InicioApuntes Y MonografiasAnarquismo y Comunismo





Para los comunistas anárquicos la división entre las palabras comunismo v anarquismo no existe. Sin embargo, no siempre corresponde la denominación de las teorías, máxime si a fuerza de sistematizarlas se olvida una parte de su esencia, al contenido que quieren expresar sus formulas exteriores o que se supone reside en las premisas de un programa.

No todos los anarquistas son comunistas -y no pocos, creyendo serlo, propagan teorías que niegan los fundamentos económico-sociales del comunismo-, de la misma manera que no deben confundirse las tendencias autoritarias que invocan ese nombre con la verdadera idea de la comunidad, que para ser tal debe inspirarse en principios de libertad y justicia. El anarquismo es una concepción moral, en oposición a los dogmas consagrados y a los prejuicios hechos ley o costumbre. El comunismo es la utopía social, el hecho económico aun no realizado, el medio de convivencia que, si tienen algunos antecedentes históricos en las ciudades libres de la Edad Media y en las primitivas comunidades religiosas, no puede sin embargo ser definido ni con las muertas experiencias del pasado ni con las demasiado agobiadoras realidades del presente.

Si el anarquista es un inadaptado, un descontento instintivo, un hombre que lucha contra la opresión circundante y combate la tiranía ambiente, para que esas cualidades negativas tengan algún valor es necesario que al mismo tiempo plantee, aunque más no sea en teoría, la solución del problema social. He ahí, Pues, donde la teoría económica del comunismo se convierte en el objetivo substancial del anarquismo. Porque fuera de la sociedad no hay soluciones revolucionarias, justas y equitativas, para la vida del hombre que aspira a ser un igual entre los iguales.
Cabe pues, que definamos el valor o los valores de dos palabras que, unidas, representan una tendencia político-económica en pugna con los Principios aceptados por todos los defensores del orden actual. Y nos interesa en particular la definición del comunismo, como base económica de la ideología anarquista, ya que las influencias autoritarias y capitalistas contribuyen hoy a alejarnos de la idea básica de la libertad, de la justicia y del derecho, que solo podrá ser efectiva en una comunidad de hombres que sepan practicar el apoyo mutuo.

Entre la teoría política del anarquismo, fuertemente, ligada a las corrientes liberales del siglo pasado, y el hecho económico que expresa la concepción comunista, se manifiestan no pocos antagonismos de doctrina y de táctica. Desde el individualista adverso a cualquier forma de organización al adepto de la formula industrial, hay una variedad creciente de tendencia, escuelas y capillas.

No nos detendremos a enumerar las diferentes corrientes que contribuyen en una u otra forma a crear el caudal ideológico del anarquismo. Lo que nos interesa por ahora es definir la justa equivalencia de dos conceptos que, separados, sirven de denominativo a las tendencias sociales mas contradictorias v se prestan a toda clase de confusiones.

El comunismo anárquico, para la mayoría de los que actúan al margen o por encima de la lucha de intereses económicos, entraña un principio de imposición por el hecho de esbozar un programa de futuro. Pero para los partidarios del sindicalismo posibilista la tesis comunista, como resultancia de la evolución social, esta subordinada al proceso capitalista y en consecuencia sigue el ritmo histórico señalado por los teóricos del materialismo.

Los que siguiendo las huellas de Marx; aplican la teoría materialista -estrechas y rígidas en su pretendido cientifismo histórico- al movimiento de la clase trabajadora. Se olvidan de las fuentes del comunismo. Se basan en el hecho de que los problemas sociales están sujetos al imperativo de la lucha de clases, esto es, al antagonismo de los intereses económicos, y, en consecuencia, corresponde a los trabajadores obrar como componentes de una clase especifica y dirigir todos sus esfuerzos a la conquista de los medios de producción, distribución y consumo. ¿No está en esa tesis implícitamente reconocida la razón de ser del capitalismo? Propender a la conquista de las instituciones capitalistas, reconociendo la existencia del Estado o empeñándose en ignorarla, no significa un propósito de destrucción: por el contrario, se adelanta el deseo de conservar esas instituciones en la esperanza de que, bajo una nueva dirección, sirvan a los intereses de la clase trabajadora después de la derrota de la burguesía.

Cabe, pues, que formulemos esta pregunta: ¿Que valor puede tener la conquista del poder económico por o para la clase trabajadora, si, circunscrito al cambio de directores, técnicos v administradores del trabajo v de la economía, persisten las causas del sometimiento del asalariado, la incapacidad de la mayoría para la auto-producción y auto gobierno, la dependencia de hecho de las grandes masas a sus jefes y guías? De una restauración capitalista mediante el cambio de gobernantes, sale siempre fortalecido el capitalismo.

