09.03.2004
Ahora que es tiempo de hipocresía, y que hasta las necrológicas son manipuladas y manoseadas, decir la verdad constituye un mínimo ejercicio de lealtad hacia quienes se juegan la vida por contar lo que realmente sucede. Una honestidad profesional cada vez más difícil cuando el trabajo periodístico depende de las órdenes y los salarios de los propietarios de los medios. Estos, cada vez más, forman parte de entramados de intereses económicos y políticos.
Y estos grupos empresarios no necesitan periodistas, necesitan amanuenses obedientes que solo escriban lo que les dictan.
Por eso Ricardo Ortega se había convertido en un periodista incómodo para el poder.

Ricardo Ortega Fernández (1966-2004). Nació en Cuenca en 1966. Ocupó las corresponsalías de Antena 3 Televisión en Moscú, desde dónde cubrió la guerra de Chechenia, la ocupación soviética de Afganistán y la posterior guerra civil; y la de Nueva York, donde se encontraba el fatídico 11 de septiembre de 2001. Murió de dos disparos en marzo de 2004, mientras cubría una manifestación en Puerto Príncipe (Haití).
Reproducimos la columna de Rafael Poch, corresponsal de "La Vanguardia"
SERPAL -Servicio de Prensa Alternativa
8 de Marzo de 2004
"Salgo para Haití"
El periodista muerto en Puerto Príncipe había sido cesado en otoño como corresponsal en Nueva York por petición expresa de La Moncloa.
Rafael Poch / PEKIN.- Ricardo Ortega, el periodista español muerto ayer en Haití, había sido cesado en octubre como corresponsal en Nueva York de “Antena 3”, “por una presión expresa de La Moncloa”. Esas fueron las palabras de Ricardo en uno de los últimos intercambios de correo que mantuvimos. No fue una frase suelta, era un texto largo, con todo lujo de detalles y lleno de reflexiones amargas.
Gracias a los periodistas muertos, el público puede irse enterando de lo que es en realidad ésta profesión, en nuestra democrática y transparente sociedad. Un mundo de censura, autocensura, clientelismo y precariedad laboral. Un medio ambiente mediocre y corrupto, como el de la época de Brezhnev en la URSS. Un universo en el que ascienden los disciplinados y conformistas, con poco margen para el espíritu crítico que surge de la honestidad y de la elemental sensibilidad ante la injusticia.
Las crónicas de Ricardo durante la guerra de Irak no habían gustado. Desentonaban con el infame alineamiento del gobierno del PP. Ya le habían llamado la atención en varias ocasiones. En mensajes anteriores me adelantó, que la cosa acabaría estallando. Pero con Ricardo no era fácil. Era listo, inteligente. Sabía cómo maniobrar, practicar el posibilismo, torear a los mediocres censores. Así, lograba seguir diciendo cosas, incluso en una cadena de televisión de la España actual.
“Lo que siempre me temí, ya ha llegado”, me anunciaba en octubre. No tenía vuelta atrás, porque el cese venía “por una presión expresa de La Moncloa”, decía. Pedía consejo. ¿Qué hacer?
Con la alegría de quien no se está jugando su propio puesto de trabajo, le propuse el recetario de Don Quijote; poner en evidencia a los censores con escándalo. Lo más importante es no hacerles el juego, llamar a las cosas por su nombre. Llevar la honestidad hasta sus últimos extremos. Será un glorioso desastre para tu carrera, porque te sentirás orgulloso ante tu consciencia.
“Pidió una excedencia”, leo en las notas que se publican sobre su trayectoria. Aparentemente, todo muy limpio. No fue así. Ricardo calculó friamente sus posibilidades. Le interesaba más no romper con “Antena 3”. Con algunos de sus jefes mantenía una excelente relación personal. Se trataba de intentar seguir vendiendo reportajes a esa y otras cadenas en calidad de autónomo... En nuestra correspondencia, Ricardo me pidió absoluta discrección. Ahora ya no hay secreto que valga. No habría citado todo esto, si no fuera por las inexactitudes que rodean su necrológica. ¿Es posible disimular, sin traicionar mi propio y grandilocuente consejo?
