Un excelente cuento les dejo aqui.A disfrutar!
Karanchi La ciudad de los jorobados
Karachi El pueblo de los Karanchis-La ciudad de Los jorobados
¡¡Cuidado, al piso señor!! , los lugareños se alejan encorvados sacudiéndose el polvo del camino y comentando lo fácil que es distinguir a los visitantes del pueblo por su ignorancia al caminar erguidos y con los cabellos descubiertos.
Aquí en Karachi, la tierra es de los Karanchis, que pasan volando rozando las cabezas de los transeúntes intentando arrancarle los cabellos a quien en un descuido camine erguido superando el metro diez de altura.
De allí que, todo lo que tenga que ver con la actividad humana no supera esa medida.
Los nidos de los Karanchis se pueden observar en los árboles. Son el mayor y el único atractivo turístico del pueblo. Se han diseñado pequeñas gradas frente a los más antiguos, donde turistas orientados por un guía van descubriendo y analizando los diferentes componentes y objetos del nido como quien desentraña los secretos de una verdadera obra de arte.
Los nidos de Karanchis son la parte creativa del asunto, sin embargo, en las galerías del pequeño museo de la ciudad se pueden apreciar los morbosos restos y las fotografías de aquello que quedó bajo el metro diez, cuando el ave arrancó lo que sobresalía.
Todo un pueblo apiñado, bajo, podado casi en línea recta como un gran asfalto de vida suburbana .Por encima, espacios abiertos, aire, ruta de Karanchis, minados de grandes marañas entretejidas con los restos y partes de una ciudad subyugada, penden de las ramas de los árboles como únicos soportes que superan el metro diez.
Los excrementos de los karanchis son el lodo que tapiza las calles haciéndolas resbalosas y permitiendo a la vez que los transeúntes se desplacen deslizándose evitando así el movimiento oscilante que se requiere al caminar y que pondría en peligro sus cabezas desafiando la altura convenida.
De allí se explica que el medio de transporte preferido para llegar al pueblo de Karachi sea el subterráneo.
Sus habitantes perdieron un poco la sinceridad y la calidez, forzados tal vez por no mirarse a los ojos. Se volvieron criticones y un poco intolerantes porque inevitablemente por la posición corporal adquirida no hacen mas que mirar y encontrarse permanentemente con lo que va dejando el de adelante.
Karachi II: Kerka.
Kerka sabía que lo que iba a hacer no estaría bien visto por sus padres, vecinos, amigos y el pueblo en general.
Había escuchado muchas veces que cuando el hombre se entromete en cuestiones de la naturaleza, mas allá de las buenas intenciones, el resultado puede no ser el esperado y posiblemente inimaginado.
Kerka ya había cumplido los 48 y ya se resignaba a vivir sola y sin quien la eligiera.
El deseo de la maternidad lo había sepultado bajo sus vestidos y túnicas que muchas veces le jugaban la mala pasada de abultarse en su vientre y recordarle aquello que debería haber sido.
Al huevito de Karanchi lo encontró en una rama baja de un pino .Posiblemente había rodado en un descuido de su madre hacia la zona baja y peligrosamente humana. Movida por la curiosidad de su juventud aún intacta y por la suavidad y el brillo del objeto gestante; Kerka acunó en la concavidad de su ser al huevo. El tiempo transcurrió evitando ser descubiertos.
Kerka era fea muy fea, terca, tosca, tonta atolondrada, temerosa, tarada, tímida, tétrica, tullida...
Ambos, huevo y mujer, comenzaron a nutrirse de la relación vital que habían establecido, y mientras el Karanchi crecía, Kerka se recreaba a sí misma...
Ya no se veía tan fea, no la veían tan fea; ahora era tierna, tenaz, tibia, tersa, tentadora, tipa inteligente...
Cuando el tiempo se cumplió, buscó un lugar alejado y seguro.
Tomó al huevo crujiente con sus manos y en una maniobra en la que la rigidez de sus vértebras anestesiadas por la-emoción le permitieron transformar su C corporal en una i latina, (véase el palito de la i como el cuerpo de Kerka y el puntito como el huevo), lo lanzó al viento lo más alto que pudo.
Una Karanchi lo atajó al vuelo y despojando a la criatura de su cárcel craquelada lo abrazó.
El pichón se aleja con su ahora madre alada, mientras, en la tierra permanece Kerka extasiada.
