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Diezmo y Ofrendo y no soy bendecido


Créanme que conozco bien de cerca esa frase: “Diezmo y Ofrendo y no soy bendecido”. Le ocurre generalmente a todos los cristianos. A mi me ha pasado.

Dios quiere saber si le seremos fiel hasta la muerte y a pesar de todo. Dios quiere ver lo que hay en nuestro corazón. Según dice Deuteronomio 8:2, “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”.

¿Para qué Dios te prueba? Para saber lo que hay en tu corazón. Pero, ¿Cómo? ¿No es, acaso, Dios omnisciente, que todo lo sabe? Por supuesto que sí, pero la omnisciencia de Dios respeta la privacidad del corazón humano. Dios no le interesa entrometerse en tu corazón para ver que hay sino que quiere que eso se manifieste solo, incluso también para que tu sepas lo que hay en tu corazón, para que tu sepas cuál es tu carácter, que tan honesto eres, que tan manso eres, que tan paciente eres, etc., etc., etc.

Malaquías 3:10 en adelante dice: “10Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”

A todos se nos enseñó que diezmado y ofrendando Dios nos bendeciría abundantemente. Esto no significa que simplemente Dios nos va a suplir para que no nos falte, o que vamos a tener lo justo, o lo mínimo indispensable. Significa ABUNDANCIA. O sea, de sobra, en grandes cantidades. Pero, sin embargo a todos nos ha pasado alguna vez que comenzamos a diezmar y no vemos la bendición de Dios abundantemente, y en algunos casos, ni siquiera la bendición de Dios .

Dios quiere saber si le vamos a ser obedientes siempre o si vamos a estar analizando los detalles diarios de la vida para llegar a la conclusión de que Dios falló, y por lo tanto es mentira lo del diezmo y de esa forma me libro de un gasto.

Desde que conocí al Señor, siempre diezmé, aún cuando no trabajaba, cuando un pariente me regalaba dinero , o cuando mi madre me daba alguna cosa “para tus gastitos” yo siempre lo diezmaba. Así que al principio mis diezmos eran unas simples monedas, con suerte un billete de $ 10 (mientras estaban en circulación). Cada vez que tenía para diezmar tomaba el sobre en la iglesia y lo llenaba con mis datos, tal cual lo pide, y lo entregaba. Recuerdo que en una ocasión, un día, el tesorero de la iglesia me llamó para decirme que si fuera tan amable de no llenar más los sobres con mis datos porque ellos ya sabían que yo diezmaba, así ahorrábamos en sobres que podrían reutilizarse. Claro, para ese tiempo, yo trabajaba como profesor particular, cobraba dinero todos los días, por lo que cada fin de semana traía un nuevo diezmo . ¡Era un gastadero de sobres insostenible para la pequeña iglesia a la que asistía!

Les voy a contar mi caso. Vamos a situarnos en el 2005. Era estudiante de ingeniería, estaba de novio con la que ahora es mi esposa, y me había empezado a ir bien dando clases particulares de matemática, química y física. Habíamos logrado ahorrar la cuantiosa suma de… $ 1.800 humildes pesitos para nuestro proyecto de matrimonio. O sea, no hacíamos nada con eso, pero era un comienzo. En ese entonces yo era el encargado de recoger la ofrenda misionera en mi iglesia y de pagarle al Concilio dicha ofrenda para que ellos la destinaran a los planes de Misiones. Yo era muy organizado y responsable con ese dinero . Yo tenía dos billeteras, la que usaba todos los días y la otra en la que guardaba el ahorro. En esa misma en la que guardaba mi ahorro, también ponía la ofrenda misionera hasta que llegara la fecha de ir a entregarla.

Un día, creo que era octubre, como tenía un tiempo libre, tomé la billetera donde estaba la ofrenda misionera (sabiendo que también ahí estaba mi ahorro) y me fui al Concilio a pagar. Llego allá, pago, saludo y me voy. Tenía que dar clases en la academia así que después de eso me dirigí hacia allí. Llego a la academia, reviso mis cosas y EUREKA!!! La billetera del ahorro había desaparecido. LA busqué y busqué pero no la encontré. El ahorro que tanto esfuerzo me había llevado juntar, se había ido en un día. Y yo siempre diezmaba y ofrendaba con fe. Sin embargo, allí estaba, sólo en la academia, con mi billetera de todos los días (semi – vacía) en una mano y la otra en los ojos (secando las lagrimas).

En ese momento pensé: “yo no puedo tomar la inmadura decisión de dejar de diezmar y ofrendar por este percance, yo más que nunca ahora tengo que serle fiel a Dios y demostrarle de qué estoy hecho, qué esta trampita del diablo a mi no me va a hacer que yo no crea más en él, que si hoy me desaparecen $ 1.800, mañana mi Dios puede darme $ 400.000”. En ese momento tomé la Biblia y encontré un pasaje que decía (Job 13:15): “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” Suena medio trágico, pero lo que dice es que hasta la muerte voy a esperar en Dios , no me voy a apresurar a tomar decisiones o a sacar conclusiones tales como “Dios me falló”, etc. Olvidé de decir, que cuando ocurrió eso era miércoles.