Lo más dificil es hablar friamente de Ricardo como periodista y persona. Ha sido de lo mejor. Dos anécdotas chechenas. Buscando un lugar para grabar una entradilla en los alrededores de Grozny, con su cámara (Kique o Manolo). Deciden subirse a la terraza de una casa destruida, a unos cien metros del lugar en el que se encuentran. Comienzan a caminar, y, en ese momento, cae un proyectil de artillería que destruye lo que quedaba de la casa y su terraza. Cuestión de pocos minutos. Otra, en los alrededores de Argún, en compañía de guerrilleros en campo abierto. Son detectados por un helicóptero ruso que comienza a ametrallarles. El único accidente del terreno es un riachuelo. Ricardo se mete en él junto con su cámara. El agua helada les llega a la rodilla y están solos. No hay follaje, son un blanco claro y fácil. El helicóptero, que distingue perfectamente la cámara, maniobra para enfilar de frente la vaguada. Ahora ya no hay cobertura ni error posible. En el momento en que va a empezar a disparar, el helicóptero es derribado por un guerrillero... con un lanzagranadas. Una especie de milagro. “!Allah Akhbar!”.
Ricardo fue el mejor en Chechenia. Todos vivíamos de él, de sus contactos y relaciones. Conocía a todos los comandantes. Era una persona que inspiraba confianza a aquellos fieros personajes, mitad héroes, mitad hidalgos, mitad bandidos. Era un tipo valiente. Estaba acostumbrado a jugarse la vida por informar.
En Afganistán fue el primero en llegar a Talukán, cuando esa capital de provincia fue recuperada por el ejército del fallecido Masud. Ricardo accedió a la ciudad atravesando campos de minas, muy a su pesar. “Cuando me di cuenta, era más peligroso retroceder que continuar”. Siempre me salía el mismo comentario: “pero, Ricardo, ¿tú crees que vale la pena tanto riesgo y sacrificio por una televisión tan mediocre?”. No era un “guerritas”, ni un inconsciente ávido de gloria periodística. Era el oficio.
Diecinueve meses antes habíamos entrevistado a Masud cerca de Talukán, en la visita más peligrosa a Afganistán que recuerdo. El 11 de septiembre de 2001, dos horas antes del atentado contra las torres gemelas, Ricardo, que para entonces ya trabajaba en Manhattan, me telefoneó a Moscú. Dos días antes habían matado a Masud en un atentado suicida muy poco afgano y Ricardo estaba ”mosca”, me dijo. Otra de sus grandes cualidades periodísticas era la intuición. “¿Se estará preparando algo en Afganistán?”, se preguntaba. La respuesta la obtuvo aquel mismo día en Nueva York, junto a su oficina.
Ricardo Ortega había buscado contactos con la red de Ben Laden en Florida antes del 11-S. En Nueva York hay bastantes taxistas afganos y todo había empezado con una carrera casual por Manhattan con uno de aquellos taxistas, con quien había entablado conversación en ruso sobre Afganistán. El taxista le dio alguna pista y le dejó su teléfono. Ricardo hizo varias llamadas a aquel teléfono antes del 11-S. Luego se enteró de que su nombre figuraba en las listas de sospechosos del FBI, que había indagado sobre su persona ante el CESID a causa de aquellas llamadas.
Todo esto me lo explicó en el contexto de una conversación mucho más interesante, general y profunda sobre Estados Unidos, país con el que, naturalmente, estaba fascinado. Una fascinación inteligente, desde el cinismo y escepticismo resultado de nuestra común experiencia moscovita. Nada que ver con las bobadas del “sueño americano” y todo eso.
