InicioCiencia Educacionel eslabón perdido


La expresión "eslabón perdido" se refiere originalmente a los fósiles transicionales, cuando dichos estados intermedios aparentemente faltaban en el registro fósil o se desconocían. Hoy en día no es una expresión de uso científico, aunque sí abunda en los medios de comunicación, que suelen denominar "eslabón perdido" a casi cualquier nuevo fósil transicional que se descubre.

Evolución de los tetrápodos

Los paleontólogos sugieren que el Tiktaalik fue una forma intermedia entre peces como el Panderichthys y el Eusthenopteron, que vivió hace 385 millones de años, y los más recientes tetrápodos tales como el Acanthostega y el Ichthyostega que vivieron cerca de 20 millones de años después (365 MA).
Hasta la fecha no se conocen los detalles de las relaciones de esas especies, pero en conjunto demuestran que los anfibios actuales evolucionaron desde peces de aletas lobuladas (ver Tetrapoda).
Evolución humana

En relación al humano y sus ancestros, se llamó eslabón perdido al hipotético especimen que uniría a los humanos actuales con sus antepasados simios. Los Australopithecus, antiguos homínidos bípedos con un mosaico de rasgos simiescos y humanos, cumplen bien ese papel.
El concepto de eslabón perdido se considera hoy en día científicamente incorrecto porque no hay uno, sino muchos, y justamente no son eslabones de una cadena sino partes de un árbol (ver Evolución humana).
Todo comenzó cuando Charles Darwin lanzó en el tapete científico la Teoría de la evolución de las especies en 1859. Darwin no habló de la evolución humana hasta mucho tiempo después, cuando publicó su libro La ascendencia del hombre, en 1871. Pero los seguidores de Darwin sí comenzaron a aplicar la teoría al ser humano. Thomas Huxley publicó en 1863 el libro Evidences as to Man's place in Nature (Evidencias del lugar del hombre en la naturaleza), en el cual decía, tras hacer un estudio de anatomía comparada, que el lugar del hombre estaba en estrecha relación con los grandes monos, particularmente los africanos. Y de Huxley fue la idea de que el Homo sapiens había evolucionado a partir de un antepasado simiesco. Entonces los escépticos pidieron que, si el hombre había evolucionado de los monos, se les mostrara el eslabón perdido entre estos y el ser humano.
Uno de los grandes buscadores fue Eugène Dubois, que entre 1886 y 1895 descubrió restos que él mismo describía como "una especie intermedia entre los humanos y los monos". Lo llamó Pithecanthropus erectus (hombre mono erecto en griego), hoy clasificado como Homo erectus.
La patraña del Hombre de Piltdown (1912) contribuyó mucho al mito del eslabón perdido, ya que fue elaborado con todo lo que se quería encontrar en ese añorado eslabón.
Desde aquellos años los medios de comunicación vienen anunciando el encuentro del eslabón perdido en cada descubrimiento de homínido fósil. Lo hicieron con el Hombre de Neandertal en 1865, con los Australopithecus en 1925, con el Proconsul, el Ramapithecus, con el Homo erectus y hasta hoy en día lo siguen haciendo.
En 1983 fue anunciado el hallazgo de Darwinius masillae, un fósil de 47 millones de años de antigüedad, denominado Ida, que es considerado por algunos paleontólogos, como el doctor Horum, como posible «eslabón perdido» entre los primates haplorrinos -infraorden al cual pertenece el ser humano- y los estrepsirrinos. Aunque los miembros del grupo que realizó el descubrimiento son escépticos de que se trate de un ancestro del Homo sapiens. Por su parte, el doctor Henry Gee, uno de los editores de la publicación científica Nature, dijo que el término [eslabón perdido] en sí mismo es engañoso y que la comunidad científica necesitaría evaluar su importancia.1

¿El "eslabón perdido"?
Un fósil de un primate europeo de 47 millones de años se expone en el Museo de Historia Natural de Nueva York

Nueva York. (EFE).- Un fósil de un primate europeo de 47 millones de años y que podría ser el "eslabón perdido", según los científicos que lo encontraron en Alemania, se presentó hoy en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

La presentación ha estado a cargo del canal de televisión estadounidense History y de científicos del Instituto de Investigación Senckenberg de la Universidad de Oslo, y desde mañana se incorporará a la muestra que sobre los más grandes y pequeños mamíferos de la historia realiza esa institución neoyorquina.

