1.- La autonomía no necesariamente es antisistémica
Los “autónomos” son los que se dan ellos mismos su ley. Pero esta es una ilusión metafísica. Los únicos que se dan su propia ley son los capitalistas. El resto de los mortales lo más que hacemos es rebelarnos contra cualquier heteronomía, y sólo podemos abatirlas social y colectivamente. Tampoco puede entenderse la “autonomía” como el resultado de la lucha de clases porque ésta surge en una sociedad determinada y los corsés de esa sociedad no se pueden romper ni todos a la vez ni simultáneamente uno a uno. Se trata de tareas pedagógicas y evolutivas de intensidad diversa. Los movimientos antisistémicos no surgen de la “autonomía” sino de la lucha entre los oprimidos y los opresores en todos los momentos.
2.- Los movimientos sociales pueden ser policlasistas
El “movimiento social” de los empresarios, por ejemplo, destaca como el arquetipo de uno de ellos. Pero hay otros. Un “movimiento social” surge sectorialmente y sólo puede articularse en un vasto frente de lucha de clases contra la dominación. Esto sucedió, por ejemplo, con el sabotaje petrolero de finales del 2002 y comienzos del 2003. El frente de lucha de clases, en este caso específico, fue de la burguesía y de la pequeña burguesía contra las medidas antimonopólicas adoptadas por el gobierno chavista en noviembre de 2011 (ley de tierras, etc.). En cuanto la burguesía y la oligarquía constataron que el gobierno chavista no seguía sus directrices aunaron fuerzas en un “movimiento social” de las clases altas, medias y algunos sectores de las clases bajas para derribarlo, usando el boicot, el sabotaje y, el año siguiente, el golpe militar del 11 de abril de 2002. No es lo mismo, por tanto, un “movimiento social” que un “movimiento antisistémico”. Las ONG’s son lo primero, por ejemplo; mas no necesariamente son lo segundo.
3.- Autonomía y movimientos sociales, categorías metafísicas y, por tanto, trascendentes
Ambas categorías asumidas por los anarcoliberales, la de autonomía y la de movimientos sociales, tiene en su jerga el amargo saber de la trascendencia, porque se sitúan por encima, eternamente por encima, de las condiciones materiales de la sociedad, no son inmanentes al desarrollo social y cultural de Venezuela, sino que son una suerte de mónadas que están siempre levitando por los aires que respiran los liberales de cuño libertario. Son como demiurgos del acontecer humano, así como en décadas anteriores fueron la voluntad y el éter.
Es lo inmanente lo concreto. De cómo los seres humanos, en su relación con la naturaleza, organizan el trabajo, mediante el cual construyen y reconstruyen su paisaje cotidiano y futuro. De cómo los seres humanos crean valor de uso e incrementan la riqueza social. Del trabajo surge la cultura y la civilización. Y alrededor del trabajo, y dentro de la sociedad, es como los seres humanos generan movimientos antisistémicos que se plantean la abolición del dominio mediante una nueva civilización, mediante el comunismo.
Es aquí donde afloran las contradicciones entre dominados y dominantes, entre opresores y oprimidos, y es esta la contradicción sobre la cual fundamentan los anarquistas su discurso.
4.- El bien común
Aducen los anarcoliberales que “un individuo autónomo nunca olvida (…) que son los seres humanos quienes han creado las leyes de funcionamiento de la sociedad. Y por ello pueden ser sustituidas en cualquier momento, por los individuos, cuando atentan contra el bien común” (subrayamos nosotros); pero ¿qué es el “bien común”? ¿Quién lo define, cómo, cuándo y por qué?
Para los empresarios, por ejemplo, el “bien común” es el producto de la acumulación de capital. Para los proletarios, no hay “bien común”, sino sólo la venta de su trabajo a cambio de un salario. Pareciera que los anarcoliberales esgrimen la categoría de “bien común” como otra entidad metafísica, trascendente, otra mónada que reina en los aires libres de la borrachera metafísica del liberalismo libertario.
5.- El chavismo es uno de los resultados de la lucha de clases venezolana
Nosotros vemos el chavismo como parte del resultado de la lucha de clases en Venezuela, cuya peculiaridad consiste en que nace en el seno de las Fuerzas Armadas del país y aflora entre 1989 y 1992. Luego, ya gobierno, el chavismo trata de llevar a cabo un programa de “liberación nacional” y “socialista” desde arriba azuzando, a la vez, a las iniciativas populares que tratan de construir una nueva cultura, una nueva civilización, una nueva sociedad desde abajo. Ha habido, pues, una intersección entre las aspiraciones populares de transformación social, de justicia social, de igualdad con los propósitos liberadores de los prohombres del chavismo, entendiendo que, como sucede en todas las revoluciones políticas, surge una clase social por ahora durmiente que buscará devenir en nueva clase dominante.
A la vez, la lucha de clases continúa, y puede ser rentabilizada por los sectores burgueses y oligárquicos adversarios del chavismo. Esta circunstancia obliga a este último a mantenerse apegado a las exigencias de los de abajo porque puede perder su base social y electoral. De aquí que las iniciativas hayan estado todas en manos del chavismo porque el movimiento antisistémico de la sociedad venezolana todavía se identifica con él.
