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Me fui a dormir y el mundo cambio 2



ACA ESTA LA PRIMERA PARTE




CAPITULO 2

ROSTROS INOCENTES


Al diablo el mundo!, pensé. Mi familia podía estar en peligro y yo estaba aquí parado como un estúpido al que le acababan de dar un puñetazo en la cara. Debía de moverme rápido si quería llegar al hogar de mis padres lo mas antes posible.

El panorama externo no ayudaba en lo mas mínimo a mi confianza. Después de intentar hablar con mi madre, trate de llamar a la policía pero las respuesta seguía siendo la misma. Esta vez si me encontraba solo. Rápidamente me vestí con lo que encontré, tome las llaves del automóvil y me dirigí hacia el estante inferior de la cocina; allí guardaba una caja de herramientas, lo que me venía bien en una situación como esta. No sabía qué era lo que estaba sucediendo, pero no iba a salir a la calle sino iba armado.



Vivía en el cuarto piso de un lujoso edificio, en un departamento que su abultado sueldo podía pagar. Al llegar a la puerta del ascensor me di cuenta de que se encontraba fuera de servicio, otra vez. Ese era el único lujo que no podía darse y a la vez la mayor complicación de vivir tan alto.



Armado con un martillo, comencé mi descenso hacia el hall del edificio. Pero hubo algo que me llamo la atención en el segundo piso. La puerta del departamento 5c estaba entreabierta, y a través de ella se podía escuchar el sonido de un lamento. Alguien estaba llorando por el otro lado de la puerta. sin pensarlo dos veces, entre por la puerta; alguien debía de necesitar ayuda, y yo era el único que estaba cerca para brindársela.



El departamento correspondía al señor Hang, un asiático que trabajaba en la bolsa de comercio, según me había dicho el encargado del edificio en una ocasión. El lugar era muy bonito, pero se encontraba revuelto, y había señales de nadie; pero el indudablemente el sollozo provenía de ese departamento. Camine hasta el fondo del departamento, y allí había una puerta, con un cartel que decía "Ini".



Sostuve fuertemente el martillo entre mis manos y abrí lentamente la puerta. Aquella era la habitación de la hija del señor Hang. La niña se encontraba sentada en la cama, a espaldas de la puerta. Con cuidado, comencé a acercarme hacia la niña, pero al ver que sus manos estaban atadas respaldo de la cama, me detuve en seco. El otro motivo fue que tenía un arma apuntándome en la espalda.

-Aléjese de mi hija- ordeno el hombre.

Me di vuelta y vi al señor Hang apuntándome con una Taurus Modelo PT 92. Sabia de armas gracias a mi padre, por la tanto conocia el poder de impacto de aquella arma.



-¿Qué esta Ud. haciendo aquí?- pregunto. Apenas escucho la voz de su padre la niña comenzó a gritar.

-Yo...escuche un ruido. Vi la puerta abierta y entre-le respondí.

Los ojos rojizos del señor Hang reflejaban miedo, y se notaba que había estado llorando.-¡No tienes ningún motivo para estar aquí!- dijo casi gritando para hacerse oír entre los gritos-; ¡vete de mi casa ahora mismo!

No era conveniente enfrentarse a un hombre armado y emocionalmente inestable. Pero debía de hacerle la pregunta...

-Señor Hang ¿qué le paso a su hija?-La niña se retorcía en la cama, gritando como si la hubieran quemado. Fue en ese momento cuando le pude ver la cara.




Quede atónito ante el rostro de la joven. Su frágil e inocente cara parecía hecha de piedra, ya que varia grietas surcaban su piel y sus ojos habían perdido todo color, tornándose en un blanco lechoso. Era horrible verla, y tuve que contener la arcada para no vomitar.

-¡VETE!- el hombre disparo el arma hacia el techo. Salí corriendo del departamento apenas el proyectil salió disparado, y no me detuve hasta llegar al garaje del edificio. Sentía que los pulmones se me iban a salir por la boca, pero rápidamente recupere el aliento, aunque no podía borrarme de la mente el rostro de la niña.



Ubique velozmente mi automóvil, arranque el motor y salí despedido hacia el exterior. El panorama externo era de locos, los automóviles estaban tan cruzados que tuve que realizar varias maniobras no del todo legales para esquivarlos. Una vez que logre tomar la ruta que se alejaba de la gran ciudad, comencé a ver más personas con el rostro agrietado y los ojos lechosos.

Un escalofrió recorrió mi cuerpo. El sonido del motor los atraía hacia mi auto, pero cuando ellos lograban acercarse yo ya los había pasado. Fue en ese momento cuando comencé rezar.

Rece por no tener que ver a mi familia convertida en uno de "ellos".
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