"Es el más completo fósil de primate que nunca se ha encontrado. Se trata de una hembra joven, "Ida", y que podría revolucionar el entendimiento sobre la evolución humana", explicaron los científicos en la presentación.

Asimismo indicaron que el fósil de "Ida" es veinte veces más antiguo que la mayoría de los existentes que explican la evolución humana. Agregaron que "Ida" podría ser "una especie transitoria que muestra características de una línea muy primitiva no humana, la de los prosimios parecidos a los lemures, pero que se relaciona con la evolución humana, la de los antropoides, que incluye a monos, simios y humanos".

Según los hallazgos científicos, el fósil de "Ida" se situaría "en la raíz de la evolución antropoide", cuando los primates desarrollaron por primera vez características que después evolucionarían en las de la especie humana.

Durante los últimos dos años, un equipo de paleontólogos, dirigidos por el científico noruego Jorn Hurum, de la Universidad de Oslo, realizaron los análisis forenses del 95 por ciento de "Ida" y de la que han estudiado su código genético.

"Este especímen es como encontrar el arca perdida para un arqueólogo", dijo Hurum, mediante un comunicado de prensa distribuido en Nueva York, al tiempo que señaló que "probablemente la fotografía de este fósil saldrá en todos los libros de texto de los próximos cien años".

Por su parte, la directora general y vicepresidenta de History, Nancy Dubuc, se mostró satisfecha de la colaboración de la cadena de televisión con la comunidad científica y señaló que el programa se emitirá la próxima semana mostrando el descubrimiento.

Hurum encontró el fósil en una convención anual de paleontología que se celebra en la ciudad alemana de Hamburgo, y tras confirmar su autenticidad, procedió a una recaudación de fondos para adquirirlo para el museo de Historia Natural de Oslo.

El científico noruego seleccionó a varios científicos de diferentes países para realizar la investigación sobre "Ida". La antropóloga dental estadounidense, Holly Smith, de la universidad de Michigan, señaló que es "el más bello fósil de primate que nunca he visto", al tiempo que destacó la importancia de que se haya conservado el esqueleto completo.

"Esa de lejos el fósil de primate más completo que se ha encontrado. Cuando se publiquen los resultados de nuestra investigación, tendrá el mismo efecto que si un asteoride chocase contra la Tierra", indicó el paleontólogo alemán, Jens Franzen. Para su colega Philip Gingerich, el más destacado experto en primates en EEUU, este descubrimiento es "casi como la piedra Roseta porque vincula partes que nunca antes habíamos asociado".



'PIEROLAPITHECUS CATALAUNICUS'
El 'eslabón perdido' es catalán

AMÉRICA VALENZUELA


Este aspecto habría tenido 'Pau'.
A D E M Á S ...

El nuevo árbol evolutivo

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MADRID.- El 'eslabón perdido', el último antepasado común entre el mono y el hombre, ha sido encontrado en Cataluña. El pequeño casi hombre o casi mono catalán, un macho, ha sido bautizado con el nombre de 'Pierolapithecus catalaunicus'.

El español Salvador Moyà-Solà, del Instituto de Paleontología Miguel Crusafont, y su equipo encontraron un colmillo de forma inesperada. Una máquina excavadora estaba despejando el terreno para trabajar con mayor facilidad cuando el canino apareció entre la tierra removida. "Los buenos fósiles te encuentran a ti", exclamó el investigador al ver el canino.

'Tiraron del hilo' y con paciencia e ilusión desenterraron 83 huesos en perfecto estado de conservación. Los restos llevaban escondidos alrededor de 13 millones de años muy cerca de Barcelona. Concretamente en Els Hostalets de Pierola, por eso el nuevo simio se llama 'Pierolapithecus'. Los resultados del estudio de los fósiles se acaban de hacer públicos en la revista científica 'Science'.