En ese momento, a solas en la academia, tomé la decisión que todo dinero que yo ganara en el correr de lo que quedaba de la semana (ese miércoles, jueves, y viernes) no iría a ser diezmado, sino que lo iba a ofrendar íntegramente. Todo dinero que me viniera a la mano en esos días iría a parar a la casa del Señor.

El viernes, al atardecer, despedía a mi último alumno de casa, cobraba ese dinerito (que no era para mi) y sonó el teléfono. Atendí. Era la esposa de mi pastor para preguntarme si, por casualidad, yo no habría dejado en las oficinas del Concilio una billetera con una linda cantidad de dinero . “Por casualidad, no. Por estúpido, sí. Hay que salir a la calle con todo el ahorro de uno, no?!” La buena noticia era que podía pasar al día siguiente, sábado, por la mañana a retirar mi billetera.

Tremendo. Dios no me falló.

Ahora, eso que yo hice se llama esperar con paciencia . Préstenme atención.
La Biblia dice en Santiago 1:2: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia . 4Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”

O sea, que cuando te halles en medio de una prueba, como estaba yo, no deberías sentirte turbado, sino gozoso. Ustedes me dirán: “Emanuel, por favor, no me vas a comparar unos míseros $ 1.800 con la magnitud de mi problema”. Talvez no. Pero mi caso no fueron unos míseros $ 1.800 pesos. Eran los ahorros que me había costado todo el año ahorrar con mucho sacrificio. Era el fruto del trabajo de mis manos. Eran las esperanzas de casarme, era mi proyecto de vida, era mucho más que billetes. Sin embargo, en ese momento, yo pensé para mi mismo: “Esta es la puerta que va a traerme más bendición”. Sólo les puedo decir una cosa. Desde ese momento, hasta el presente, durante todo el tiempo de nuestro noviazgo y estos dos años y medio de matrimonio, no solo no nos faltó nada, sino que siempre Dios nos ha llevado a más en nuestra economía. Nunca retrocedimos, siempre avanzando. Siempre consiguiendo trabajos mejor remunerados, siempre pudiendo conquistar anhelos. Nunca tuvimos que perder nada. Nunca tuvimos que vender algo para pagar una cuenta, nunca nos atrasamos en un alquiler o en algún servicio. Jamás. La única situación traumática que hemos tenido con el dinero fue la que relaté, la que les conté cuando no estábamos casados todavía.


Si mi actitud no hubiera sido la correcta en esa oportunidad, yo no habría pasado esa prueba, y entonces en el futuro me esperaría otra, y seguramente mayor. Si hoy yo perdiera mis ahorros, eso sí no se compara con lo que “perdí” en su momento. Pero gracias a que en su momento yo tuve las actitudes correctas, hoy en nuestra familia esa prueba está superada, la fe de nosotros está probada, no es necesario repetirla. Pero cada prueba, por pequeña que sea, que tu no apruebas, que no pasas a través de ella con las actitudes correctas, es una prueba perdida que deberá ser repetida. Deberá ser repetida hasta que la pases, para que puedas crecer espiritulmente.

Cada prueba es una puerta a una bendición más grande. Los que me conocen saben lo bendecidos que hemos sido con mi esposa en todo el proceso de preparación del casamiento y en nuestra vida matrimonial. No lo voy a contar ahora porque no es mi intención escribir un libro. Pero cada prueba que viene, si es superada, trae una tremenda bendición. De ahí que el apóstol Santiago dice que tengamos por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas.

“…la prueba de vuestra fe produce paciencia . 4Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Como que la paciencia quiere trabajar en nuestras vidas, pero nuestra impaciencia corta ese trabajo que la paciencia quería producir. Por eso dice “mas tenga la paciencia su obra completa”. En otras palabras, “dejen que la paciencia trabaje hasta terminar”. ¿Para qué? “para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Pregunto: ¿te falta algo? ¿Estas pasando por necesidad? ¿Estás bien, pero aun no has visto la abundancia de Dios ? Entonces te falta paciencia .

“Pero Emanuel, haceme el favor, dejate de decir estupideces, sabés cuantos años hace que espero para poder comprarme mi casa propia? Me vas a decir que no tengo paciencia ?” Justamente, te falta paciencia . La paciencia no es esperar años para que algo ocurra. Está el que espera pacientemente y el que espera impacientemente. En este caso, has estado esperando impacientemente por años, por eso no has obtenido nada, porque simplemente la paciencia no está, y si no está la paciencia no está el fruto de la paciencia .