Ricardo se dio cuenta enseguida de que la política americana -lo que se cuece realmente en los pasillos del poder- es algo tremendamente opaco y secreto, sin apenas nada que ver con lo que ventila la “prensa más libre del mundo”. Contra lo que se piensa, los americanos están pésimamente informados sobre su política y sobre el mundo en general. Sus medios de información consumen fundamentalmente el pienso que les ofrece la política informativa de su gobierno, incluidas filtraciones confidenciales o accidentales, que sirven para dirigir la atención hacia las convenientes falsedades. Recordemos los cuentos anteriores; el “expansionismo soviético”, la “amenaza china en Asia”, el “efecto dominó” y sus fantasías en las portadas de “Time”, “Newsweek” y los demás; el inexistente “incidente del Golfo de Tonkin”, que sirvió para iniciar la guerra de Vietnam. Todo eso ayuda a situar hoy la “guerra contra el terrorismo”, la “amenaza de Corea del Norte”, las “armas de destrucción masiva de Saddam”, etc, etc. Gracias a esos medios, los ciudadanos de ese país creen, en serio, que Saddam representaba una amenaza de destrucción masiva para Estados Unidos, no para Kuwait, ni para Israel, o Irán, para Estados Unidos, y que estaba vinculado a redes terroristas.
“Al lado de esto, lo del Kremlin es un cuento de niños”, me dijo Ricardo. Efectivamente, en Moscú, podíamos seguir las líneas maestras de la política rusa a grandes rasgos. Políticos y analistas con información de primera mano eran accesibles. “Nada de eso ocurre aquí, este es un mundo hermético, sin apenas fisuras”. Entrevistar a un polítologo retrógrado de tercera categoría, o a un ayudante de senador, es complicadísimo en Washington para un medio español. Intuitivamente, Ricardo se acercaba así a conclusiónes parecidas a las del Profesor disidente, Noam Chomsky, una de las mentes más sanas y preclaras de ese gran país, que está llamando la atención hacia la conversión de Estados Unidos en una especie de estado totalitario, con intelectuales y medios de comunicación bien pagados de vocación orwelliana. Nosotros, en España, seguimos esa estela.
Otra consideración interesante sobre Ricardo Ortega es cómo llegó al periodismo. Su trayectoria demuestra que un buen periodista surge de lo más insospechado. Ricardo había estudiado físicas en Moscú y comenzó trabajando como intérprete en la delegación de la agencia Efe. De ahí pasó a hacer algunas fotos y a redactar algunos despachos, hasta que Lourdes García, que entonces llevaba la corresponsalía de “Antena 3” en Moscú, se quedó embarazada de nuestra segunda hija. Como periodista, Ricardo fue resultado de mi hija Elisa, una gloriosa carambola. La mejor consecuencia. Un lujo.
La tendencia a elogiar al querido compañero muerto puede parecer irresistible. No lo es al escribir estas líneas tan tristes. La profesión periodística es dura, individualista y competitiva. No suele expresar nuestras mejores cualidades. En ocho años de contacto con Ricardo, no recuerdo un sólo episodio mediocre. Mucha generosidad, nobleza de carácter, muchas risas y mucho ingenio. Sus padres, pueden sentirse orgullosos.
Los menos valientes nos sentíamos arropados con Ricardo. Viajar con él hacia la aventura, era una cierta garantía de seguridad. Era un tipo carismático, que inspiraba confianza y seguridad. Lo que le ha ocurrido en Puerto Principe ha sido mala suerte. Sin haber estado allá, se cómo fue su muerte. Conociéndole no tengo ninguna duda acerca de sus últimos momentos antes de ser herido: midió la situación, tomó la mejor decisión posible en aquel instante y a continuación le alcanzaron las balas. Es como cuando un buen conductor tiene un accidente de tráfico. Mala suerte.