Debido a la preponderancia de los factores materiales -a la subordinación del individuo a las llamadas necesidades sociales, que regulan las potencias políticas y financieras- de la ciudad han desaparecido completamente los fundamentos éticos del comunismo. La comuna no puede tener un equivalente en los emporios capitalistas -en las modernas citys del parasitismo burocrático, de los mercaderes Y políticantes-, porque toda posibilidad de colaboración desaparece bajo el peso aplastador del Estado y del capitalismo. El obrero es un simple accesorio de la maquina económica y sus ideas, sus aptitudes y voluntad se mecanizan con la disciplina del trabajo impersonal. De ahí que llegue a suponer que la vida humana depende de sus labores, no importa que sean de carácter nocivo o completamente superfluo, concediendo escasa importancia a las tareas agrícolas.

Si el problema actual, para los obreros de la industria, consiste en aumentar la capacidad del capitalismo en esa fase de la producción, ¿En que condiciones estarán mañana para suprimir las industrias no útiles, la burocracia y el parasitismo que exigen tanto el aparato estatal, como la administración y la dirección técnica de las Grandes empresas? ¿Como harán frente al problema que significa desmontar la maquina del Estado político, substituyendo sus engranajes con los complicados resortes de la economía capitalista?

Para los pregoneros del comunismo industrial.-que como vemos es una negación del comunalismo-, no tiene importancia ese problema Post- revolucionario. Dentro de su formula ("crear la sociedad nueva dentro del cascarón de la vieja" pretenden encerrar todas las contingencias posteriores a la revolución, precisamente porque aceptan la posibilidad de un gobierno de la economía después del triunfo de los trabajadores y de la caída del poder burgués. Pero el Estado económico, que es en resumidas cuentas una supervivencia del capitalismo, aun cuando cambie el orden de las clases en el usufructo del poder y de las riquezas, ¿No necesitara de un aparato gubernamental, de leyes y de ordenanzas para regirse y de ejércitos y policías para mantener su equilibrio? La conservación de la organización industrial arrebatada al capitalismo obligara a los trabajadores a conservar el resto del aparato político y judicial: el Estado.

Hay, pues, un error fundamental en ese pseudo anarquismo industrialista.: es la tendencia llamada reconstructiva porque aboga por la organización del trabajo siguiendo el curso del proceso de centralización industrial y que hace depender el futuro de la humanidad de las aptitudes del obrero para transformarse en la clase dirigente. Y ese error aleja a los pueblos de las fuentes más puras de la revolución, que no tiene contenido espiritual en las ciudades invadidas por la fiebre capitalista y por la pasión autoritaria.

Para retornar a las Fuentes del comunismo, sin el cual no es posible concretar en una realización social las ideas anarquistas, es imprescindible combatir toda tendencia encaminada a conservar el régimen capitalista después de la revolución. En consecuencia, debemos buscar en el comunalismo, esto es, en la raíz de las sociedades humanas, las demostraciones históricas que prueban la posibilidad de la vida social prescindiendo del capitalismo y del Estado.

En la comuna esta el fundamento de las teorías anarquistas, porque la concepción libertaria no tendría una verdadera base revolucionaria si eludiera la solución del problema económico en beneficio de todos los seres humanos.

Para los anarquistas no puede depender el hecho revolucionario del fortalecimiento del Estado. La mentalidad ciudadana, tanto por los hábitos políticos como por la prevalencia de las necesidades creadas por el régimen industrial, es refractaria a la idea del comunismo. Por eso los políticos socialistas subordinan la concepción comunista al imperativo de las necesidades que suponen están determinadas por el fatalismo histórico... que es la base "científica" de las teorías económicas de Marx.

El anarquismo, idea de libertad y justicia, tiene en la comuna su base económica. Hoy resulta un tanto difícil concebir el valor de este principio. El proletariado industrial, movido por necesidades perentorias, hecho a imagen y semejanza de la sociedad que lo esclaviza, ignora el trabajo verdaderamente creador y útil, vive desarraigado de la tierra, fuente de toda riqueza. La ciudad esta en permanente litigio con el campo, al que domina con el poder de sus finanzas con la potencia de sus maquinas, con el arma política que forja las mas odiosas tiranías y las mentiras mas engañosas. No es posible defender la integridad de las ideas anarquistas eludiendo -la solución del problema campesino, que es la raíz histórica de la comuna libre. El comunalismo tiene su base en el campo, en el trabajo fecundo de las comunidades campesinas en el retorno a la vida sencilla en contacto con la naturaleza, depurada de errores pretéritos y de las desviaciones y extravíos generados por el egoísmo y la maldad del hombre civilizado...

La simplificación de la vida traerá como consecuencia el derrumbe del sistema capitalista. El trabajo tendrá una verdadera utilidad, para la satisfacción de las necesidades fisiológicas, y la ciencia redimirá al hombre del pecado capital: la explotación. ¿Podrá el proletariado Llegar, a vencer las preocupaciones que hoy esterilizan sus mejores energías y libertarse de la cadena que lo ata al régimen social que cree combatir y demoler imitando a sus enemigos?