Por la forma de sus dientes, el simio catalán se alimentaba de frutas que recogía de los árboles a los que trepaba. Porque el 'Pierolapithecus catalaunicus' era un excelente escalador; así lo confirman sus flexibles muñecas rotatorias y la rigidez de la parte inferior de su columna vertebral, que permite una mayor flexibilidad y extensión de esta zona del cuerpo. El físico del 'Pierolapithecus catalaunicus' ha sido toda una sorpresa para los antropólogos, ya que es una mezcla indefinida de humano y mono.


Salvador Moyà-Solà, uno de los paleontólogos, muestra el cráneo del simio. (Foto: AP) Los omóplatos del nuevo simio se extienden a lo largo de la espalda, como en los seres humanos. En los monos, en cambio, estos huesos están situados a los lados de la caja torácica, como en los perros, por ejemplo.

El cráneo de nuestro antepasado catalán también era más parecido al de los humanos que al de los monos. La cara era corta, pero a pesar de ello, la estructura de la parte superior de la nariz se encuentra en el mismo plano que los ojos. En contraste, los monos tienen el caballete entre los ojos e interfiere en el campo de visión.

Por otra parte, su cara vista de perfil estaba en pendiente y los dedos de sus pies y manos eran cortos, ambos rasgos característicos de los monos. Es por ello que el 'Pierolapithecus catalaunicus' se podía colgar de los árboles, pero no con demasiada facilidad.

Moyà-Solà sospecha que este batiburrillo de características anatómicas indica que "varios rasgos surgieron por separado, y quizá más de una vez, en la evolución de los simios". Los rasgos típicos de homínido iban y venían, eran comunes en diferentes simios hasta que la selección natural empezó a descartar diseños poco útiles y se fue conformando poco a poco, a lo largo de millones de años lo que hoy es el hombre moderno, por una parte, y los monos, por otra.

La aparición de este nuevo simio da un giro a las teorías sobre los antepasados del hombre. El periodo de tiempo donde se cree que el hombre y el mono separaron su línea evolutiva fue el Mioceno Medio -de hace 12,5 a 13 millones de años- que es cuando vivó el 'Pierolapithecus catalaunicus'. De esta etapa del Periodo Terciario no existen casi pruebas fósiles por lo que este descubrimiento ha sido toda una alegría para los científicos que tratan de arrojar luz sobre la identidad de nuestros lejanos parientes.