Paciencia significa la “paz que te produce el conocer a Dios”. Es la paz que hay en tu corazón cuando conoces a Dios . Me explico: como conoces a Dios , tienes paz. Si tienes paz, conoces a Dios . Si estás esperando algo de parte de Dios , lo esperas en un estado anímico de paz y tranquilidad porque sabes que Dios es fiel, que nunca falla y que siempre responde a tiempo. Esa paz que tienes no te permite dudar ni angustiarte por el paso del tiempo. Eso es paciencia .

“El que espera, desespera” dice el refrán. Esto es esperar impacientemente. El que espera con paciencia , no es el que se sienta a esperar que las cosas le caigan del cielo. No es un acto de pasividad. Es el que deja de hacer su parte para conseguir su sueño, pero por otro lado no se angustia por el paso del tiempo. El que espera pacientemente no dice palabras como: “tantos años esperando tal respuesta de Dios y no viene, me vas a decir a mi que no tengo paciencia ?” El que espera pacientemente es el que espera con tranquilidad, porque sabe que Dios no falla y el tiempo de Dios es el tiempo correcto.

Cada vez que te toque esperar, luego cuando recibas lo que pedías, vas a ver para atrás y verás que llegó justo en el tiempo exacto. En junio del 2007, mi esposa recibió una oferta para cambiar de trabajo y vincularse a una empresa importadora de vehículos que estaba construyendo una planta para armar los vehículos aquí en el país. Le propusieron que se haga cargo de la administración de dicha planta y le ofrecían un buen sueldo, exactamente el doble de lo que estaba ganando hasta ese momento. Quienes le proponían el trabajo estaban tan impacientes de que mi esposa acepte que le propusieron que momentáneamente, mientras la planta se construía, viniera a trabajar a las oficinas centrales de la empresa, pero con un suelo sensiblemente menor, aunque seguía superando al que actualmente ganaba mi esposa en ese momento. En ese momento oramos y dijimos que no. Seguíamos orando y esperando a Dios para que le diera a mi esposa un mejor trabajo.
Un año después se repitió la oferta, y se le pidió que nuevamente aceptara trabajar en las oficinas centrales en tanto la planta estuviera completa. Mi esposa negoció que si ese era el caso, ella quería el sueldo que inicialmente hablaron. Finalmente lo consiguió. Al día de hoy, todavía la planta no terminó de construirse. Eso significa que si mi esposa hubiera aceptado el trabajo la primera vez que se lo proponían, hoy estaría haciendo lo mismo pero ganando menos. ¿No es perfecto el tiempo de Dios ? Hace poco recibimos la noticia de que el trabajo donde mi esposa trabajaba está por cerrar. Nuevamente pregunto: ¿No es perfecto el tiempo de Dios ?

En el momento en que ocurre una desgracia, no saques conclusiones apresuradas del tipo: “Dios me falló” Esperá un tiempo. Sé paciente. Dios te va a mostrar el porqué de esa situación y te puedo asegurar que no te va a dejar.

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. 2Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. 3Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios . Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.” Salmo 40:1 – 3

Pacientemente esperé a Jehová. Él se inclinó y oyó mi clamor. Esas palabras fueron de David hace ya más de 2500 años, pero también podrían ser las mías hoy. Y seguro que van a ser las tuyas. Dios siempre siempre está dispuesto a escucharte y librarte. Cuando dice: se inclinó y oyó mi clamor, está hablando acerca de una postura. Es como cuando una persona que es de menor estatura que nosotros nos habla y no le entendemos pero nos interesa mucho lo que dice, entonces nos inclinamos para que nuestro oído perciba mejor el mensaje. Dios también se inclina. No es que Dios tenga cera en el oído. Es una actitud de Dios que quiere decirte que le interesa muchísimo tu situación.

No desesperes cuando pases por una situación angustiosa, porque Dios te va a sacar del pozo de la desesperación, del barro y va a poner tus pies sobre la roca. Esto significa que Dios te va a sacar de la intestabilidad, de la inseguridad, y te va a parar sobre un suelo firme.

“Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” Si Dios enderezó mis pasos después de sacarme del pozo, se me hace que antes andaba con los pasos torcidos. Eso es así. Siempre tenemos algún área de la vida en la que debemos mejorar, en la que debemos de corregir cosas. Cada prueba viene para eso, para perfeccionarnos y que seamos mejores y vivamos mejor. No podemos gozar de las abundancias de las bendiciones de Dios si no mejoramos nuestra persona día a día.

Luego de que todo pase, si has sido capaz de esperar con paciencia , Dios pondrá en tu boca un nuevo canto, una alabanza a él.
Espero que muchos que lean esto puedan confiar enteramente en Jehová.

Oro para que Dios me de paciencia , o sea, oro para que Dios me llene de su paz en cada momento.

Que Dios te bendiga.
Emanuel Seropián, 17 de abril de 2009.






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