



Es posible definir MEMORIA COLECTIVA como "una reconstrucción del pasado que vincula ciertos acontecimientos recordado con deseos, inclinaciones y temores del presente, es decir, con la ideología".
LA MEMORIA COLECTIVA de la dictadura, por el efecto traumático que esta produjo, hace que cuando hablamos de memoria colectiva en el Perú, automáticamente pensamos en la memoria de la dictadura.




Sus conmemoraciones muestran claramente como la MEMORIA COLECTIVA responde a necesidades del presente y de! futuro. En la medida que no hay una situación de justicia, en que hay una política de olvido, a veces es un grupo e! que se tiene que convertir en el portavoz de la historia y de la memoria, con todo lo que ello implica. El recuerdo colectivo se sostiene por medio de prácticas sociales, en donde podemos distinguir tres formas:


• La memoria como proceso, pero no como objeto de pensamiento, la conmemoración del pasado en si mimo en lugar de la reconstrucción de un hecho' pasado y la memoria como proceso mediante el cual se reconstruyen hechos pasados.
• La memoria se produce en el marco cotidiano del conversar, donde los hablantes se identifican con el pasado y lo reconstruyen a partir de la ideología. Se podría decir que los hechos pasados se rememoran y conmemoran juntos.

La MEMORIA COLECTIVA esta siempre construida sobre una necesidad del presente. Tiene que ver con el presente y, por lo lanío, también con el futuro, nunca es memoria porque si, por el contrario, ciertos olvidos pueden tener una capacidad de amputar el futuro.
¿Es posible iniciar la construcción de un paradigma de desarrollo humano sustentable en sociedades traumatizadas por profundas heridas y divisiones heredadas de guerras y regímenes de violencia? La respuesta es positiva, aunque condicionada a que se alcance un nuevo pacto de convivencia para la reconciliación nacional, lo que supone, a su vez, un complejo proceso psicosocial y la puesta en vigor de disposiciones legales e institucionales dirigidas a alcanzar ese fin.




Las sociedades que han transitado por algún conflicto violento o han sufrido las consecuencias de un prolongado régimen autoritario o totalitario se enfrentan, justo al inicio de ¡os procesos de paz y de cambios hacia la democracia, con un pesado fardo de violaciones de derechos humanos cuyas víctimas esperan justicia.
Pero a menudo ha sucedido que los procesos de cambio no han sido el resultado del derrumbe de esos regímenes frente a sus adversarios, ni la paz se ha impuesto porque la violencia terminase con la victoria aplastante de uno de los bandos en pugna sobre el otro.
En no escasas ocasiones el inicio de los procesos de paz y cambios democráticos ha sido el resultado de negociaciones entre las partes en conflicto quienes acordaron, como condición para poner fin a su enfrentamiento, la impunidad en favor de aquellos que habían cometido diferentes tipos de graves abusos y crímenes.

La lógica de priorizar los beneficios de la paz para el conjunto de la sociedad acelerando el cese del conflicto, no pocas veces ha tomado prioridad sobre la de satisfacer las legítimas demandas de justicia de aquel sector social que había sido victimizado. El razonamiento esencial -no necesariamente mal intencionado-- de quienes han aceptado esas condiciones es que, de no extenderse algunas garantías futuras hacia los verdugos, el conflicto podría prorrogarse de manera indefinida y generar aún más víctimas de las existentes hasta el momento de producirse las negociaciones. Era imprescindible alcanzar la paz, o a! menos poner fin a la violencia, y llamar a la reconciliación. Ocurre a menudo que la mayor parte de la población en sociedades post conflicto o en vías de transición democrática está menos motivada por asistir a un prolongado juicio contra los verdugos del pasado que por recibir una inmediata respuesta a los apremiantes problemas del presente: empleo, comida, vivienda, entre otros.

