…Y el Estado creó la CGT a su imagen y semejanza
Aunque nos presenten a la democracia algo así como “derecha y humana”, en oposición a las dictaduras, los hechos represivos por parte del Estado siguen sin descanso. Las detenciones arbitrarias, las torturas, los allanamientos a organizaciones sociales, asesinatos y desapariciones de personas han empezado en Democracia, continuado en dictaduras militares, para ser retomadas finalmente, por esta “nueva” democracia sin señal alguna de querer detenerse.
Generalmente se cuantifican las personas asesinadas por el Estado por medio del accionar policial, formal o informal, pero es sabido que el Estado no dispone solo de policías profesionales para matar, sino también de patotas y barrabravas “tercerizados”, que le hacen el trabajo sucio a los políticos y burócratas sindicales, como sucedió con el asesinato de Mariano Ferreyra en Octubre del año pasado.
Es que realmente, más allá de los cambios de gobierno, hay una dictadura que se mantiene constante, que no empezó en 1976 y que es la columna vertebral de todo este andamiaje represivo que nos mantiene en la mas indigna de las impotencias: la dictadura sindical de la C.G.T.
Esta dictadura, monopolio o unicato sindical, surgido como necesidad del gobierno de Perón de amaestrar al conjunto de los trabajadores que venían de durísimas represiones. Lo hizo con el fin de lograr que no resurja nuevamente un movimiento obrero revolucionario como fue el de la F.O.R.A., que podía hacer temblar al Estado y la propiedad como antaño. Para legislar esta dictadura se creó la “Ley de Asociaciones Profesionales” en 1945, luego denominada “ley de asociaciones sindicales”, que cumplía el sueño del nuevo Estado benefactor: tener organizados a los trabajadores bajo su seno para controlarlos y amansarlos. A las organizaciones obreras se les impuso una orden que hasta el día de hoy no se modificó ni en lo mas mínimo, y es que para tener derecho a discutir sobre convenios y salarios, el sindicato tiene que tener la mayoría de los trabajadores de su rama o actividad afiliados a él, convirtiéndo así la discusión salarial en un privilegio de las dirigencias y no en un derecho del trabajador. Es más, ni siquiera los trabajadores tenemos la posibilidad de crear sindicatos libremente según nuestros intereses o elegir a qué sindicato afiliarnos, ya que apenas blanquean una relación laboral, el patrón retiene un porcentaje del salario para dárselo al sindicato cegetista como parte de una cuota sindical. Cuota que en ningún momento consultan si queremos pagar.
Al pueblo trabajador se le impuso normas y artículos para legislar la vida interna de sus organizaciones; interviniendo y combatiendo a muerte todo intento de radicalización, independencia y autonomía de éstas. La injerencia del Estado en las organizaciones obreras fueron el meollo de la cuestion, premiando con migajas al sumiso y obediente y castigando con severidad al rebelde y anarquista.
El Estado creo la C.G.T. a su imagen y semejanza, y perfeccionó sus mecanismos represivos a medida que descubría nuevas artimañas degradantes para someter al ser humano. Desde el gobierno peronista, pasando por las dictaduras militares, y las democracias modernas, la CGT entregó listas con nombres de cientos de trabajadores rebeldes a los servicios de inteligencia del Estado, si es que no se hace cargo la misma dirigencia sindical de “encausar a los desviados”. Estas “listas negras” no empezaron en los ´70, y no terminaron nunca. La burocracia sindical sigue entregando y asesinando compañeros. Las patotas mafiosas del sindicato de la CGT son moneda corriente en la lucha por la libertad gremial. La dictadura sindical continúa, y la sentimos a diario. Los gobiernos cambian pero el modelo sindical perdura. La libre asociación obrera la perdimos hace años, pero es la lucha que hoy en día estamos llevando a cabo.
¡Contra la dictadura sindical!
¡Libre organización de los trabajadores!
Aunque nos presenten a la democracia algo así como “derecha y humana”, en oposición a las dictaduras, los hechos represivos por parte del Estado siguen sin descanso. Las detenciones arbitrarias, las torturas, los allanamientos a organizaciones sociales, asesinatos y desapariciones de personas han empezado en Democracia, continuado en dictaduras militares, para ser retomadas finalmente, por esta “nueva” democracia sin señal alguna de querer detenerse.
Generalmente se cuantifican las personas asesinadas por el Estado por medio del accionar policial, formal o informal, pero es sabido que el Estado no dispone solo de policías profesionales para matar, sino también de patotas y barrabravas “tercerizados”, que le hacen el trabajo sucio a los políticos y burócratas sindicales, como sucedió con el asesinato de Mariano Ferreyra en Octubre del año pasado.
Es que realmente, más allá de los cambios de gobierno, hay una dictadura que se mantiene constante, que no empezó en 1976 y que es la columna vertebral de todo este andamiaje represivo que nos mantiene en la mas indigna de las impotencias: la dictadura sindical de la C.G.T.
Esta dictadura, monopolio o unicato sindical, surgido como necesidad del gobierno de Perón de amaestrar al conjunto de los trabajadores que venían de durísimas represiones. Lo hizo con el fin de lograr que no resurja nuevamente un movimiento obrero revolucionario como fue el de la F.O.R.A., que podía hacer temblar al Estado y la propiedad como antaño. Para legislar esta dictadura se creó la “Ley de Asociaciones Profesionales” en 1945, luego denominada “ley de asociaciones sindicales”, que cumplía el sueño del nuevo Estado benefactor: tener organizados a los trabajadores bajo su seno para controlarlos y amansarlos. A las organizaciones obreras se les impuso una orden que hasta el día de hoy no se modificó ni en lo mas mínimo, y es que para tener derecho a discutir sobre convenios y salarios, el sindicato tiene que tener la mayoría de los trabajadores de su rama o actividad afiliados a él, convirtiéndo así la discusión salarial en un privilegio de las dirigencias y no en un derecho del trabajador. Es más, ni siquiera los trabajadores tenemos la posibilidad de crear sindicatos libremente según nuestros intereses o elegir a qué sindicato afiliarnos, ya que apenas blanquean una relación laboral, el patrón retiene un porcentaje del salario para dárselo al sindicato cegetista como parte de una cuota sindical. Cuota que en ningún momento consultan si queremos pagar.
Al pueblo trabajador se le impuso normas y artículos para legislar la vida interna de sus organizaciones; interviniendo y combatiendo a muerte todo intento de radicalización, independencia y autonomía de éstas. La injerencia del Estado en las organizaciones obreras fueron el meollo de la cuestion, premiando con migajas al sumiso y obediente y castigando con severidad al rebelde y anarquista.
El Estado creo la C.G.T. a su imagen y semejanza, y perfeccionó sus mecanismos represivos a medida que descubría nuevas artimañas degradantes para someter al ser humano. Desde el gobierno peronista, pasando por las dictaduras militares, y las democracias modernas, la CGT entregó listas con nombres de cientos de trabajadores rebeldes a los servicios de inteligencia del Estado, si es que no se hace cargo la misma dirigencia sindical de “encausar a los desviados”. Estas “listas negras” no empezaron en los ´70, y no terminaron nunca. La burocracia sindical sigue entregando y asesinando compañeros. Las patotas mafiosas del sindicato de la CGT son moneda corriente en la lucha por la libertad gremial. La dictadura sindical continúa, y la sentimos a diario. Los gobiernos cambian pero el modelo sindical perdura. La libre asociación obrera la perdimos hace años, pero es la lucha que hoy en día estamos llevando a cabo.
¡Contra la dictadura sindical!
¡Libre organización de los trabajadores!