La realidad obliga a pensar en uno mismo como si fuera un engranaje más de una máquina para producir bienes de consumo. A tal punto es así que profesiones u oficios, hacia los que la gente se puede sentir inclinada por vocación pero que no tienen salida laboral inmediata garantizada, deben ser descartadas, porque la mayoría no puede creer que pueda ser capaz de crear de la nada un nicho laboral distinto.

Si una persona tiene una verdadera vocación, que no aporta prestigio social, ni es reconocida socialmente como fuente de recursos porque no permite generar buenos ingresos, ni eventualmente escalar posiciones sociales, es muy probable que esa persona la abandone y se dedique a otra cosa; estudie algo que no le guste, o incursiones en ámbitos que no son para ella y se resigne a ser un mediocre, porque no se anima a crear algo nuevo.


Todos somos buenos en algo, sólo tenemos que descubrirlo, sin afán perfeccionista, y sin creer que porque lo hacemos nosotros no vale.

Sólo se necesita bucear en la interioridad, conocerse bien, darse cuenta de nuestras diferencias con respecto a los demás, para poder encontrarse y enfrentar el desafío de ser creativo, haciendo lo que hacemos bien con genuina habilidad y placer.

Muchos llegan a adultos convencidos de que no sirven para nada, casi siempre porque estuvieron rodeados de personas que les hicieron creer eso y se lo fueron inculcando poco a poco, casi siempre para poder sobrellevar mejor sus propias frustraciones proyectando en ellos su inoperancia.

Sin embargo, se pueden vencer estos condicionamientos y atreverse a ser quien uno es, desprendiéndose de los estigmas adquiridos, sacándose de encima las frases hechas que fueron las que obligaron a no intentar nada y que engendraron la idea nefasta de que cualquier iniciativa está condenada al fracaso.

Fallar no significa volver a caer en viejos temores, cautivos de los fantasmas del pasado, sino que enseña a aceptar los errores como parte del aprendizaje; errores que hacen posible limar las asperezas que le dan la forma correcta a los sueños. Los errores son valiosos para avanzar, sin quedarse pegado a la idea de la falta de eficacia y ceder a la tentación de entregarse a la mediocridad.




Existen enemigos internos que producen auto discriminación y no dejan crecer a las personas ni tenerse confianza en su propia forma de pensar ni en sus propios proyectos. Sólo se logra salir de si mismo con el desprendimiento y la liberación de los mandatos internos, para evitar que la energía quede atrapada en esa persona y la autodestruya, al no poder canalizarla adecuadamente en las cosas que desea ni en las personas.

Uno es lo que cree, y si lo que se cree es que uno no sirve para nada, así será, porque la nada es lo único que puede surgir de la nada. El que se pregunta para qué sirve también puede tener aspiraciones inalcanzables, creer en utopías, defender causas perdidas, porque al no poder trascender y seguir con la omnipotencia propia de un adolescente, se convierte en un elemento útil para participar de cualquier extremismo.

No saben para qué sirven pero se sienten incluidos en un proyecto que lo obliga a arriesgar la vida pero que le da un sentido. Es más fácil proyectar la responsabilidad propia en una ideología y perderse en una teoría que tener que arriesgarse a ponerse a prueba en la vida a si mismo.

La realidad de la vida es sólo un proceso natural, una inteligencia plasmada en cada cosa para organizarse de la mejor manera posible y que evoluciona siempre hacia un estado de plenitud superior, como ocurre en la naturaleza, este hecho de por sí es algo maravilloso que seguramente, por simple lógica nos deparará siempre algo mejor.

También puede ser que la vida sea sólo un pensamiento y que la realidad no exista. De esa manera se puede explicar cómo se pueden cambiar las cosas con sólo cambiar nuestra forma de pensar.

De cualquier manera, si existe o no existe la realidad no importa, porque lo que importa somos nosotros mismos, nuestras vivencias, nuestros sentimientos, y nuestra esperanza de crear un mundo mejor y la oportunidad que tenemos de poder hacerlo sólo con nuestra intención.





¿Para qué sirve un minuto?

Un minuto sirve para sonreír.
Sonreír para el otro, para tí y para la vida.
Un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, sentir el perfume de la flor, sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua.
Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.
Un minuto apenas para escuchar el canto de los pájaros.
Un minuto sirve para oír el silencio, o comenzar una canción.
Es en un minuto en que uno dice el "sí" o el "no" que cambiará toda su vida.
Un minuto para un apretón de mano y conquistar un nuevo amigo.
Un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria.
En un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, crer, vencer y ser.
En un simple minuto se puede salvar una vida.
Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo.
Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida.
Basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo, un padre, un amigo, un alumno, un profesor, un semejante.
Solo un minuto para entender que la eternidad está hecha de minutos.
De todos los minutos bien vividos.
Un minuto... Cuántas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta... pero también cuántas veces traemos a nuestras vidas los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de alegría y también de tristezas.
Decimos "un minuto" y nos parece nada.
Pero cómo se aprecia ese minuto al levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siempre, cómo se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos, cómo se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, cómo nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo al nacer, y cómo también deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más.
Un minuto... parece increíble... parece tan poquito y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.
Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo.
Alguien alguna vez dijo: "Vive cada minuto como si fuera el último".
Si todos recordáramos esa frase a diario aprenderíamos a vivir la vida intensamente.
Aprenderíamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando que "si no es hoy será mañana".
Tu tiempo es ahora... el futuro es incierto...
Vive cada minuto intensamente.
La vida es Hoy... Que el reloj de tu vida marque cada minuto al compás de los latidos de tu corazón.











Parece que nuestra vida aumenta cuando podemos ponerla en la memoria de los demás: Es una nueva vida que adquirimos y nos resulta preciosa.
Montesquieu (1689-1755)
Datos archivados del Taringa! original
5puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
9visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

p
popopo7🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts217
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.