La Karanchi vuela al nido y en una bolsa de telas apelilladas trae la cena que ella se preparaba y se la arroja a Kerka.
Con asombro, ésta encuentra y libera lo que nunca se hubiera imaginado, vivito y coleando asoma allí su "príncipe gris".
-Te esperaba. (Le dice él).
-¡pues, aquí estoy!, (le dice ella),-Cosas de la naturaleza!!!.
Karachi III: El fenómeno Kerka.-Fin de la saga
El fenómeno Kerka no pasó desapercibido. No sólo para su" príncipe gris"que cada día se veía más enamorado de ella sino también para su entorno barrial y más precisamente para las jóvenes solteronas que habían descubierto en nuestra amiga una simbólica cenicienta, ídola popular, y concreción en carne y hueso de sus deseos hedónicos.
Desde una perspectiva aérea, su hijito putativo podía ubicarla con facilidad y distinguirla de entre el resto de los pobladores ya que por donde Kerka circulaba, un grupo de genuflexas admiradoras la seguían como un cardumen terrestre enlodado.
La revelación de su atesorado secreto no se había hecho esperar demasiado. Precipitado un poco quizás por el joven poyuelo que no disimulaba el interés por los movimientos de su incubadora humana a la que no le perdía el paso y la sobrevolaba como un nubarrón imantado. Y, por otro lado, Kerka misma cuya generosidad, aquella que la indujo a colaborar en la gestación del plumífero, florecía ahora y daba nuevos frutos en sus contemporáneas.
Una práctica, que en principio fue rechazada por las instituciones del pueblo de Karachi, se tornó inevitable: Tomar prestado el germen de vida de las Karanchis para establecer una simbiosis regenerativa.
Definición al comienzo algo compleja pero que fue adquiriendo la simpleza y el poder de síntesis con el que las costumbres pueblerinas se nombran. Era entonces:"el tratamiento del huevo ". (Mujeres enloquecidas intentando conseguir los huevos de Karanchis para que durante la gestación del mismo se beneficiaran con su efecto estético secundario.)
Durante las salidas nocturnas, la búsqueda entre las ramas de los árboles obligaba a las muchachas a mantener la barbilla y la mirada en alto; correr el riesgo de ser decapitadas las tornaba más hábiles y rápidas. Fortalecían con su agilidad los músculos. Valientes y suspicaces ligeras y descontracturadas jugaban a encontrar los tesoros escondidos cual cenicientas que mágicamente se transformaban en princesas...
Y se puso de moda nomás. Tanto, que las propias Karanchis aceptaron con naturalidad los beneficios de prescindir de la anidación .Al principio, un poco celosas, reticentes, pero disimuladamente empezaron a dejar sus huevos al alcance de la mano de sus ávidas niñeras.
Llegó el tiempo en el que había en vuelo tantos Karanchis doblemente gestados y por el amor que los vientres humanos le habían transmitido no podían estos hacer daño alguno.
Llegó el tiempo en el que la rígida línea que dividía sus vidas se diluyó y ambos, aves y pobladores, convivieron en el mismo espacio.
Pero los efectos de la doble crianza devinieron de la más solidaria relación a una tensa e inquietante competencia.
Definir los límites afectivos se tornó complejo. Generaciones de nuevos Karanchis con comportamientos híbridos descolocó a todos los habitantes tanto en el plano aéreo como en el subterráneo.
Ahora eran los humanos quienes perseguían, cazaban y encarcelaban a las Karanchis en especies de gallineros gigantes obligadas a la generación de huevos .Allí, en cautiverio, comenzaron a reproducirse y a aceptar las nuevas condiciones de animales cuasi-domésticos.
Asados y en guisos no sabían nada mal. Bajos en colesterol y muy nutritivos. Pasaron los años y ambas especies, con sus generaciones se fueron acomodando evolutivamente. El hábito de caminar encorvado dejó de existir; los Karanchis perdieron la habilidad de volar y desarrollaron alas pesadas con plumas largas y oscuras como túnicas que les impedían el despegue y doblegaban sus pequeñas espaldas y ahora ellas, como lo había hecho Kerka escondían algunos huevitos en sus vientres para evitar que esos seres esbeltos se los arrebataran...
Y como en un gran reloj de arena, lo de arriba pasó abajo y lo de abajo luego arriba, en esta inquebrantable circularidad del tiempo...
SM