A su vez, este último ha entendido que no puede por sus propias fuerzas quebrar el dominio del Imperio (por tanto, del mercado global) con la sola voluntad. Y, en las circunstancias actuales, a lo sumo que se puede aspirar es a defender a los de debajo de la arremetida de los depredadores, nacionales y/o foráneos, en alianza con otros pueblos del Caribe y de América Latina, porque sin una periferia solidaria toda revolución está condenada al fracaso.-
Los “autónomos” son los que se dan ellos mismos su ley. Pero esta es una ilusión metafísica. Los únicos que se dan su propia ley son los capitalistas. El resto de los mortales lo más que hacemos es rebelarnos contra cualquier heteronomía, y sólo podemos abatirlas social y colectivamente. Tampoco puede entenderse la “autonomía” como el resultado de la lucha de clases porque ésta surge en una sociedad determinada y los corsés de esa sociedad no se pueden romper ni todos a la vez ni simultáneamente uno a uno. Se trata de tareas pedagógicas y evolutivas de intensidad diversa. Los movimientos antisistémicos no surgen de la “autonomía” sino de la lucha entre los oprimidos y los opresores en todos los momentos.
2.- Los movimientos sociales pueden ser policlasistas
El “movimiento social” de los empresarios, por ejemplo, destaca como el arquetipo de uno de ellos. Pero hay otros. Un “movimiento social” surge sectorialmente y sólo puede articularse en un vasto frente de lucha de clases contra la dominación. Esto sucedió, por ejemplo, con el sabotaje petrolero de finales del 2002 y comienzos del 2003. El frente de lucha de clases, en este caso específico, fue de la burguesía y de la pequeña burguesía contra las medidas antimonopólicas adoptadas por el gobierno chavista en noviembre de 2011 (ley de tierras, etc.). En cuanto la burguesía y la oligarquía constataron que el gobierno chavista no seguía sus directrices aunaron fuerzas en un “movimiento social” de las clases altas, medias y algunos sectores de las clases bajas para derribarlo, usando el boicot, el sabotaje y, el año siguiente, el golpe militar del 11 de abril de 2002. No es lo mismo, por tanto, un “movimiento social” que un “movimiento antisistémico”. Las ONG’s son lo primero, por ejemplo; mas no necesariamente son lo segundo.
3.- Autonomía y movimientos sociales, categorías metafísicas y, por tanto, trascendentes
Ambas categorías asumidas por los anarcoliberales, la de autonomía y la de movimientos sociales, tiene en su jerga el amargo saber de la trascendencia, porque se sitúan por encima, eternamente por encima, de las condiciones materiales de la sociedad, no son inmanentes al desarrollo social y cultural de Venezuela, sino que son una suerte de mónadas que están siempre levitando por los aires que respiran los liberales de cuño libertario. Son como demiurgos del acontecer humano, así como en décadas anteriores fueron la voluntad y el éter.
Es lo inmanente lo concreto. De cómo los seres humanos, en su relación con la naturaleza, organizan el trabajo, mediante el cual construyen y reconstruyen su paisaje cotidiano y futuro. De cómo los seres humanos crean valor de uso e incrementan la riqueza social. Del trabajo surge la cultura y la civilización. Y alrededor del trabajo, y dentro de la sociedad, es como los seres humanos generan movimientos antisistémicos que se plantean la abolición del dominio mediante una nueva civilización, mediante el comunismo.
Es aquí donde afloran las contradicciones entre dominados y dominantes, entre opresores y oprimidos, y es esta la contradicción sobre la cual fundamentan los anarquistas su discurso.
4.- El bien común
Aducen los anarcoliberales que “un individuo autónomo nunca olvida (…) que son los seres humanos quienes han creado las leyes de funcionamiento de la sociedad. Y por ello pueden ser sustituidas en cualquier momento, por los individuos, cuando atentan contra el bien común” (subrayamos nosotros); pero ¿qué es el “bien común”? ¿Quién lo define, cómo, cuándo y por qué?
Para los empresarios, por ejemplo, el “bien común” es el producto de la acumulación de capital. Para los proletarios, no hay “bien común”, sino sólo la venta de su trabajo a cambio de un salario. Pareciera que los anarcoliberales esgrimen la categoría de “bien común” como otra entidad metafísica, trascendente, otra mónada que reina en los aires libres de la borrachera metafísica del liberalismo libertario.
5.- El chavismo es uno de los resultados de la lucha de clases venezolana
Nosotros vemos el chavismo como parte del resultado de la lucha de clases en Venezuela, cuya peculiaridad consiste en que nace en el seno de las Fuerzas Armadas del país y aflora entre 1989 y 1992. Luego, ya gobierno, el chavismo trata de llevar a cabo un programa de “liberación nacional” y “socialista” desde arriba azuzando, a la vez, a las iniciativas populares que tratan de construir una nueva cultura, una nueva civilización, una nueva sociedad desde abajo. Ha habido, pues, una intersección entre las aspiraciones populares de transformación social, de justicia social, de igualdad con los propósitos liberadores de los prohombres del chavismo, entendiendo que, como sucede en todas las revoluciones políticas, surge una clase social por ahora durmiente que buscará devenir en nueva clase dominante.
A la vez, la lucha de clases continúa, y puede ser rentabilizada por los sectores burgueses y oligárquicos adversarios del chavismo. Esta circunstancia obliga a este último a mantenerse apegado a las exigencias de los de abajo porque puede perder su base social y electoral. De aquí que las iniciativas hayan estado todas en manos del chavismo porque el movimiento antisistémico de la sociedad venezolana todavía se identifica con él.
A su vez, este último ha entendido que no puede por sus propias fuerzas quebrar el dominio del Imperio (por tanto, del mercado global) con la sola voluntad. Y, en las circunstancias actuales, a lo sumo que se puede aspirar es a defender a los de debajo de la arremetida de los depredadores, nacionales y/o foráneos, en alianza con otros pueblos del Caribe y de América Latina, porque sin una periferia solidaria toda revolución está condenada al fracaso.-