El concepto de "eslabón perdido" tiene una antigüedad considerable en la investigación de los restos fósiles.Casi coincide con los orígenes mismos del estudio científico del ser humano. Más concretamente, el eslabón perdido marcaría el pasaje de los monos a los seres humanos y figuró en un lugar prominente en los debates públicos sobre la teoría de la evolución. En términos más técnicos, su función consistiría en delatar la ausencia, a lo largo de la evolución biológica de formas intermedias entre otras conocidas que con frecuencia evidenciaban vacíos en una serie que, por lo menos de acuerdo con la teoría, debía ser un continum. De ahí que se pueda decir que cada generación es un eslabón y que tanto la investigación antropológica como la paleontológica, se enfrentan con mayor cantidad de eslabones perdidos que de eslabones hallados. Entonces ¿qué es en realidad un eslabón perdido?. El término se remonta a tiempos lejanos de los estudios paleoantropológicos, cuando se presumía la existencia de una relación lineal directa entre la evolución humana y la del resto de los primates y, en particular, de los hominoideos. Fue acuñado cuando se pensaba que el ser humano sería descendiente directo de los monos. De ahí la vieja fórmula de que el hombre desciende del mono. Así pensaba Ernst Haeckel (1834-1919). En sus reflexiones sobre la evolución, Haeckel aceptó la vieja idea de la descendencia directa de la especie humana desde los monos llamados superiores, y concluyó que debían existir formas fósiles intermedias entre el hombre y algunos de los grandes cuadrumanos conocidos, tradicionalmente agrupados en la familia Pongidae a la que pertenecen especies actuales como orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos. Pero esas formas fósiles no habían sido descubiertas. Ante ese hecho, Haeckel ideó una forma teórica que cumpliera con la función de eslabón. La denominóPithecanthropus (del giego pithecus, mono, y anthropos, hombre). El concepto de Haeckel era conciso y concreto: se trataba nada menos que de hallar al ser que uniría taxonómicamente ambas líneas evolutivas, esto es, el nexo que habría vinculado a póngidos con homínidos y permitiría, en consecuencia, seguir rastreando ambos linajes. No debemos perder de vista el hecho de que se trataba de un modelo teórico, muy diferente del modelo actual, cuya visión no es que la especie humana descienda de los monos, sino que ambos tienen un ancestro común. La relación de parentesco entre primates homínidos y monos antropomorfos sería, entonces de tipo transversal, como si dijéramos entre primos, más que longitudinal, o de generación tras generación. En otras palabras, los primeros nunca descendieron de los segundos. Formaron líneas evolutivas diferentes a partir de ese ancestro común. En la actualidad se ha avanzado mucho sobre el tema. De hecho, se ha encontrado un fósil con algunas de esas características, que permiten asumir una coherencia simio-humana de alta antigüedad (alrededor de siete millones de años). Se lo considera cercano a la divergencia que dió lugar a los póngidos por un lado y a los homínidos por el otro. Se le dió el nombre de Sahelanthropus tchadensis. En la imaginación del gran público, en cambio, subsisten "eslabones perdidos" a lo largo de toda la línea evolutiva que desemboca en los homínidos. Entre los avances recientes en la dirección de localizar al ancestro común de monos y humanos se cuenta el descubrimiento, realizado en 1983 en el sitio paleontológico de Messel, cerca de Francfort del Meno, del fósil de un primate que vivió en el período geológico conocido como Eoceno Medio, hace unos 47 millones de años. El ejemplar encontrado recibió el sobrenombre de Ida (por la hija de uno de los investigadores que lo estudió).Su especie de pertenencia recibió el nombre científico de Darwiinius masillae. El animal habría tenido una apariencia semejante a un moderno lemur y ocuparía un lugar importante en las etapas tempranas de la evolución de los primates. El lector podrá encontrar en internet, fotografías del esqueleto fósil casi completo de Ida, que Ciencia Hoy no está en condiciones de reproducir por carecer de los derechos correspondientes. Uno de los investigadores que estudiaron el hallazgo dijo: Este fósil probablemente aparecerá en todos los libros de texto por los próximos cien años. En ese antiguo escenario encontramos las raíces de los dos subórdenes de primates actuales: los estrepsirrinos (Strepsirhini) y los halporrinos (Haplorhini). Los primeros están representados actualmente por un centenar de lemures, gálagos, lorísidos, índridos y daubentónidos, entre otros. Todos son portadores de por lo menos dos características distintivas: el peine dental (incisivos y caninos inferiores dirigidos hacia adelante, en forma de peine para acicalamiento) y una garra en el segundo dedo del pie. Además, tienen naris húmeda y labio superior hendido, rasgos imposibles de comprobar en muchos fósiles. Esos caractéres comunes los unen a lo largo de su historia evolutiva. Hoy viven principalmente en Madagascar (donde no hay otros primates silvestres), pero también están presentes en el sudeste asiático y ciertas regiones de Äfrica. Los haplorrinos, en cambio, no poseen caractéres como los descriptos. Incluyen actualmente a los tarsios (varias especies de pequeños primates del género Tarsius, que habitan el sudeste asiático, los catarrinos o monos del Viejo Mundo, los grandes primates -chimpancés, bonobos (antes llamados chimpancés pigmeos), gorilas, orangutanes- y los seres humanos. En este esquema, los estrepsirrinos y el género Tarsius usualmente como prosimios, mientras que los haplorrinos son considerados simios o monos verdaderos.Los seres humanos ocupamos así los lugares más recientes de la evolución de los haplorrinos, que abarcan un trama substancial en la historia evolutiva de los primates. En este esquema, Ida es otro antiguo primate, protagonista de la evolución del grupo quizás en el momento clave de la divergencia entre estrepsirrinos y haplorrinos. No estaríamos, entonces, ante un eslabón perdido, sino, más bien, ante un eslabón recuperado, pero en vez de unir la especie humana con los monos, unió a un prosimio con otro prosimio, en un momento muy alejado de la línea que incluye al hombre y a los grandes monos antropomorfos.
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