Su último mensaje me anunciaba, la semana pasada, su próxima visita a Taiwán con motivo de las elecciones. “Me ha tocado un viaje gratis para cubrir las elecciones en una rifa de la ONU”, decía. Un viaje organizado y financiado por la “diplomacia de los dólares” de Taipei, ahora que se había quedado sin el sueldo de “Antena 3”. Y la última línea, “Salgo para Haití”.
"La Vanguardia", 9 de marzo de 2004.
Enviado por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
[email protected]
www.serpal.info

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11 de Septiembre de 2001
Los vídeos de antena 3 de los eventos del 11S retransmitidos por Ricardo Ortega, han sido eliminados de youtube.com ¿Alguien los tiene? Podría dejar el nuevo enlace, gracias: (1) (2) (3)
R.O. = Ricardo Ortega
M.P. = Matias Prats
* Vídeo 1 (minuto 5:04)
R.O. - Hola buenas tardes Ernesto, están dando información ahora sobre esas imágenes que habéis podido ver, de cómo se desmoronaba una de la Torres Gemelas, PARECE SER QUE HA SIDO UNA TERCERA EXPLOSIÓN, UNA TERCERA EXPLOSIÓN, ES LA QUE HA ORIGINADO, LA QUE HA HECHO PRÁCTICAMENTE AÑICOS Y HA DEJADO INEXISTENTE UNA DE LAS TORRES GEMELAS. Más medidas de precaución en Chicago, la ciudad de los rascacielos, la torre Sears está siendo evacuada y otros gigantes de metal y cristal están siendo evacuados también porque existe pánico también pensando que se podría atentar contra otros rascacielos de Chicago.
M.P. - Ricardo, o sea que me dices que ha sido una TERCERA EXPLOSIÓN sobre esa Torre que ya estaba en difícil circunstancia para mantenerse en pie.
R.O. - en difícil equilibrio, no se indica si es una explosión provocada.....
M.P. - Todo cambia a lo mejor
R.O. - .... o ha sido un efecto de la colisión, pero MIRANDO DETENIDAMENTE LAS IMÁGENES DA LA IMPRESIÓN EN EFECTO DE QUE, DE QUE SE PRODUCE UNA VIOLENTA EXPLOSIÓN HACIA LA MITAD DE LA TORRE Y SE DESMORONA.
* Vídeo 2 (minuto 5:58)
R.O. - Matias, estoy viendo ahora, vamos a ver, en Manhattan, hay una gran nube de humo en la zona de WallStreet, pero lejos, separado de las Torres Gemelas, no es en las Torres Gemelas, son unos edificios más bajos, parece que SE HA PRODUCIDO ALGUNA OTRA EXPLOSIÓN, es una humareda de una densidad mucho mayor que la que hay en la Torres Gemelas …
M.P. - Sí, sí, sí, esto es completamente distinto a la Torre Gemela, solamente por el humo que se ha producido,…
R.O. - Sí.
M.P. - POR EL COLOR DE ESE HUMO Y SU DENSIDAD; OBSERVA COMO SUBE MUY DESPACIO, MUY DESPACIO, ES OTRA CLASE DE EXPLOSIÓN.
R.O. - Sí, PARECE QUE ES OTRA CLASE DE EXPLOSIÓN QUE SE HAYA PRODUCIDO CASI A RAS DEL SUELO, O EN UN EDIFICIO BAJO, A UNA DISTANCIA DE VARIOS CENTENARES DE METROS DE LAS TORRES GEMELAS…..LO QUE PARECE DESCARTAR QUE HAYA SIDO ALGO QUE HAYA CAÍDO DE LA PARTE ALTA DE LAS TORRES, ESTA SUFICIENTEMENTE SEPARADO COMO…
M.P. - No, no, no, Ricardo, ESO NO PROVIENE DE LAS TORRES ¡EH!, ESO NO PROVIENE DE LAS TORRES.
R.O. - No
M.P. - Está muy distante….
R.O. - Está muy distante….
