En nuestra sociedad uno de las creencias más promovidas es que mamá siempre tiene que estar lista: para satisfacer todas las necesidades, para protegernos, guiarnos, resolver nuestros problemas, hacer la tarea, dejar todo ordenado etc… En pocas palabras mamá es la responsable de todo lo que pase o deje de pasar. Las mujeres interiorizan en su mente que tienen que cumplir con su papel de madre sin derecho a equivocarse, quejarse, asumiendo el rol de que todo tiene que quedar perfecto, y además con una sonrisa constante. A este rol de la “súper mamá” se le suma que hoy en día muchas de las madres trabajan fuera de su casa, por lo que al terminar su jornada laboral llegan a casa a realizar los quehaceres, atender a los hijos, a su esposo etc. Y aunque hemos avanzado socialmente en muchos aspectos, las mujeres seguimos cargando con creencias que hemos interiorizado como verdades.
Entre los mitos más comunes destacan los siguiente:
Ser madre es una tarea fácil y tengo que saber ser mamá: De acuerdo a esto la madre tiene que amar de inmediato al recién nacido, y además saber criarlo. La realidad es que nadie nace aprendido, ni las mujeres son madres de manera natural. Ser madre es una tarea diaria en donde muchas veces no vamos a tener la respuesta ni está en nuestras manos la solución al problema. El rol de madre lo asimilamos en el día a día aprendemos desde cambiar un pañal, conocer lo que mis hijos necesitan, las etapas de desarrollo en la que se encuentra etc. Como dice la escritora Jain Sherrad: las mujeres no tienen una glándula llamada “madre” que se activa misteriosamente cuando dan a luz. “Que podamos dar a luz no garantiza que también podamos ser buenas madres”.
Toda madre es perfecta: la realidad es que no hay madres perfectas ni hijos perfectos. En el caminar de la vida iremos cometiendo errores, aprendiendo de ellos, buscando alternativas. La madre perfecta no existe, el hecho de que usted ame a sus hijos y quiera lo mejor para ellos no significa que no se va a equivocar. Los errores deben servirnos para orientar las acciones futuras.
Las madres ideales no existen, la concepción de madre ideal puede servirnos de guía para orientar nuestros esfuerzos pero nuestro rol de madre tiene que ser asumido de manera realista, una realidad llena de distintas circunstancias y al alcance de nuestras posibilidades como madres imperfectas.
Las madres son las encargadas de satisfacer todas las necesidades de sus hijos: las madres son las encargadas de velar por el bienestar de sus hijos, pero esto no quiere decir que todas las necesidades de sus hijos deben ser satisfechas por la madre. A las madres a lo largo de la historia se les ha impuesto el rol de cuidadoras de sus hijos, de sus esposos, de los abuelos, hermanos, amigos. Este mito está tan interiorizado que valoramos poco lo que ellas hacen por sus hijos pero las juzgamos muy duramente cuando no satisfacen las necesidades de sus hijos por completo.
Una buena madre no se enoja: Socialmente el enojo se ha visto como poco femenino, cuando la mujer se enoja se ha asociado a “está loca, siempre anda a la defensiva, esa mujer es furiosa, agresiva”. Esta concepción está ligada a que la mujer siempre está de buen ánimo y es la encargada de dar soporte las personas a su alrededor. Sin embargo, el enojo es una emoción natural que todos los seres humanos experimentamos, y es una reacción normal a diferentes circunstancias. El enojo no es el problema lo que podemos aprender es una manera correcta para expresarlo.
Lo que me funciona con un hijo me funciona con el otro: puede ser que algunas cosas si le funcionen pero otras no. Para la crianza de los hijos debemos tomar en cuenta las diferencias individuales, entender que cada hijo es diferente, tiene diferentes necesidades y es único. Nuestro amor como madres tiene que ser incondicional, es decir aceptarlos como son y no de acuerdo a lo que hacen. Es importante revisar las expectativas que como madre pueda tener acerca de sus hijos y entender que ellos son valiosos como son y no de acuerdo a lo que yo quiero que sean.
Toda buena madre debe evitar que su hijo sufra frustraciones: el pretender satisfacerlo en todo puede llevarnos a la desilusión. La vida misma tiene desilusiones constantes que nos impulsan a vivir. Es imposible vivir en plena satisfacción. Los hijos necesitan aprender conforme van creciendo que no todas las cosas que anhelan suceden ni se les puede dar.
Una buena madre debe tener control de todo: las madres pueden organizar las rutinas diarias pero es imposible tener el control total de cada una de las cosas. Por el contrario los miembros que viven en la misma casa son responsables de la organización de la misma.
La madre que trabaja no es buena mamá: las madres que trabajan fuera de la casa, se sienten en muchas ocasiones culpables porque creen que les están fallando a sus hijos. Sin embargo, el que permanezca en la casa no implica que sea una buena madre, o que tenga problemas distintos a las madres que trabajan fuera. Por otro lado, no es cierto que las madres que trabajan fuera de casa sean descuidadas, o malas madres. Una buena madre es la que establece sus prioridades, dedica tiempo de calidad a sus hijos y les muestra a través de sus actos su amor.
El ser buena madre es dejar mis necesidades de lado: el día a día se desarrolla en torno al cuido de los niños, dejar todo listo en la casa, realizar los quehaceres de la casa y cumplir eficientemente en el trabajo. Esa dinámica se ha vuelto tan habitual que la mujer se olvida de ella misma y pierde de vista que además de ser madre, esposa, ama de casa y trabajadora es ante todo mujer. La capacidad de servicio a los demás que la mayoría de mujeres desarrolla como producto de su formación social, hace que ellas lleguen a poner en último lugar de su lista de prioridades el cuido de su persona. Sin embargo es importante que entienda que además de ser madre es mujer y usted es merecedora de un espacio propio.
Como madre revise cuáles de estas ideas ha interiorizado como verdades y haga un alto en el camino para revisar dichas creencias y empiece a vivir de acuerdo a la verdad.
Sugerencias:
Acepte que las madres perfectas no existen.
Acepte que como madre voy a equivocarme y que mi responsabilidad es dar lo mejor que puedo pero no resolverlo todo.
Establezca prioridades. Organice su vida de manera que pueda tener equilibrio entre su casa y el trabajo.
Disfrute lo que hace.
Establezca las funciones de cada uno de los miembros de su familia.
Busque apoyo en sus familiares, amigos o instituciones como guarderías.
Hable bien de su trabajo. Invite a sus hijos a que conozcan el lugar de trabajo.
Establezca con anterioridad tiempo con sus hijos.
Aprenda a decir que no: no se sobrecargue, aprenda que no puede ser capaz de hacerlo todo.
Dentro de lo posible asista a las reuniones de padres de familia, graduaciones, fechas importantes.
No prometa lo que no puede cumplir.
Establezca las reglas de la casa desde que sus hijos están pequeños.
Dedíquese tiempo para usted misma, cultive amistades.
Ame lo que tiene.
Si tiene algún proyecto inconcluso, y aún es de su interés, procure terminarlo.
Aprenda de los errores.
Sea flexible, la vida no es lo que uno espera o desea.
Recuerde que además de ser madre es mujer.
Diríjase a usted misma con palabras positivas.
Cuídese a usted misma
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