Sin duda esta lógica encierra una verdad, pero incompleta. Así lo demuestra el resultado de los diferentes experimentos de reconciliación nacional impulsados en distintos países al cabo de años de haberse impuesto el cese de las hostilidades o de haberse iniciado una transición democrática. Los movimientos de derechos humanos y las asociaciones de víctimas - apoyados ahora en la globalización de los sistemas de justicia en lo que concierne a crímenes de lesa humanidad y violaciones del derecho internacional humanitario- han persistido en sus reclamos de justicia.

Las reconciliaciones no se decretan. Es La sociedad quien debe facilitarlas de diversas maneras Aunque perdonar es potestad de las víctimas. El perdón no puede decretarse como las amnistías. Perdón y absolución legal no son equivalentes. Del mismo modo que amnistía no significa amnesia.
Todo intento de imponer la reconciliación cuando no han existido procesos concomitantes de verdad, memoria y justicia termina en el fracaso. La reconciliación nunca puede fundarse sobre la base de la impunidad y el olvido. Ese camino puede conducir al reinicio del conflicto que se creía superado. Pero la reconciliación es tan necesaria como lo son la verdad, la memoria sobre lo ocurrido -para aprender las lecciones que de ello se derivan- y el ejercicio de múltiples fórmulas de justicia en favor de las víctimas. Conocer la verdad puede resultar perjudicial si luego se abandonan los procesos de justicia y reconciliación. En esos casos, limitarse a develar la verdad puede servir para atizar el rencor y el deseo de venganza de aquellos que esperaron justicia inútilmente.





1. La reconciliación no puede ser el primer proceso que se convoque, ni puede ser decretada. Las victimas esperan que se les haga justicia y esta puede tomar diversas formas: sancionar a los culpables, compensar a las víctimas, reconocer socialmente lo ocurrido y el dolor que les fue causado.

2. Amnistía no es amnesia. La verdad casi nunca es unívoca, pero los hechos sí lo son. Los distintos protagonistas poseen diferentes verdades sobre las cuales intentan explicar su actuación. Los hechos son unívocos, aunque su reconstrucción requiera de la revisión seria y sosegada de las versiones diferentes que existan sobre ellos.

3. Empatía no es simpatía. La reconciliación no exige la amistad con los antiguos verdugos. Lo que demanda un proceso de reconciliación es la comprensión del contexto donde todos actuaron -de uno y otro lado- y de los métodos inaceptables que ambos pudieran haber empleado para alcanzar sus objetivos, por legítimos que fuesen algunos de ellos.

4. Para recibir perdón hay que pedirlo de manera ciara y sincera a las víctimas, las únicas que pueden extenderlo. La amnistía legal es la exoneración por parte del poder judicial de la sanción debida por los crímenes cometidos. Las amnistías no representan un reconocimiento de que la persona era inocente, sino constituyen un acto de clemencia por razones de estado ante un culpable a quien se libera de tener que cumplir la sanción merecida. La solicitud de perdón de parte del victimario" supone la inclusión de ciertos elementos, sin los cuales tal reclamo es apenas un cínico ardid para evitar las consecuencias ele sus actos pasados en las nuevas circunstancias.

ACTIVIDADES

1. ¿Qué es la justicia? Analice y explique
2. ¿La justicia es verdadera? , como se puede definirla
3. ¿Cómo se puede se puede hacer justicia?
4. ¿Qué es la memoria Colectiva?, es positiva un reconstrucción de los hechos, sustente su posición

Nota:

"En el Perú hay 4,500 fosas comunes donde hasta el momento se calcula que hay 15,000 desaparecidos, según la última cifra del Ministerio Público.
En el Perú no todas las heridas han sanado al recordar los últimos 20 años del siglo XX. El dolor y el horror por la sangre derramada parece que ha hecho que muchos prefieran tener una memoria frágil que reniega de la violencia de grupos ultraizquierdistas y de los excesos de las autoridades a través de la negación y el olvido.
Sin embargo, quienes perdieron a un ser querido durante esta lucha interna jamás podrán borrar sus rostros ni su recuerdo. Algunos peruanos pudieron despedirse de sus caídos, pero otros los siguen esperando hasta hoy.





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