M.P. - Tendría que haber sido…ni siquiera a la antena a la que hacíamos referencia hubiera producido una reacción como la que estamos observando.
R.O. - No, no, y la antena….
M.P. - y la antena sigue ahí….. Dios Santo, No, no sabemos….
R.O. - Esto es muy cerca del rio, es de la,…es de la costa… de la, de la parte oeste de Manhattan, del rio Hudson…Es otra zona financiera también con…., son prácticamente todos edificios financieros, oficinas que trabajan con Wall Street, brokers, Inversores. Sí, sí, es otra vez en el corazón del distrito financiero de New York…
M.P. - Bueno estaríamos pendientes a que se hubiera caído parte de la Torre.
(7:40 entra Saenz de Buruaga, cortando el dialogo de las nuevas explosiones).
Bueno tenemos ya con nosotros al director de informativos de A3 que se suma a esta narración de los acontecimientos que se están produciendo, que venimos contando prácticamente desde las 3 de la tarde, cuando se produce la primera explosión, el primer impacto. Imágenes en directo que hemos tratado de narrar, de contar a nuestros telespectadores de los informativos de medio día. Buenas tardes.
E.S.B. -Hola Matias, es impresionante, sobrecogedor, impactante, en la opinión pública española, realmente está causando… (bla, bla bla,….)
(8:34)
M.P. -a ver, me dicen que es el edificio. Efectivamente ahí está, la confirmación. Ricardo es el edificio el que se ha venido abajo. Ernesto …

12.05.2008
LA FAMILIA RECIBE EL AUTO JUDICIAL
Ricardo Ortega murió por disparos de militares extranjeros en Haití
ANA LOZANO / MADRID.- Los partidarios del derrocado presidente Jean Bertrand Aristide no asesinaron al periodista español de Antena 3, Ricardo Ortega Fernández. El auto del juez de instrucción, Bernard Saint–Vil, contradice la primera versión sobre los autores de su muerte y concluye que el disparo que mató a Ortega provenía de alguna de las tropas militares extranjeras destacadas en la zona.
El juez establece en su escrito que "a raíz de la declaración de los testigos y de la inspección ocular, han sido los militares extranjeros quienes dispararon a la altura del pecho y causaron la muerte del periodista español".
Ricardo Ortega fue asesinado el 7 de marzo de 2004, tras una manifestación a favor del nuevo gobierno de Puerto Príncipe. Los chimé, partidarios de Aristide, se enfrentaron a los manifestantes y los violentos disturbios ocasionaron la muerte de algunos haitianos.
Tras la revuelta, Ricardo se refugió en otra zona de la ciudad junto con varios reporteros y fotógrafos extranjeros y algunos haitianos. Allí se encontraba un fotógrafo americano al que pretendían ayudar. Tras pedir ayuda a la embajada estadounidense, esperaron en un patio de vecinos de la Rue Lamare hasta que el sonido de helicópteros militares hizo a Ricardo salir a buscar la ayuda esperada. Cámara al hombro, Ortega filmó el disparo que le atravesó el pecho, que provenía de la calle principal, como puede verse en el vídeo que acompaña a esta noticia.
Ricardo Ortega.
Según el comunicado emitido por la familia, los testigos vieron en esa calle como desde un vehículo tipo Hummer disparaban sobre Ricardo y varios ciudadanos haitianos. Su intérprete murió en el acto y Ricardo unas horas más tarde.
La investigación que los compañeros de Antena 3 llevaron a cabo en Haití después del asesinato confirmaba la versión oficial del juez haitiano y agregaba las declaraciones de testigos que vieron pasar a las tropas y gritaban "han disparado los blancos".
La familia añade en el comunicado que el juez, al hacerle entrega del auto se refirió a los autores de los disparos como americanos. El informe del fiscal del caso, Mazar Fortil, señala que fueron "tres vehículos de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minushta), desde los que dispararon".