He aquí una respuesta que en vano buscaríamos en los hechos que sirven para explicar el creciente avance de las ideas autoritarias y la desviación del movimiento revolucionario por el predominio de las preocupaciones materialistas en los sectores influenciados por los teóricos del social-estatismo y del Pseudo comunismo industrialista.





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EMILIO LOPEZ ARANGO

Emilio López Arango, descendiente de una humilde familia de pescadores, nació en Cudillero, provincia de Oviedo (España), el día 25 de Mayo de 1894. Jovencito aun, casi un niño, emigró a Cuba; de Cuba, y luego de haber librado sus primeras batallas por la vida, regresó a España y de allí se trasladó a la Argentina. En este país y trabajando ya como obrero panadero, pasó a formar parte de la organización obrera de su gremio en Buenos Aires, en cuya organización y a poco andar, se destacó como uno de los mas activos e inteligentes militantes del gremio, no tardando en llegar a ser redactor del periódico "El Obrero Panadero".
De "El Obrero Panadero", en el año 1916, pasó al diario "La Protesta", ocupando, hasta el día de su muerte y salvo un breve periodo en 1919-20, el puesto de mayor responsabilidad en la redacción de ese vocero.
El día 25 de octubre de 1929, manos criminales. movidas quizás por el torpe propósito de silenciar la valiente campaña periodística que sostenía contra las desviaciones de algunos hombres -empeñados en hacer de la "delincuencia revolucionaria" una teoría destinada a justificar hechos que la moral de las ideas anarquistas rechazan terminantemente, truncaron para siempre, de tres certeros balazos en el pecho, la vida de Arango.
El crimen fue perpetrado en la misma puerta de la casa donde habitaba Arango; su asesinato fue un hecho cobarde e infame, propio de todo individuo sin ninguna moral. sin ningún sentimiento ni respeto a la vida y las ideas de los hombres.
ESCRIBIR acerca de la obra de Emilio López Arango, equivale a hacer la historia de más de treinta años de movimiento obrero y anarquista en el país. Porque, en poco mas de quince anos de militancia firme y continuada, Arango fue capaz de realizar una labor que, además de valiosa como contributo y solución de los problemas de sus días, fue lo suficientemente abarcativa como para alcanzar en un esfuerzo interpretativo hasta los orígenes de, nuestro movimiento. Pero, además de esta doble importancia, la obra cumplida por Arango acusa aún una tercera cualidad de valor incalculable, y ella está contenida en su carácter imperecedero, en la fuerza y en la clarividencia con que alcanza hasta nuestros días y se proyecta hacia el futuro como una teoría siempre actualista, pero eternamente fresca y provisora, de horizontes inalcanzables, como la ofrecemos en este volumen. Es la obra de un hombre que supo afirmarse con segura planta sobre la tierra, pero que no dejo por ello de seguir la dirección de su pensamiento, elevando su vista y sus brazos hacia la altura en un esfuerzo valeroso por alcanzar el infinito. . .
No puede discutirse la importancia que tendría una referencia amplia, documentada y objetiva acerca de la obra cumplida por este camarada. Mas, esta tarea, que algún día y en otro lugar deberá ser seguramente acometida, no puede ser realizada hoy dentro del estrecho marco de una presentación. La actuación de Arango alcanzo a un periodo relativamente corto; poco más de tres lustros contados entre 1913 y 1929 en que fue asesinado. Pero su labor, la labor escrita, especialmente, aparte del carácter abarcativo ya señalado, fue de contornos singularmente vastos. Bástenos decir que durante ese periodo relativamente reducido de militancia, Arango no se desentendió de uno solo de los múltiples problemas del movimiento obrero anarquista del país y aun del exterior. No se ha producido durante ese periodo un solo acontecimiento de importancia con relación a nuestro medio, en el que Arango no haya hecho intervenir su pluma en alguna de sus múltiples expresiones. Teórico, polemista, orientador, critico de objetividad constructiva o simple comentarista, Arango estuvo siempre presente para abordar todos los problemas y acontecimientos que se plantearon. Será difícil encontrar un solo periódico nuestro de la época, que no refleje en sus columnas algún articulo, algún comentario, cuando no algún enjundioso estudio de esta valiosa pluma que el movimiento de la Federación Obrera Regional Argentina y el anarquismo perdieron en 1929.
Por suerte, en medio de la irreparable desgracia que importa para nuestra causa la perdida de este excelente y querido camarada, nos ha quedado el valioso tesoro de su obra. Decimos que nos ha quedado el valioso tesoro de su obra, pues a medida que el tiempo transcurre, mas evidente y grande se nos presenta la obra realizada por Arango; obra que desearíamos sirviera de estimulo y orientación para los jóvenes militantes del movimiento obrero de nuestros días. Es el mejor homenaje que se puede rendir a la memoria de Arango.

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