La investigación de Antena 3 apunta que los únicos soldados que salieron de sus bases el día del asesinato de Ortega eran los estadounidenses. Los franceses estaban acuartelados y los canadienses no patrullaron ese día.
Sin embargo, la versión oficial del juez en el auto es "que las múltiples gestiones (...) para identificar a estos soldados extranjeros han sido infructuosas". La familia apelará en Haití para que un juez de Instancia Superior continúe la investigación y espera ayuda gubernamental por parte de España, que aún tiene la opción de asumir esta reclamación como propia.
- ver video -


30.08.2009
El periodista Michael Laughlin, herido en 2004 junto a
Ricardo Ortega en Haití, dice al juez que su bala era de los rebeldes
Ricardo Ortega en Haití, dice al juez que su bala era de los rebeldes
Francisco Poveda / MADRID.- Un reportero norteamericano que estaba junto al periodista Ricardo Ortega en Haití en 2004, asesinado cuando cubría el derrocamiento del presidente Jean Bertrand Aristide, ha afirmado que la bala que le extrajeron a él era de un fusil AK-47, usado por los rebeldes "chimeres", partidarios del depuesto presidente.
Así se lo ha relatado Michael Laughlin (en la imagen) al juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, que investiga el asesinato de Ortega, a través de una videoconferencia desde Texas que tuvo lugar el pasado miércoles y en la que ha explicado cómo sucedieron los hechos el 7 de marzo de 2004, cuando ambos reporteros cubrían una manifestación junto al Palacio Nacional de Puerto Príncipe, capital de Haití.
Laughin, que resultó herido en una pierna, ha descartado que los soldados norteamericanos fueran los autores de los disparos que costaron la vida a Ortega y que a él le hirieron, ya que durante la manifestación no vio a las tropas estadounidenses por aquel lugar.
Además, ha señalado al juez que la bala que le extrajeron de su pierna herida provenía de un fusil de asalto ruso (un kaláshnikov AK-47) y que ese tipo de armas eran las que utilizaban los "chimeres", lo que le hace pensar que los disparos fueron realizados por los rebeldes.
Esa teoría se refuerza, según ha manifestado Laughin al juez, porque algunos haitianos comentaron a los periodistas antes de producirse los disturbios de aquel 7 de marzo que los "chimeres" también tenían intención de atacar a los medios de comunicación presentes en la ciudad.-
Nada se sabe de momento acerca de quién efectuó esos disparos y estas son las dos hipótesis que se barajan: un francotirador de los "chimeres" o que el fuego procediera de los marines estadounidenses, que junto a tropas canadienses, francesas y chilenas formaron en Haití una fuerza de interposición para colaborar en la pacificación del país a raíz de los disturbios por el derrocamiento a Aristide.
Con el objetivo de poder determinar si realmente la bala de Laughin procedía de un AK-47, el juez Velasco le ha pedido que le haga llegar el proyectil para poder practicar pruebas científicas y de balística y determinar el tipo de arma que lo disparó, algo a lo que el periodista ha accedido con la condición de que después de esos análisis se la devuelvan.
Además, Laughin se ha referido a otro periodista al que conoce y que también resultó herido al cubrir aquellos disturbios y se ha ofrecido al magistrado para intentar localizarlo y que éste también envíe su bala al Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional.
Esta videoconferencia se ha producido después de que el pasado noviembre Velasco solicitara al equipo conjunto de la Guardia Civil y de la Policía que investiga el asesinato de Ricardo Ortega que identificara a trece posibles testigos de los hechos y que recabase toda la información existente sobre el suceso.
Entre esas diligencias, el juez requirió a Antena -3 las imágenes que grabó el periodista en el momento en que cayó abatido, así como un reportaje elaborado por la cadena y titulado "Ricardo Ortega: muerte de un reportero", mientras que a los responsables de la embajada de Estados Unidos en Haití les pidió información sobre las tropas existentes en la zona cuando se produjeron estos hechos
